CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

UNA CONDENA DARTHESCA
LA HIPOCRESÍA DE "ME TOO"
Tomás I. González Pondal


15 de diciembre de 2018 - Son estas feministas y una gran cantidad de medios de comunicación los grandes defensores del “amor sin barreras”, del “cada uno tiene la orientación sexual que quiera”, y todo de la mano de la ideología de género. Y les guste o no les guste escucharlo, en esas mismas expresiones aberrantes que defienden encuentra acogida también la orientación sexual del violador. Háganse cargo por favor.


Como es sabido, la expresión “escena dantesca” alude a un espanto grande, a una cuestión infernal; algo que de algún modo trae recuerdos de lo que sucede en la primera parte (El Infierno) de la Divina Comedia, escrita por Dante Alighieri. Pero se me ocurre ahora inventar una nueva expresión para aplicarla a un caso dado en Argentina -aunque también se ve en otras partes del mundo-, caso que parece estar cobrando respaldo y buena aceptación: tiene que ver con el hecho de condenar a alguien sin juicio previo, violando así el principio de inocencia. En virtud de esto último, entonces, es que hablo de “condena darthesca”.

     ¿Por qué ‘darthesca’? Un hombre llamado Juan Darthés (actor) fue condenado anteayer por casi quinientas actrices, debido a una supuesta violación que habría perpetrado hace diez años atrás cuando se encontraba en Nicaragua con un elenco argentino del que formaba parte la ahora acusadora. El supuesto ilícito no fue dado a conocer cuando supuestamente sucedió, sino que, ahora, una década más tarde, aparece en escena. Esto último no lo digo porque esté negando que el hecho haya ocurrido, lejos de mí eso; lo digo por quienes, basándose en las palabras de alguien, ya condenan a un supuesto violador, sin más fundamento que: “guardó silencio por el trauma, por el miedo, por… por… por”. Insisto: no niego que pueda ser así, pero niego que la condena por parte del tercero (nosotros), sin otra prueba que lo que alguien dice, sea justo. Gran parte de los medios de comunicación nacional y no pocos internacionales, apoyaron la condena. Se trató del desembarco en tierras Argentina del movimiento Me Too, y, como no podía ser de otro modo, hacía falta hacer sonar por los aires una buena cantidad de bombas. Claramente hablo de condena, aunque alguien ingenuamente diga que solo fue una denuncia. Quien busca justicia por un supuesto ilícito va a un tribunal de justicia; pero quien junta a casi quinientas personas  y trata de violador a alguien en el cadalso de la prensa morbosa presentando al fenómeno Me Too, al menos a mí, me hace ruido.

     Si Darthés violó o no violó, repito, eso deberá determinarlo la Justicia, y, realmente (debo decirlo debido al déficit judicial argentino) aquella digna de ser llamada Justicia: porque tenemos magistrados inicuos que mandan a matar a criaturas de cinco meses en nombre de la ley y de la justicia. La supuesta violación de Darthés será objeto de un juicio, y, oportunamente, de una decisión judicial, la que deberá tener en cuenta si las pruebas tienen la necesaria contundencia para convencer al juez de que un ilícito ha sido cometido por quien es acusado en un debido proceso penal.

       Quinientas mujeres que hicieron aterrizar a Me Too condenando a Darthés, no me dicen nada sobre el supuesto ilícito de Darthés; pero si me dicen demasiado sobre ellas. No me dicen nada, porque hay cuatrocientas noventa y nueve que condenan apoyando a la supuesta violada, y no solo deben explicar dónde estaban hace diez años, sino, lo más interesante, es cómo hicieron para estar todas juntas en la habitación del “violador”, dado la plena convicción que tienen formada sobre el hecho. No me dicen nada sobre el supuesto ilícito de Darthés, pero me dicen demasiado demostrando a quién vinieron a exaltar: Me Too. No me dicen aún nada sobre una violación de un hombre, pero sí han dado sobradísimas pruebas de otras violaciones por ellas efectuadas. Aclaro esto último. Las pañuelitos verdes se siguen burlando de la ley en el rostro de todos los argentinos: violan la ley, apoyando no una violación, sino una violación seguida de muerte y que recibe el nombre de aborto. Mientras la supuesta violada deberá probar en juicio la violación de la que dice haber sido víctima, ella misma da sobradas pruebas en flagrante delito de estar haciendo la apología de un asesinato. Está violando la ley en vista de todos.

