CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

12 de septiembre
EL DULCÍSIMO NOMBRE DE MARÍA
- El Año Litúrgico - Dom Próspero Gueranguer


OBJETO DE LA FIESTA. — Unos días después del nacimiento del Salvador, ha consagrado la Iglesia una fiesta a honrar su nombre bendito. De esa manera nos enseñaba todo lo que ese nombre tiene para nosotros de luz, fuerza y dulzura para animarnos a invocarle con confianza en todas nuestras necesidades[1].

De modo semejante, en esta octava de la Natividad de la Santísima Virgen, dedica un día la Iglesia a honrar el santo nombre de María y, por la Liturgia y la doctrina de los Santos, nos enseña también cuántas riquezas espirituales encierra este nombre para nosotros, a fin de que, como el nombre de Jesús, lo tengamos continuamente en nuestros labios y en nuestro corazón.

HISTORIA DE LA FIESTA. — Roma concedió en 1513 a una Iglesia de España, a Cuenca, la fiesta del Dulce nombre de María. Suprimida por San Pío V y restablecida por Sixto V, fue concedida después, en 1671, al reino de Nápoles y al Milanesado. El 12 de Septiembre de 1683, Juan Sobieski y sus polacos derrotaron a los turcos que asediaban a Viena y amenazaban a la cristiandad; Inocencio XI, en acción de gracias, extendió la fiesta a la Iglesia universal fijándola en el Domingo de la infraoctava de la Natividad. San Pío X la volvió a poner en el 12 de septiembre.

NOMBRE VENIDO DEL CORAZÓN DE DIOS. — Nos debe interesar más que el recuerdo histórico de la institución de la fiesta, el significado del nombre bendito que se impuso a la que iba a ser Madre de Dios y Madre nuestra.

Entre los judíos el nombre tenía una importancia grandísima y su imposición se hacía ordinariamente con solemnidad. Por la Sagrada Escritura sabemos que algunas veces intervino Dios para designar el nombre que uno u otro de sus servidores debía llevar: el ángel Gabriel avisa a Zacarías que su hijo se llamará Juan; y el mismo ángel dice también a San José al explicarle la Encarnación del Verbo: "Le llamarás Jesús". Por tanto, se puede pensar que Dios intervino de una manera o de otra para que a la Santísima Virgen se la llamase con un nombre que respondiese exactamente a su grandeza y a su dignidad. Joaquín y Ana impusieron a su hija el nombre de María, que tan querido se nos ha hecho.

"ES TU NOMBRE ACEITE DERRAMADO". — Complaciéronse los Santos en comparar el nombre de María con el de Jesús. San Bernardo aplicó al Señor el texto del Cantar de los Cantares: "Es tu nombre aceite derramado"[2] Porque el aceite es luz, alimento y medicina. Otro tanto dice Ricardo de San Lorenzo: "el nombre de María se compara al aceite. Porque, por encima de todos los otros nombres, excepción hecha del de su Hijo, el nombre de María restaura a los que están cansados, ablanda a los empedernidos cura a los enfermos, da luz a los ciegos, rehace a los agotados, los unge para nuevos combates rompe la esclavitud del diablo y sobrepuja a todo nombre, como el aceite a cualquier otro líquido..."[3]

2. OTRAS INTERPRETACIONES. — Más de sesenta y siete interpretaciones se han dado al nombre de María, según se le considere como un nombre de origen egipcio, siriaco o hebreo, como un nombre simple o un nombre compuesto. No pensamos detenernos en las interpretaciones, pero podemos recordar las cuatro principales que los autores antiguos atribuyen al nombre de María. "El nombre de María, decía San Alberto Magno, tiene cuatro sentidos; significa: iluminadora, estrella del mar, mar amargo, ama o señora"[4].

ILUMINADORA.—Iluminadora: lo es la Virgen Inmaculada, que nunca quedó deslucida por la sombra del pecado; es la mujer revestida del sol; "Ia que ha iluminado a todas las Iglesias con su gloriosa vida"[5]; finalmente, la que ha dado al mundo la luz verdadera, la Luz de vida.

