CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 1 - Septiembre de 1967
LAS NUEVAS TÁCTICAS COMUNISTAS
Juan Antonio Widow A


El comunismo es ateo. El comunismo es, fundamentalmente, un sistema social en el que se pretende encerrar toda la realidad del hombre; una ideología que tiene como criterio de verdad la "lucha de clases"; una doctrina que se identifica con el principio de la Revolución permanente, con la práctica concreta de la contradicción. El comunismo es negación de Dios; no de la "idea" de Dios, sino del Dios personal, del Ser realísimo que es Principio absoluto de todas las cosas y fin último de la sociedad humana. El ateísmo y el sistema social propiciados por el comunismo son totalmente inseparables: uno y otro son inconcebibles en forma aislada. El ateísmo es esencialmente práctico, militante, social; el sistema social comunista es esencialmente negador de la presencia real, concreta y vigente de Dios en el pueblo. El comunismo no es pura ideología, es la técnica sociológica de la Revolución permanente.

El comunismo, en consecuencia, combate siempre la religión. "Debemos combatir la religión —dice Lenin—; es el ABC de todo materialismo y, por consiguiente, del marxismo. Pero el marxismo no se queda en el ABC. Va más lejos. Sostiene que es necesario combatir la religión, y para esto hay que explicar en materialista las fuentes de la fe y de la religión en el pueblo. La lucha antireligiosa no puede limitarse a las prédicas abstractas, sino que debe estar ligada a la práctica concreta del movimiento de clase que tiende a suprimir las raíces sociales de la religión" [1] El objetivo es la aniquilación de la fe religiosa en el pueblo: para alcanzarlo, el comunismo emplea todos los medios posibles; es decir, "no se queda en el ABC". El medio más eficaz es, sin embargo, el de destruir la fe desde adentro, introduciendo la contradicción en ella: "explicar en materialista las fuentes de la fe y de la religión". En la aplicación de este medio consiste la estrategia permanente que el comunismo desarrolla para combatir la fe religiosa. Los otros medios —como la persecución activa y cruenta de los creyentes— pueden ser eficaces en circunstancias determinadas, pero no constituyen el instrumento esencial del marxismo en esta lucha: "es necesario evitar igualmente que los líderes contrarevolucionarios de la Iglesia aparezcan como mártires", dice el programa de acción del comunismo para la aniquilación de la Iglesia en Cuba (documento "Li Wei Han", del Partido Comunista chino); "el anarquista que predicara la guerra contra Dios a toda costa —afirmaba Lenin— ayudaría de hecho a los curas y a la burguesía". "Una tal declaración de guerra.. . es el mejor medio para avivar el interés por la religión y para hacer más difícil su debilitamiento efectivo. Es no comprender que sólo la lucha de clases de las masas obreras inducirá a las capas más extensas del proletariado a practicar a fondo la acción social para librar de hecho a las masas oprimidas del yugo de la religión"[2]. Las citas de las fuentes marxistes podrían multiplicarse, todas coincidentes en señalar que la línea de acción del marxismo para destruir la religión consiste en atacarla no desde afuera, sino desde su interior mismo, llevando a los creyentes, sin hacer cuestión de su fe, a la práctica absorbente de una acción esencialmente materialista y atea. Es un error capital creer que el ateísmo marxista es un ateísmo "filosófico", como también lo es el de creer que la acción comunista contra la Iglesia se reduce a eventuales persecuciones —entendidas a modo tradicional— de los cristianos. Estas han existido, feroces —hágase memoria sólo para citar algún ejemplo, de las rusas de 1921-1923, de 1929-1934 y de 1937-1939— y seguirán existiendo, pero lo importante es no pensar que ellas constituyen el instrumento principal de la lucha antirreligiosa. Este es otro: la aniquilación de la fe desde la fe misma mediante la confusión de los espíritus. El comunismo busca la infiltración de sus elementos agitadores en el seno de la Iglesia para que éstos desarrollen la labor sistemática de corrupción intelectual, que es muchísimo más grave que la corrupción moral, pues consiste en la disolución y en la confusión de la verdad, principio y medida absoluta de todo. Al mismo tiempo que se desencadenaba en Rusia la gran ola de persecuciones de 1929-1934, Stalin hacía firmar al Patriarca Sergio la siguiente declaración: "Jamás ha habido persecuciones religiosas en Rusia... Ciertamente, algunas iglesias han sido cerradas, pero no por la iniciativa del gobierno: por la voluntad de la población, y aún en ciertos casos por decisión de los mismos fieles" (publicado en "Izvestia" el 16-11-1930 3).

