CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 10 - Julio de 1969
LA TRAICIÓN


30 de enero de 2018 - Q.

Es lógico que del campo enemigo del cristianismo vengan ataques, la subversión y al caos. Siempre fue así. Lo peculiar del momento y lo que le confiere gravedad especial, es ver que muchos que se atreven a usar el rótulo “católico” y peor aún, sacerdotes, se hayan pasado con armas y bagajes al ejército de la Revolución anticristiana y desarrollan allí una acción cuya eficacia hace sombra a los mismos comunistas de partido y del que ciertamente no hicieron gala al servicio de Nuestro Señor. Y esto tiene un solo nombre: TRAICION.

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Los tímidos y los emboscados están bien cerca de hacerse desertores y traidores. Desertor y traidor, cualquiera que concediera su colaboración material, sus servicios, su talento, su ayuda, su voto político a partidos y a poderes que niegan a Dios, que substituyen la fuerza del derecho, la amenaza y el terror a la libertad, que hacen de la mentira, de los conflictos, del sublevamiento de masas, tantas armas para su política y que hacen imposible, la paz interior de los países y entre las naciones. (Pío XII a los jóvenes romanos de Acción Católica, 8/12/1947).


En el número anterior de ROMA —antes de los lamentables sucesos protagonizados por agitadores izquierdistas— manifestábamos que frente a la calma reinante en las universidades, no se podía suponer que todos los “FACTORES DE DESORDEN HAYAN CAMBIADO TAN DE REPENTE EN FORMA COLECTIVA”  y que “LAS MINORIAS MARXISTAS VOLVERAN A LA CALLE, CON LA PROTECCION DE SUS MAESTROS”. Esto, desgraciadamente, sucedió antes de lo imaginado. También decíamos y ahora lo reiteramos, que si bien los revoltosos son minoría, no se los vencerá sin energía y fe en la justicia de la causa del orden. Debemos convencernos que NO SE TRIUNFA SOBRE LA SUBVERSION Y EL COMUNISMO CON MASAS AMORFAS, SINO CON GENTE QUE TENGA MAYOR ENERGIA PARA EL BIEN QUE SUS SEGUIDORES TIENEN PARA EL MAL. Logrados hombres de este temple el beneficio puede ser asombroso, por dos razones poderosas: la ayuda de Dios para las personas que realmente quieren hacer Su voluntad, y el efecto desproporcionado que tiene en épocas de debilidades y de seguir la corriente, toda persona o grupo serio y enérgico dispuesto a jugarse por sus principios hasta las últimas consecuencias.

Es lógico que del campo enemigo del cristianismo vengan ataques, la subversión y al caos. Siempre fue así. Lo peculiar del momento y lo que le confiere gravedad especial, es ver que muchos que se atreven a usar el rótulo “católico” y peor aún, sacerdotes, se hayan pasado con armas y bagajes al ejército de la Revolución anticristiana y desarrollan allí una acción cuya eficacia hace sombra a los mismos comunistas de partido y del que ciertamente no hicieron gala al servicio de Nuestro Señor. Y esto tiene un solo nombre: TRAICION.

En este episodio de la rebelión universitaria se ha notado, por primera vez en la Argentina, intervención de las universidades católicas y, lo que marca diferencia con las estatales, es que en las primeras autoridades académicas han colaborado con la revuelta. Suspender clases, celebrar misas públicas tan sólo por los estudiantes muertos —como si no hubiera bravos policías gravemente heridos y hasta un transeúnte, quemado vivo por los “estudiantes”— publicar manifiestos subversivos o ambiguos, etc., no constituyen precisamente actos de lealtad con el país ni, mucho menos, servicios a la Iglesia.

