CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 79 - Septiembre de 1983
SOCIEDADES SECRETAS , CONCILIO Y NUEVA MISA

Michael Davies


SOCIEDADES SECRETAS , CONCILIO Y NUEVA MISA

El Vaticano II, como suceso, resulta responsable directo del resurgimiento y creciente aumento del modernismo dentro de la Iglesia, porque reunió juntos a los neo-modernistas y les permitió obtener posiciones claves dentro de las comisiones conciliares y minimizar lo más posible el alcance de los documentos oficiales que pudieren impedir sus propósitos.

Al reunirlos juntos, el Concilio proporcionó a ese movimiento el empuje y la organización que llevaron a la situación actual en la que el Magisterio, y no los modernistas, es el que está a la defensiva. Como San Pio X nos advirtió en la Pascendi, los modernistas son “los más perniciosos de todos los adversarios de la iglesia” y propagan “las doctrinas más ponzoñosas”, enseñadas por sus enemigos “por medios totalmente nuevos y llenos de engaños”, en una forma “la más temible y deplorable, hasta en su mismo seno…”Su objetivo es sencillo: “destruir la energía vital de la iglesia y, en lo posible, subvertir completamente el mismo Reino de Cristo”.[1]

Las fuentes de presión ejercidas sobre las Padres, que contribuyeron directa o indirectamente a la preeminencia modernista dentro del Concilio: la prensa, el protestantismo y el comunismo, tuvieron su parte en desatar sobre la Iglesia, con el llamado “espíritu del Vaticano II”, lo que San Pio X designara como la doctrina principal del modernismo: la de la evolución. “A las leyes de la evolución todo está sujeto bajo pena de muerte: el dogma, el culto de la Iglesia, los Libros que reverenciamos como sagrados, hasta la fe misma”.[2]

Pero, la misma idea de evolución significa que algo está evolucionando y que existe un punto hacia el cual evoluciona. San Pio X revelo esto en una profetice declaración: “El error del protestantismo dio el primer paso en este sendero; el modernismo dio el segundo; el ateísmo es el próximo”.[3]

“El ateísmo es el próximo”. ¿La Iglesia en camino hacia el ateísmo?
Precisamente esta es la tesis de un libro de monseñor Rudolf Graber, obispo de Ratisbona.[4]

Su libro constituye uno de los rarísimos ejemplos en los que el gastado adjetivo “sensacional” podría aplicarse con total exactitud. No ha causado sensación, y es improbable que la cause, porque la prensa liberal está utilizando más efectivas para ignorar cualquier obra que puede perjudicar la causa liberal. El “Establishment” católico liberal no se cansa jamás de exigir la libre circulación de ideas dentro de la iglesia, pero entiende, por cierto, solo aquellas ideas que considera aceptable.

Es probable que aún muchos católicos tradicionales se inclinen a desechar lo que monseñor Graver escribió como demasiado increíble para tomarlo seriamente en consideración. Estos católicos deberían primero reflexionar que lo que alega el Obispo Graber ha sido enseñado también por los Papas y que rechazar el caso como inverosímil es precisamente la reacción que esperan los enemigos de la Iglesia, a los cuales el obispo quiere desenmascarar. Los católicos liberales ponen especial celo en ridiculizar la sola idea de que puedan exigir grupos organizados de malvados que trabajan para destruir la Iglesia de Cristo. Es menester aclarar que la tarea de desacreditar la teoría de la conspiración se ve muy facilitada por algunos de sus proponentes que la llevan a extremos ridículos y hacen afirmaciones que no pueden fundamentar de ningún modo, a veces contra determinados individuos.

