CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

TERCER DOMINGO DE CUARESMA
Padre Basilio Méramo


TERCER DOMINGO DE CUARESMA (3 de marzo de 2002) - Padre Basilio Méramo

(3 de marzo de 2002)

   Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:      

   Escuchamos en el relato del Evangelio la curación del endemoniado mudo y cómo conculcan los judíos las buenas obras de Nuestro Señor. Así como el demonio siempre impugna la verdad y la contradice, quiere destruir las buenas obras. Y Nuestro Señor, que lee sus corazones, les dice cómo le adjudican a Belcebú"[1], "Diciendo que lanzó los demonios en virtud de Belcebú; entonces vuestros hijos, ¿por virtud de quién los lanzan?". "Si Satanás está también dividido contra sí mismo, cómo subsistirá su reino? Mas si con el dedo de Dios lanzó los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado ya a vosotros"; pero los judíos, en lugar de convertirse no creen.

   Ese es el misterio en el orden religioso, en el orden espiritual, no hay fuerza que valga, ni aun la divina para obligar a una criatura libre a que crea y ame a Dios; por eso es un gran error en el orden espiritual querer imponer la conversión, la fe, la religión, el amor a Dios, violentando lo que ni Dios violenta, la libertad de cada hombre y que de acuerdo a su respuesta se condena o se salva. Sobre ello lo máximo que se puede hacer es informar, dar el buen ejemplo, ayudar, instruir, pero no se puede más, porque ni aun Dios hace más, porque no quiere violentar la libertad, El quiere que le respondamos libremente y el amor no se obliga. Sería como si un hombre pretendiera que su novia lo quiera a la fuerza; tonto sería porque un hombre que se da cuenta de eso, lo que tiene que hacer con altura es dejarla; pero así pasa y mucho peor lo que ocurre en el orden espiritual y es un gran misterio, lo más que se puede hacer es rezar para que aquella alma se convierta.

   Los judíos no oyen la palabra de Dios; para tener la fe hay que engendrar esa palabra oída, engendrar en el alma esa palabra de Dios, algo parecido como el Padre engendra al Verbo, la Segunda Persona, su pensamiento, y por eso la fe entra por el oído, aunque no queda en el oído, va al corazón para que allí se engendre en ese Verbo y produzca la fe en nosotros bajo la gracia del Espíritu Santo.

   Como vemos, esa es una obra divina pero que no se efectúa sin el libre consentimiento y aceptación de cada uno. Misterio del pueblo judío que no quiso, se obstinó en no aceptar la palabra de Dios y por eso a cada paso impugnan a Nuestro Señor sus actos y Nuestro Señor les demuestra que es absurdo que le digan que en el nombre de Belcebú Él echa a Satanás; peor aún, para implantar el reino de Satanás, porque si Satanás echa en el nombre de Satanás qué contradicción es ésa, y si un demonio está contra otro, dividido, cómo va a instaurar un reino que por sí mismo se destruiría y si no es así, lo cual es evidente, porque Satanás no va a echar a Satanás en su propio nombre; entonces el reino de Dios habría venido. De otra parte una mujer le grita: "Bienaventurados los pechos que te amamantaron" y Nuestro Señor queriendo hacer prevalecer la fe le responde que: "Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la practican".

   Nuestra Señora, que dio a luz a Nuestro Señor, antes de ser la Madre dio su sí, su fiat; creyó, tuvo fe, y practicó la palabra de Dios y de un modo sublime; o sea, que aun el hecho físico de ser Madre pasa primero por la fe y por eso vale mucho más oír la palabra de Dios y practicarla que haberle dado a luz.

   Esa oportunidad la tenemos todos; desafortunadamente no lo tomamos en cuenta, no oímos, no practicamos la palabra de Dios, no la guardamos, vivimos de la palabrería del hombre y Dios sabe si vivimos de la palabrería, del engaño, de lo efímero y después nos quejamos porque estamos vacíos. Pero cómo no vamos a estar vacíos si no vivimos de la palabra de Dios, del Verbo de Dios, de Nuestro Señor Jesucristo que es la palabra de Dios; de allí la necesidad de escudriñar las Escrituras, de oír la palabra de Dios y de practicarla. Que ésta sea nuestra lectura espiritual y nuestra vida espiritual, el fundamento de nuestra oración y que así podamos perseverar hoy que la fe es socavada, destruida, adulterada. Lo mismo que los alimentos no corresponden a la sustancia de la cual se originan con toda esa industrialización que degenera su naturaleza, y de allí las consecuencias de tantas enfermedades degenerativas como el cáncer, entre otras, porque falta la materia prima que está viciada, adulterada, pues igual y mucho peor pasa en el orden sobrenatural: está viciado el alimento espiritual de la palabra, el sacrificio de la Misa, los sacramentos.

