CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

AUNQUE LO NIEGUEN,
EL DIABLO EXISTE


AUNQUE LO NIEGUEN, EL DIABLO EXISTE

  Hay muchos contestatarios, miembros de la "Nueva Iglesia", que se fabrican una religión a su medida, aceptan lo que les conviene de la Revelación y rechazan lo que pueda molestarles y les es antipático. Han buscado un respaldo filosófico a esta actitud y lo han encontrado, y bien sonoro, en Hegel o Kant: lo racional es real y lo real es racional. El hombre será la medida de todas las cosas.

   En cierta ocasión unas religiosas contemplativas me preguntaban escandalizadas, después de haberlas visitado un moderno mentalizador, sobre la existencia de Satanás. Una de ellas, quizá más impresionada y sencilla, me espetó: "Padre, ¿cree usted en el diablo?" Le dije que antes, todos los creyentes aceptábamos la existencia del diablo; hoy lo vemos por todas las esquinas, es "casi" un conocimiento intuitivo el que se tiene del demonio. "El humo de Satanás" se ha filtrado por todas las rendijas, nos está envolviendo en las instituciones eclesiales, lo respiramos y, en ocasiones, nos intoxica.

   El veneno de la incredulidad ha penetrado en esferas de responsabilidad, en relación con la existencia del diablo: En la revista holandesa "Nieuwe Rotterdamse Courant Handelsblad" (23-3-1974) se inserta una respuesta que dio un asistente del Cardenal Alfrirink de la diócesis de Utrech, a una pregunta que se le hizo sobre el EXORCISMO: "El Papa dice todavía creer en el diablo y claro... con él no hay nada que hacer". El interlocutor le insistió: "Rdo., y si yo, convencido y creyente le preguntara qué tengo que hacer con un poseso, que es vecino, y que necesita rápidamente una solución". El allegado clérigo al Cardenal Alfrink imperturbable, con sonrisa sarcástica replicó: "Le diría a usted que fuéramos a mi apartamento a tomar una copa". El periodista concluye su artículo o referencia con estas palabras: "Si queremos saber algo sobre el diablo y sobre el EXORCISMO, tendremos que llamar a otra puerta."

   l. - LA EXISTENCIA DEL DIABLO es dogma de Fe, según declaró el Concilio Lateranense en 1215 (Denzinger 428) y en 447 León Magno: "fides vera, quae est catholica". El mismo Cristo, en tantísimos pasajes del Nuevo Testamento, lo llama el "príncipe de este mundo" (Jo. 12-31; 14-30; 16-11). No es del caso exponer todos los lugares en que el mismo Cristo habla de la Caída de los ángeles, que no se mantuvieron firmes en la verdad (Jo. 8-44), por lo que fueron condenados al fuego eterno (Mt. 25-41). Los diablos tientan a los hombres, a Judas (Lc. 22-3; Jo. 13-27), etc., etc. y como "león rugiente busca a quien devorar" (Pt. 1, 5-8).

   Los "espíritus impuros", contra los cuales lucha el mismo Cristo, son seres con entendimiento y voluntad, con perversas intenciones, que influyen en los hombres y pueden tomar posesión de sus almas. Cuando se habla de los hombres-diablos, personajes con fuerzas diabólicas no se refiere uno a los perversos espiritus que con Lucifer fueron arrojados del Cielo. Tampoco se refiere el Evangelio, cuando habla del diablo, a algo que puede radicar en la "Psyche" humana, como una enfermedad o estado anormal, un estado de la mente, un anublamiento o perplejidad momentáneos de la conciencia normal, que los griegos llamaban "ate". La idea que la Revelación nos da del diablo no tiene nada que ver con las parapsicologías modernas, ni las fantasmagorías subjetivas de dementes. Aquí se trata de seres personales, ángeles que fueron buenos y creados por Dios y que prevaricaron. No son los diablos seres nacidos de las tinieblas sin principio ni origen concreto, ni tampoco principio y sustancia del mal, como quisieron los Maniqueos y los Priscilianos (Denz. 237).

