CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LA GESTA DE LA COLONIZACIÓN
ESPAÑOLA DE LA FLORIDA
[*]


Si hace cuatrocientos años no hubiera existido España, no existirían hoy los Estados Unidos… La razón de que no hayamos hecho justicia a los exploradores españoles es sencillamente porque hemos sido mal informados. Su historia no tiene paralelo… Amamos la valentía, y la exploración de las Américas por los españoles fue la más grande, la más larga y la más maravillosa serie de proezas que registra la Historia. Charles F. Lummis [1].


¿En qué momento ignorado del tiempo llegó a los españoles la noticia de que muy cerca, al norte de la Isla Fernandina de Cuba, se extendían otros nuevos y dilatados territorios, de los que la gran península de la Florida es sólo un anticipo? Es muy difícil saberlo. La historia no recogió ese instante, y sólo se pueden hacer conjeturas. Nadie podía sospechar que en dirección al norte y al oeste se extendían otras tierras que guardaban inmensas riquezas y que llegan hasta los hielos de la cima del planeta, y mucho menos entrever que a España le estaba reservada la gloria de comenzar a descubrirlas y a conocer sus secretos y perspectivas.

Los marinos españoles se dirigieron primero al oeste y al sur. El Gran Almirante no estuvo cerca de la Florida en ninguno de sus viajes. La primera tierra descubierta del Nuevo Mundo, la isla de San Salvador que los indios llamaban Guanahaní, está a unos 600 kilómetros, alrededor de 380 millas, de la península. Las rutas de los viajes de Colón sólo transitaron por aguas del Golfo de México y sobre todo por el sur de las grandes Antillas. En el tercero y el cuarto viaje, pasó muy cerca de las costas del centro y el sur del continente, a la altura de Venezuela. Nunca se aproximó a las costas del golfo situadas al norte de Cuba.

Las sucesivas exploraciones comandadas por Vicente Yáñez Pinzón (1499), Juan de la Cosa (1500), Alonso de Ojeda (desde 1501 hasta 1508), Amerigo Vespucci (alrededor de 1499 en adelante) y Juan Díaz de Solís (que participó en varias y en 1515 dio su último viaje hacia América Central y del Sur) siguieron el rumbo al sur fijado por el Gran Almirante. Sólo Giovanni Caboto zarpó en 1497 en un viaje auspiciado por la Corona inglesa y llegó a las costas de Newfoundland a la altura del cabo Bonavista, en Terranova.

Pero del cabo Bonavista al istmo donde la península de la Florida se une al continente hay una distancia de más de 3000 kilómetros considerando la ruta marítima más corta. A lo largo de esos 3000 kilómetros están las ignoradas costas de Canadá y Estados Unidos que miran al Atlántico. Tres años después, al comenzar el siglo XVI, 4400 kilómetros de costa del Golfo de México, desde la Florida hasta Yucatán, todavía podían considerarse Terra Incógnita, y sólo se tenían algunos atisbos de sus costas.

Una hipótesis plantea que durante las expediciones previas a la conquista y colonización de Cuba surgieron las primeras nociones sobre la existencia de la cercana península del norte. En 1508 Sebastián de Ocampo realizó el bojeo de la Isla por encargo de Nicolás de Ovando, gobernador de La Española, y su viaje tuvo dos consecuencias principales: descubrió la naturaleza insular de Cuba invalidando la creencia de que formaba parte de un continente, y encontró la entrada del Golfo de Méjico, comprobando que el Mar Océano continuaba extendiéndose hacia el oeste.

Es posible que desde este momento, conociendo la existencia de un paso entre la costa norte de Cuba y tierra firme, algunos buques españoles comenzaran a cruzar por las aguas situadas al norte de la isla. La conquista propiamente dicha comenzó en 1511, y es casi seguro que desde hacía algunos años los hombres de Diego Velázquez tuvieran alguna idea de la existencia de un gran territorio al norte, dada la escasa distancia entre la costa norte de Cuba y la península de la Florida, y el hecho de que ese brazo de mar lo surcaban constantemente las canoas de los indios de la isla y la península con el propósito de capturar peces y tortugas e intercambiar los productos de la pesca, la caza y aún de la agricultura.

No parece aventurado afirmar que la primera noticia que tuvieron los españoles sobre el territorio de la Florida y sus habitantes debió partir de los contactos con los indios cubanos. Estas nociones, sin embargo, eran todavía ambiguas e imprecisas, ya que en 1513, cuando Juan Ponce de León partió en su viaje para hallar la Fuente de la Eterna Juventud, en realidad quería ir a la fabulosa isla de Bimini, tal vez en el archipiélago de las Bahamas, pero en su trayecto tropezó con la península de la Florida en época de Pascua, y la llamó Pascua Florida.

