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SOROS CONTRA TRUMP: LA BATALLA FINAL
Carlos Esteban


9 de febrero de 2017 de enero 2017: Como en una película de acción de ritmo trepidante, la actualidad internacional se precipita a un desenlace cada día más inevitable en un duelo final entre Trump y su némesis, George Soros. La coexistencia pacífica de ambos poderes es cada día menos verosímil: sólo puede quedar uno..

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La realidad no suele ser tan dramática. En otras circunstancias, el financiero internacional de origen húngaro y el presidente norteamericano podrían seguir actuando indefinidamente, cada uno en su esfera, cada uno intentado contrarrestar la acción del otro. Pero no vivimos una situación normal.

Soros, uno de los personajes más fascinantes de nuestro tiempo, habría perdido ya mil millones de dólares con la elección de Trump, y parece decidido a apostar hasta el último céntimo de su fabulosa fortuna en un proyecto mundial que coordina a través de numerosas organizaciones, todas ellas subordinadas a la Open Society Foundation.

Apenas hay asunto de interés, conflicto, debate o pugna electoral detrás de la cual no se vea la mano del millonario tratando de arrimar el ascua a su sardina: la crisis de los refugiados, los disturbios raciales en Estados Unidos, el golpe de Estado en Ucrania, el referéndum británico, la guerra siria, las marchas contra Trump, el recuento en Pensilvania y Michigan, la posición del Vaticano, las protestas en Berkeley… Elija asunto, seguro que está.

Lo penúltimo -con Soros, como con Trump, nada es ‘lo último’- que se ha sabido es que el magnate internacional no solo financió generosamente la campaña de Hillary Clinton en las elecciones, sino a varios de sus supuestos rivales, políticos del Partido Republicano que, esperaba, podrían parar los pies a Trump.

Empleados del ‘hedge fund’ Soros Fund Management donaron decenas de miles de dólares a figuras relevantes del Partido Republicano rivales de Trump en 2016, como Paul Ryan, Marco Rubio, Jeb Bush, John McCain, John Kasich y Lindsey Graham.

Es como si no pudiera parar y, de hecho, no ha hecho más que acelerar sus movimientos desde que Trump llegó a la Casa Blanca. Y es que Trump y, sobre todo, lo que Trump representa amenaza con destruir la obra a la que ha dedicado su vida.

Soros es famoso por apoyar las causas más progresistas, desde la ideología de género hasta la tribalización racial, pero su idea fija, su obsesión, parece ser acabar con las fronteras y las identidades nacionales. Quizá el haber sido el primer niño del mundo que aprendió y hablaba el Esperanto, idioma artificial con pretensiones de lengua mundial, le haya marcado en este sentido.

Las finanzas no tienen patria

En esto, naturalmente, sus intereses y los de sus colegas, los financieros internacionales, van de la mano de sus ideales. Las finanzas no tienen patria, y las multinacionales no se llaman así por su apego a las naciones donde su fundaron. Estas tienen mucho que ganar con el flujo masivo de inmigrantes, que abaratan el nivel salarial, y con la deslocalización, es decir, llevando la producción donde las regulaciones de todo tipo -laborales, medioambientales o de seguridad- son bastante menos onerosas que en los países donde venden sus productos. Para los financieros, por su parte, la existencia de ordenamientos jurídicos, sistemas monetarios y regulaciones diferentes de un país a otro es un coste irritante y un engorro.

Y son, recordemos, los que financian cualquier otra institución, desde gobiernos a ONGs, desde universidades a medios de comunicación, desde Hollywood a Madison Avenue.

Por eso Trump y la oleada de movimientos soberanistas -‘populistas’, en los medios financiados por los de siempre- suponen una amenaza existencial y deben ser destruidos a riesgo de morir en el intento.

Y ese riesgo es muy real, porque no hay fortuna que aguante tantos reveses sin resentirse. Y, en el caso de Soros, el frente en el que podría caer derrotado antes incluso que en el americano es Europa del Este.

El antiguo bloque comunista ha estado en el punto de mira del millonario incluso antes de que dejara de serlo. A principios de los ochenta empezó a crear fundaciones y centros allí para difundir su visión de ‘socidad abierta’. En 1979 empezó a implantar en estos países su fundación matriz, la Open Society Foundation, al tiempo que hacía lo mismo en África, Asia y Latinoamérica. En 1992 fundó en Budapest su Universidad Centropeuropea en la que se formaron cuadros directivos que habrían de nutrir empresas y partidos de Europa del Este y la propia Rusia.

Rusia, el primer país en pararle los pies

Rusia fue el primer país en pararle los pies a Soros y frenar su injerencia en la política nacional. Soros tiene una especial inquina contra Putin y un plan para desestabilizar el país, el ‘Proyecto Rusia’, que preveía una repetición de los levantamientos ‘espontáneos’ de Ucrania en varias ciudades del país. Pero en noviembre de 2015, la oficina del Fiscal General anunció la proscripción de las actividades de las fundaciones de Soros en Rusia alegando riesgo para la seguridad nacional.

Otro tanto ha hecho en Hungría el primer ministro Viktor Orbán, en estos momentos adalid europeo de la lucha contra Soros. Orbán ha acusado a su excompatriota de estar detrás de la crisis de los refugiados y ha advertido que las fundaciones relacionadas con el millonarios podrían ser expulsadas de todo el Continente.

En Macedonia, el frente antiSoros está encabezado por el exprimer ministro Nikola Gruevski, obligado a dimitir tras una oleada de protestas ‘inspiradas’ por Soros mientras el país se llenaba de refugiados procedentes de Grecia. Gruevski acusa a Soros de querer destruir su país por completo. En Polonia, donde Soros tuvo en tiempo una enorme influencia y del que ostenta el cargo honorífico de Comandante con Estrella de la Orden del Mérito de la República de Polonia, el más alto honor que puede recibir un extranjero, ya se han levantado voces en el Parlamento exigiendo que se le prive de este honor, alegando que financia elementos “antidemocráticos y antiplacos con vistas a combatir la soberanía de Polonia y su cultura cristiana nativa”.

En la República Checa, el presidente Milos Zeman declaró en una entrevista en 2016 que “algunas de sus actividades son, cuando menos, sospechosas y se acercan a modos de injerencia en los asuntos internos de los países”. Para no cansarles, opiniones similares empiezan a airearse en Letonia y Lituania.

Honor a Soros, que ha podido hasta ahora mantenerse en pie en una lucha que le enfrenta a un número creciente de peligrosos enemigos cuya lista sigue ampliándose, desde Putin a Trump pasando por Theresa May y el Politburó chino. Pero los vientos soplan, siguen soplando contra los planes del magnate internacional, y el tiempo se agota.

Fuente: La era Trump

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