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SERMÓN SOBRE EL CIELO
Santo Cura de Ars


14 de agosto de 2019


Santo Cura de Ars

Gaudete, et exultate, quoniam merces vestra copiosa est in cælis.Regocíjese, salten
de alegría, porque una gran recompensa les es prometida enel cielo.(Mt. 5,12).

Tales fueron, hijos míos, las palabras de consuelo que Jesucristo les dio a sus Apóstoles para consolarles y animarles a sufrir valientemente las cruces y las persecuciones que debían llegarles. "Sí, mis niños, les dice este Padre tierno,van a hacerse el objeto del odio y del desprecio de los malos, serán la víctima de su furor, los hombres les odiarán, les conducirán delante de los príncipes de la tierra, para ser juzgados y condenados a los suplicios más horribles, a la muerte más cruel y más vergonzosa; pero, muy lejos de desanimarse, regocíjense porque una gran recompensa les esta reservada en el cielo. ¡Oh bello cielo! ¡quién no le amaría, ya que tantos bienes están contenidos en él! ¿No es, en efecto, hijos míos, el pensamiento de esta recompensa que hacía a los Apóstoles infatigables en sus trabajos apostólicos e invencibles contra las persecuciones que tuvieron que sufrir por parte de sus enemigos? ¿No es el pensamiento de este bello cielo que hacía parecer a los mártires delante de sus jueces con un coraje que asombraba a los tiranos? ¿No es la visión de tal cosa, la que apagaba el ardor de las llamas destinadas a devorarlos, y que desafilaba las espadas que los golpeaban? ¡Oh! ¡cuántos se encontraban felices de sacrificar sus bienes, su vida, para su Dios, en la esperanza que "pasarían a una mejor vida que jamás acabaría"! ¡Oh habitantes felices de la ciudad celestial, qué de lágrimas han vertido y qué de sufrimientos han aguantado para adquirir la posesión de su Dios! ¡Oh!, nos gritan desde lo alto de este trono de gloria donde están sentados,¡oh! ¡como Dios nos recompensa por el poco bien que hicimos! Sí, le veremos, a este Padre amoroso; sí, le bendeciremos, a este amable Salvador; sí, le agradeceremos, a este caritativo Redentor, durante años infinitos. ¡Oh eternidad feliz! Exclaman, ¡que vas a hacernos probar de dulzuras y de alegrías!.

Bello cielo, ¿cuándo te veremos? Oh momento feliz, ¿cuándo vendrás? Sin duda, hijos míos, que todos deseamos y anhelamos tan grandes bienes; pero para hacérselos desear aún con más ardor, voy a mostrarles, tanto como me sea posible, la felicidad por la que los santos son embriagados; luego, el camino quehay que tomar para ir allá

I. - Si debía, hijos míos, hacerles el cuadro triste y deplorable de las penas que aguantan los réprobos en los abismos, comenzaría a probarles la certeza de estas penas; luego, mostraría delante de sus ojos con un temblor, o mejor dicho, con una especie de desesperación, la magnitud y la duración de los dolores que sufren y que sufrirán eternamente. A este relato lamentable, se sentiríanembargados de horror, y para hacérselos entender todavía mejor, les mostraríacuáles son las causas que pueden devorar tan vivamente sus almas dedesesperación y de horror. Hay cuatro, les diría, que son: la privación de la vistade Dios, el dolor que sienten, la certeza que tienen que jamás acabará, y los medios que habían tenido por los que podían tan fácilmente eximirse de eso: lo que será como tantos verdugos que los devorarán durante toda una eternidad. En efecto, cuando un condenado pediría durante mil eternidades, si fuera posible tener mil, con los gritos más desgarradores y más enternecedores, la felicidad de ver a Dios un solo minuto, está seguro que esto jamás le será concedido. Ensegundo lugar, digo que a cada instante, él sólo sufre más que como nunca sufrieron todos los mártires juntos, o mejor dicho aguanta, a cada minuto de eternidad, todos los sufrimientos que debe sufrir durante la eternidad. La terceracausa de sus suplicios es que a pesar del rigor de sus penas, se les asegura que jamás terminará. Pero lo que acabará de poner el colmo a sus tormentos, a su desesperación, es que verán tantos medios tan fáciles, no sólo para evitar todosestos horrores, sino para ser felices durante toda la eternidad; verán sin cesar todas las gracias que Dios les ofreció para salvarse, lo que será como verdugos que los devorarán. Desde el fondo de las llamas, verán a los bienaventurados sentados sobre tronos de gloria, embargados de un amor ardiente y tierno queserá de una embriaguez continua; para ellos, el pensamiento de las gracias queDios les dio, la memoria del desprecio que hicieron, les obligará a dar aullidos derabia y de desesperación tan horribles que el universo entero, si Dios permitiera que fuesen oídos, perdería la vida y caería en la nada. De ahí resultarán lasblasfemias más horribles, que vomitarán unos contra otros. Un niño gritará que está perdido sólo porque sus padres lo quisieron bien; invocará la cólera de Dios,y le pedirá, con los gritos más horribles, acordarle de ser el verdugo de su padre. Una chica le arrancará los ojos a su madre que en lugar de conducirle al cielo, la empujó, la arrastró al infierno por sus malos ejemplos, por palabras que respiraban sólo la mundanalidad, el libertinaje. Estos niños vomitarán blasfemias horribles contra Dios por no tener bastante potencia y furor para hacer sufrir asus padres; correrán por los abismos como desesperados que estarán, para arrancar y arrastrar a los demonios, para echarlos sobre sus padres y madres; con el fin de hacerles sentir que jamás serán suficientemente atormentados por haberlos perdido, mientras que bien podían salvarlos. ¡Oh eternidad desgraciada! ¡Oh desdichados padres y madres, que los tormentos que están reservados para ustedes son horribles! ¡Todavía un instante, y los probarán,todavía un instante y arderán en las llamas!...

