CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 118 - Pascua de 1991
EL BAUTISMO

Abbé F. Egréyi


EL BAUTISMO EN SI MISMO

Vamos a estudiar ahora, cada sacramento en particular. Comenzaremos por el bautismo. Hay tres clases de bautismo:

El bautismo de deseo, que consiste en el deseo de recibir el sacramento del bautismo. El deseo implícito que se encuentra en toda contrición perfecta, es suficiente. Es seguro que el deseo de recibir el bautismo unido a la contrición perfecta, justifica. “Si alguien me ama, dice Nuestro Señor, él será amado por mi Padre”. Pero esta clase de bautismo, por lo general no levanta toda la pena debida al pecado y no imprime carácter. El simple deseo del bautismo sin la contrición perfecta, no es suficiente para ser justificado. Evidentemente, los párvulos no son capaces del bautismo de deseo.

El bautismo de sangre o el martirio, si reúne las condiciones necesarias, produce los mismos efectos que el sacramento del bautismo, salvo que no imprime carácter. Ni el bautismo de deseo ni el bautismo de sangre imprimen carácter, ni dispensan de recibir el sacramento, de seresto posible. Ahora bien, las condiciones necesarias para que haya verdadero martirio, son: soportar con paciencia la muerte o males de naturaleza tal que produzcan la muerte, y esto, por una causa santa, por ejemplo, para defender la fe, alguna virtud, o según la opinión más probable, por ejercer la caridad, por ejemplo en tiempos de peste. Se tiene que aceptar la muerte voluntariamente, por lo tanto, sin defenderse. Finalmente, tener la disposición necesaria para recibir la gracia.

Por último, está el bautismo de agua, que es un verdadero sacramento; esto es de fe. Se lo define como el sacramento de la regeneración por el agua y por la palabra. Nacemos de Adán, criaturas de cólera y por el bautismo, nacemos en Jesucristo, criaturas de misericordia.

Materia del bautismo. La materia remota, válida, es el agua natural. Esto es artículo de fe. “Si alguno dijere que el agua verdadera y natural no es necesaria en el bautismo y, por lo tanto, desviare a una especie de metáfora las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: Sí alguno no renaciere del agua y del Espíritu Santo, sea anatema”, dice el concilio de Trento.

Fuera de los casos de necesidad, la materia lícita, es solamente el agua bautismal (es decir el agua bendecida y consagrada con el santo crisma y el óleo de los catecúmenos en la vigilia pascual u en la visperia uc rciiiccuMcs/, raía ci naunsmu solemne no puede emplearse la simple agua bendita, y esto, bajo pena de pecado grave.

La materia próxima, es la ablución, que supone varias gotas que corran, sin lo cual no se lavaría, y es necesaria la aplicación sucesiva del sujeto a la materia, o de la materia al sujeto, para que verdaderamente exista la acción de lavar. La ablución debe ser hecha por el ministro mismo, sobre la cabeza, o sobre la frente, y esto inmediatamente; si, en caso de necesidad, no pudiera hacerse sobre la cabeza, podrá hacerse, bajo condición, sobre cualquier otro miembro y aún sobre los cabellos, y más tarde, se la repite sobre la frente bajo condición. Mientras se vierte el agua con la mano derecha, es prudente lavar con la mano izquierda la frente de la criatura que se bautiza, para estar más seguro de que el agua la alcanza directamente. Cuando la criatura viene al mundo en su envoltura, si se teme que muera al quitársela, debe hacerse primero la ablución bajo condición sobre la envoltura, y después repetirla sobre la cabeza.

Es seguro, y además es artículo de fe, que la ablución es válida de tres formas, por inmersión, como se hacía en los primeros siglos; por aspersión, como lo hacía san Francisco Javier en la India; por infusión, como lo hacemos hoy. El ritual romano prescribe una triple infusión, y esto bajo pena grave.