No obstante, dada la existencia de Satanás, seria inverosímil que tales grupos no existieran, y nadie tiene más celo en ridiculizar la idea de la existencia de Satanás que un católico progresista. La táctica más más coherente de los progresistas, y que usan consecuentemente porque resulta exitosa, consiste en presentar a aquellos que se le oponen como figuras más bien patéticas, hombres de mentalidad cerrada, hombres que temen al cambio, hombres que viven en el pasado y no pueden adaptarse a las ideas y adelantos modernos. Escribía San Pio X en la Pascendi:

“No es de maravillar que los modernistas embistan con extremada malevolencia y rencor a los varones católicos que luchan valerosamente por la Iglesia. No hay ningún género de malevolencia con que no los hieran, pero su modo habitual es acusarlos de ignorancia y de terquedad” [5].

Alec Mellor, un católico francés, apologista de la masonería, escribe que los católicos que se oponen a la reconciliación con la francmasonería están “representados por los que se niegan a cambiar sus hábitos de pensamiento y por la clase de intelectuales conocidos, correcta o erróneamente, como integristas.

Estos últimos resultan a veces, teólogos muy competentes. En lo profundo de su ser experimentan sin duda una angustia que no los deja descansar. Cualquier idea con un mínimo de novedad les sabe a herejía, sincretismo o irenismo. Los de la jerarquía son traidores. El papa mismo no sale de sus críticas”[6].

Se ha citado a San Pio X cuando aseveraba que las ponzoñosas doctrinas que intentan destruir la iglesia se propagan en su propio seno de manera solapada, y que todo eso forma parte de un proceso que determinara el ateísmo. La tesis del Obispo Graber es que las sociedades secretas, que desde hace siglos han estado complotando para destruir a la Iglesia (como nos han advertido algunos de los más grandes Papas modernos), hace mucho que han trocado la política del enfrentamiento abierto por la de la infiltración, con la finalidad de destruir a la iglesia desde dentro, como parte de un proceso evolutivo que desembocara en un estado mundial de colectivismo político-religioso, que estará bajo su control. Ese Estado seria en la práctica ateo, la religión que perdure seria poco más que una forma de sincretismo panteísta. En el capítulo sobre el comunismo se demostró que los marxistas no ocultan sus objetivos ni las tácticas que emplean para alcanzarlos. Tampoco lo hacen las sociedades secretas.

Monseñor Graber documenta la forma en que las sociedades secretas, principalmente los masones (aunque se puede argumentar que los propios masones estuvieron y están manejados por fuerzas mucho más siniestras), fueron las responsables de la Revoluciona Francesa, la cual, más que ningún otro factor, lanzo los conceptos y movimientos que, de triunfar, destruirán la base de nuestra civilización occidental. El Obispo Graber no sostiene que la revolución Francesa estuviera planeada y controlada directamente por los masones, muchos de los cuales permanecieron fieles a la Corona. “La francmasonería no dirige revoluciones: les prepara el camino y las continua” [7]

Es importante destacar el hecho de que, particularmente en Gran Bretaña y Norteamérica, la mayoría de los masones son gente común, obediente a la ley, y con frecuencia religiosa, no más preocupados por la subversión de la sociedad que el católico corriente. Esto es especialmente cierto entre los grados más bajos. León XIII se esparzo en acentuar esto en pro de la justicia cuando escribió en Humanum Genus:

Cuando hemos dicho no ha de entenderse de cada uno de sus afiliados. Puede haberlos, en efecto, y no pocos, que si bien no dejan de tener culpa por haberse comprometido con semejantes sociedades, con todo participan por si mismos de sus crímenes e ignoran sus últimos intentos.[8].