Pero no, hijos míos, no vayamos más lejos; no es el momento de entretenernos con una cosa tan triste y tan desgraciada; no enturbiemos la alegría que sentimos en... a los enfoques del día dedicado a publicar la felicidad de la que gozan los elegidos en la ciudad celestial y permanente. Les dije, hijos míos, que cuatro cosas agobiarían de dolores a los réprobos en las llamas; lo mismo, con relación a los bienaventurados, les diré que cuatro cosas se unen para no dejar nada que desear . Estas cosas son: 1° la vista y la presencia del Hijo de Dios, que se manifestará en todo el esplendor de su gloria, de su belleza y de todas sus gentilezas; es decir, tal como está en el seno de su Padre; 2° es este torrente de dulzura y de castos placeres que sentirán, que será semejante al desbordamiento de un mar agitado por los furores de una tempestad horrible; transporta en sus olas, y los sumerge en una embriaguez tan encantadora que olvidan que existen.La tercera causa de su felicidad, en medio de todas estas delicias, es la seguridad que nunca va a terminar; y por último, lo que completará de sumergirlos en estos torrentes de amor, es que todos estos bienes les son dadoscomo recompensa de las virtudes y de las penitencias que habrán hecho. Estas almas santas verán que es en sus buenas obras que son deudoras de castos abrazos de su esposo.

Digo primero que el primer transporte de amor que se apoderará de su corazón,es en la vista de las bellezas que descubrirán en las cercanías de la presencia deDios. En este mundo, por muy bello y por muy halagüeño que sea un objeto que se nos presente, después de un instante de placer, nuestro espíritu se cansa y se vuelve a otro lado, si encuentra allí en que satisfacerse; va de una cosa a otra sin poder encontrar con que contentarse; pero, en el cielo, no es lo mismo; hace falta, al contrario, que Dios nos haga partícipes de sus fuerzas, para poder soportar el esplendor de sus bellezas y de las cosas tiernas y encantadoras que se ofrecen continuamente a nuestros ojos; lo que arroja a las almas de los elegidos en tal abismo de dulzura y de amor, que ellos no pueden distinguir si viven, o si se convierten en amor. ¡Oh morada feliz! ¡Oh felicidad permanente!¿ Quién de nosotros te saboreará un día?

En segundo lugar, digo como algo grandes y encantadoras que sean estas dulzuras, continuamente oiremos a los ángeles que cantarán que perdurarán para siempre. Les dejo pensar lo que los bienaventurados sienten de todo esto.

