CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

DOMINGO DECIMOQUINTO
DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
[Lc 7 11-16] Lc 7, 11-I 7
R. P. Leonardo Castellani


DOMINGO DECIMOQUINTO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS - P. Leonardo Castellani

“El primer encuentro de Jesús con la Muerte”, llaman a este evangelio de la Resurrección en Naím. Pero en realidad, Jesús había topado con la muerte un poco tiempo antes, en Nazareth, cuando los Capitostes, los Magnates y los Sinagogos lo habían llevado al filo del barranco que bordea su ciudad natal para arrojarlo al vacío; de los cuales escapó sin hacer ningún milagro –nunca hizo en favor suyo milagro alguno– sino escabulléndose, como narra Lucas IV. Y el furor de sus paisanos fue porque “allí no había hecho ningún milagro”: furor sacrílego como se ve, porque así reconocían que él podía hacer milagros, y por tanto venía de Dios. Bárbaros estos judíos.

La lección del profeta Isaías que prenuncia los milagros del Mesías, fue la que Cristo leyó en la sinagoga nazaretana, añadiendo simplemente: “Esta profecía se ha cumplido ya entre nosotros.” Isaías enumera allí “pobres, cautivos, ciegos y heridos”; no incluye resurrección de muertos. Poco después del Sermón Montano, en el Segundo Ministerio Galileo, vino la resurrección del innominado que llamamos con el largo nombre de “Hijo Único de la Viuda de la Ciudad de Naím”. Nadie le rogó o exigió que lo hiciera, se conmovió por las lágrimas de la madre: detuvo con la mano el portaféretro llevado por cuatro hombres, dio un mandato imperioso, y el joven se incorporó y comenzó a hablar. Era en las afueras de la ciudad, en el lugar donde se cavaban los` sepulcros. “Y se lo entregó a su madre.” El evangelio registra la conmoción de la turba: “se asustaron, alabaron a Dios y dijeron: un gran profeta ha aparecido: Dios ha acogido de nuevo a su pueblo”. Y añade que corrió la voz por toda Judea y sus aledaños. “¿Qué es esto? ¿Cuándo se ha oído nunca que un hombre pueda resucitar muertos?”. Cristo no oró largamente, ni se echó sobre el cuerpo del difunto, como el profeta Elías sobre el otro hijo de la otra viuda de Sarepta: simplemente gritó: “Yo te lo mando”; y fue obedecido. ¿Mandó a quién? ¿Al joven? ¡Mandó a la Muerte!

Resucitar un muerto no es una broma. Los incrédulos cuando van a Lourdes dicen que “no conocemos bien las leyes naturales”. La serie de escuelas sucesivas y contrarias de “alta crítica exegética” racionalista lo arreglan todo, hasta que llegan a la Resurrección. “¿Un paralítico? Hay parálisis nerviosa. ¿Un epiléptico? Sugestión. ¿Un leproso? El diagnóstico de la lepra es difícil y en aquellos tiempos... No sabemos bien hasta donde llega la fuerza de la sugestión.” Pero cuando llegamos a un muerto, sabemos bien hasta donde NO llega. Por tanto: “suprimir la resurrección, suprimir la resurrección o estamos fritos...” es la voz de orden de estos seudosabios, desde H. S. Reimarus en 1768 hasta Santayana en nuestros días: la misma voz de los fariseos, que quisieron suprimir la resurrección suprimiendo al resucitado, pues “pensaron dar la muerte [de nuevo] a Lázaro”. Insensatos.

Un resucitador es una cosa muy seria: podría resucitar el Paraíso Terrenal. ¿Se imaginan ustedes lo que podría en el mundo un tipo con poder de resucitar muertos? Podría cambiar la faz del mundo. Pues bien, eso tiene que venir puesto que Cristo tiene que Volver. Si uno suprime la promesa parusíaca del Retorno de Cristo, no queda absolutamente nada del Evangelio en pie: es la arquitrabe de todo el edificio. Cristo Resucitado volverá para resucitarnos.

Un solo resucitado que no pudiera ya ni morir ni sufrir, podría reírse en la cara del Emperador Calígula y toda su corte; y muchísimas otras cosas. El dramaturgo Eugenio O'Neil desarrolló esa idea en su drama Lázaro ríe, por más que, desgraciadamente, desde el segundo acto, el ateísmo de O'Neil le enturbia la idea, y el drama termina en forma que no responde al grandioso comienzo. En realidad Lázaro resucitado e invulnerable puede conquistar el mundo entero, si quiere.