ESTRELLA DEL MAR. — Estrella del mar: así la saluda la misma Liturgia en el himno tan poético y tan popular del Ave maris Stella...; igualmente la saluda con este hermoso nombre en la Antífona de Adviento y del tiempo de Navidad: Alma Redemptoris Mater. Ya sabemos que la estrella del mar es la estrella polar. Ahora bien, la estrella polar es la más brillante, la más elevada, la última de las estrellas que forman la Osa Menor, tan cercana al polo que parece inmóvil y que conserva una posición como invariable durante muchas noches. Por eso mismo es de gran utilidad para saberse orientar en el mapa del cielo y es una ayuda al navegante que no tiene brújula.

Así también, Nuestra Señora es la criatura más alta en dignidad, la más bella y la más cercana de Dios; invariable en su amor y en su pureza, para nosotros es ejemplo de todas las virtudes, ilumina nuestra vida y nos enseña el camino para salir de las tinieblas y llegar a Dios, que es la verdadera luz.

MAR AMARGO. — Mar amargo: María se puede decir que lo es en este sentido: por su bondad maternal nos convierte en amargos aquellos placeres del mundo que podrían seducirnos y hacernos olvidar el bien único y verdadero; mar amargo también porque, en la Pasión de su Hijo, sintió atravesada el alma por la espada del dolor.

Es un mar porque, así como el mar es inagotable, de igual manera la bondad y la liberalidad de María con todos sus hijos no tiene fin. Las gotas del agua del mar nadie las puede contar sino la ciencia infinita de Dios: tampoco nosotros podemos siquiera sospechar la suma inmensa de gracias que Dios depositó en el alma bendita de María desde el momento de su Concepción Inmaculada hasta su gloriosa Asunción a los cielos.

SEÑORA NUESTRA. — Finalmente, María es con toda verdad, según el título que la dió España: Nuestra Señora; Señora, es decir, Reina, Soberana. Reina ciertamente lo es ella, la más santa de todas las criaturas, Madre del que es Rey por el título de la Creación, Encarnación y Redención; ella, que, después de haber quedado asociada al Redentor en todos sus misterios, le está gloriosamente unida en cuerpo y alma en el cielo, en la bienaventuranza eterna, donde continua y juntamente con su divino Hijo intercede por nosotros y aplica a nuestras almas los méritos que con El adquirió, las gracias de las que es mediadora y distribuidora.

SERMÓN DE SAN BERNARDO.—Pidamos, pues, a la Santísima Virgen que se digne hacer verdaderos en nosotros los diversos significados que los santos y doctores dan a su nombre bendito, para terminar, copiamos de San Bernardo el final de su segunda homilía sobre el Evangelio Missus est:

"Y el nombre de la Virgen era María. Digamos también algo de este nombre, que significa estrella del mar. Conviene perfectamente a la Madre de Dios. Como el astro emite su rayo de luz, así la Virgen dió a luz a su Hijo; ni el rayo disminuyó la claridad de la estrella, ni el Hijo la virginidad de la Madre. ¡Noble estrella la que ha salido de Jacob, cuyos rayos iluminan al mundo, la cual resplandece en los cielos, penetra en los abismos, recorre toda la tierra! Más que a los cuerpos, calienta a las almas, consume el vicio y fecunda la virtud. Así es realmente: María es el astro deslumbrante y sin igual, necesario a este mar inmenso; es la estrella que brilla por sus méritos y nos alumbra con sus ejemplos. "Oh tú, quienquiera que seas, que en el flujo y reflujo de este mundo te das cuenta que caminas no tanto en tierra firme como en medio de tempestades y torbellinos, no apartes la vista del astro espléndido ni no quieres desaparecer entre el huracán. Si se levanta la borrasca de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, Invoca a María. Si eres juguete de las olas de la soberbia o de la ambición, de la calumnia o de la envidia, mira a la estrella, invoca a María. Si la avaricia, o la cólera, o los halagos de la carne azotan la nave de tu alma, vuelve tus ojos a María. Si asustado por la enormidad de; tus pecados, o avergonzado de ti mismo, o tembloroso ante el juicio terrible ya cercano, sientes que se ahonda debajo de tus pies el abismo de la tristeza o de la desesperación, piensa entonces en María. En los peligros, en las angustias, en la duda, piensa en María, invoca a María.