En tercer lugar, en este mundo, si probamos algunos placeres, no tardamos ensentir algunas penas que disminuyen las dulzuras, o por el temor que tenemos de perderlas, o también por los cuidados que hay que tomar para conservarlas: lo que hace que jamás estemos perfectamente contentos. En el cielo, no es lo mismo; estamos en la alegría y las delicias, y en la seguridad que nunca jamás podrán arrebatarlos ni disminuirlos. En cuarto lugar, digo que el último dardo de amor con el que nuestro corazón será herido, es el cuadro que Dios pondrá delante de nuestros ojos de todas laslágrimas que habremos derramado y de todas las penitencias que habremos hecho durante nuestra vida, sin ni siquiera dejar escapar un buen pensamiento,un buen deseo. ¡Oh! ¡qué alegría para un buen cristiano, que verá el desprecio que él mismo tuvo consigo mismo, las durezas que habrá ejercido sobre su cuerpo, el placer que sintió viéndose despreciado! Verá su fidelidad rechazartodo esos malos pensamientos con los que el demonio había tratado de ensuciar su imaginación; recordará sus preparaciones para sus confesiones, su diligencia en nutrir su alma en la mesa santa; tendrá delante de los ojos cada vez que sedespojó para cubrir a su hermano pobre e indispuesto. "¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Dios! exclamará a cada instante, ¡que de bienes por tan poca cosa!". Pero Dios para inflamar a los elegidos de amor y de reconocimiento, colocará su cruz sangrienta en medio de su corte, y les hará la descripción de todos los sufrimientos que aguantó para hacerles felices, guiado como era por su amor. Dejo que piensen cuales serán sus transportes de amor y de reconocimiento; ¡quécastos abrazos no van a prodigarle durante la eternidad, recordando que esta cruz es el instrumento del que Dios se sirvió para darles tantos bienes.

Los santos Padres, haciéndonos la descripción de las penas que aguantan los réprobos, nos dicen que cada uno de sus sentidos es atormentado, según los crímenes que cometieron y los placeres que probaron: una persona que habrá tenido la desgracia de haberse entregado al vicio impuro será cubierta deserpientes y de dragones que le devorarán durante la eternidad; sus ojos que habrán tenido miradas deshonestas, sus orejas que se habrán complacido en lascanciones y discursos impúdicos, su boca que habrá vomitado estas impudicias,serán tantos canales por donde saldrán torbellinos de llamas que los devorarán;sus ojos verán sólo los objetos más horribles. Un avaro sentirá allí un hambre de devorarse a si mismo; un orgulloso será pisado bajo los pies de otros condenados, un vengativo será arrastrado por los demonios en las llamas. No,hijos míos, no habrá ninguna parte de nuestro cuerpo que no sufra a proporción de los crímenes que habrá cometido. ¡Oh horror! ¡Oh desgracia espantosa!...

Según esto, digo que con relación a la felicidad de los bienaventurados en el cielo, será lo mismo: su felicidad, sus placeres y sus alegrías serán grandes a proporción de lo que habrán hecho sufrir su cuerpo durante su vida. Si nos horrorizamos de canciones y discursos infames, oiremos, en el cielo, sólo cánticos tiernos y encantadores, con los que los ángeles harán resonar la bóvedade los cielos; si fuimos castos en nuestras miradas, nuestros ojos estarán ocupados sólo en contemplar objetos cuya belleza los tendrá en un encantamiento continuo sin poder cansarse de eso: es decir que siempre descubriremos nuevas bellezas semejantes a una fuente de amor que fluye sin cesar. Nuestro corazón que habrá gemido, llorado durante su exilio, sentirá tal embriaguez de dulzura que ya no será el mismo. El Espíritu Santo nos dice que las personas castas serán semejantes a una persona acostada sobre una cama de rosas, cuyos olores la tienen en un éxtasis continuo. Mejor dicho, son sólo placeres castos y puros con los que los santos serán nutridos y embriagados durante la eternidad