      Hicieron un spot publicitario diciendo “mirá como nos ponemos” en clara condena a Darthés, siendo que quienes allí dicen “mirá como nos ponemos” son referentes notables del apoyo al asesinato de los seres humanos en gestación.

        Las de pañuelo verde han enseñado a violar la ley, pero cuando les conviene pretenden para los demás el brazo más riguroso de la ley. Quien pide desconocer la ley para matar a un ser humano inocente, no parece mostrar coherencia alguna al pedir rigor legal para condenar a un violador. Quien no respeta la mismísima vida ajena, mal puede constituirse en un paladín defensor de alguna integridad personal.

      Algo llamativo en el discurso lacrimógeno de las “femimetoo”, es que “fue violada cuando era tan solo una niña de 16 años”. Las aborteras propugnan que desde los 14 años la mujer ya es madura para abortar; pero si es violada a los 16, es una niña. ¿Saben? ¡No tienen vergüenza! ¿Y saben por qué? ¡Porque por supuesto que una chica de 16 años es una niña a quien no solo se la debe respetar no violándola ni ultrajándola de algún modo, sino también a quien se le debe la verdad no enseñándole a asesinar a su vástago! ¡Son estas misma de Me Too que nos venden ahora compungidas el temita de “era niña”, pero no temen (¡verde en mano!) en defender a capa y espada que se les meta a los más niños el aborto en la cabeza y la ideología de género mediante la perversa educación sexual integral! ¿O es que para eso no son niños?

     También, marcadamente y como lo dije en el párrafo primero, se está enseñando a violar el principio de inocencia, que dice que toda persona se considerará inocente, a no ser que se demuestre su culpabilidad en un juicio. Aún no conozco ningún sistema legal en donde el principio referido quede estipulado así: “toda persona es inocente, a no ser que algún medio de comunicación declare lo contrario”. Pero en los hechos nos encontramos muchas veces con ese mamarracho, en donde tal o cual medio se constituye en perverso juez.

      Me too no vino para defender alguna bebita intrauterina asesinada brutalmente como aconteció en el hospital Rivadavia: ¡Era mujer; era bebita; era sumamente frágil; sumamente inocente de maldad voluntaria; completamente indefensa!, pero… ¿dónde estaban todas estas declamantes de verde que dicen defender a la mujer? Me Too no vino para defender la vida del bebito que agonizó diez horas en Entre Ríos. En verdad, no desembarcó para luchar por la mala violencia, sino para presentarse apoyando a un verde que, como sabemos, se ha convertido en signo de una aberrante violencia que conduce a la muerte.

      Lo repetiré nuevamente. Que los dichos de la acusadora los evalúe una honorable justicia. Pero los procederes hasta ahora expuesto no son justos. Han querido habilitar lo siguiente: que cualquiera sosteniendo un relato puede aparecer en medios de comunicación y fulminar sin más trámite a cualquier persona.

     Con todo lo visto, me dan lugar, una vez más, para refregarles una cuestión que tantas veces la he condenado. Son estas feministas y una gran cantidad de medios de comunicación los grandes defensores del “amor sin barreras”, del “cada uno tiene la orientación sexual que quiera”, y todo de la mano de la ideología de género. Y les guste o no les guste escucharlo, en esas mismas expresiones aberrantes que defienden encuentra acogida también la orientación sexual del violador. Háganse cargo por favor.

     Si a estas alturas alguien está pensando que todo lo anterior es confundir los tantos, no me lo digan a mí, díganselo a quienes han dado acabadas prueba con su significación verde, de estar reclamando algo a viva voz, al mismo tiempo que reclaman otra cosa con la voz de un signo. 

      Si la hipocresía de Me Too pretende poder condenar a muerte a un inocente, es lógico que también pretenda poder condenar a un adulto violando el principio de inocencia. Es que si se puede lo más, ¿por qué no se va a poder lo menos?

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