CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 8 - Marzo de 1969
EL ESCAPULARIO VERDE


El escapulario verde, o el escapulario del Inmaculado Corazón de María, al igual que la Medalla Milagrosa, es un presente de la Santísima Virgen a las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul.

El 27 de noviembre de 1839, Justina Bisqueyburu, destinada por la Divina Providencia para hacer conocer esta devoción al mundo, entró en el Seminario (o Noviciado) de las Hijas de la Caridad, situado en la calle de Bac, número 140, en París. El 28 de enero de 1840, la joven novicia fue favorecida con una visión celestial durante sus primeros Ejercicios Espirituales en el convento. La Santísima Virgen se le apareció vestida con una larga túnica blanca, sobre la cual colgaba un brillante manto azul. Tenía el cabello suelto cayéndole sobre los hombros, sin velo alguno sobre la cabeza, y en las manos sostenía su Corazón, de cuya parte superior brotaban brillantes rayos de luz. A la dignidad de su compostura se unía el deslumbrante resplandor de su celestial belleza. La joven Hermana, poseída al mismo tiempo de admiración y de temor, pudo con dificultad reprimir una exclamación en alta voz.

La misma aparición se le repitió cuatro o cinco veces durante el noviciado, en las principales fiestas de la Santísima Virgen, con el fin, según parece, de imprimir en la Hermana una tierna devoción a la Inmaculada Virgen María.

Después de recibir el santo hábito, Sor Justina fue enviada a Blangy, y, al poco tiempo de su llegada allí, el 8 de septiembre de 1840, festividad de la Natividad de la Santísima Virgen, Sor Justina fue de nuevo favorecida con otra aparición de Nuestra Señora, la cual se le presentó sosteniendo en la mano derecha su propio Corazón rodeado de llamas, y en la izquierda un escapulario, que consistía en un pedazo de paño verde suspendido de un cordón del mismo color, y tenía por un lado la imagen de la Santísima Virgen en la misma forma en que se le había mostrado en las apariciones, y por el otro un Corazón todo inflamado con rayos de luz más brillantes que el sol, y más claro que un cristal, una espada lo atravesaba de parte a parte, y a su rededor se veía una inscripción en forma ovalada y rematada por una cruz, que decía: “Corazón Inmaculado de María, rogad por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte”. Al mismo tiempo, una voz interior le reveló a la Hermana el significado de la visión, y se le dio a conocer que este nuevo escapulario estaba destinado a contribuir por medio de las Hermanas de la Caridad, a la conversión de los que no tienen fe, y, sobre todo, a procurarles una buena muerte; y que debía distribuirse inmediatamente con confianza.

Por diferentes razones, se tardó mucho en ponerlo en práctica, y con este motivo la Santísima Virgen, en varias apariciones entre 1840 y 1846, se quejó de ello a la Hermana. Cuando se removieron los obstáculos, y el escapulario pudo distribuirse, en seguida empezó a producir conversiones maravillosas y algunas curas corporales.

Entre los favores recibidos, se encuentran los siguientes: Un enfermo, que era enemigo declarado de todo lo que fuera religión y se enfurecía con sólo ver un sacerdote, aceptó un escapulario verde el 19 de septiembre de 1842. A los once días de usarlo, un día, estando a la mesa, se levantó de pronto, se retiró a un cuarto vecino y, cayendo de rodillas, sacó su escapulario (que él llamaba “el agente intermediario”) y comenzó a besarlo y a bañarlo con sus lágrimas, prometiéndole a la Santísima Virgen que iría a confesarse dentro de una semana. Pero aun este plazo le pareció después muy largo, y al día siguiente recibió los Santos Sacramentos.

En 1844, un muchacho de catorce años, de costumbres depravadas, recibió el escapulario y a los pocos días se convirtió.

En Constantinopla, un cismático griego se convirtió por medio del escapulario, y, al mismo tiempo, se curó de una horrible lepra que padecía. Muchos casos semejantes podrían citarse.

La Santísima Virgen se dignó explicarle a Sor Justina la manera de usar el escapulario. Como éste no es una insignia de alguna pía congregación, sino simplemente una doble imagen pegada a un pedazo de paño verde y suspendida por un cordón, no es necesario llenar todas las formalidades que se exigen para un escapulario en cuanto a su bendición e imposición. Basta que esté bendito por cualquier sacerdote y que lo use la persona que lo recibe. Puede llevarse prendido a la ropa, o guardado en el bolsillo, o colgado del cuello o de la cama, o simplemente tenerlo en el cuarto. La única operación que hay obligación de rezar es la inscripción que se halla rodeando al Corazón en el reverso del escapulario: “Corazón Inmaculado de María, rogad por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte”. Esta jaculatoria debe repetirla diariamente la persona que lo usa o, si no, la que lo da.

El escapulario verde puede distribuirse en todas partes. Conviene tener en cuenta, sin embargo, que aunque lleva siempre consigo muchas y grandes gracias, éstas se reciben en proporción a la confianza con que se da, como lo significaban los rayos de luz de diferente tamaño que salían de las manos de la Santísima Virgen en la última aparición.

El Papa Pío IX aprobó el escapulario dos veces, primero en 1863, y después en 1870, cuando dijo: “Escríbales a esas Hermanas que yo las autorizo a hacerlo y a distribuirlo” 

Revista "Roma" N° 8, Marzo de 1969 Pg. 46

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