Pero, piensen en ustedes mismos, cuando estaremos en el cielo, seremos totalmente felices igualmente. - Sí, mi amigo, pero hay algo que hay que distinguir. Si los condenados son desgraciados, y sufren según los crímenes que cometieron; lo mismo, no hay que dudar que cuanto más penitencias, hicieron los santos, más brillante es su gloria; y he aquí cómo esto se hará. Es necesario,o más bien hace falta que Dios nos dé fuerzas proporcionadas en el estado de gloria del que quiere rodearnos, de modo que nos dará fuerzas en proporción de las dulzuras que quiere hacernos probar. A los que hicieron grandes penitencias sin haber cometido pecados, les dará fuerzas suficientes para soportar las gracias que les comunicará durante toda la eternidad. Es muy verdadero que seremos todos muy felices y contentos, porque encontraremos delicias tantoc omo necesitáramos para nada dejar de desear. "¡Oh mi Dios! ¡ Mi Dios! Exclama san Francisco de Sales, en una tentación furiosa que padece, Tus juicios son espantosos; pero si fuera bastante desdichado de no amarte en la eternidad, ¡ah! por lo menos, concédeme la gracia de amarte tanto como pueda en este mundo."¡Ah! ¡si por lo menos, pobres pecadores que no quieren volver a su Dios, si por lo menos, tuvieran los mismos deseos que ese gran santo, que amaran al buen Dios tanto como puedan en esta vida! ¡Oh mi Dios! ¡cuántos cristianos qué me escuchan jamás te verán! ¡Oh bello cielo! ¡oh bella morada! ¿cuándo te veremos? ¡Oh mi Dios! ¿hasta cuándo vamos a languidecer en esta tierra extranjera? ¿en este destierro?... ¡ Ah! ¡si vieran al que mi corazón ama! ¡ah! ¡díganle que languidezco por amor, que yo no vivo más, sino que muero a todas horas!... ¡Oh! ¡quién me dará alas como a la paloma para dejar este exilio y volar en el pecho de mi amado!... ¡Oh ciudad feliz! ¡de donde son desterradas todas las penas ydónde se nada en un torrente delicioso de amor eterno!...

II. - ¡Eh bien! ¿mi amigo, le enfadaría ser de este número, mientras que los condenados arderán, y darán gritos horribles sin jamás esperar el fin? - ¡Oh! Medirá, no sólo no me enfadaría de eso; pero ya quisiera estar allí. - pensaba bien que me iban a decir esto; pero más que desearlo, es necesario trabajar para merecerlo. - ¡Y bien! cómo, ¿que se puede hacer? - Usted no lo sabe, mi amigo; ¡el bien! aquí esta: escúchelo bien y lo sabrán. Deberán no aferrarse tanto a los bienes de este mundo, tener un poco más de caridad para su mujer,sus niños, sus domésticos y sus vecinos; tener un corazón un poco más tierno para los desdichados; en lugar de pensar sólo en recoger dinero, en comprar tierras, deberán pensar en comprar un lugar en el cielo; en lugar de trabajar e ldomingo, deberán santificarlo bien viniendo a la casa de Dios para llorar allí sus pecados, pedirle no recaer más y de perdonarlos; muy lejos de no darles el tiempo a sus niños y a sus domésticos para cumplir con sus deberes de religión,ustedes deberían ser los primeros en llevarles allí por sus palabras y sus buenos ejemplos; en lugar de enfurecerse a la menor pérdida o contradicción que les llega, deberían considerar que siendo pecadores, merecen mucho más, y que Dios se conduce con ustedes sólo de la manera más segura para hacerles felices un día. Aquí está, mi amigo, lo que habría que hacer para ir al cielo, y no lo hacen.No, me dirán. - ¿Y qué va a hacerse, mi hermano, ya que mantienen el camino que conduce a un lugar donde se sufre de dolores tan horribles? Tenga cuidado,si no se sale de este camino, no tardará en caer; haga sobre eso sus reflexiones, y luego me dirá lo que habrá encontrado, y yo le diré lo que habrá de hacer. ¿No es, mi amigo, que envidia a estos habitantes felices de la corte celestial? - ¡Ah! me gustaría estar allí ya; por lo menos sería librado de todas las miserias de este mundo. - Y yo también ño deseo; pero el caso es que hay algo más por hacer y pensar. - Así que, ¿que es necesario hacer? Lo haré. - ¡Sus pensamientos son muy buenos! escuche un instante y voy a mostrárselo. No duerma, por favor. Sería necesario, mi hermana, ser un poco más sumisa a su marido, no dejarle subir la sangre a la cabeza por una pequeñez; habría que prevenirlo un poco más , y cuando lo vea volver al vino, o bien que ha hecho algún mal negocio,no habría que desatarse contra él hasta que lo haya hecho poner en un furor que no pueda dominarse. De ahí vienen las blasfemias y las maldiciones sin número contra usted, y que escandalizan a sus niños y sus domésticos; muy lejos de ir a recorrer las casas para informar lo que le dice o hace su marido, usted debería emplear aquel tiempo en oraciones para pedirle al buen Dios darle la paciencia yla sumisión que usted debe a su marido; pedir que Dios le toque el corazón para cambiarle. Sé bien lo que todavía habría que hacer para ir al cielo: mi madre,escúchelo bien y esto no será inútil para usted. Esto sería dedicar un poco másde tiempo a instruir a sus niños y sus domésticos, de enseñarles lo que deben hacer para ir al cielo; esto sería no comprarles vestidos tan bellos, para tener con que dar la limosna, y atraer las bendiciones de Dios, y posiblemente hasta darle con qué pagar sus deudas; ¿habría que dejar a un lado las vanidades, y demás? Haría falta que hubiera en su conducta sólo buenos ejemplos, esta puntualidad en rezar por la mañana y por la tarde, a prepararse para la santa comunión, a acercarse a los sacramentos; haría falta este desapego de los bienesdel mundo, un lenguaje que muestre el menosprecio que haga de todas las cosasde aquí abajo y la estima que haga de cosas de la otra vida. He aquí cuales deberían ser sus ocupaciones y todos sus cuidados; si se comportan de otro modo, están perdidos; piensen bien en eso hoy, posiblemente mañana no será más el tiempo; hagan su examen sobre eso, y luego, júzguense a si mismos; lloren sus faltas, y traten de mejorar, si no jamás estarán en el cielo.

