CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

EL NUEVO "OBISPO" ARGENTINO
OSCAR E. MIÑARRO, EXPONE
LA FE NO CATÓLICA QUE PROFESA


22 de septiembre de 2018 - El lenguaje de los "curas" de la secta conciliar, es el de los políticos, mezclado con el de los pastores protestantes; La autoridad invocada son los Evangelios; la bandera enarbolada es la liberación de los pobres; la meta es la reforma de la Iglesia o si acaso la fundación de otra nueva.


Algunas veces nos hemos lamentado de que ciertas diócesis –al menos en la Argentina- funcionen como feudos, pero hay que decir que en ocasiones, se convierten incluso en verdaderos bastiones de resistencia y combate, pero no del “buen combate” paulino -contra el mundo, demonio y carne-, como sería de esperar, sino a favor de estos enemigos del alma. Y los que militan en estas posiciones, tienen el “estilo” que revelaba "Mons." Casaldáliga cuando -al lamentarse por la elección de Benedicto XVI-, le preguntaron qué haría, y él respondió: “Seguiremos luchando desde las sombras, desde abajo, hasta que lleguen tiempos más propicios”. Lo cierto es que la Iglesia peregrina en la tierra es también militante, pero no se refiere a una concepción fundamentalmente material de la milicia (como lo entendieron por ejemplo los sacerdotes para el Tercer mundo, que dieron gran aliento a las guerrillas marxistas en Hispanoamérica), por lo cual el Brigadier Eliseo Ruiz, jefe de Inteligencia del Estado Mayor Conjunto de la Argentina señalaba con razón:“Hoy los agitadores más peligrosos son los Sacerdotes del Tercer Mundo, especialmente los de extrema izquierda, marxistas o maoístas”. (La Razón 1-10-70)

Pero la noción de militancia católica se opone además a una concepción ideológica. El tercermundismo se va filtrando de la mano del gramscismo también en la Iglesia, porque Antonio Gramsci consideraba que el verdadero y más efectivo combate se libraba en el orden de lo cultural, especialmente mediante la subversión ideológica: por eso insistía en la necesidad de cambiar el sentido común, a fin de que sean los propios católicos quienes “desde dentro” se constituyan en fieles servidores de la Revolución.  

El p. Leonardo Castellani los pintaba en pocos y muy claros trazos:

“Su lenguaje es el de los políticos, mezclado con el de los pastores protestantes; y han hecho ya más proclamas que Balbín. La autoridad invocada son los Evangelios; la bandera enarbolada es la liberación de los pobres; la meta es la reforma de la Iglesia o si acaso la fundación de otra nueva; la Carta Magna es Medellín”.(Tiempo Político IV, 7-70).

Efectivamente, se constata que hay algunas diócesis en las cuales, según vaya a saber qué criterio “estratégico” del “Príncipe de este mundo”, el Modernismo se ha ido enquistando y echando raíces cada vez más fuertes desde hace varias décadas. Es irónico que quienes no quieren oír hablar de Tradición –con mayúsculas- no pueden sin embargo evitar el apoyarse en una cierta “tradición” ideológica para sembrar la mala -propia- semilla de la cizaña, que muchos fieles confunden con la Semilla buena del Sembrador.

En la Argentina, este ha sido mucho tiempo el sino de ciertas diócesis de Buenos Aires, como Merlo-Moreno, o de Morón, donde el ya fallecido Mons. Laguna -obispo escandalosamente mediático, amiguísimo de la farándula y de grandes sectores de la izquierda cultural- un día soltaba una justificación del aborto, o decía que el divorcio sólo era un mal para los católicos, y otro día decía muy suelto de cuerpo que Juan Pablo II estaba “gagá” y que lo mejor que podía darnos era su renuncia, porque “no sabía lo que decía”. Aunque no tan groseramente expuestos, y con diversos matices, podemos decir que en nuestro país han dejado huella hacia el mismo “camino” Mons. Hessayne (adherente al manifiesto de los 18 obispos del Tercer Mundo, liderado por Helder Cámara), Mons. Jaime De Nevares (Neuquén), Mons. Enrique Angelleli, -pretendido mártir (sic) profusamente venerado en la provincia de La Rioja-, Mons. Casaretto, galardonado junto al rabino Sergio Bergman con el Premio Kónex a los “Dirigentes Comunitarios”, obispo de San Isidro durante 27 años y designado administrador apostólico de la Diócesis Merlo-Moreno en 2012-13, cuando su ordinario, Mons. Fernando M. Bargalló renunció tras el escándalo de su relación con una “amiga íntima” (que por cierto, figura en la página de la diócesis como obispo emérito, cuando este término hace referencia a una persona considerada digna y merecedora de un premio..), y que dicho sea de  paso, ya ha sido rehabilitado como “misionero” en la diócesis de Neuquén.