"Esté continuamente en tus labios, esté en tu corazón; imítala y asi tendrás su ayuda de un modo seguro. Siguiéndola, no yerras; rogándola, no te desesperas; pensando en ella, no te extravías. Apoyado en ella, no caes; amparado por ella, no temes; guiado por ella, no te fatigas, al que ella favorece, llega a puerto seguro. Y de este modo sentirás en ti mismo la verdad de esta palabra: el nombre de la Virgen era María."

MISA

En el Introito saludamos con la Iglesia a la graciosa niña cuyo nombre es hoy un presagio de su poder; todos los grandes, reyes, pontífices, serafines, pedirán clemencia a su sonrisa; pero las vírgenes formarán su séquito lucido[6] cantando el cántico que sólo ellas pueden cantar [7]

INTROITO

Implorarán tu favor todos los ricos del pueblo: serán presentadas al Rey las vírgenes después de ella: sus compañeras serán presentadas a ti con alegría y con júbilo. — Salmo: Brota de mi corazón una palabra buena: dedico mis obras al Rey. V. Gloria al padre. El nombre de María, alegría de los Angeles, espanto de los demonios, ampara al hombre contra los males sin cuento de este mundo y le sostiene en la ruta que lleva al cielo. Alcáncenos la oración que la Iglesia hace en la Colecta el aprovecharnos íntegramente de esa ayuda.

COLECTA

Suplicárnoste, oh Dios omnipotente, hagas que tus fieles, que se glorían del Nombre y de la protección de la Santísima Virgen María, por su piadosa intercesión, sean librados de todos los males de la tierra y merezcan llegar a los gozos eternos en los cielos. Por Nuestro Señor Jesucristo.

EPISTOLA

Lección del libro de la Sabiduría (Ecl., XXIV, 23-31).

Yo, como la vid, doy fruto de suave olor: y mis flores son frutos de honor y de honestidad. Yo soy la Madre del amor hermoso, y del temor, y de la ciencia, y de la santa esperanza. En mí está toda la gracia a del buen camino y de la verdad: en mí está la esperanza de la vida y de la virtud. Venid a mí, todos los que me ansiáis, y yo os saciaré de mis frutos. Porque mi espíritu es más dulce que la miel, y mi herencia más que la miel y el panal. Mi recuerdo vivirá de generación en generación. Los que me coman, tendrán todavía hambre: y los que me beban, tendrán todavía sed. El que me escuche, no será confundido: y los que obren inspirados por mí, no pecarán. Los que me den a conocer, tendrán la vida eterna.

Todas las complacencias del cielo y todas las esperanzas de la tierra radican en una cuna: en la cuna en que duerme María, cuyo corazón vive despierto para Dios[8] La Sabiduría se alaba a sí misma[9]: las preferencias que al principio del mundo confesaba su amor, están ya justificadas por la bienaventurada hija de Joaquín y de Ana; sus delicias serán para siempre jamás el estar con los hijos de los hombres[10]. La viña escogida, la viña del Pacífico, está ante nosotros[11] anunciando con sus flores embalsamadas el divino racimo de uvas que, estrujado en el lagar, fecundará con su jugo a todas las almas y embriagará a la tierra y al cielo.

La Iglesia no se cansa de insistir, en el Gradual, sobre la maternidad virginal que dió a Dios al mundo e hizo grande a María.

GRADUAL

Bendita y venerable eres, oh Virgen María: que, sin mancha del pudor, fuiste Madre del Salvador. V. Oh Virgen, Madre de Dios: Aquel a quien todo el orbe no puede contener, se encerró, hecho hombre, en tus entrañas. Aleluya, aleluya, y. Después del parto, Virgen permaneciste inviolada: oh Madre de Dios, intercede por nosotros. Aleluya.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Lucas (Lc., I, 26-38).