¿No es, mi hermana, que todas estas bellezas encantadoras por las que los santos son embriagados le dan envidia? - ¡Ah! me dirá, envidiaríamos bien una felicidad menos grande que ésa. - Usted tiene mucha razón, sería, creo, como usted; pero lo que me causa inquietud, es que no hice nada para merecerlo; ¿tal vez usted es como yo? - Que debe hacerse, piense, yo lo haría bien si lo supiera;¿qué no debemos emprender para proporcionarse tantos bienes? Si fuera necesario dejar todo y sacrificar todo, hasta abandonar el mundo, para pasar el resto de sus días en un monasterio, lo haría de muy buena gana. - Eso esta muy bien: estos pensamientos son verdaderamente dignos de una buena cristiana; no creía que su coraje fuera tan grande; pero le diré que Dios no exige tanto. - ¡Eh bien! piense, diga lo que hay que hacer, y lo haré de muy buena gana. - Voy pues a decírselo y rogarle que haga una buena reflexión. Esto sería no ocuparse tanto de su cuerpo, hacerlo sufrir un poco más; no temer tanto que esta belleza sepierda o se disminuya; no sentarse tanto tiempo, el domingo por la mañana, a arreglarse, a observarse delante de un espejo de cristal, con el fin de tener más tiempo de dar al buen Dios. Sería solamente tener un poco más de sumisión a sus padres, recordándole que después de Dios es a ellos a los que debe la vida, y que debe obedecerles de buena gana y no murmurando. Sería también, en lugar de verse en los placeres, en los bailes y las citas, verse en la casa del Señor, rogarle, purificarse de sus pecados y a alimentar su alma del pan de losángeles. Sería también ser un poco más reservado en sus palabras, un poco más reservado en las conversaciones que tiene con las personas del sexo opuesto. Sólo eso es lo que Dios pide de usted; si lo hace, irá al cielo.