La que se distinguió en Buenos Aires a favor de la izquierda fue la Universidad del Salvador, cerrando los ojos y olvidando la cerril oposición de la FUA a la misma existencia de las universidades no estatales. Su rector concelebró una misa —confiriendo así solemnidad especial al acto— por los estudiantes caídos, luego de la cual alumnos de la misma universidad se sentaron en la calzada, interrumpiendo el tránsito en la Avenida Callao. El sermón —por lo que pudimos leer en los diarios— también echó leña al fuego, al reclamar que la vida universitaria se desarrollara en clima de libertad. Preguntamos: ¿quién niega la libertad aquí? O bien, ¿reprimir con energía los desórdenes producidos con la excusa fútil, del aumento irrisorio a 57 pesos de la comida en un comedor estudiantil —ya quisieran comer los obreros por $ 57— o impedir que se haga política en vez de estudiar en las universidades, es atentar contra la libertad? ¿Conocen el R. P. Rector y los sacerdotes revoltosos la encíclica Libertas, carta magna de la libertad cristiana?

En estos episodios constatamos con horror la celebración de numerosas misas a favor en definitiva de una causa adversa al catolicismo. Debemos recordar que en la Santa Misa se renueva el sacrificio de la Cruz, es decir, es el mismo sacrificio de Nuestro Señor en el Calvario y donde El se ofrece y baja al altar verdadera, real y sustancialmente. Usar irresponsablemente de este Sacrificio para hacer progresar movimientos non sanctos, aprovecharse de El como arma de mala demagogia, no puede merecer otro calificativo que el de sacrilego y clama al cielo pidiendo castigo. No nos extrañemos después si tuviéramos que sufrir las consecuencias.

Por otra parte, entrando en el terreno civil, volvemos a repetir nuestra observación del editorial del número 8 de ROMA, diciendo que es de “DOMINIO PUBLICO LA BLANDURA CON QUE TRATA EL GOBIERNO NACIONAL A TODO INTENTO SUBVERSIVO SI LLEVA CONSIGO UN LENGUAJE “CATOLICO”. ¿Han sufrido, por ejemplo, sanción alguna las universidades del Salvador y Católica de Córdoba por su inconducta? ¿Se les ha retirado el reconocimiento? No, nada de eso. Sin embargo, tal medida en nada afectaría la doctrina de la Iglesia, a la que todo gobernante tiene el deber de obedecer, ya que la encíclica Divini Illus Magistri, que trata de la educación, reconoce al Estado la facultad de velar por la formación cívica de la juventud. Volvemos a preguntar: ¿es dar formación cívica a la juventud contribuir a la revolución cultural?

Los últimos episodios han demostrado cabalmente una vez más, que en Hispanoamérica manos consagradas empujan el carro de la Revolución y ayudan al progreso del comunismo, constituyendo amenaza constante para la Iglesia Católica, para todo gobierno y para toda sociedad. El poder revolucionario de ese sector del clero es tremendo, ya que satisfechas sus necesidades materiales por los fieles que esperan de ellos la dedicación total a la gloria de Dios y salvación de las almas, al abandonar sus tareas pueden volcar todo su tiempo y sus poderosas organizaciones a la causa revolucionaria. Unas pocas religiosas del Sacré Coeur promoviendo desórdenes en Córdoba, aparte de traicionar a Santa Magdalena Sofía Barat quien fundó su congregación para combatir a la revolución francesa, hacen más daño al país que un grupo mucho mayor de activistas desarrollando la misma tarea. No olvidemos que si bien el daño mayor se causa a la Iglesia, Ella es indefectible por promesa divina, mientras las sociedades y los gobiernos pueden perecer. Comprendemos que la situación es delicada, ya que los progresistas tienen interés en provocar un enfrentamiento entre Iglesia y autoridades, pero seguir ciegos, sordos y mudos frente a esta amenaza es suicida. No resulte que por no tomar medidas —preventivas, si se puede, pero también las represivas que la doctrina católica permita y la prudencia aconseje— no amanezcamos un día en la triste situación de la Cuba de Fidel Castro. El tiroteo a soldados por guerrilleros urbanos de torres de iglesias en Córdoba es un aviso demasiado serio para ser desoído. Debe aclararse cómo llegaron hasta allí los francotiradores.