No conocía la tierra que apareció de pronto en la dirección donde pensaba hallar la mítica Fuente. Sólo comprendió que había descubierto una nueva posesión para la Corona de España. Tampoco podía saber que había llegado al umbral de los Estados Unidos: geográficamente la Florida es la tierra más cercana a Europa continental desde ese país, y por mar la más próxima a América meridional, y desde aquel momento, el litoral atlántico de la península y de las tierras situadas al norte, que para los españoles eran parte de la Florida, se convirtieron en la gran puerta de entrada hacia el territorio continental de Estados Unidos.

En 1514 tres expediciones partieron del territorio oriental de Cuba (una por tierra, y las otras por los mares del norte y del sur). La expedición que hizo el viaje por el norte, dirigida por Pánfilo de Narváez a quien acompañaba fray Bartolomé de las Casas, llegó al Puerto de Carenas, donde hoy se levanta la ciudad de La Habana, y algunos hombres formaron al pie de la bahía uno de los asentamientos provisionales a partir de los cuales comenzó a fundarse la capital de la Isla.

La presencia de estos asentamientos (había otro en la desembocadura del río La Chorrera, cerca de la actual Habana, y otro en la costa sur) hizo más frecuentes los viajes a lo largo de la costa norte de la Isla. Desde la bahía de La Habana hasta los cayos del sur de la Florida hay una distancia de apenas 150 kilómetros o 90 millas, y el paso continuo de canoas indias de ambas partes contribuyó a aumentar los conocimientos sobre las tierras que se extendían al norte, que conocieron los españoles con mucha rapidez. Y según tenían por costumbre, los nativos de Cuba exageraron las noticias sobre la fertilidad, la riqueza y la presencia de oro en esas tierras, que era lo que más buscaban los españoles: si partían a buscarlo, dejarían de ser un problema para ellos…

Y las exploraciones continuaron: en 1519, el hábil piloto Alonso Álvarez de Pineda recorrió el litoral del seno mejicano desde la Florida hasta Yucatán. En 1521, los viajes de Pedro de Quejo y Francisco Gordillo sumaron nuevos conocimientos, y los contornos de las costas de América del Norte y el litoral que da al Mar Caribe, se precisaron más y más en los mapas. Desde el segundo viaje de Ponce de León en 1521, que le costó la vida a mano de los indios de la Florida, se sucedieron los intentos, como los de Don Francisco Garay en 1519 y 1523. Un viaje del portugués Esteban Gómez, en 1525, recorrió la costa Atlántica desde Canadá hasta la Florida. Al llegar a Canadá, pensando que en una extensión inmensa de mar no habría más tierras, y decidido a dar fin a un viaje inacabable, escribió en el mapa: ACA NADA, sin saber que estaba bautizando con el nombre de Canadá una inmensa tierra que se abría, sin que él lo supiera, ante la proa de su embarcación... después tuvieron lugar las expediciones de Don Lucas Vázquez de Ayllón, Adelantado de la Florida, entre 1520 y 1526, con propósitos de conquista y colonización.

Cuando Pánfilo de Narváez desembarcó en la Florida en 1528, se percató de que el territorio que mencionaban los indios era el mismo al que había llegado Ponce de León quince años antes.

En cuanto se conoció la existencia de la península llegaron los pilotos y los cartógrafos, reconocieron las costas, precisaron latitudes y longitudes, midieron el fondo de las bahías y la desembocadura de los ríos igual que las líneas de las mareas, después se enviaron expediciones, exploraron, y comenzaron a levantar los primeros mapas donde aparecen la tierra de los Estados Unidos, el nombre de la Florida, y las correspondientes cartas de navegación.

También se llegó pronto al concepto de que la Florida es el umbral de Norteamérica y éste fue un descubrimiento fundamental, porque ha mantenido y mantiene su validez a lo largo de los siglos, sobre todo para los habitantes del resto del continente.

Después del arribo de Juan Ponce de León, la expedición más larga y minuciosa del territorio situado al este de la península la realizó Pánfilo de Narváez en 1528. Años después, en 1539, tuvo lugar el gran intento de Hernando de Soto, que peregrinó tres años por el territorio de varios de los estados con costas que bordean el Golfo de México, y murió en 1542 a orillas del Mississippi: uno de sus lugartenientes, Juan de Añasco, fundó en 1539 un establecimiento en la costa oeste de la península, que bautizó con el nombre de Espíritu Santo. Al llegar 1544, Juan de Sámano presentó a Carlos V un nuevo plan de conquista de la Florida, que no fue aprobado, y en 1548, el dominico fray Luis de Cáncer y sus seguidores encontraron la muerte cuando iban a comenzar un intento de evangelización de la península.