Ninguna revolución es espontanea. “Las precede una etapa subterránea”, en la cual se siembran las semillas de la revuelta, sigue un periodo de “incubación” y luego viene la “erupción”. [9] Monseñor Graber demuestra que desde el Concilio las ideas principales de la revolución se ha propagado abiertamente dentro de la Iglesia:

La libertad para rebelarse contra las estructuras de poder de la Iglesia, la igualdad en la democratización introducida a través del sistema conciliar en las parroquias, y la fraternidad de la sociabilidad horizontal, en la cual el aspecto vertical, Dios y la trascendencia como un todo, quedan fuera de consideración. El grado en que el Vaticano II está asociado con la revolución Francesa es claramente evidente en los comentarios hechos en el 11° Congreso del Partido Comunista italiano en 1964. [10]

Las semillas envenenadas plantadas dentro de la Iglesia por las sociedades secretas “vinieron a la luz primero en el modernismo, que apareció al iniciarse el siglo XX pero que fue inmediatamente puesto fuera de circulación por las enérgicas medidas que adopto San Pio X”[11].
Monseñor Graber se horroriza cuando al analizar los escritos de las sociedades secretas “se ven aparecer en ellos ya a fin de siglo todas las ideas que están proponiendo a prueba la capacidad de ruptura de la Iglesia en el periodo posconciliar” [12],.

El objetivo final de esas sociedades es la integración de todas las fuerzas financieras y sociales bajo un gobierno mundial en el cual “el catolicismo, como todas las religiones, seria consecuentemente absorbido en un sincretismo universal… En sus etapas finales, la sinarquía plenamente llevada a cabo representaría la anti-Iglesia”. Pretender crear “una anti-Iglesia o una “Iglesia Nueva”, mediante el socavamiento y el cambio de la función de la antigua Iglesia, intentándolo no tanto por un ataque desde el exterior como por lo que hoy se denomina en la esfera política la “marcha a través de las instituciones”  [13]. Sus ideas, sin ser específicamente  nombradas, “se difunden en la circulación espiritual de la Iglesia a través del proceso de evolución…” a fin de “privar a la Iglesia de su carácter sobrenatural, amalgamándola con el mundo, en vez de dejar que circulen una al lado del otro como confesiones separadas, y así preparar el camino a una religión mundial estandardizada en un Estado mundial centralizado”[14].

Los masones proclaman bien abiertamente: “El objetivo ya no es destruir a la Iglesia sino más bien utilizarla por medio de la infiltración” [15]. Uno de sus voceros, un ex-canónigo y “apostata de la peor especie” [16], profetizo que el “culto sagrado en la forma ordenada por la liturgia, el ceremonial, el ritual y las disposiciones de la Iglesia Romana pronto sufrirán una transformación en un concilio ecuménico que le restaurara la venerable sencillez de la edad de oro de los Apóstoles, acorde con los dictados de la conciencia y de la civilización moderna” [17]. (La primera de las normas generales propuestas para la reforma litúrgica del Vaticano II fue que: “los ritos deberán caracterizarse por una noble sencillez”).

La absoluta semejanza de esa predicción con la reforma litúrgica posconciliar hizo que la simple conciencia resultase una explicación demasiada ingenua. Cualesquiera que hayan sido sus intenciones, es evidente que si el Arzobispo Bugnini hubiese tratado de destruir la liturgia romana, y de destruir la Misa, no podría haberlo hecho con más eficacia. Resulta obvio que las pruebas contra Bugnini que se le presentaron al Papa deben de haber revestido una evidencia de gravedad excepcional para que este, para consternación de los liberales, no solo lo, separa del cargo de Secretario de la Congragación para el Culto Divino, sino que disolviera esa misma Congragación y la fusionara con la de los sacramentos. Los liberales no ocultaron que consideraron esto como un paso muy retrogrado que podría hacer peligrar el futuro de la reforma de Bugnini [18]. Las sospechas aumentaron cuando se lo envió a Irán como pro-nuncio y no causo gran sorpresa cuando en abril de 1976, un prominente escritor de Italia, Tito Casini, expresara públicamente que: “La reforma fue realizada por ese Bugnini, a quien por fin se ha desenmascarado; es verdaderamente lo que hace tiempo sospechábamos: un francmason” [19].

