CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

BATALLAS PERDIDAS
Jorge Bosco


07 de marzo de 2018 - La verdad no entiende de debates. La verdad no distingue mayorías ni minorías. La Verdad es una y es buena. La Verdad es bella. 


Es abrumadoramente cierto que los católicos fieles estamos en retirada. Hace años ya, y despojados de guías señeros que orienten nuestra todavía débil resistencia. Entre nuestras filas hallamos divisiones, crecientes y dolorosas, proporcionales a la confusión en que vivimos. "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas".

Sin embargo, incluso cuando el combate se disipe o atomice; incluso si nuestras trincheras son vaciadas por la muerte y por la traición, recordemos todos y en cada jornada, que el enemigo no triunfa mientras sigamos tirando certeramente. 

Ustedes comprenden: no balas, sino testimonios. No la negra pólvora de legítimos fusiles, sino la roja sangre del martirio sublime. 

Es doctrina sabida del Doctor Angélico que el objeto propio de la virtud de la fortaleza es la represión de los temores. Templar el miedo, que no azuzar la audacia temeraria. Porque todavía enseña el Santo que es más difícil resistir que atacar, y esto por la sencilla razón de que se resiste cuando el enemigo es mayor y más fuerte. Noble resistencia en minoría y retirada, doble ocasión para probarnos fuertes y pacientes. 

Suenan clarines finales, porque la avanzada del Mal parece irrefrenable. Sursum corda! Abandonemos todos las componendas, los masomenismos, los subjetivismos. La imbécil y democrática (con perdón de la redundancia) costumbre de callar por no sufrir castigos. Velada forma de eunuquismo, que se nos ha colado en nuestras maneras y talantes.

El enemigo tiene todo el herramental del caos y de la sombra. Nosotros, acaso sólo una pequeña lámpara aún encendida. Pero es mandato evangélico que no la escondamos bajo el celemín, sino la pongamos sobre el candelero. Para que a todos ilumine. 

Amigo, hermano, madre, esposa. Hijos todos de la Iglesia y de la Patria: el candelero está delante. En la fábrica, en el aula, en el coche, en la pluma. En el plomo. En casa y en la calle, el candelero va siempre por delante. En las reuniones íntimas, en las plazas públicas. Frente a Dios que mira. Frente a nuestros hijos que oyen. El candelero está siempre delante.

Es una lámpara antigua, testigo andante de una Fe sin fronteras, y por lo mismo universal y verdadera. Una lámpara cuya llama se dilata en cada Bautismo, y se expande en cada Confirmación. Una llama que ilumina nuestras mentes y recuerda que renunciamos a las pompas del mundo y del demonio. Una llama que ilumina nuestros corazones, y recuerda que fuimos constituidos soldados de Cristo Rey, caballeros de un linaje señorial y primero, que según Dios fue creado en la justicia y la santidad de la verdad.

Porque la verdad no entiende de debates. Porque la verdad no distingue mayorías ni minorías. Porque la Verdad es una y es buena. Porque la Verdad es bella. 

Porque la verdad es jerárquica y repugna del servilismo democrático. Porque la verdad es luz en la senda y abrigo en la soledad. Porque la verdad es un poema perenne que todavía se recita en la Misa y el Rosario, todavía reverbera en los cantos de nuestros pequeños hijos, todavía inflama nuestros corazones cristianos, signados para ser imagen y medida del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María.

Porque la Verdad no se calla. Porque Dios no muere.

"Sábete Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro."

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