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17 de diciembre
SAN LÁZARO,
Vidas de los Santos de A. Butler


17 de diciembre: SAN LÁZARO - Vidas de los Santos de A. Butler

(Siglo I) - En el capítulo undécimo del Evangelio de San Juan hay un relato muy detallado de la resurrección de Lázaro de Betania, hermano de Marta y María y amigo muy querido del Señor. Pero la Biblia no habla de la vida posterior del resucitado. En las Pseudo-clementinas se cuenta que Lázaro acompañó a San Pedro a Siria. La tradición más común en el oriente afirma que los judíos embarcaron a Lázaro en Jaffa en una nave que hacía agua, junto con sus dos hermanas y otros cristianos, y la nave llegó milagrosamente a la isla de Chipre. Lázaro fue elegido obispo de Kition (Larnaka), y murió apaciblemente treinta años más tarde. El año 890, el emperador León VI construyó una iglesia y un monasterio en su honor en Constantinopla y trasladó allá una parte de las pretendidas reliquias, que se hallaban en Chipre.

En el siglo XI, empezó a hablarse de que Lázaro había estado en Europa occidental, a propósito de la leyenda provenzal de Santa María Magdalena. En una carta que escribió Benedicto IX con ocasión de la consagración de la iglesia abacial de San Víctor de Marsella, hace alusión a las reliquias de Lázaro que estaban ahí; pero no dice que haya sido obispo de Provenza, ni que haya predicado en esa región, como lo afirma la leyenda. Según dicha leyenda, Lázaro fue obligado a embarcarse en un navio sin remos ni timón (con María Magdalena, Marta, Maximino, etc.), y llegó a las playas del sureste de la Galia. En Marsella convirtió a muchas personas, fue elegido obispo, y murió por la fe durante la persecución de Domiciano, en el sitio que ocupa la prisión de San Lázaro. Fue sepultado en una cueva, sobre la que se erigió más tarde la abadía de San Víctor. Sus reliquias fueron trasladadas a Autun, según se dice; pero lo único cierto es que, en 1146, se trasladaron a la catedral de esa ciudad unos restos humanos. Un hecho que puede arrojar luz sobre el origen de la leyenda es que hay en la cripta de San Víctor de Marsella un epitafio de un obispo de Aix (siglo V), quien renunció al gobierno de su sede, hizo un viaje a Palestina, volvió a morir en su patria y fue sepultado ahí. La leyenda está tal vez relacionada también con la traslación de las reliquias de San Nazario, de Milán a Autun, el año 542.

Existen muchas pruebas de que, desde los primeros tiempos del cristianismo, se veneraba a Lázaro, tanto en Jerusalén como en la Iglesia entera. La peregrina Eteria (c 390) describe la procesión que se hacía el sábado anterior al Domingo de Ramos al "Lazarium", es decir, el sitio en el que Lázaro había sido resucitado. Eteria quedó muy impresionada al ver la gran cantidad de gente que asistía a esa procesión. En la Iglesia de occidente se hacían procesiones semejantes, casi siempre durante la cuaresma. En Milán el Domingo de Pasión se llamaba "Dominica de Lázaro". San Agustín cuenta que el pasaje evangélico de la resurrección de Lázaro se leía en África en el oficio de la Aurora del Domingo de Ramos.

Véase DAC, vol. vin, ce. 2009-2086, y nuestra bibliografía sobre Santa María Magdalena (22 de julio). Mencionemos también el artículo "Lazaras" de L. Clugnet, en Catholic Encyclopedia (vol. ix, p. 98), y el artículo del P. Thurston en la revista irlandesa Studies, vol. xxin (1934), pp. 110-123. No merece ningún crédito la leyenda que afirma que las reliquias de San Lázaro están en Autun; mucho mayor peso tiene la tradición oriental que se refiere a Kition de Chipre. Véase Lexikon f. Theologie und Kirche, vol. VI, c. 432. Acerca de las celebraciones litúrgicas, cí. Cabrol, en DAC, vol. VIII, ce. 2086-2088. A mediados de la Edad Media, se inventó la leyenda de que Lázaro había relatado por escrito lo que había visto en el otro mundo; véase Max Voigt, Beitrage zur Geschichte der Visionenliteratur im M.A., vol. n (1924). La orden militar de los caballeros hospitalarios de San Lázaro de Jerusalén (que existe todavía en dos formas distintas en Francia y en Italia) deriva su nombre del Lázaro de la parábola del rico Epulón, no del resucitado.

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DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
SANTORAL