CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N°25 - Julio de 1972
ANTE DIOS, DE RODILLAS

Monseñor Moisés Carmona Rivera


Durante muchos siglos, y siguiendo una costumbre inmemorial, los cristianos de todos los lugares y de todos los tiempos hemos manifestado nuestra fe en la presencia real de Jesucristo, en la Sagrada Eucaristía, arrodillándonos cuando pasamos en frente y cuando estamos ante la Hostia Consagrada, solemnemente expuesta, o reservada en el Sagrario, ni qué decir cuando nos acercamos a comulgar.

Pero después que terminó el Concilio Vaticano II hemos visto asombrados que algunos sacerdotes comenzaron a dar la comunión de pie y a introducir novedades en los actos litúrgicos no obstante que el artículo 23 de la Constitución dice: “No se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia.” Según esto, ¿podrá justificarse el comulgar de pie?

Nosotros, los católicos, no podemos ni debemos renunciar a nuestra costumbre de recibir de rodillas a Nuestro Señor Jesucristo y no podemos ni debemos hacerlo:

1”) Porque una costumbre tan universal e inmemorial, en el lenguaje del Derecho Canónico, es un derecho particular establecido por el uso y que tiene fuerza de ley.

2°) Porque la costumbre de arrodillarnos ante Dios está profundamente enraizada en los mismos textos de la Sagrada Escritura:

Porque doblarase ante Mí toda rodilla y jurarán todas las lenguas.” (Is. 45, 23).

Porque escrito está: «Vivo Yo, dice el Señor, que a Mí se doblará toda rodilla.»” (Rom. 14, 11).

Ante el solo nombre de Jesús debe doblarse la rodilla: “Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó un nombre para que al nombre de Jesús doble la rodilla todo cuanto hay en los cielos, en la tierra y en las regiones subterráneas.” (Fil. 2, 9, 10).

Los que se acercan a Cristo para pedirle una gracia, lo hacen de rodillas. “Al llegar ellos a la muchedumbre, se le acerca un hombre y, doblando la rodilla, le dijo...” (Mt. 17, 14).

“Viene a El un leproso que, suplicante y de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes curarme.»” (Me. 1, 40).

Los apóstoles se arrodillan: San Esteban se arrodilla para orar por sus verdugos (Hechos 7, 59).

San Pedro se arrodilla para alcanzar la resurrección de Tabita (Hechos 9, 40).

San Pablo se arrodilla para orar por los de Efeso (Hechos 20, 36).

3º) No debemos renunciar a nuestra costumbre de comulgar de rodillas, porque, como dice Santo Tomás de Aquino, la sustitución de una costumbre por otra sólo podría justificarse en caso de una excelencia superior, tan grande que compense también el mal que hay en toda mudanza (1, 2, Q 97, a 2).

Ahora bien, el nuevo modo de comulgar, el comulgar de pie, ¿es acaso mejor que hacerlo de rodillas? La actitud de pie es la actitud del soberbio fariseo que se siente igual a Dios y que nada le pide porque de El no necesita; la actitud de rodillas es la actitud del publicano que se siente pecador y por eso golpeándose el pecho le pide que le perdone.

Es, por lo tanto, muy claro que el nuevo modo de comulgar introducido por los progresistas no ofrece la excelencia que exige su introducción ni se apoya en textos de la Sagrada Escritura.

La única razón que alegan para justificarse es que los judíos comían de pie el cordero pascual, que era figura de nuestra pascua. A lo que nosotros podemos replicar: “Pero nosotros ni somos judíos ni lo que comemos es figura, sino que es Nuestro Señor Jesucristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

Por eso, porque creemos con toda firmeza que Jesucristo está realmente presente en la Sagrada Eucaristía, nos arrodillamos cuando comulgamos, y nos arrodillamos porque la postura de rodillas es la más apta para expresar nuestra infinita insignificancia, nuestra nada ante quien es el único verdaderamente grande y ante el cual los grandes de la tierra no significan ni valen nada.

Revista "Roma" N° 25, Pg. 43

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