Y usted, mi hermano, ¿qué piensa de todo esto? ¿De cuál lado lleva sus deseos? -¡Ah! dice, preferiría mejor ir al cielo, puesto que se está allí tan bien, que ser arrojado en el infierno donde se sufre tanto y de toda clase de tormentos; pero el caso es que hay que hacer el bien para ir allá, es que me falta el coraje. ¡Si un solo pecado nos condena, yo qué a cada instante, me pongo enfurecido, no me atrevo ni siquiera a empezar!- ¿No se atreve a empezar? Quiere escucharme un momento, y voy a mostrarle muy claramente que esto no es tan difícil como lo cree; y que tendrá menos pena de agradar a Dios y de salvar su alma, que tiene que proporcionarse placeres y a satisfacer el mundo. Vuelva solamente a sus cuidados y sus penas que usted se consagró al mundo del lado del buen Dios, yverá que no lo pide mientras que la gente se lo pida. Sus placeres siempre están mezclados con tristezas y con amarguras, y además, seguidos del arrepentimiento de haberlos probado. Cuántas veces usted dice volver a pasar una parte de la noche en un cabaret o en un baile: "Estoy enfadado de haber estado allí; si hubiera sabido todo lo que pasa, no habría estado allí". Pero, alcontrario, si usted hubiera pasado una parte de la noche en oraciones, muy lejos de estar enfadado, usted mismo sentiría una cierta alegría, una dulzura que devoraría su corazón por sus rasgos de amor. Lleno de alegría, usted diría como el santo rey David: "¡Oh mi Dios! que un día pasado en tu templo es preferible amil pasados en las asambleas del mundo”. Los placeres que usted prueba por el mundo le dan asco; casi cada vez que se entrega a eso, toma resoluciones de no regresar allí más; a menudo hasta se entrega a las lágrimas, casi hasta desesperarse en lo que no puede corregirse; usted maldice a las personas que comenzaron a descomponerlo; usted se queja de eso a cada instante; usted envidia la felicidad de los que pasan tranquilamente sus días en la práctica de la virtud, en el desprecio de los placeres del mundo; cuántas veces hasta sus ojos dejan vaciar lágrimas viendo esta paz, esta alegría que brilla sobre la frente de los cristianos buenos; ¿que sé yo? Usted envidia hasta las personas que tienen la felicidad de vivir bajo el mismo techo.Le dije, mi amigo, que cuando usted pasó las noches en los excesos del vicio, y de algún otro libertinaje que no me atrevo a nombrar, usted no encuentra a partir de allí sino disturbios, aburrimientos, pesares y desesperación; sinembargo usted hizo todo lo que pudo para contentarse, sin poder llevarlo a cabo.¡Eh bien! mi amigo, vea cuánto más dulce es sufrir por Dios que por el mundo. Cuando pasó una noche o dos en oración, muy lejos de estar resentido, arrepintiéndose de eso, envidiando a los que pasan este tiempo en el sueño y l ablandura: al contrario, lloramos su desgracia y su ceguera; bendecimos mil vecesal Señor por habernos inspirado el pensamiento de proporcionarnos tantasdulzuras y consuelos; muy lejos de maldecir a las personas que nos hicieron abrazar tal género de vida, no podemos verles sin dejar de derramar lágrimas de reconocimiento, así nos sentimos felices; muy lejos de tomar la resolución de no más regresar allí, nos sentimos resueltos de hacer más, y sufrimos una santa envidia de los que están ocupados sólo de alabar al buen Dios. Si gastaron su dinero para sus placeres, al día siguiente, lloran; pero un cristiano que lo dio para conservarle la vida a un pobre hombre que no podía vivir, un cristiano que vistió a un desgraciado que estaba desnudo, muy lejos de lamentarlo, al contrario, busca continuamente el medio de hacerlo más; está dispuesto, st tiene que hacerlo, a privarse de lo necesario, a librarse de todo, tiene tanta alegría de aliviar a Jesucristo en la persona de sus pobres. Pero, sin ir tan lejos,mi amigo, no le costaría más, cuando está en la iglesia, de mantenerse con respeto y modestia que de reírse y girar la cabeza; sería también bien tener su dos rodillas por tierra y no tener una en el aire; ¿cuándo oye la palabra deDios, le sería más penoso escucharla en la esperanza de sacar provecho de eso, y de ponerlo en práctica tan pronto como sea posible, que de salir fuera para divertirse en conversar de cosas indiferentes, posiblemente malas? ¿No estarían más contentos si su conciencia no les reprochara nada, y si se acercaran de vez en cuando a los sacramentos, lo que les daría tanta fuerza: para soportar con paciencia las miserias de la vida? Si no se fían de eso, hijos míos, pregunten aaquellos que hicieron su Pascua, cuán contentos estaban durante un tiempo: es decir, mientras tuvieron la felicidad de ser amigos del buen Dios.

Dígame, mi amigo, le sería tan penoso que sus padres le riñan, porque se quedó demasiado en la iglesia, como si le reprochan de haber pasado la noche en el desenfreno? No, no, mi amigo, de algún lado, que consideraba lo que hace parael mundo, le cuesta mucho más que para gustarle a Dios y salvar su alma. No les hablaré de la diferencia que hay, a la hora de la muerte, entre un cristiano que sirvió bien al buen Dios, y los pesares y la desesperación del que siguió sólo sus placeres, el que procuró sólo satisfacer los deseos corrompidos de su corazón; porque no hay nada más hermoso que ver morir a un santo: Dios mismo se hace honor de estar presente, como se informa en la vida de muchos. ¿Podemoscompararlo con los horrores que suceden al pecador, donde los demonios los iguen tan cerca, y se devoran unos a otros, al hombre que tendrán la bárbara satisfacción de arrastrarle primero dentro de los abismos? Pero no, dejemos todo esto; y consideremos solamente la vida presente.