   El edificio dogmático de la Iglesia es de tal precisión y maestría que, si quitamos una piedra, se derrumba todo el edificio. Sin el diablo tentador los hombres no hubiesen pecado: sin pecado no hay Redención, las tentaciones serían un absurdo, los humanos seríamos unos "angelitos"; y de esto nadie está convencido. Si los clientes de la "Nueva Iglesia" quieren permanecer católicos tendrán que aceptar también la doctrina revelada sobre el diablo, so pena de que les caiga encima el anatema, separándose "automáticamente" de la verdadera Iglesia de Cristo (Denz. 237). El Santo Padre consideraba muy importante en nuestros tiempos el aceptar con seriedad la existencia del diablo: "El que niega la existencia de la realidad diabólica se sitúa fuera de la doctrina, de la Biblia y de la Iglesia". Todos aquellos que "se despidieron del diablo", como el Herr Professor de Tübingen Haag, de nuevo tendrán que contar con las "diabluras" de Lucifer, si no quieren estar al margen de la Iglesia y, sobre todo, si quieren exponer correctamente el gran "drama" soteriológico de Cristo Jesús.

   II. - PERO LA REALIDAD ES QUE HOY DIA no se quiere hablar del diablo, cuando no se le niega. Una defensa contra el diablo, desde un plano oficial, ha desaparecido casi por completo en la forma de exorcismos y oraciones. El que realmente acepta la doctrina de la Iglesia no puede hacer política de avestruz, sino ver la manera más eficaz de protegerse de las insidias diabólicas. Que no tema el fiel creyente la sonrisa sarcástica de la heterodoxia, que esto es hacerle el juego al diablo. Desde que se suprimió en la Santa Misa la oración "San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla... arroja a Satanás y a los otros espíritus malignos", etc., etc., se ha notado que la ofensiva del diablo ha ganado terreno y su influencia se deja sentir en todos los ámbitos de la Iglesia y de la sociedad. El modo y manera como la doctrina sobre la Eucaristía se falsifica y difumina es una forma realmente diabólica. Cuando se habla del "Hombre Cristo", prescindiendo de la Divinidad, es una blasfemia diabólica. Cuando desde los púlpitos se niega la existencia del diablo y convierten la doctrina de la Iglesia en algo risible y "para asustar a los niños" es señal diabólica de apostasía total...

   III. - POR OTRO LADO, CUANDO EL DIABLO se convence de la impunidad de sus agresiones se destapa y aparece como es. Así vemos que en USA se extiende, en ambientes de todas clases, la convicción de que "el diablo no puede ser considerado como producto de una superstición primitiva". Y cuando el hombre se aparta de Dios se entrega en manos del diablo. Muchas Universidades andan mareadas con demonologías, doctrinas del diablo y sus obras. Hace ocho años empezó a publicarse la "Iglesia de Satanás" en San Francisco. El fundador del movimiento, que cuenta en la actualidad con 200.000 miembros, fue el actor húngaro Anton La Vey. Su "Biblia Satánica", basada en la recomendación de los pecados capitales, fue editada en 300.000 ejemplares. Existen en USA 600 centros de brujos que actúan en todo el país y hasta en universidades californianas. Las misiones de las diversas denominaciones religiosas anuncian multitud de casos de posesos por el diablo. En Inglaterra ha tomado el Satanimo tales dimensiones que una conferencia compuesta por católicos y anglicanos ha recomendado nombrar oficialmente a exorcistas para que ejerzan su oficio. Las obras principales que han aparecido últimamente y han conseguido gran difusión son: "Demons, Demons, Demons" de J. P. Newport; "The reality of the Devil", de Ruth Anshen; "Satan is Alive and Wcll on Planet Earth" de Lindsey; "The Occult Explosions" de Freeland, etc., etc.

   En resumen, el cientificismo y el progresismo moderno tratan de ocultar un estado intimo de desesperación espiritual. Se quiere eludir el único problema esencial, el de la inmortalidad del alma, el de la salvación eterna. Para conseguir la salvación hay que luchar contra el enemigo, el diablo... Aquel que tomó nuestra carne mortal, Cristo Jesús, quiso ser tentado por el diablo para que aprendiéramos a vencerle con la gracia de Dios. Y no agitemos demasiado el sonajero de las distracciones mundanales que nos hagan olvidar que somos "la envoltura corporal de un alma inmortal capaz de salvarse y también de condenarse".

Fuente: "Cruzado Español" nº 404-5, 15/1-1/2/1975

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