En aquel tiempo el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, por nombre Nazaret, a una virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María. Y, entrando el ángel donde ella estaba, dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre las mujeres. Mas ella cuando le vió se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación sería aquella. Entonces el ángel la dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: He aquí que concebirás en tu seno y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin. Dijo entonces María al ángel: ¿Cómo sucederá eso?, pues no conozco varón. Y, respondiendo el ángel, la dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te hará sombra y por tanto también el Santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. Y he aquí que Isabel, tu parienta, ha recibido en su vejez un hijo, y la que se llama estéril está ya en el sexto mes. Porque para Dios no hay anada imposible. Dijo entonces María: He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Aquí tenemos la más solemne embajada de la que ha quedado recuerdo en la historia angélica o humana; ella demuestra que María es lo que indica su nombre, la Señora del mundo. Los más elevados asuntos que puedan interesar a los hombres presentes, pasados o futuros, a las jerarquías celestes y aun al mismo Dios, se tratan exclusivamente entre el Altísimo y la Virgen de Nazaret, como únicos que tienen título, de una parte para proponer, y de la otra para aceptar. El ángel sólo es un mensajero; el hombre está con él a la expectativa: María hace contrato con el Creador, en nombre del hombre y del ángel y en el suyo propio, en nombre de todo el mundo, a quien representa y al que domina con su principado supremo.

¡Albricias, pues, a la Reina en su día natal! ¡Salve, María! Sea ella misma quien presente a Dios, en el sacrificio, nuestra ofrenda en favor de su pueblo.

OFERTORIO

Dios te salve, María, llena eres de gracia: el Señor es contigo: bendita tú entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre. Ojalá logremos que la intercesión de Núestra Señora y la misericordia divina alejen de nosotros todo lo que sería obstáculo a la eficacia del sacrificio que está preparado en el altar.

SECRETA

Con tu propiciación, Señor, y por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen María, aprovéchenos esta oblación para la perpetua y la presente paz y prosperidad. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Estando todavía sintiendo la influencia de la bebida de los Misterios divinos, felicitemos a la augusta viña que nos los prometía hace poco en la Epístola.

COMUNION

Bienaventuradas la entrañas de la Virgen María, que llevaron al Hijo del Padre eterno.

La Poscomunión proclama la universalidad del patrocinio de María; quiera el Señor concedernos el sentirle de continuo.

POSCOMUNION

Recibidos, Señor, estos auxilios de nuestra salud, suplicárnoste hagas que seamos protegidos en todas partes por el patrocinio de la Bienaventurada siempre Virgen María, en cuya veneración hemos ofrecido esto a tu Majestad. Por Nuestro Señor Jesucristo.

VALOR SOBRENATURAL DEL NOMBRE DE MARÍA. El nombre de María es inseparable del nombre ade Jesús, como la Madre es inseparable de Hijo. "En mi nombre, decía Nuestro Señor en el momento de subir al cielo, los que crean arrojarán los demonios; hablarán nuevas lenguas; cogerán las serpientes y si beben algún veneno, no les hará ningún mal; impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos"[12]. También el nombre de María posee una eficacia singular y una virtud totalmente divina [13]. Dios le aprecia más que los demás nombres; es luz para los creyentes y para nosotros está repleto de las bendiciones del Señor[14]. "Tu nombre santísimo, oh dulce Virgen María, es para tus servidores, que siempre, en todas las ocasiones, en todo lugar y en todo tiempo, le tienen en sus labios, no sólo la muestra, sino la causa de la vida, de la alegría y de la ayuda... Oh María, a la sola invocación de tu nombre se estrellan los asaltos del Maligno contra tus servidores y los pones en seguridad[15]: La virtud de tu nombre santísimo, oh Bienaventurada Virgen María, es tan poderosa, que a su invocación el cielo sonríe, la tierra salta de júbilo, los ángeles se alegran, los demonios tiemblan, el infierno se conturba. Tan grande es la virtud de tu nombre santísimo, oh bendita Virgen María, que penetra la dureza del corazón humano[16] y le enternece de modo maravilloso. Un ejército de la tierra teme menos a fuerzas enemigas importantes que los poderes del infierno al nombre omnipotente de María y a la eficacia de su ayuda. Esas fuerzas del infierno se desvanecen y disipan "como la cera se derrite al fuego"[17], siempre que chocan con la memoria frecuente de este santo nombre y con su invocación devota[18]. Oh sublime, oh dulce, oh amabilísima María, no se puede pronunciar tu nombre sin que nos inflames, ni siquiera pensar en él sin que pongas ánimos en la voluntad de los que te aman. Tu recuerdo no puede saltar a la memoria sin que en ella penetre esa dulzura innata en ti"[19].