La forma del bautismo, son las palabras: “X, ego te baptizo, in nome Patris et Filii et Spiritus Sancti”. Desde el concilio de Trento, esto es artículo de fe. En esta forma, todas las palabras son esenciales, excepto la palabra ego y el primer et. La forma es válida en cualquier lengua y es aún mejor que la gente del mundo bautice en su lengua materna. Por eso, doy aquí la forma en español: “X, yo,te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Entre los Orientales, la forma utilizada es: “Bautizetur servus (serva) Christi in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti”. Es decir: “Que el siervo (la sierva) de Cristo sea bautizado(a) en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Institución divina. Es seguro que fue directamente Nuestro Señor quien instituyó el bautismo; y, según la enseñanza más generalizada, lo hizo al recibir El mismo el bautismo de manos de Juan, pues a partir de entonces, los apóstoles empezaron a bautizar. El bautismo se hizo necesario, cuando Nuestro Señor dijo: “Id y enseñad a todas las nanciones bautizándolas, etc...”

El bautismo se hizo obligatorio para los judíos, al menos para los que habitaban la Palestina, a partir de Pentecostés, y para los gentiles, después de la revelación hecha a san Pedro, llamándolos a la fe. Después de la promulgación del Evangelio entre los judíos y entre los gentiles, la circuncisión y los medios que tenían los infieles para obtener el perdón del pecado original, quedaron sin efecto. De todas formas, hay quienes piensan que las naciones a las que aún no se les ha anunciado el Evangelio (por ejemplo en el Tibet, en Arabia, o en Amazonas) están, aún hoy, para la salvación de adultos y de párvulos, en las mismas condiciones que los infieles antes de la venida de Nuestro Señor.

Efectos del Bautismo. El bautismo borra todos los pecados y todas las penas debidas al pecado; da la gracia santificante e imprime en el alma carácter. Esto es artículo de fe, en oposición a lo sostenido por los protestantes. El decreto del concilio de Florencia, a los Armenios, dice; “El efecto de este sacramento, es la remisión de toda falta original y actual y de toda pena debida por la falta”. Y el concilio de Tiento formuló este anatema: “Si alguno dice que por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo que se confiere en el bautismo, no se remite el reato del pecado original, sea anatema”.

Por el bautismo, como dice también el decreto para los Armenios, nos convertimos en miembros de Jesucristo y somos incorporados a la Iglesia. Además nos capacita para recibir los otros sacramentos. El bautismo tiene hasta la virtud de libramos de las penalidades de esta vida, como por ejemplo, las enfermedades, pero no obtiene ese resultado en este mundo para que seamos conformes a Jesucristo. “Si sufrimos con El, es para ser glorificados con El”, dice san Pablo; pero el bautismo obtendrá todos estos felices efectos en la resurrección general.

EL MINISTRO

El ministro extraordinario. “En casos de necesidad, dice el decreto para los Armenios, no solamente el sacerdote o un diácono, sino aún un laico o una mujer, y hasta un pagano o un hereje pueden bautizar”.

En los países de misión, donde son pocos los sacerdotes, y deben ejercer su ministerio en localidades distantes unas de otras, la Santa Sede aprueba plenamente la costumbre de hacer administrar el bautismo a los catequistas u otros laicos aprobados, en ausencia del sacerdote, aún a los párvulos con buena salud.

Nadie puede bautizarse a sí mismo. Quienquiera que descuide bautizar en caso de necesidad, peca mortalmente. Los signos que señalan que un recién nacido está en peligro de muerte, son los siguientes: si nace sin exhalar gritos ni verter lágrimas, si respira débilmente, si tiene la cabeza fláccida y la cara lívida, si viene al mundo después de grandes esfuerzos de las parteras o de los médicos, o antes del séptimo mes.

Dado que en ciertos casos, cualquiera puede verse obligado a administrar el bautismo, todos deben conocer la materia y la forma del mismo.

El ministro ordinario del bautismo es solamente el sacerdote.