Ninguna institución es tan hábil para esconder sus secretos como el Vaticano; sin embargo, empezaron a develarse informaciones que relacionaban con la masonería a otros importantes prelados, hasta cardenales. Monseñor Lefebvre comentaba en marzo de 1976: “Ahora, cuando oímos en Roma que el que fue alma y corazón de la reforma litúrgica pertenece a la francmasonería, podemos pensar que no es el único.

El velo que cubrió el mayor engaño que jamás haya mistificado al clero y confundido a los fieles, era sin duda comenzando a rasgarse” [20]. Monseñor Lefebvre nos recuerda que Pio IX ordeno que se publicaran los documentos de la Alta Venta para alertar a la feligresía sobre los planes masónicos de infiltrarse en el Vaticano y destruir la Iglesia desde dentro.

Es bastante interesante que los documentos de la Alta Venta, la más elevada logia de los Carbonarios, sociedad secreta italiana, fueran más tarde publicados en Dublín en 1885 por Monseñor George F. Dillon, como respuesta a la exhortación de león XIII a “arrancarle la máscara a la francmasonería”. Cuando el Papa recibió un ejemplar del libro de Monseñor Dillon quedo tan impresionado que ordeno que se publicara en traducción italiana, costeándola de su propio peculio. Providencialmente, ese libro se halla aun disponible en ingles [21]  y el desenmascaramiento del  arzobispo Bugnini prueba que la advertencia que allí se hace nunca fue más oportuna [22]. El capítulo XVI, fue titulado Permanent Instruction of the Alta Venta, dice lo siguiente: “Nuestro objetivo final es el de Voltaire y el de la Revolución Francesa: la destrucción para siempre del catolicismo e incluso de la idea cristiana, que si se dejara en pie las ruinas de Roma, significaría luego la resurrección del cristianismo”.

Buscan “un papa acorde con nuestros deseos”, no forzosamente uno malo; de hecho, uno bueno les convendría más, sino uno a quien pudiera instrumentar. “El papa, cualquiera que fuese nunca llegara hasta las sociedades secretas. Toca a las sociedades secretas llegar a la iglesia primero, con el propósito de conquistar a ambos.

La tarea que hemos emprendido no es obra de un día, ni de un mes ni de un año. Puede durar muchos años, un siglo tal vez, pero en nuestras filas el soldado muere y la lucha continua”. La hora de la Alta Venta habrá llegado cuando sus agentes por imperio de la circunstancias, hayan invadido todas las funciones. Gobernaran, administraran y juzgaran. Formaran el consejo del Soberano. Se les convocara para elegir al pontífice que debe reinar; y ese pontífice, como la mayoría de sus contemporáneos, estará necesariamente imbuido de los principios italianos humanitarios que estamos a punto de poner en circulación…Dejad que el clero marche tras vuestra bandera creyendo siempre que marcha tras la bandera de las Llaves Apostólicas. ¿Deseáis provocar la desaparición del último vestigio de tiranía y opresión? Echad vuestras redes como Simon Bariona. Tenedlas en el fondo de las sacristías, de los seminarios y de los conventos, antes que en las profundidades del mar y si no os precipitáis, obtendréis una redada de peces más milagrosa que dé el. El pescador de peces se convertirá en pescador de hombres. Os reuniréis como amigos en torno de la Silla Apostolicae.

Habréis pescado una revolución con tiara y capa pluvial que marchara con la Cruz y la bandera, una revolución que solo necesita un pequeño estímulo para incendiar en mundo por los cuatro costados”.

Los que piensen que es imposible tomar en serio este documento debería reflexionar que se publicó por orden del Sumo Pontifica, con la esperanza de impedir la total concreción de los planes de la Alta Venta.

Nótese igualmente que no esperen colocar a uno de los suyos en el trono
Papel, sino asegurarse la elección de una papa idealista, inspirado por ideales humanitarios al cual puedan manipular. El clero no resistiría las ordenes que le llegaran desde el Vaticano, por más penosas que parecieron, porque consideraría que obedeciéndolas marchan “tras la bandera de las Llaves Apostólicas”.

