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EL PODER DE LAS SECTAS
SATÁNICAS EN ESPAÑA


 (Del servicio informativo de ZENIT, Diciembre 1998)

El periódico español ABC publicó en su edición del domingo pasado los resultados de una investigación sobre las sectas satánicas en el país. El artículo se basó en diversas entrevistas a eclesiásticos, miembros de las mismas sectas y a un diplomático jubilado, Julián M. S., que fundó en España la Iglesia de Satán. El Ministerio del Interior, Jaime Mayor Oreja, calcula que cerca de 150.000 ciudadanos están atrapados en sectas destructivas. Mayor Oreja aclaró que las zonas donde se ha sentido más la presencia de las sectas satánicas son las dos Castillas y Levante. Según la Iglesia española, a través de un informe de la Oficina de Estadística y Sociología de la Conferencia Episcopal,  hay alrededor de 250.000 personas en grupos satánicos en España.

El sacerdote Manuel Guerra Gómez, catedrático en la Facultad de Teología del Norte de España, doctor en Filología Clásica y en Teología Patrística, y uno de los grandes expertos españoles en sectas, afirma que por medio de sus investigaciones ha llegado a la conclusión de que los grupos satánicos hacen sacrificios humanos.  Dio como ejemplo un caso en Barcelona en el que una niña gitana, que había sido comprada a sus padres con el pretexto de darle una vida mejor, fue sacrificada en una misa negra por encargo de una mujer que quería eliminar a su marido.

«Es cierto --añade el sacerdote-- que ya no es posible conocer el número de las víctimas rituales a no ser que se les sorprenda en el instante mismo del homicidio. Los hornos crematorios portátiles que se usan en nuestro país permiten eliminar casi en el acto los restos humanos. Además, en vez de secuestrar a la víctima suelen comprarla a inmigrantes, gitanos... de manera que no se produce ninguna denuncia y se frena cualquier investigación». Según el experto, «en España existen 164 sectas satánicas... pero no todas practican misas negras».

Un alto responsable policial de la Comunidad canaria aseguró al reportero de ABC que «ahora mismo tenemos casos abiertos contra grupos de esta índole, concretamente contra uno con raíces masónicas. Pero en la mayoría de los casos se ha demostrado que la apariencia de secta satánica sólo era la fachada para promocionar el turismo sexual. Yo no conozco al menos --dijo este policía-- ningún caso de ritual diferente al de la orgía sexual».

Según Eloy Rodríguez, psicólogo y sexólogo, estudioso del fenómeno de las sectas, hay dos tipos de gente en esos grupos. El primer tipo son «los luciferinos, que carecen de patologías psiquiátricas, de fuerte poder económico y que buscan el poder y el conocer otras cosas, algunos ligados a grupos de ultra derecha; y los satánicos, que son inestables emocionalmente o utilizan la secta de fachada para la comisión de delitos, principalmente el tráfico de drogas».

La asociación Asesoramiento e Información sobre Sectas (AIS) lamenta que en veinte años «sólo hemos recibido de la Administración Central cuatro
millones de pesetas para atender una media de 100 casos anuales para tratamiento y 2.000 llamadas. Con ese dinero no podemos enfrentarnos a las sectas en los tribunales.» La presidente de la AIS, María Rosa Boladeros sigue diciendo, «Últimamente lo que más nos preocupa es la infiltración de sectarios como profesores  en la enseñanza, tanto pública como privada. No se trata de ser alarmista, sólo de advertir que hacen falta más medios si queremos ganarle la batalla a las sectas destructivas».

El fundador de la autodenominada «iglesia de Satán», durante una entrevista dijo a ABC que hoy en día el mal explícito de las sectas ha sido reemplazado por un relativismo moral en la sociedad que es más dañino aún. «Superado el enfrentamiento entre el Bien y el Mal llega la Teoría del Caos, donde, como ha dicho Bill Clinton, "todo es posible y nada es cierto", todo es fachada, todo es mentira, cada uno tiene su negocio y cada uno su propia verdad». Entonces este personaje intentó minimizar el poder de las sectas. Pero la autora del artículo del ABC, Virginia Ródenas, terminó recordando a los lectores que «La astucia más hábil del diablo --escribió Baudelaire-- es la de convencernos de su no existencia».