Empezaba 1558 cuando Guido de Lavezares recorrió la costa sur de la Florida, llegó más allá del lugar de Pensacola y se estableció en bahía Filipinas, sitio que hoy ocupa Mobile. Más avanzado el año, el virrey de Nueva España mandó una armada dirigida por Tristán de Luna y Arellano para fundar los establecimientos que exigía la Corona. En 1559 Tristán llegó a la isla de Santa Rosa, en Pensacola, y fundó el establecimiento de Santa María de Filipinas, pero la flota fue destruida por un huracán y se comisionó a Ángel de Villafañe para que reemplazara a Tristán en la jefatura del contingente. Villafañe recorrió las costas de Carolina y Virginia y llegó hasta Santa Elena antes de retirarse.

En 1564, el gobernador de Cuba envió una expedición de reconocimiento al mando de Hernán Manrique de Rojas para investigar la disposición de unos establecimientos que partidas de hugonotes franceses habían fundado desde 1562, y para ello recorrió el litoral de Georgia y Carolina del Sur. Finalmente, impulsado por la presencia de los franceses en sus dominios, que podía ser una amenaza para el paso de las flotas por el estrecho, el rey Felipe II decidió enviar un contingente al mando del Adelantado Pedro Menéndez de Avilés para que eliminara a los hugonotes, pacificara el territorio, asegurara el nuevo dominio, estableciera una cadena de fortines para ponerlo a salvo de nuevas acechanzas, y procediera a evangelizar a los naturales y a colonizar el territorio.

El 28 de agosto de 1565, el Adelantado llegó al sitio donde se levanta actualmente la ciudad de San Agustín. Ese mismo día se dijo la primera misa en suelo norteamericano. Poco después comenzó a erigirse el pueblo que tuvo como núcleo la aldea india de Seloy. Tras duros combates en mar y tierra, los hugonotes fueron expulsados. En los años siguientes, después de mucho bregar, Menéndez de Avilés pacificó el territorio, estableciendo una cadena de fortificaciones y fundó San Agustín y otros establecimientos, con lo que comenzó a funcionar la primera colonia europea en Estados Unidos, que llegaba desde la costa del Golfo hasta Terranova, estaba poblada por españoles, y tenía por capital a San Agustín.

Los personajes que realizaron todos los intentos anteriores y el mismo Menéndez de Avilés, eran hombres hijos de un tiempo de reconquista, guerra y conquista. Seríamos injustos y absurdos si quisiéramos juzgarlos cinco siglos después, desde la nueva posición de nuestro tiempo y con el acervo de nuestros conocimientos. Para controlar su fiereza, los Reyes empezaron a emitir cédulas, decretos, provisiones, y capitulaciones: no se podía maltratar a los indios. Había que cristianizar, colonizar, enseñar, sembrar. Y en el caso de la Florida, las ordenanzas reales entraron en flagrante contradicción con la fiereza indomable de los aborígenes, aunque aquellos colonizadores del siglo XVI también eran hombres de fe y de cruz.

A pesar del saldo desastroso de las expediciones de Juan Ponce de León, Pánfilo de Narváez y Hernando de Soto, a las que se deben añadir los intentos de Lucas Vázquez de Ayllón antes y de Tristán de Luna y Arellano después, al pasar los primeros cincuenta años de esfuerzos españoles para explorar y colonizar la Florida, era altísimo el costo de la ininterrumpida gesta: el reino había perdido 100 embarcaciones en las que habían ocupado un sitio 4,000 expedicionarios, de los cuales 2,000, entre los que se contaban 30 sacerdotes, habían muerto. También perecieron cientos de indios cubanos que habían sido utilizados como cargadores. Se habían perdido 1,000 caballos y muchas cabezas de ganado vacuno y de cerda, y millones de pesos en aperos, suministros, armas, municiones, avíos y logística de todas clases... el colosal esfuerzo hecho por España durante años y años, con persistencia y tenacidad inquebrantables, en territorio de lo que son ahora los Estados Unidos de Norteamérica, para llevar la civilización europea a las tierras de la Florida, no tenía antecedentes ni era posible encontrar eventos parecidos en la historia:

Nunca antes ni después, dentro del vasto escenario del Nuevo Mundo, la nación descubridora había hecho más para alcanzar menos[2]