El Arzobispo Bugnini podrá haber estado desterrado en Irán y su Congregación disuelta, pero su nueva Misa permanece.

Las sociedades secretas que planeaban destruir a la Iglesia “reformándola” desde adentro no buscaba solo una nueva Misa, como explica Monseñor Graber. Todo debe ser “nuevo”: habrá una “nueva religión”, un “nuevo dogma”, un “nuevo sacerdocio”, en el cual los nuevos sacerdotes serán llamados “progresistas, se abolirá la sotana y se admitirá el matrimonio [23].

Un llamado al sensualismo debe ser el arma clave: “Formad corazones llenos de vicios y no tendréis más católicos. Hemos emprendido la corrupción a gran escala, la corrupción del pueblo por el clero, y la de clero por nosotros, la corrupción que abre el camino para que clavemos la sepultura de la Iglesia” [24] .

¿Qué alcance tuvo la influencia de las sociedades secretas en el Vaticano II? El obispo Graber cree que fue apreciable, aunque no pueda, por supuesto, prestar pruebas explicitas. Si bien el Concilio, como se verá enseguida, no consiguió por cierto todo lo que algunos masones esperaban, el Obispo Graber puede demostrar que las orientaciones actuales de la Iglesia concuerdan muy estrechamente con las que pretendía la estrategia de las sociedades secretas. Si esas orientaciones continúan desarrollándose sin freno en su dirección actual el resultado final será con toda certeza el mismo objetivo que buscaban las sociedades secretas. Como lo prueba el caso del Arzobispado Bugnini, seria abusar un poco demasiado de la conciencia, sostener que la similitud de lo que está sucediendo en la actualidad con los fines buscados por las sociedades secretas es mera casualidad. Y a los que no dan crédito a las palabras de Monseñor Graber, de que tales eran sus intenciones, les convendría leer Humanum Genus. De lo que Monseñor Graber proporciona pruebas es de la satisfacción expresada por algunas ramas de la masonería ante el estado de la Iglesia después del Concilio. Un artículo de L’Humanisme, periódico del Gran Oriente francés, lo declaraba bien abiertamente en 1968 [25].

Ninguna prueba por si sola puede resultar decisiva en un caso como el que cita Monseñor Graber. La fuerza en este caso proviene del efecto acumulado de sus pruebas, y los pocos ejemplos que citamos aquí solo lo insinúan. En merito a la objetividad tienen importancia aclarar que  algunos prominentes masones consideran que los documentos conciliares están muy lejos de ser totalmente satisfactorios. El beneplácito de la Masonería del Gran Oriente por el estado de la Iglesia después del Concilio ha sido mencionado con anterioridad. No, obstante, Jacques Mitterrand, antiguo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, encuentra mucho que le disgusta en los documentos definitivos. Tiene algunas expresiones favorables hacia las actitudes progresistas de Juan XXIII y Pablo Vi, en confortante contraste con la posición “reaccionaria” de Pio XII [26].

Pero deja bien en claro que consideraba al Cardenal Ottaviani como el supervillano del Vaticano de hoy, de modo que, como lo hemos demostrado, ese magnífico Cardenal ha sido escogido como blanco de censuras especiales y con frecuencia malignas por los católicos progresistas, los protestantes, los comunistas y los francmasones. No podía tributársele mayor honor a su ortodoxia, ya que el odio del mundo es considerado en el Evangelio como la señal del verdadero cristiano.