Concluyamos que si hacen para Dios lo que hacen para el mundo, serían unos santos. - ¡ oh! díganse a si mismos, nos dicen que no es difícil ir al cielo; me parece que hay todavía muchos sacrificios que hay que hacer. - esto no es dudoso: hay unos sacrificios que hay que hacer, si no sería falso lo que Jesucristo nos dice que la puerta del cielo es estrecha, que hay que hacer esfuerzos para entrar, que hay que renunciar a si mismo, tomar su cruz y seguirle, que hay muchos que no formarán parte de los elegidos; también nos promete el cielo como una recompensa que habremos merecido. Vean lo que hicieron los santos para proporcionársela. Vayan, hijos míos, a esas guaridas del interior de los desiertos, entren en los monasterios, recorran estos peñascos, y pregunten a todas estas tropas de santos: ¿por qué tantas lágrimas y penitencias? Subans obre los cadalsos, e infórmese de lo que pretenden hacer. Todos ellos les dirán que es para comprar el cielo. ¡Oh mi Dios! ¡que de lágrimas estos pobres solitarios han abonado durante tantos años! ¡Oh mi Dios! ¡que de penitencias y de rigores ejercieron sobre su cuerpo, todos estos anacoretas ilustres! ¿Y yo,no quisiera sufrir nada, yo que tengo la misma esperanza que ellos, y el mismo juez que debe examinarme? ¡Oh mi Dios! ¡cuan cobarde soy cuando se trata de trabajar por el cielo! ¡Que sus santos van a servirme de condena, cuandomostraras tantos sacricios que hicieron para agradarte! Dices que cuesta parair al cielo: ¿dígame, mi amigo, no le costaba nada a san Bartolomé dejarse desollar vivo para agradar a Dios? No le costaba nada a san Vicente cuando se le extendió sobre un puente y le hacían quemar el cuerpo con antorchas encendidas, hasta que sus entrañas cayeron en el fuego; ¿cuando luego lo condujeron a prisión, y al que acostaron en un lecho de trozos de botellas de vidrio? Mi amigo pregúntele a san Hilario ¿que hizo durante ochenta años en su desierto, llorando noche y día? Vaya, interrogue a un san Jerónimo, este grande sabio: pregúntele por qué se golpeaba el pecho con piedras, hasta que quedó totalmente magullado. Vaya a los peñascos a encontrar al gran san Arsenio, y pregúntele por qué dejó los placeres del mundo para venir a llorar el resto de sus días entre las fieras. No habrá otra respuesta, mi amigo:"¡Ah! es para ganar el bello cielo, todavía lo tenemos como nada; ¡oh! ¡que estas penitencias son poca cosa, si las comparamos con la felicidad que nos preparan!" No, hijos míos, los santos, no hay tipo de tormentos que no hubieran estado dispuestos a aguantar para comprar este bello cielo.

Leemos que en su tiempo, el emperador Nerón, les hizo a los cristianos crueldades tan horribles, que el solo pensamiento hace estremecerse. No sabiendo de qué manera iniciar una persecución contra los cristianos, prendió fuego a la ciudad, con el fin de culpar a los cristianos. Viéndose aplaudido por todos sus súbditos, se entrega a todo lo que su furor puede inspirarle. Semejante a un tigre en furia, que sólo respira la matanza, a unos, los hacía coser en pieles de bestias y los hacía arrojar en los campos para hacerlos comer a los perros; a otros, hacía usar un vestido un tado con peces y con azufre, y los hacía colgar de los árboles de los grandes caminos para servir de antorchas a los transeúntes durante la noche; él mismo había formado dos pasillos en su jardín, y, por la noche, hacía prender fuego allí para tener el bárbaro placer de conducir su carro a la luz de este espectáculo triste y desgarrador. Su furia no se encuentra aún bastante satisfecha, inventó otro suplicio: hizo hacer masas de cobre como toros, los hacía enrojecer durante varios días, y a todos los cristianos a los que se podían apresar, los arrojaban en ellos, donde los veía despiadadamente quemar. Fue en esta misma persecución que san Pedro fue condenado a muerte. Estando encarcelado como san Pablo que fue decapitado, san Pedro encontró el medio de salir de la prisión.En el camino, Nuestro Señor se le apareció y le dijo: "Pedro, voy a morir una segunda vez en Roma", y desapareció. San Pedro conociendo por eso que no debía evitar la muerte, regresó a su prisión, donde fue condenado a morir en la cruz. Cuando oyó pronunciar su sentencia: "¡Oh gracia! ¡oh felicidad! ¡de mori rde la muerte de mi Dios!" Pero pidió un favor a sus verdugos, de permitirle ser crucificado de cabeza: "porque, decía, no merezco esta felicidad de morir demanera semejante a mi Dios." ¡Eh bien! mi amigo, ¿no les costó nada a los santos ir al cielo? ¡Oh bello cielo! ¿Si nos cuestas tanto como a todos estos bienaventurados, quien de nosotros irá? Pero no, hijos míos, consolémonos, Dios no pide tanto de nosotros.