Con las expediciones llegaron los misioneros. Primero los dominicos, que fueron asesinados, y después los Padres de la Compañía de Jesús, que pronto tuvieron que abandonar las nueve misiones que fundaron. Su etapa duró siete años. Cinco padres fueron muertos a hachazos por los indios, y el Superior de la Compañía, espantado por las dificultades que encontraron y por el martirio final, decidió abandonar el territorio. Los franciscanos llegaron a partir de 1573 para levantar el estandarte de Cristo y continuar la evangelización. Eran hombres de tanta fe que eran capaces de arriesgar la vida e incluso de perderla con tal de llevar adelante su misión. Y la cumplieron según el carisma de San Francisco entre indios especialmente fieros y hostiles, viviendo al lado de ellos, comiendo lo mismo, porque no se puede evangelizar mirando al otro desde arriba, o sometiéndolo a la esclavitud, sino caminando a su lado como compañero y amigo, porque es tarea difícil enseñar a santiguarse con cadenas.

Y los franciscanos de la Florida aprendieron el idioma, escribieron gramáticas y redactaron catecismos en los principales dialectos indígenas para enseñarles la doctrina del amor. Erigieron doctrinas, levantaron ermitas, enseñaron a los indios a cultivar, a criar animales, a asistir a la misa los domingos, y a trasmitirles con infinita paciencia las primeras nociones de la tradición católica y del pensamiento humanista occidental. Y sus misiones, con períodos de gran brillantez y épocas de decadencia, duraron más de dos siglos.

La provincia de la Florida, que en los primeros años pretendía abarcar los actuales territorios de Alabama, Luisiana y Provincia La Florida 1591 Georgia llegando por el norte hasta los Grandes Lagos, según nos informan los mapas de los siglos XVI y XVII, existió por 238 años en los que derrotó varias invasiones inglesas y la ciudad de San Agustín, como otros puntos del territorio, sufrió numerosos ataques de corsarios y piratas, como el célebre Sir Francis Drake. Fueron muchos los logros de los españoles en este tiempo, y el principal fue el de sostener la cadena de misiones, contra viento y marea, y continuar con inaudita paciencia una labor de colonización que parecía imposible, y publicar en 1620 el primer libro de texto que leyeron los nativos de Norteamérica, un catecismo en lengua castellana y timucuana, que fue seguido por otros que enseñaban las artes de pronunciar y conversar[3]. Fue el ejemplo más dramático que podamos imaginar, fue la más larga y generosa inversión de sangre, energía y esfuerzo que se haya realizado nunca en un esfuerzo colonizador. Durante esa etapa, España dejó para la posteridad un gran ejemplo práctico de reconocimiento de los Derechos Humanos, al reconocer los suyos a los nativos de la Florida, indomables y fieros, que tantas veces asaltaron San Agustín dejando un saldo espantoso de muerte y tortura de misioneros y colonos, y al erigir en Santa Teresa de Mose o Fuerte Mose, en 1738, el primer asentamiento de negros libres que hubo en tierras de Estados Unidos, más de un siglo antes de que Abraham Lincoln se erigiera en paladín de la libertad de los esclavos de origen africano. Desde 1680, el Sínodo Diocesano de la Isla de Cuba fijó en sus capitularios las normativas que debían regir el tratamiento que se daba a los indios de la Florida, la forma de evangelizarlos y los principales aspectos de su vida: se trata de 14 reglamentaciones que formaron el primer cuerpo legal que tuvo vigencia en tierras de Estados Unidos, para cuidar de la vida material y espiritual de los indígenas.

Y fue en tierras de la Florida donde la estrategia global de España en América, llevada a la práctica por el Mariscal Bernardo de Gálvez en el último cuarto del siglo XVIII, ganó una secuencia de batallas aplastantes que aseguraron la retaguardia de George Washington por el oeste y el flanco sur de sus ejércitos, abrió camino a la ayuda francesa y garantizó la victoria de Yorktown, que terminó con la dominación inglesa de los Estados Unidos, asegurada por los suministros de dinero, armas, municiones y suministros otorgados por España a los voluntarios de Washington.

Los actuales pueblos indios de América Latina son testigos de la política integracionista de España en sus dominios de América. Son testigos los políticos, abogados, ingenieros, universitarios, obreros, profesionales, que son millones y millones de indios y descendientes de indios. España fue la única potencia colonial que llevó adelante este esfuerzo, y en este libro se presentan las medidas que se tomaron en la Florida.