Momento del bautismo. A los párvulos debe administrárseles el bautismo lo antes posible y según una decisión del Santo Oficio, no puede ser diferido más allá de los tres días. Sin embargo, una postergación de once días no es grave, a menos que haya peligro de muerte. Una demora de más de doce días parece grave a muchos teólogos, pero otros extienden más ese límite. Para que la falta sea grave, habría que retardar el bautismo un mes sin razón, o dos meses con alguna razón. Sería también falta grave, el rehusar o retardar mucho tiempo sin razón el bautismo a un adulto que lo pida, y sobre todo si estuviera en peligro de muerte.

Ceremonias del Bautismo. Fuera de los casos de necesidad,e falta grave omitirlas. Si se han omitido, se las debe suplir, bajo pena al menos de falta leve. Cuando el sacerdote reitera el bautismo bajo condición, está obligado a suplir las ceremonias omitidas en el primer bautismo.

Es falta grave no utilizar el agua bautismal. Las unciones con el santo crisma y el óleo de los catecúmenos también son obligatorias bajo pena de falta grave. No está permitido dar al párvulo un nombre mitológico o ridículo y menos aún, un nombre obsceno. Si se impusiera tal nombre, el sacerdote debe dar otro en voz baja. Los padres deben imponer a sus hijos nombres cristianos.

Los padrinos son como padres espirituales que, al salir de las fuentes sagradas, reciben al bautizado para cuidar de él.

Para la licitud del padrinazgo, es necesario: que el padrino o la madrina hayan alcanzado la edad de catorce años, a menos que por justas razones el ministro juzgue distinto; que por un delito eclesiástico notorio, no esté excomulgado, excluido de algún acto legítimo, infame de derecho (declarado o no como tal), incapacitado, pecador público (como por ejemplo, los divorciados vueltos a casar), o infame de hecho; que esté instruido en las verdades elementales de la fe; que no sea novicio o profeso en alguna orden religiosa, a no ser por una necesidad urgente y con el expreso permiso de por lo menos el superior local; que no esté bajo las órdenes sagradas, a menos de un permiso expreso de su obispo.

El parentesco espiritual se contrae solamente entre el ministro y el bautizado y entre el padrino y el bautizado. En virtud de la carga aceptada, los padrinos están obligados a preocuparse por su hijo espiritual, sobre todo en lo que se refiere a la vida cristiana que en la solemnidad del bautismo ha prometido llevar. Esta obligación es perpetua.

Para la validez del padrinazgo, es necesario: que el padrino sea bautizado, que tenga uso de razón y la intención de aceptar esta carga; que no pertenezca a ninguna secta acatólica, que no sea ni excomulgado, ni infame de derecho o excluido de actos legítimos como consecuencia de una condena o declaración judicial eclesiástica, y que no sea un clérigo casado o degradado; que no sea ni padre ni madre ni cónyuge del que debe ser bautizado, que sea designado por el sujeto del bautismo o por sus padres o tutores, o, en su defecto, por el ministro, que sostenga o toque al sujeto o que lo alce enseguida, es decir, que lo reciba de las fuentes sagradas o de manos del ministro. El contacto debe ser físico y debe hacerse durante el acto del bautismo.

A un católico le está absolutamente prohibido ser padrino de un párvulo bautizado por un hereje. En efecto, el padrino debería pedir al ministro el bautismo para el párvulo, y el ministro no puede administrarlo sin pecar (porque es hereje); por lo tanto, no está permitido pedírselo.

EL SUJETO

¿Quién es el sujeto del bautismo? Todo hombre viador (que viaja acá abajo sobre la tierra) sea adulto o párvulo es sujeto del bautismo. Esto es artículo de fe, según el concilio de Trento. Más aún, el bautismo realmente recibido, o al menos de deseo es necesario a todos con necesidad de medio.