La mención de otros muchos otros nombres sería agobiante para el lector y excedería la intención de este post.

Pero quienes piensen que el fundamento de la “camaradería” entre estos singulares pastores viene dada por el amor y solicitud hacia los más pobres, se equivoca: su comunión ideológica -ex profeso preferimos no llamarla espiritual- hay que buscarla en la incansable prédica marxista de la lucha de clases y fundamentalmente, en su raigambre teológica modernista, aplicado aquí y allá con coloraciones locales: indigenismo, anarquía litúrgica, horizontalismo sociopolítico, etc.

Hoy, pues, nos interesa señalar que la designación reciente del vicario general del obispado y párroco de Nuestra Señora de la Merced Oscar Eduardo Miñarro como obispo auxiliar de la diócesis de Merlo-Moreno no hace sino confirmar que aquellas “tradiciones” -con minúsculas- siguen gozando de muy buena salud.

Al expresar sus sensaciones tras la designación, Miñarro evoca a personas “con las que ha caminado la diócesis”, enumerando lo que recibió como legado de los obispos que pasaron por Merlo-Moreno: de monseñor Fernando María Bargalló, “la corresponsabilidad”, de monseñor Jorge Casaretto “la firmeza” y de monseñor Fernando Maletti “su misericordia y su sencillez”. Y concluyó: “Tengo figuras ideales fuertes, como monseñor Óscar Romero y monseñor Enrique Angelelli, son como horizontes inmensos”.

Es interesante notar que “el Chino” (así le gusta ser llamado) fue ordenado asimismo por Mons. Laguna, entonces obispo de Morón. Fue también delegado diocesano de Pastoral Vocacional (2000-2003); moderador del Consejo Diocesano de Pastoral desde el 2001 hasta la actualidad; miembro del Consejo Presbiteral desde 2006 hasta la actualidad; vicario episcopal de Educación desde 2008 hasta hoy; vicario general y moderador de la Curia diocesana desde 2013 hasta la actualidad; miembro del Colegio de Consultores desde 2012 hasta hoy; miembro del equipo diocesano de Formación Permanente del Clero desde 2014 hasta la actualidad; y responsable de los seminaristas y de las relaciones con el seminario San José desde 2014 hasta hoy.  Es profesor de Filosofía y Ciencias Sagradas y Doctrina Social de la Iglesia. Fue decano del Decanato de Moreno del 2001 al 2009; y del Decanato Merlo-centro hasta 2011. Se autodefine como “laburador del Evangelio“, “apasionado del trabajo".

Es evidente que para semejante trayectoria hay que contar con una red de complicidades que no son nada nuevas en la Iglesia.Todo parece muy “eclesial”, pero……¡oh sorpresa! algunas de sus declaraciones revelan el fruto de lo que en su vida han ido sembrando sus “maestros”:

En una entrevista del año 2012 hecha por estudiantes de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires -publicada en una página  donde aparecen textos y fotos de Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez y otros iconos de la izquierda cultural argentina- Miñarro, en “una visión autocrítica dentro de la Iglesia Católica”, sostiene que

“El problema grande es que las religiones en general se fueron encerrando muy en si mismas y fueron cuidando más la parte dogmática, el cuidado de las tradiciones, el cuidado de lo celebrativo, las formas por sobre el verdadero sentido que tiene lo religioso (…); hemos adormecido a la gente y la hemos domesticado en su vínculo con Dios (…)Yo estoy totalmente en desacuerdo con ese estilo de religión (…).Me parece que lo religioso tiene que acompañar muchas veces algunos procesos liberadores que tienen que ver con esto que yo le llamo el sentido de la vida (…) lo que tiene el tema de las religiones es que son muy manipuladoras de la conciencia. Entonces es más fácil que te digan qué hacer a que alguien te pregunte “¿vos qué creés que tenés que hacer?”.