En segundo lugar debemos constatar otra traición, la que, sumada a la clerical, llena de zozobra a los hombres de buena voluntad. Se trata de la defección de las clases que ocupan un lugar de relieve en la sociedad y que por sus condiciones, fortuna, situación familiar u otras, SON EJEMPLO —BUENO O MALO— para los demás. Estas clases parecen haber perdido la cabeza al convertirse ellas también en masa —en la peor acepción del término: grupo de hombres que no piensa sino siente y es movida por impulsos exteriores— adoptando actitudes suicidas que caracterizan a dirigentes carentes de vigor y de honor, propios de épocas de crisis y decadencia. La larga lista de declaraciones, en especial de asociaciones profesionales formadas por hombres que pasaron por la universidad, se agrega a las armas de los enemigos del orden. Hombres prósperos juegan con un fuego que no sólo puede incendiar al país sino también quitarles su prosperidad. Debemos consignar, sin embargo, una excepción de importancia: la Unión Industrial, que entendiendo la significación del momento presente, se alineó en la buena causa. Pero eso no quita el predominio de la insensatez general, la que se nota también en conversaciones, donde REVOLUCIONARIOS DE SALON emplean toda clase de lugares comunes sentimentales. Los medios de comunicación social, por supuesto, contribuyeron a la subversión. Revistas ilustradas, de edición lujosa, rebosantes de avisos de empresas capitalistas y hasta de entes estatales, han preparado el ambiente. Aquí el único comentario que se nos ocurre es el de Lenín; que SI EL COMUNISMO HICIERA UNA LICITACION PARA COMPRAR CUERDA PARA AHORCAR A LOS CAPITALISTAS, LOS MISMOS CAPITALISTAS FORMARIAN FILA PARA PARTICIPAR EN LA LICITACION.

Todo esto demuestra nuevamente que los enemigos del país, los que ayudan a la revolución comunista, no hay que buscarlos en los barrios obreros ni, mucho menos, en las villas de emergencia. Y si aquí se habla de los dirigentes sindicales que también envenenaron el ambiente, tampoco los vemos subalimentados, marginados de la vida pública y en estado de gran pobreza. Quedó claro que NO HA SIDO EL PUEBLO SENCILLO, el que trabaja y no hace política, quien preparó el “bogotazo”, ya que, los pretextos “universitarios” esgrimidos, al hombre de la calle mayormente no le interesan, ni en ellos tiene arte ni parte. Pero también quedó claro que son las minorías activas las que mueven la sociedad. Y si no existe una élite, también activa, bien formada en los principios católicos, dispuesta a jugarse por el bien común, los comunistas pueden imponer su imperio, en el momento menos pensado, aunque la población no lo quiera, esté bien alimentada y no desee los dolores de cabeza, angustias y sufrimientos propios y naturales del régimen comunista.

Y esa élite no se forma con gente que comulga con todo lo que el mundo exalta, rindiendo homenaje a sus costumbres, compartiendo sus gustos, embotándose con la televisión, concurriendo a cines y playas de moda. No es ésta escuela de héroes, ni siquiera de hombres de bien. Por otra parte, esto no se necesita destacar demasiado: los resultados están a la vista. Quien no tiene un mínimum de espíritu de sacrificio para renunciar a un estilo de vida que su misma religión prohíbe, ¿cómo va resistir a una ola mundial avasalladora? No existen soluciones fáciles. Nunca ha sido tan actual, como hoy, la vieja exclamación cristiana: “AVE CRUX, SPES UNICA”. Es por el camino de la cruz que se vence al mundo; por el cumplimiento del deber en grado heroico —más en los que tienen responsabilidad social— se triunfa de la traición de los más obligados. Es el momento de enfrentar, con una consecuencia absoluta con la doctrina católica, al enemigo, confiando en la palabra divina:

“Tened confianza: Yo he vencido al mundo”.

Fuente: Revista "Roma" N° 10, Pg. 01

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