En el orden sobrenatural, hay dos necesidades de medio: una, privilegiada existe cuando se trata de un medio necesario establecido por Dios para llegar al cielo pero que puede ser reemplazado por otro medio; es así que el bautismo de agua puede ser reemplazado por el bautismo de deseo; la otra necesidad, absoluta es tal que nada puede reemplazar ese medio, y Dios no lo dispensa jamás, aunqueEl puede hacerlo, tal es la necesidad de la fe y de la gracia.

El bautismo de agua es pues necesario de necesidad de medio privilegiado y el bautismo de deseo con la contricción perfecta es necesario con necesidad de medio  absoluto, cuando no se puede recibir el bautismo de agua. En efecto, el concilio de Trento dice: “El paso al estado de gracia no puede hacerse sin el baño de la regeneración o sin el voto de recibirlo, porque está escrito: Quien no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios”.

En materia de bautismo, el derecho canónico considera párvulos a aquéllos que no tienen uso de razón y pone en esta categoría a los que son alienados mentales desde su infancia, cualquiera sea su edad. Se consideran adultos todos aquéllos que tienen uso de razón; esto basta para que cualquiera, en esas condiciones por voluntad propia pueda pedir el bautismo y sea admitido.

De lo que acabo de decir, se deduce que para los adultos el bautismo es de precepto. De todas formas para los adultos no hay un límite fijo más allá del cual una demora se convierta en pecado mortal. Para apreciar la gravedad de esta negligencia, es necesario ver cuál es el motivo de la misma. Hay pecado mortal si la causa de la demora es el desprecio o algo parecido, por ejemplo, si se lo difiere para llevar una vida más libre y para sustraerse así a los deberes de la ley cristiana, de otro modo, no. Es obligación grave de los padres hacer bautizar a sus hijos y no retardar mucho tiempo el hacerlo. “Si alguno dijere que más vale omitir el bautismo de los párvulos, que no bautizarlos en la sola fe de la Iglesia, sin creer en acto propio, sea anatema”, dice el concilio de Trento.

El canon 747 del Código de Derecho Canónico prescribe que se bauticen todos los embriones que nacen antes de término, aún cuando hayan pasado pocos días después de la concepción. Si es seguro que tienen vida, hay que hacerlo absolutamente; si la vida es dudosa, se hace bajo condición. De todas formas, no hay que confundir esos embriones con una masa sólida de carne y de sangre a las que no se les puede aplicar razonablemente el agua regeneradora. Esos embriones se distinguen porque están encerrados dentro de una envoltura del color de los intestinos, que es blanda al tacto. Por supuesto que, en la duda de si se tiene en frente un embrión o una masa de carne, hay que tomar el partido más seguro y hacer como si fuera un embrión. Con cuidado, usando agua tibia si es posible, o si no con agua fría, bautizarlos bajo condición, sobre la envoltura; enseguida se la abre con precaución, dentro de lo posible en un plato lleno de agua tibia para que el aire no mate al embrión se deja que el líquido que encierra se derrame para que ei agua del bautismo pueda alcanzar inmediatamente al embrión que se bautiza por segunda vez, -bajo condición, sumergiéndolo en el agua tibia y retirándolo, para que haya ablución. Esos embriones o abortos naturales, después de haber sido arrojados del seno materno, pueden vivir varios días, y no hay otro signo cierto de su muerte que la putrefacción aparente; es una obligación grave de los sacerdotes, el advertir su deber sobre este punto, a los médicos, a las parteras y a las madres. Ustedes me perdonarán por haber entrado en estos detalles, pero tienen su importancia.

No está permitido bautizar a un niño dentro del seno materno mientras haya esperanzas fundadas de poder bautizarlo de otra forma. Si antes del nacimiento, el niño está en peligro inminente de muerte, hay que bautizarlo sobre la cabeza, apenas aparezca, y, en ese caso, no hay que hacer nada más después del nacimiento; si, en esa situación, aparece antes que la cabeza, otro miembro, se bautiza sobre ese miembro, pero bajo condición y después del feliz nacimiento, hay que reiterar el bautismo bajo condición. Un niño bautizado dentro del seno materno en todos los casos debe ser rebautizado si después vive.