Si es una desgracia cuidar “la parte dogmática”, uno se pregunta qué tipo de fe tendrá este hombre. La fe genera profundas certezas, pero sin embargo, este nuevo “pastor”, formado evidentemente en una filosofía fuertemente nominalista y cartesiana, y antimetafísica, sostiene que

“Para mi no existen las certezas. Yo voy haciendo camino. Y las certezas a veces son pequeñas. Yo personalmente no tengo duda de la existencia de Dios, tengo dudas de cómo se manifiesta a veces, es muy misterioso (…) No podés pensar en Dios sin el hombre como no podés pensar el hombre sin la trascendencia, después vos le ponés el nombre que quierasyo le llamo Dios. Como los dos nos vamos haciendo, cuando yo digo en qué Dios creo también me tengo que preguntar en qué hombre creo. (…) Según el Dios en el que yo crea es el hombre en el que creo.”

Señala en la entrevista su oposición a la posición del episcopado argentino con respecto a la reforma del código civil (que ya efectivizada, logró sepultar en gran medida un buen número de nociones de orden natural), refiriéndose por ejemplo a la manipulación de embriones:

“…con el tema de los embriones, estás en un tema filosófico, no meramente científico. Yo creo que si nos planteamos la pregunta de cuándo un embrión tiene vida, estás en un tema filosófico. Lo que podemos plantear es que en filosofía no existe una verdad absoluta. Que lo que existe son preguntas que generan distintas respuestas y que todas pueden ser aceptables en la medida que la justifiques. Pero ¿quién puede decir si el embrión tiene vida o no? Yo creo que ni el religioso ni el científico, queda en una cosa muy compleja.”

Sobre la legalización de las uniones homosexuales, se explaya:

“…Sí, estoy a favor. Además, si yo digo que no se promulgue el matrimonio igualitario, ¿va a dejar de existir por eso? No, va a existir igual. Entonces, si existe la situación, ¿no tengo que favorecer que esa situación sea de dignidad para las personas que la están viviendo? ¿Que favorezcan una inserción mayor en toda la sociedad? Y yo, como Iglesia, ¿no puedo hacer sentir también que Dios acompaña esa situación?

(Mons.) Arancedo se opone diciendo que el matrimonio debe ser entre dos sexos diferentes por la complementariedad natural del hombre y la mujer… Si él hace un planteo filosófico es comprensible desde lo filosófico. Puedo estar o no estar de acuerdo, pero si yo me pongo en la misma posición rígida estoy siendo igual que él. El riesgo de estas discusiones es la intolerancia en general. Yo culpo a Arancedo de intolerante y lo lleno de epítetos descalificativos que muestran mi intolerancia. En esas cosas no negocio: si soy tolerante soy tolerante, y si no, no. Es otro pensamiento distinto, justificado. Lo que no acepto es que ese pensamiento se imponga para todos.

En ese sentido podríamos decir que se está avanzando en grados de tolerancia porque, por ejemplo, se reconoce el derecho a casarse a personas del mismo sexo…”

Hace algún tiempo, en calidad de miembro de los Curas en Opción por los Pobres, dirigió una carta a la Conferencia Episcopal Argentina en la que solicitaban entre otras cosas:

-“Revisión de los modos de vida que separan a los presbíteros del pueblo, incluyendotrabajo, vestimenta, celibato obligatorio, casa, pobreza…

-Revisión de la liturgia a fin de alcanzar la inculturación creativa que permita que el pueblo, y particularmente los pobres, la experimenten como lenguaje propio para acercarse a Dios;

-Revisión de lo que se pide principalmente a los presbíteros, recordando que la centralidad debe estar puesta en el reino y la evangelización antes que en el culto;

-Revisión de toda espiritualidad que no sea una evasión platónica sino un verdadero caminar según el Espíritu y lleve a poner un oído en el Evangelio y un oído en el corazón del pueblo”.

Las fotos que ilustran este post dan cuenta de modo elocuente del tenor de algunas de estas “revisiones”.

Nos preguntamos entonces cómo puede ser que mientras hay destituciones de obispos por presuntas “irregularidades económicas", Roma por otro lado no vacila en designar a otros, con gravísimas “irregularidades” doctrinales y pastorales, teniendo en mente que lo más temible -según Nuestro Señor- no es quien mata los cuerpos sino las almas. ¿Es suficiente el pedido elogioso del Obispo ordinario y del clero diocesano, para una designación como esta?

En este video, vemos que el propio Miñarro es consciente de que no es “un cura producto de la nada", sino que da cuenta de lo recibido “de la gente”. Cuando el periodista le pregunta si habrá ordenación episcopal, parece no saber de qué se trata este sacramento, pues se limita a hablar de “consagración", porque “los obispos tienen una vestimenta especial en una consagración especial” (¡¡!!), y centra su función en la ayuda y servicio al Ordinario, pero ¿hay alguna conciencia de su obligación de formar la FE de los fieles, al servicio de toda la Iglesia de Cristo, como sucesor de los Apóstoles?