Pero piensa, ¿que hay que hacer para ir allá? - ¡ Ah! mi amigo, lo que hay que hacer, lo sé bien, yo. ¿Tiene ganas de ir allá? - ¡Oh! sin duda, dice, este si que es mi deseo; si rezo, si hago penitencias, esto es muy útil para merecer est afelicidad. - ¡Eh bien! escúcheme un instante, y va a saberlo. ¿que es lo hay que hacer? es no carecer de sus oraciones ni por la mañana ni por la tarde; de no trabajar el domingo; de frecuentar los sacramentos de vez en cuando, de no escuchar al demonio cuando le tienta, y rápidamente recurrir al buen Dios.- Pero piense, hay muchas cosas que haríamos; pero, confesarse, esto no esdemasiado cómodo. - ¿Esto no es demasiado cómodo, mi amigo? ¿usted prefieere quedarse pues en manos del demonio y no expulsarlo para volver al seno de su Dios, quién, tantas veces, le hizo sentir que es muy bueno? ¿No observa pues como un momento de los más felices, aquel en el que se tiene la felicidad de recibir a su Dios? ¡Oh mi Dios! ¡si te amara, cuanto suspiraría después de aquel momento feliz!..

¡Coraje! mi amigo, no se desanime; en seguida va a estar al final de sus penas; mire al cielo, esta morada santa y permanente; abra los ojos, y usted verá a su Dios que le tiende la mano para atraerlo a él. Sí, mi amigo, dentro de algunos instantes le hará como le hizo a Mardoqueo, para publicar la grandeza de sus victorias sobre el mundo y sobre el demonio. El Rey Asuero, para reconocer los beneficios de su general, quiso hacerlo subir sobre su carro de triunfo con un heraldo que marchaba delante de él, gritando: "así es como el rey recompens los servicios que se le prestaron". Mi amigo, si en este momento, Dios presentara a nuestros ojos uno de estos bienaventurados en todo el resplandor de la gloria del que es revestido en el cielo, que nos mostrara estas alegrías, estas dulzuras, estas delicias de las que los santos son inundados en la patria celestial, y que nos gritara a todos: "¡Oh hombres! ¿por qué no amáis a vuestro Dios? ¿Por qué no trabajáis para merecer un tan gran bien? Oh hombre ambicioso, quien ha adherido su corazón a la tierra, ¿qué son los honores de este mundo frívolo y perecedero, en comparación de los honores y de la gloria que Dios nos prepara en su reino?. ¡Oh hombres avaros, que desean estas riquezas perecederas, que son ciegos para no trabajar en merecer lo que jamás terminará! El avaro busca la felicidad en sus bienes, el borracho en su vino, la orgullosa en sus honores, y la impúdica en los placeres de la carne. ¡Ah! ¡no, no, mi amigo, usted se equivoca, eleve la mirada de su alma hacia el cielo, fije la mirada hacia este bello cielo y encontrará sufelicidad perfecta, pise y desprecie la tierra y encontrará el cielo! Mi hermano,¿por qué te sumes en estos vicios vergonzosos? ¡Mira estos torrentes de delicias que Jesucristo te prepara en la patria celestial! ¡Ah! ¡suspira por este momento feliz!... "Sí, hijos míos, todo nos lo recomienda, todo nos invita a no perder este tesoro.Los santos que están en esta bella estancia nos gritan desde lo alto de estos tronos de gloria: "¡Oh! si vosotros pudierais comprender bien la felicidad de la quegozamos, a cambio de algunos momentos de combate! ". Pero los condenados nos lo dicen de manera mucho más conmovedora: "¡Oh tu que estás todavía sobre lamtierra, oh! ¡que tu eres afortunado de poder ganar el cielo que perdimos! ¡Oh! Si estuviéramos en tu lugar, seríamos más prudentes de lo que fuimos; ¡perdimos a nuestro Dios y lo perdimos para siempre! ¡Oh desgracia incomprensible!... ¡oh desgracia irreparable!... ¡bello cielo, jamás te veremos!... " ¡Oh! hijos míos,¿quién de nosotros no suspira por una felicidad tan grande?.

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SERMONES