CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 10 - Julio de 1969
LITUANIA, CATÓLICA
Pbro. Luis Ruiz Galeana


La situación de los católicos lituanos de ese momento (1969), podríamos compararla con los católicos chinos de hoy, con la diferencia de que entonces pertenecían a la verdadera Iglesia. En la actualidad, los católicos chinos están unidos a la Roma apóstata, pero ¿están en condiciones de darse cuenta de esa apostasía? Roguemos por ellos, que abran los ojos y Nuestro Señor dé fuerzas a los que se resisten a que su Iglesia sea regida por los comunistas ahora que Francisco los arroja en sus brazos.


Aprovechando un breve viaje a Roma, hemos querido entrevistar a Monseñor Ladislao Tulaba, Rector del Pontificio Colegio Lituano de San Casimiro, para que nos explique cuál es la situación de la Iglesia en su país mártir.

—Monseñor, ¿cuándo salió usted de Lituania y en qué circunstancias?

—Dejé Lituania no por mi voluntad, sino obligado por los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, y fue a finales de 1944. Por orden de las autoridades militares fui enviado a Alemania, junto con dos obispos lituanos. Nuestro destino era Ratisbona, donde fuimos hospedados en el Convento de San José, de los Padres Carmelitas Descalzos.

—¿Podría usted hacerme una breve historia religiosa de Lituania, desde su conversión al Cristianismo hasta la recuperación de su independencia en 1918?

—El Catolicismo comenzó a penetrar en Lituania sólo en el siglo XIII, bajo el rey Mindaugas. Pero su muerte violenta retrasó la difusión en el País de la fe católica. Unicamente en el siglo XV, por obra del Gran Duque Vitoldo y del rey de Polonia, Jogaila —que era primo de Vitoldo—, se hizo por entero católica.

Lituania y su pueblo han tenido que luchar mucho para conservar la fe católica, primero ante el avance del protestantismo invasor de Alemania, después ante el paneslavismo, cuando Lituania fue sometida por los Zares de Rusia al comienzo del siglo XVIII. La presión de la Iglesia ortodoxa era tremenda, comparable con la ejercida actualmente por el comunismo soviético. Pero el pueblo fiel fue capaz, a precio de sangre y de grandes sacrificios, de mantener la fe católica y romana intacta. Por fin, en 1918, como consecuencia de la descomposición del Imperio ruso, perdida la guerra, Lituania pudo reconquistar la independencia nacional.

-Desde 1918 hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. ¿cuál fue la evolución de la situación religiosa?

Durante el período de independencia, la Iglesia en Lituania rrealizó grandes progresos en cuanto a la organización, a las distintas actividades católicas y, sobre todo, a la preparación de cuadros de seglares intelectuales. Baste decir que, en 1920, en la Universidad de Kaunas, la gran mayoría de los profesores eran ateos (a causa de su educación en varias Universidades de la Rusia zarista, en las que entonces dominaba el ateísmo y el nihilismo), en 1940 en las dos Universidades de Vilna y de Kaunas, los profesores, en gran mayoría, eran católicos practicantes.

—Al comenzar dicha Segunda Guerra, ¿cuál era la situación de la Iglesia?

—Al empezar la Segunda Guerra Mundial las condiciones y el estado de la Iglesia católica en Lituania eran excelentes. Para una población de cerca de dos millones setecientos mil católicos, existían: 6 diócesis, 12 obispos, 1.500 sacerdotes, 4 seminarios mayores, 605 seminaristas; 36 casas religiosas masculinas, 82 femeninas ; 643 religiosos y 943 religiosas; Facultad teológica en Kaunas, Academia Católica de Ciencias, numerosas escuelas católicas superiores y medias; muchos y florecientes institutos de cultura y de caridad religiosos.

—Durante la ocupación alemana, ¿hubo dificultades para la labor de la Iglesia?

—Durante la ocupación alemana, de 1941 a 1944, la Iglesia tuvo dificultades, pero se debían más bien a las privaciones de la guerra, y no tanto a postura adversa por parte de las autoridades gubernativas alemanas. Con ello no quiero decir que los nazis fuesen favorables a la Iglesia en Lituania: no tuvieron ni tiempo ni posibilidad de enfrentarse con la Iglesia, preocupados como estaban por la marcha de la guerra.

—¿De qué modo han efectuado los soviéticos la persecución religiosa?, ¿ha habido etapas en ella?

—Los soviéticos han declarado desde el principio de su invasión, en 1940, la guerra total a la Iglesia en Lituania. Todos los bienes eclesiásticos fueron incautados inmediatamente; se impidió toda la actividad cultural de la Iglesia y de los católicos; los jefes; las más influyentes personalidades del mundo católico seglar, fueron arrestados, muertos o deportados; los sacerdotes, en su gran mayoría, detenidos, interrogados y torturados para obligarles a que aceptasen convertirse en agentes del régimen, y luego dejados en libertad y obligados al silencio. Durante el primer período de ocupación soviética (1940-1941), fueron detenidos, torturados, muertos o deportados más de 40.000 lituanos: en gran parte, intelectuales católicos.

Durante la segunda ocupación, que desde 1945 dura hasta hoy, los soviéticos están completando la obra demoledora de la Iglesia en Lituania. En esta ocupación se distinguen dos períodos: uno desde 1945 hasta 1954; el otro desde 1955 hasta el presente.