Nos hemos alargado con algunos datos que van más allá del nuevo obispo, porque nos preocupa que muchos lectores, todavía no acierten a comprender el “mapa del bosque”, mirando sólo un árbol…

“Muchos católicos sinceros pero poco formados se dejan seducir por los enunciados vagos de la catequesis “post-conciliar”, sin percibir que detrás de ella existe una organización y una metodología sistemáticamente aplicadas en toda circunstancia al servicio de objetivos que nunca se formulan claramente. La finalidad no es otra que la de adaptar la Iglesia al mundo, lisa y llanamente, en vez de intentar convertir y salvar al mundo dentro de la Iglesia. El progresismo neomodernista subvierte así todos los conceptos fundamentales de la fe cristiana (…). En nuestro país, el Tercermundismo constituye la versión no única pero sí principal, de la organización progresista internacional. Su organización y metodología esencialmente clandestinas, el Tercermundismo configura una “Iglesia paralela” que intenta instrumentalizar todo lo cristiano al servicio de una revolución social de inspiración marxista….” (Sacheri, Carlos A.: La Iglesia Clandestina, Cruzamante, Bs. As. 1970)

Ahora bien: ¿qué significa que entre fieles de muy buena voluntad, algunos se sorprendan y escandalicen por este nombramiento, y otros, por el contrario, lo vean como lo más natural del mundo, con gran alegría? Esto evidencia la gravísima crisis que está sufriendo la Iglesia, no desde hace unos años sino desde hace décadas, y que la unidad y cultura del “encuentro” tan profusamente predicada parece más bien una ironía perversa. ¿Podemos hablar de encuentro con el mundo y otros credos, cuando en nuestro propio interior se ha dejado crecer la semilla de la cizaña de tal modo?

“En la actualidad, la Iglesia Católica se ve asediada desde su mismo interior, por grupos que, invocando a veces legítimos propósitos –de lo contrario carecerían de toda audiencia- comprometen seriamente la unidad interior de los fieles y enuncian doctrinas erróneas que confunden los espíritus, debilitando su fe y su ardor apostólico” (Sacheri, op.cit)

S. Juan Crisóstomo señalaba por ello, con razón, que “dividir a la Iglesia no es menor mal que caer en la herejía” (Homilía 11 sobre la epístola a los Efesios, n.5) ¿Pero quiénes son los que han quebrado la unidad, sino quienes desprecian el fundamento de la misma, que no es otro que la profesión de una misma FE, con todo lo que implica?

San Pío X marcaba claramente sus rasgos, entre los que incluía a obispos y cardenales modernistas que seguían avanzando:

“Ya no causa asombro oír a personas que se deleitan con palabras muy vagas de aspiraciones modernas (…) que afirman la existencia de una conciencia seglar, de una conciencia política, opuesta a la conciencia de la Iglesia, contra la que se sostienen el derecho y el deber de reaccionar para corregirla y enderezarla. No es sorprendente encontrar a personas que expresen dudas e incertidumbres sobre las verdades, e incluso que afirman obstinadamente errores manifiestos, cien veces condenados, y que a pesar de eso se persuaden de no haberse alejado jamás de la Iglesia, porque a veces han seguido las prácticas cristianas

¡Oh!, cuántos navegantes, cuántos capitanes, por poner su confianza en novedades profanas y en la ciencia embustera del tiempo, en lugar de arribar a puerto, han naufragado!…” (27-5-1914).

Tiempos recios de confusión, pues, nos han tocado. Pero no cabe el desánimo, en absoluto, pues tampoco nos faltan luceros que resplandecen como nunca para no torcer el rumbo:

“Lo que es de temer no es tan sólo la persecución, ni los ataques a cara descubierta que tratan de vencer y destruir a los servidores de Dios. Es más fácil ser cauto cuando se percibe a lo que debe temerse, y ante un adversario manifiesto, el alma se prepara al combate. Más peligroso y alarmante es el enemigo que avanza sin ruido y que bajo las apariencias de una falsa paz, repta con ocultos designios; por tal proceder ha merecido el nombre de Serpiente” (San Cipriano, De Catholicae Ecclesiae Úntate, n.5).

Cabrá, pues, redoblar la guardia, vigilantes, no para no sufrir persecución, sino para no ser engañados. ¿O acaso hay algo más valioso que la Verdad, que es Cristo mismo?

Fuente: Infocatolica

Colaboración de la Srta. Delia Cabrera

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