La historia de la Florida, umbral de los Estados Unidos para los españoles, tiene un especial interés porque a partir de ella fue tomando forma la presencia hispana en los Estados Unidos. Se puede decir al respecto que es inmensa la vitalidad de la colonización española en tierras de Norteamérica desde comienzos del siglo XVI. En el mapa de Diego Rivero de 1529, ya aparece dibujado el perfil de los Estados Unidos y llega más allá, hasta la Tierra de Labrador. La costa del Pacífico ya había sido reconocida hasta el actual estado de Oregón y años después los españoles llegaron a Vancouver, Nootka y hasta Alaska, para dejar en la geografía norteamericana más de 2000 nombres que dan una prueba más de la presencia española. Durante los primeros cincuenta años, la expansión española pasó de las líneas de las costas al interior del territorio, y en ese tiempo los exploradores habían recorrido la mayor parte de los actuales estados de la Florida, Georgia, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Tennessee, Alabama, Mississippi, Luisiana, Arkansas, Texas, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Colorado, Nuevo México, California y Arizona, que abarcan una gigantesca superficie de 4,000,000 de kilómetros cuadrados que representa prácticamente el 50 por ciento del territorio continental de Estados Unidos, excluyendo Alaska[4] .

Por otra parte, en la segunda mitad del siglo XVIII, abarcó más del 66 por ciento, correspondiente a los estados de la Florida, Alabama, Tennessee, Mississippi, Luisiana, Missouri, Iowa, Minnesota, Kansas, el sector oriental de Montana, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Oklahoma, Arkansas, Arizona, Colorado, Utah, Nuevo México, Texas, California y Nevada…

Todos estos estados fueron evangelizados por jesuitas, franciscanos y dominicos. En todos se levantaron pueblos y ciudades, muchos pueblos indios fueron pacificados y asimilados. En Estados Unidos, cuando los buscadores de oro llegaron al Pacífico en una febril carrera hacia el oeste, encontraron plantadas como centinelas en extensiones inmensas las ciudades fundadas por los españoles (San Francisco, por ejemplo). No tuvieron que levantarlas, ya estaban ahí.

Durante todo el tiempo que España gobernó territorios en los actuales Estados Unidos, se levantaron puestos militares avanzados en Carolina del Norte y del Sur, Georgia, Florida, Alabama, Mississippi, Luisiana Arkansas, Missouri, Texas, Colorado, Arizona y California hasta un total de 71. En cuanto a las misiones, en 1675, que fue el momento cumbre de la evangelización a lo largo de las costas de la Florida y Georgia, funcionaban 66 misiones franciscanas. Si se cuentan todas las misiones erigidas por jesuitas, franciscanos y el clero secular, incluyendo las que quedaron desactivadas, el número de doctrinas de la Florida es de 128. Por otra parte, del siglo XVII al XIX funcionaban 44 misiones en Texas, 51 en Nuevo México, 19 en Arizona, y 23 en California con el impulso de fray Junípero Serra. Cada doctrina era un centro civilizador, educacional y evangelizador, y en las tierras dominadas se trataron de mantener las lenguas, los derechos y la identidad de los indígenas, protegidos especialmente por las Leyes de Indias.

Por último voy a mencionar otra contribución de España a los Estados Unidos, que es nada menos que el dólar. En el siglo XVIII existía el dólar español (Spanish dollar) como unidad monetaria que fue aprobada por el Congreso en 1785. El Spanish dollar tenía un valor equivalente a un peso (8 reales), y el signo $ por el cual se reconoce el dólar es el de las columnas de Hércules que aparece grabado como parte del escudo español, con el lema PLUS ULTRA escrito en la cinta que ondea alrededor…

Todo esto empezó en la Florida, que abrió las puertas a la colonización de los actuales Estados Unidos con la valentía y persistencia de los colonizadores casi todos hijos de Asturias, la sabiduría y destreza de marinos, pilotos y cartógrafos, y la fe y abnegada constancia de los misioneros franciscanos.

Fuente: El Monárquico

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LA VERDADERA HISTORIA

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[*] Académico Correspondiente en Estados Unidos de la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras. Secretario de la Academia de la Historia de Cuba.
[1] Charles F. Lummis (1859-1915). Explorador, arqueólogo, historiador, novelista, periodista, editor y filantrópico fundador de sociedades y museos. Palabras de su libro Los exploradores españoles del siglo XVI, vindicación de la acción colonizadora española en América.
[2] Zéndegui, Guillermo de. Terra Florida, Ediciones Continental, Miami, s/f, p. 60 
[3] Fray Francisco de Pareja, o.f.m., fue el autor en 1620 del citado “Catecismo...” y de otros libros de texto destinados a evangelizar y civilizar los indígenas de la Florida.
[4] Los españoles Francisco de la Bodega y Cuadra, Bruno de Heceta, en 1775) también llegaron a Alaska, que en realidad formaba parte de la Nueva España, lo mismo que Canadá.