En el primer período se usaba la violencia: la más despiadada y cruel contra la Iglesia y contra el pueblo lituano. Más de la mitad del clero y cerca de una cuarta parte de la población entera fueron encarcelados, muertos o deportados a Siberia. De los obispos sólo quedó uno libre; los demás fueron muertos, encarcelados o deportados. S. E. Monseñor Borisevicius, Obispo de Telsiai, fue fusilado. S. E. Monseñor Reinys, Arzobispo de Vilna, murió en la cárcel de Vladimir. S. E. Monseñor T. Matulionis, que ya había estado encarcelado antes en la Rusia Soviética durante diecinueve años, pasó otros diez años en la prisión de Vladimir, junto con Monseñor Reinys; después fue liberado y de nuevo detenido y murió confinado en una localidad apartada de Lituania. S. E. Monseñor Rama-nauskas, deportado a Siberia y dejado en libertad cuando estaba físicamente agotado, murió al poco de regresar a Lituania. De los sacerdotes, una parte volvió a Lituania después de diez o quince años de martirio en Siberia. La mayor parte de ellos no estaban ya en disposición de ejercer su sagrado ministerio. Todos los conventos fueron cerrados. Las religiosas y religiosos, detenidos y deportados. Se salvaron sólo aquellos que, abandonando el convento, se escondieron y vivían como paisanos. De la juventud masculina, más del 70 por 100 murieron en los bosques luchando como guerrilleros. Pueblos enteros quemados, arrasados hasta el suelo. No creo que haya existido jamás una persecución tan vasta y tan cruel en la historia de la humanidad.

Durante el segundo período, comenzando la era de Kruschev, la opresión soviética cambió de táctica y de métodos, pero no de sustancia y de objetivos. Menos sangre, menos presiones físicas, pero más control, más presión moral, más astucia y engaños. Esta última táctica, a fin de cuentas, está resultando quizá más peligrosa para la Iglesia. Actualmente el gobierno de la Iglesia está completamente en las manos del Kremlin. El Comisario de Culto controla todas las cosas en la vida de la Iglesia: nombramientos, destituciones, incluso las funciones religiosas. Fiscalizada despiadadamente, atacada y desmoralizada desde dentro a causa de las infiltraciones del clero indigno, apoyado por el gobierno, privada de todos los medios necesarios para su obra de apostolado, la Iglesia en Lituania muere lentamente.

El estado actual de la Iglesia es el siguiente: Obispos, dos. Cuatro diócesis están regidas por los así llamados “Vicarios Capitulares”, impuestos por el Comisario de Culto. Sacerdotes han quedado no más de setecientos, de los cuales una parte o están impedidos o son incapaces de desarrollar su apostolado. El único Seminario permitido tiene un “número cerrado” de seminaristas, que no puede superar los veinticinco, y está a merced del gobierno comunista. El Gobierno, de hecho, es quien escoge a los candidatos, Muchas parroquias están ya sin sacerdote. Y muchas iglesias han sido profanadas y cerradas. Las que quedan están en lastimoso estado.

Si no sucede un milagro, o si no se produce entre tanto un cambio sustancial a favor de la Iglesia, no se ve otra alternativa para el porvenir que una muerte inevitable: la destrucción total de la Iglesia.

—¿Cuántos son los lituanos esparcidos por el mundo, y cómo están atendidos espiritualmente?

—El número de lituanos que viven en la emigración, esparcidos por todo el mundo, se aproxima al millón. La gran mayoría de nuestros emigrantes vive en los Estados Unidos de América. En todos los lugares nuestros emigrantes están muy bien organizados y asistidos espiritualmente por nuestros sacerdotes. El número de sacerdotes lituanos que viven y trabajan en la emigración (incluidos también los que ya son hijos de nuestros emigrados) se acerca a los setecientos; de ellos unos quinientos ejercen su trabajo pastoral con los propios connacionales.

—Como despedida, ¿qué esperan ustedes de los demás y, especialmente, qué pedirían ustedes a los católicos españoles?

—Lo que es sagrado para todos: el derecho a la libertad, a poder vivir en la propia nación sin temor y sin violencias. Además queremos recordar al mundo entero el dolor y el martirio de nuestro pueblo. En una ocasión hemos recibido, traído a mano, un mensaje de algunos sacerdotes lituanos deportados a Siberia. Aquel mensaje decía: “No lloréis por nosotros. Nosotros sufrimos, sí. Pero sabemos el porqué. Sufrimos de buena gana y moriremos contentos. Pero vosotros haced que nuestro sufrimiento y nuestra muerte no sean en vano”. Queremos gritar estas palabras al mundo entero: “No permitáis que el martirio de nuestros hermanos por la fe y por la libertad sea en vano y caiga en el olvido”.

A la España católica, que es nuestra hermana en el sufrimiento padecido a causa de la agresión comunista, le dirigimos una súplica especial: ¡Tenemos necesidad de transmisiones en lituano desde la Radio de Madrid! Tenemos urgente necesidad de estas emisiones para poder transmitir la enseñanza catequística. Este es el medio, quizá único, de poder ayudar a la Iglesia de Lituania hoy; para no permitir que la fe se extinga en los corazones de la juventud de Lituania, juventud atacada por una continua propaganda atea.

Así terminó su conversación Monseñor Tulaba. . . Haciéndonos la misma petición vehemente que, dos días antes, nos transmitió también el Vicerrector del Colegio de San Casimiro, en largo y fraternal diálogo.

A nosotros no nos queda más que proclamarla lo más fuerte posible, v pedirle a Dios que la escuche QUIEN LE CORRESPONDA.

Fuente: Revista "Roma" N° 10, Pg. 60

---------------------------------

ÍNDICE DEL N° 10