Hace unos tres años dirigí a un comunista militante y dirigente, pero de buena voluntad, una carta de la que voy a transcribir una página:

... Los fariseos han tenido cría. Y la cría de los fariseos –esa palabra justamente usó Cristo, “esta cría mala y adúltera”– naturalmente debe temblar de que “Cristo vuelva”: no han tenido nunca mayor enemigo. Y así naturalmente niegan que haya resucitado, y con mayor razón, niegan que vuelve”...

Supongamos que Cristo “vuelve” ¿podría arreglar todo este desarreglo de hoy? ¡Pero seguramente! ¡Un “hombre” resucitado, contra todos estos pobres piojos resucitados! El dramaturgo yanqui O'Neil hizo un drama que usted conoce, Lázaro ríe, en que desarrolla las consecuencias posibles de la hipótesis de “un hombre resucitado”. ¡Ese hombre es más poderoso que los Césares, es el poder andando! O'Neil lo hunde al fin en la confusión, porque justamente él vivía en confusión –y el artista trabaja con el material de su autoexperiencia– pues sin la fe ese caso para él no era más que una “suposición”: una fantasía, un mito. Pero ¡si eso llega a ser real! Un hombre que solamente pueda curar los enfermos y multiplicar los panes y los peces se vuelve ipsofacto el economista más grande del mundo: Jesucristo resucitado se vuelve un economista más grande que Franklin y Domingo Faustino Sarmiento. ¡Adiós bancos, adiós fronteras, adiós ejércitos, adiós guerras! Adiós, Pecado. Adiós Muerte.

Yo no soy milenarista, y por eso no quiero hacer aquí el cuadro de “lo que sería” este mundo gobernado durante mil años por los resucitados; por un Resucitado; sin embargo el gran novelista suizo Ramuz lo ha hecho en un librito, Joie daos la Terre, que confieso me gusta grandiosamente, aunque no acepto la teología de este hijo de Calvino. Muchas personas se confortan y sustentan –la imaginación es el sustentáculo de la esperanza– con esa imaginación, que está en el capítulo XX del Apokalypsis. Yo no la enseño, pero la respeto, como respeto los cuentos de hadas; y muchísimo más por cierto. Pero yo no la necesito: me basta para mi Esperanza imaginar lo que sería el Mesías retornado, no ya “en gloria y majestad” y como Monarca del Mundo, sino simplemente más o menos como era cuando andaba en la tierra predicando, o como después de su resurrección, traveseando amablemente pero en serio con sus Apóstoles –con los Once Palurdos–. “ Jesús en Buenos Aires!”, como soñaba nuestro común desdichado amigo Enrique Méndez Calzada. Eso basta. Así como una chispa sola puede originar el mayor incendio, así como una sola bomba atómica puede desencadenar el incendio del Universo –según dicen los sabios, aunque yo no les creo– así un solo Resucitado, el “Primogénito de entre los Muertos”, que dice San Pablo, puede tranquilamente y sin prisas incendiar de gozo todo el Universo, ese vencedor de la Muerte y Principio de la Resurrección. Poder, puede: no lo dude usted.

He aquí que he llegado yo después de mucho camino, con usted o sin usted –porque no sé si me ha dejado durante– al plano religioso desde el plano ético, que es el suyo; y el pasadizo es “el humor” enseña Kirkegor; y por cierto, a lo más crudo y duro de todo el plano religioso y a lo fundamental en él, a la inmortalidad y a la resurrección.

Los comunistas quieren ustedes nada menos que la resurrección del mundo; yo también; y lo que es más, “la espero”. Pero discrepamos en que ustedes quieren la resurrección sin muerte; y yo me he resignado a la muerte. Hace mucho tiempo, creo que cuando era muy chico, la muerte llamó y yo abrí, y se ha aposentado en mí. No sé cuando.

La muerte la fe.

La fe es como una muerte. No se puede negar que es una especie de muerte, como usted la llama en su carta un reniego de “esta” vida; no de la Vida en general de esta hija de perra de vida.

San Pablo llama a la Fe “morir en Cristo y resucitar espiritualmente en Cristo por el bautismo”. El rudo tarsense se imagina el bautismo como un ahogarse en una piscina llena de la sangre de Cristo –y de Adán– para resucitar otro hombre, “el hombre nuevo”, metáfora poco moderna que horroriza a Aldous Huxley... y a Eduardo Mallea. Naturalmente, todo lo que horroriza a Aldous Huxley, y viceversa, horroriza, y viceversa, a Eduardo Mallea...

Sigue la carta con un análisis de cómo nació la Fe en mi; pero creo que con esto basta. En resumen, pasó un Resucitador por el mundo y nació en el mundo una esperanza más grande que todos los siglos; la cual no morirá. Uno que ya no tenía esperanza ha escrito: “Jesús es simplemente la esperanza más grande que ha pasado por la Humanidad”... Oh, Renán, escucha: No ha pasado.

---------------------------------------

SERMONES