Los monstruos deben ser bautizados al menos bajo condición. En la duda de si no hay más que un hombre o varios, uno será bautizado absolutamente y los otros bajo condición.

Por regla general, no deben rebautizarse los niños bautizados por las parteras, a menos que haya sospecha fundada de la invalidez del bautismo.

Que nadie bautice a un adulto sin que éste se dé cuenta o contra su voluntad o antes de que sea suficientemente iqstruido; es necesario advertirle que se arrepienta de sus pecados. De todas formas, en peligro de muerte, es suficiente que el sujeto muestre de alguna forma su asentimiento a los misterios de la fe y que prometa seriamente observar los preceptos de la religión cristiana. Si no le es posible pedir el bautismo, pero ha mostrado anteriormente o muestra en ese momento de manera probable su intención de ser bautizado, se lo bautizará bajo condición; si después recobra la salud y el bautismo es dudoso, se le reitera bajo condición. Si no se oponen razones graves y de peso, después de su bautismo un adulto asistirá a la santa misa y comulgará.

Dentro de la probabilidad de que un niño de padres infieles, herejes, cismáticos o apóstatas, muera antes de haber alcanzado el uso de razón, se lo puede bautizar, aún en contra de la voluntad de sus padres. Fuera de peligro de muerte también se lo puede bautizar si por lo menos uno de sus padres o tutores consienten, o, si no hay padres, es decir, ni padre, ni madre, ni abuelo, ni abuela, ni tutor o si estos han perdido sus derechos o no pueden ejercerlos, siempre que en todos los casos, la educación católica sea salvaguardada, es decir, por lo menos prometida. Los sacerdotes deben ocuparse de sustraer a los niños así bautizados a la educación no católica.

Siempre está permitido bautizar a los dementes, pero solamente a aquéllos que nunca han tenido el uso de la razón. Se los bautiza como a los párvulos. Si tienen intervalos de lucidez, se los puede bautizar mientras gozan de razón. Se los bautizará también en peligro de muerte si, estando lúcidos, han manifestado el deseo de ser bautizados Agrego que no es necesario rebautizar a los herejes si se puede estar seguro de la validez de su bautismo. Pero ordinariamente esto es muy difícil de saber.

¿Cuáles son las disposiciones necesarias del sujeto? A los párvulos y a los dementes, no se les exige nada. En los que tienen uso de razón: la intención al menos habitual de recibir el bautismo es requerida para la validez.

Para la licitud, es requerida la fe: y un adulto, antes de su bautismo, debe creer explícitamente las verdades necesarias de necesidad de medio, e implícitamente, las verdades necesarias de necesidad de precepto. Tiene que creer explícitamente en Nuestro Señor Jesucristo. Entonces, si los infieles están enfermos, pero sin haber perdido el conocimiento, no será permitido, por miedo de que no escuchen hablar con placer de nuestros misterios, no decirles nada sobre ellos, y contentarse con hablarles de arrepentimiento y de confianza; si no comprenden o no creen nuestros misterios más que de una manera dudosa, a la hora de la muerte hay que bautizarlos absolutamente, si su intención de recibir el bautismo es cierta, pues esa intención basta para la validez; si la intención es dudosa, hay que bautizarlos bajo condición. En cuanto a aquéllos que están sanos, un sacerdote tiene la obligación de exigirles todos los preceptos de la ley divina positiva. Se les debe explicar el misterio de la Eucaristía. El adulto debe tener también esperanza y un principio de amor de Dios, si no tiene pecados actuales; y si los tiene, sobre todo graves, debe además tener atrición, es decir, contrición imperfecta de sus pecados.

Abbé F. EGRÉGYI
Cahier Notre Dame du Tres Saint Rosaire nº 3,
Diciembre de 1988
R.P. 1148 - B-1000 Bruxelles - Bélgica

Revista "Roma" N° 118, Pascua de 1991 Pg. 41

---------------------------------------

ÍNDICE DEL N° 118