   Todo está siendo adulterado en la sustancia con una apariencia de religión pero que es hueca, vacía y por eso no convierte a nadie y al que convierte lo convierte al error, a la confusión, a esa confusión en la que viven todos aquellos que se dicen católicos, pero que son en el fondo modernistas; muchos son herejes sin darse cuenta, objetivamente herejes, aunque subjetivamente no se percaten de ello. Todo ello por la adulteración de la palabra de Dios, del Espíritu de Dios, de las cosas de Dios y eso por un misterio de iniquidad, por obra y gracia de la misma jerarquía de la Iglesia.

   Es el gran misterio del que habla San Pablo; sólo así se explica la apostasía que él anuncia. Si no fuera por vía de autoridad desnaturalizada, desviada, pervertida, corrompida, no se podría llegar a tanto, no podría haber una apostasía universal; solamente un poder universal puede generar efectos universales. En el mundo hay solamente dos poderes universales, el poder de la Iglesia Católica basado en Nuestro Señor Jesucristo y el poder de la sinagoga de Satanás, del judaismo, basado en el príncipe de este mundo.

   Esa ha sido la lucha a lo largo de toda la Historia de la humanidad y de la Iglesia y ese poder judaico y satánico ha penetrado en la Iglesia por la debilidad y la cobardía de los hombres de la Iglesia, que para poder tener esa potestad y respaldo se valió de un Concilio ecuménico como el Vaticano II, para tener el amparo, para poder taparle la boca a la gente, cuando en realidad veremos, si no en esta tierra, en el juicio universal que ese Concilio Vaticano II ha sido un mero conciliábulo desprovisto de infalibilidad, de la verdad. Y por vía de autoridad se impone el error, la adulteración. Así logra la sinagoga de Satanás entronizarse dentro de la misma Iglesia; por eso Pablo VI llegó a decir, como la burra de Balaam que también profetizó, "que el humo de Satanás había penetrado en la Iglesia". Pablo VI gran culpable, porque Juan XXIII no llegó a formalizar nada, tuvo la culpa pero no legalizó el error hasta que Pablo VI rubricó, como Sumo Pontífice, esas actas que algún día tendrán que ser condenadas.

   El mismo Pablo VI, hombre turbio, siniestro, se despoja de la tiara en beneficio de los pobres, como si no hubiera otra cosa qué vender y darles a los pobres. Aparece con el efod, o pectoral, rectángulo con doce piedras, que simbolizan las doce tribus de Israel, que es el atuendo del Sumo Pontífice de la sinagoga y de eso hay fotos, por lo que se sospecha que Pablo VI era judío, de lo cual no habría que extrañarse, pues más que sospechas se sabe que la madre de Juan Pablo II era judía, de apellido judío, y aunque no lo fuera, hay un libro intitulado "El Papa oculto" escrito por un británico, en el cual muestra, con sus respectivas fotos, que el mejor amigo de Juan Pablo II era un judío, y que este amigo judío junto con Juan Pablo II fueron los que en 1994, si no recuerdo mal, reconocieron el Estado de Israel; son hechos, todos los amigos de la infancia de Juan Pablo II eran judíos, luego de qué nos extrañamos porque se favorezca al judaismo y se oprima al catolicismo.

   Es necesario, por tanto, que haya católicos valientes para que denuncien al mundo públicamente estas cosas y rezar, pedir mucho a Dios porque la Iglesia está siendo oprimida por el dragón, por la serpiente y no hay nadie que como San Jorge le corte la cabeza.

   No  debemos dejar de hacer sacrificios con motivo de la Cuaresma.

   Pidamos a Nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos ayude y fortifique para poder perseverar en la verdad. +

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