PALABRAS DE SANTA BRÍGIDA. — Nuestra Señora por sí misma se dignó revelar a Santa Brígida el valor singular de su nombre. "Escucha, la decía, cómo quiso mi Hijo honrar mi nombre... Cuando le oyen los ángeles, se regocijan hasta lo más íntimo de su ser y dan gracias a Dios de haber realizado por mí y conmigo esta maravilla de la gracia, que vean la humanidad de mi Hijo glorificada y unida a la. divinidad... Al oír mi nombre, las almas del purgatorio se alegran, como un enfermo en su camilla a una apalabra de consuelo... Si le oyen pronunciar por algunos de quienes son custodios, los ángeles buenos los rodean con más interés y se felicitan de sus progresos... Todos los demonios respetan y temen mi nombre. Al oírle, huyen desatinados. Como el pájaro de presa que al menor ruido abandona a su víctima en la que ya hendía sus garras y a la que desgarraba con su pico, está siempre dispuesto a volver así que advierte que no es nada, de igual modo los demonios, al oír mi nombre, todo temblorosos abandonan el alma que tenían amarrada, pero de un vuelo rápido como la flecha vuelven junto a ella cuando no se sigue una enmienda verdadera. Del que invoca mi nombre con el firme propósito de mudar de vida, el diablo se retira incontinenti para no volver más, con tal que ese hombre se arrepienta de su pecado"[20] "Al que invocare tu nombre, decía el Señor a su Madre, poniendo en ti su esperanza con el firme propósito de enmendar su vida, le concederé contrición de sus pecados, gracia de satisfacer por ellos, fuerza para obrar bien y además el reino de los cielos. Son para mí tan dulces tus palabras, que nada puedo negarte de cuanto me pides, porque sólo quieres lo que yo quiero" [21].

Ver también:

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SANTORAL DE SEPTIEMBRE

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[1] Año Litúrgico: Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús
[2] Cant., I, 3.
[3] De Laudibus B. M. V., 1. II, c. 2.
[4] Comentario sobre S. Lucas, I, 27.
[5] Liturgia
[6] Salmo XLIV.
[7] Apoc., XIV, 3-4.
[8] Cant., V, 2.
[9] Ecle., XXIV, 1.
[10] Prov., VIII, 31.
[11] Cant., VIII, 11-12.

[12] S. Marcos, XVI, 17-18.
[13] S. Pedro Canisio: Be María Virgini incomparabili, 1. I, c. 1: Summa Aurea, t. VIII, c. 638.
[14] Pseudo-Metodio, Sermo de Symeone et Anna, n. 10. P. a., 18, 371 c.
[15] S. Germán de Constantinopla, In S. Mariae Zonam. P. O., 98, 380-381.
[16] Ramón Jordán, Contemplationes de B. M. V., p. IV. Contempl. I, n.
[17] Summa Aurea, t. IV, 889. 2 Salmo LXVII,
[18] 3 Ramón Jordán, ibícl., Contempl. III, n. 1, 891.
[19] Egberto de Schonau, Ad B. Mariam Serm. Panegyrtcus, n. 6 P. L., 184, 1013.
[20] Revelationes S. Birgittae, 1. I, c. 9. Amberes, 1611, p. 13.
[21] Ibid., 1. I, c. 50, p. 73.