Se torna necesario una vez más hacer una distinción, y en rigor de verdad debemos subrayar el hecho de que existe un conflicto permanente y a menudo áspero entre las diferentes sociedades masónicas, particularmente entre la variedad del Gran Oriente (virulentamente antirreligiosa, a la que pertenece Miterrand), y la rama de la Gran Logia, de orientación religiosa, que se halla en Inglaterra con ramificaciones en todo el mundo. Existen, sin embargo, ramas “cismáticas” de L Gran Logia que mucho simpatizan con el estilo de Masonería del Gran Oriente. Quizá la forma más clara de ilustrar la naturaleza de la masonería es compararla con la variedad de sectas protestantes que, a pesar de no estar unidas entre sí, son tasas incompatibles con el catolicismo.

Como sería tonto ignorar la posibilidad de que esas sociedades hayan ejercido una influencia durante el Concilio, sería igualmente necio exagerar su alcance. Algunos católicos son demasiado proclives a atribuir todos los males de la iglesia a los conspiradores que se han infiltrado en sus filas, a veces marxistas, a veces judíos, otras veces masones y a veces una combinación de los tres. El gran peligro aquí reside en empezar con una teoría y luego hallar hechos que la prueben, mientras se aprecian las evidencias que señalan en otra dirección. San Pio X nos advirtió que la Iglesia esta atacada por enemigos internos decididos a destruirla desde adentro, pero seriamos necios suponiendo que la mayoría o siquiera muchos de los prominentes progresistas conspiran deliberadamente para destruir. Por cierto si así fuera, difícilmente darían tal espectáculo de si mismos. Atacando públicamente, a cada momento, la enseñanza doctrinal y moral católica. Los conspiradores no operan de ese modo, como el caso del Arzobispo Bugnini lo demuestra. M propia experiencia con los prominentes católicos progresista de Inglaterra me ha convencido de que la mayoría de ellos no son siniestros sino tontos, no son hombres inteligentes y astutos que cumplen un plan preconcebido para destruir a la iglesia, sino individuos verdaderamente patéticos, hombres de inteligencia superficial y de débil personalidad, cuya sola ambición es aparecer a tono con el pensamiento moderno.

Si se admite que existe una conspiración organizada dentro de la Iglesia y contra ella, nada ayudaría más a sus objetivos que la actividad de los que interpretan todo suceso a la luz de una obsesiva teoría conspirativa, creando, por lo tanto, un clima en el que un anuncio importante puede quedar ridiculizado simplemente por afirmar la existencia de una conspiración. El valor del libro de Monseñor Graber reside en que no exagera su caso y merece ser estudiado por todo católico preocupado por la descomposición de la Iglesia, leyéndolo juntamente con Humanum Genus Pascendi. Pablo VI nos asegura que la presente destrucción de la iglesia es una autodestrucción; San Pio X advirtió que esa era la intensión de los modernistas, cuyos objetivos y creencias se aproximan tanto a lo que Monseñor Graber demostró que era la estrategia de las sociedades secretas. Como San Pio X escribe, esos hombres son:

Enemigos de la iglesia y no se apartara de lo verdadero quien dijera que esta no los ha tenido peores. Porque en efecto, no desde fuera sino desde dentro: en nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la iglesia. Añádase que han aplicándola segur, no a las ramas, ni tampoco a los débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, pasan a hacer circular el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper 27.

El estado al que han reducido la liturgia romana, la gloria más grande de la Iglesia y de la civilización occidental, brinda un testimonio desgarrador de la eficacia con que estos enemigos perniciosos realizan su tarea. El 8 de octubre de 1976, el periódico Le Figuro publico informe en el que se afirma que el Arzobispo Bugnni niega haber tenido alguna vez contactos con la Masonerías, y por justicia hacia el Arzobispo que tener en cuenta esta desmentida cuando se analiza la afirmación de que fue masón, según lo señalado en este escrito.

En complemento de la publica acusación hecha por Tito Casini en abril de 1976 en un libro vendido en las librerías católicas de toda Italia ( véase nota 26), desmentida solo seis meses después en octubre, he hecho mi propia investigación, y puedo garantizar personalmente la autenticidad de los siguientes hechos. Un sacerdote entrego en las manos del Papa mismo unos documentos que afirmo probaban la evidencia de que Monseñor Bugnini era masón, que si no se tomaba una  drástica medida se vería obligado en conciencia a hacer públicos los hechos. Luego vino la serie de hechos descritos anteriormente en el presente artículo.

Puede establecer contacto directo con el sacerdote en cuestión, a través de un amigo común, otro sacerdote, hombre de suma integridad y sobresaliente erudito. Le pregunte si sería posible publicar detalles de las pruebas. El sacerdote que las había presentado al Papa, respondió:

“Per quello che mi chiede, sono spiacente di non poter farenulla. IIsegreto che debe circondare quella denuncia (per la quale Mons. Bugnini dovette andarsene!) e “top secret” e tale debe restere. Per moite ragioni. Vi basta il “fatto” che il suddetto Monsignore fu súbito mandato via del suo ufficio. Sinifica che gli “argomenti” furono piu che probanti!”.

No veo aun la alternativa de otra explicación coherente, ni siquiera convincente, para la abrupta, inesperada y sin precedente dimisión y eventual destierro de un prelado en una posición de tanto poder e influencia.

 Sin embargo, deseo recalcar que el juicio contra la reforma litúrgica que emitió enPope John’s Council no está basado en absoluto sobre el hecho de que Monseñor Bugnini sea masón o ni siquiera en que exista una conspiración masónica. Se basa únicamente en la reforma misma y en sus frutos. La naturaleza de esta reforma fue perfectamente resumida por nada menos que el profesor Dietrich von Hildebrand en su libro The Devastated Vineyard (p. 71), donde afirma que si a un diablo del infierno “se le hubiere encomendado la ruina de la liturgia, no hubiera podido hacerlo mejor”.

Condensado del capítulo XII del libro de Michael Davies EL CONCILIO DEL PAPA JUAN

Revista "Roma" N° 79, Pg. 40

ÍNDICE DEL N° 79

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[1]    Pascendi, Burns and Oates, pp. 3-4. Esta encíclica fue publicada integra en ROMA n° 20. 
[2]   Ibid; p. 31.
[3]   Ibid; p. 51.
[4]   Atanasio y la Iglesia de nuestro tiempo (AIT). Publicado en ROMA n° 48, en sus partes esenciales. el autor sigue la edición inglesa.
[5]  Op. Cit. En nota 1, pp. 54-55.
[6] Citado en L. de Poncins, Freemansonry and the Vatican p. 17.
[7]  AIT; p. 31.
[8]  The Knightship of Christ and Organized Naturalism, del Padre o. Fahey, Nota 9, pag. 62.
[9] 9. AIT, p. 32.
[10] AIT, P. 31.
[11] AIT, P. 32.
[12] Ibid.
[13] AIT, p. 33.
[14] AIT, pp.33 y 37.
.[15] AIT, p. 39.
[16] AIT, p. 34.
[17] AIT, p. 35.
[18]   The Tablet, 30 de agosto de 1975, p. 828.
[19]  Nel Fuma de Satana (Florencia, 1976), p. 150. “…a conclusione de una Riforma-condotta da Bugnini che si e infine scoperto per cio che si sospettava: massone”.
[20] Letter to Friends and Benefactors, n° 10.
[21] Existe una edición Argentina: Monseñor George F. Dillon: El Gran Oriente de la Masoneria sin mascara, Edit. Chaco, 1977, 192 pp. (N. del E).
[22] Gran Orient Freemasonry Unmasked (Londres, 1965). (Ver lista de publicaciones. 23. AIT. P. 36.
[23] AIT. P. 36.
[24] AIT, p. 70.
[25] AIT, p. 40.
[26]J.Mitterrand, La Politique des Fracs-Macons (Paris, 1973), p. 167. No es la misma persona que el presidente actual de la República francesa, si bien este último representa la quintaescencia de la masonería.
[27]  Pascendi, pp. 4-5.