Evidentemente, es mucho más eficaz en la lucha contra la fe esta declaración —que, por venir de la autoridad máxima de la Iglesia ortodoxa rusa, con razón confunde y desconcierta a los fieles— que el asesinato o la prisión de sacerdotes y creyentes. Justamente esto, el desconcierto y la confusión, es lo que busca en forma primordial el comunismo.

En la acción desarrollada contra la fe, el método empleado por el comunismo es permanente: fomentar y agudizar —llevándolas dialécticamente hasta sus últimas consecuencias— las divisiones existentes entre los fieles, e inventar las divisiones allí donde no existan. De este modo se fomenta una lucha permanente, en virtud de la cual las mismas palabras usadas por unos y otros van perdiendo insensiblemente su relación necesaria con la unidad de la verdad. Las diferencias se transforman en divisiones infranqueables, las discusiones en guerras sin cuartel. Esta confusión intelectual, llegando a ciertos extremos, hace que el diálogo entre los mismos católicos se transforme a veces en una "conversación entre sordos". Se produce así, progresivamente, el lavado de cerebros, es decir, el vacío de toda verdad, de toda certeza; es fácil luego construir de nuevo el "rompecabezas" colocando cada pieza de acuerdo al juicio de los que soterradámente crean y dirigen la "opinión pública". El comunismo busca dominar y "domesticar" a la Iglesia para servirse a voluntad de ella. Y una Iglesia instrumento del comunismo significa en realidad el aniquilamiento total de esa Iglesia. El caso de Rusia manifiesta hasta donde puede llegar esta acción satánica: allí, después de las primeras persecuciones violentas, los dirigentes marxistes se dieron cuenta en forrma práctica de que éstas eran en gran parte contraproducentes (en 1937 el 90 % de la población rusa se declaraba creyente); esto les llevó a desarrollar, frente a la Iglesia ortodoxa nacional, además de dichas persecuciones —cuya oportunidad se hallaría condicionada— toda una técnica de penetración y de "domesticación" con el fin de convertirla en instrumento del Partido. El resultado fue, para éste, plenamente satisfactorio: la jerarquía —por traición o por salvar a los fieles de feroces represalias: sólo Dios lo sabe— se sometió a las directrices dadas por el "Consejo de Estado para los asuntos ortodoxos", a cuya cabeza se hallaba —en el momento de su fundación— Georgi Karpov, agente de la policía política, cuyo vistobueno era necesario para dar validez a todas las decisiones del Patriarca. En una carta dirigida a Stalin, fechada el 19 de mayo de 1944, el Patriarca Alexis, sucesor de Sergio, decía: "Mi futura actividad estará invariablemnte guiada por vuestras normas históricas y por los preceptos del Patriarca difunto. Actuando en unión con el Consejo para los asuntos de la Iglesia ortodoxa rusa, estaré al abrigo, junto con el Santo Sínodo establecido por el Patriarca, de todo error y de todo paso en falso". En otra ocasión el mismo Patriarca de Moscú —sede que asumió en 1945— Alexis declaraba que "Stalin personifica el ideal del hombre soviético" y que "no hay país en el mundo donde las condiciones sean más favorables que en la U.R.S.S. para la expansión feliz de la Santa Iglesia cristiana" [4]. Este es el resultado de una obra sistemática de penetración, de "copamiento" y de domesticación llevada a cabo por el comunismo en contra de la Iglesia.

La nueva táctica

Al enfrentarse con la Iglesia Católica, el comunismo se ha encontrado con obstáculos nuevos: la jerarquía representada en el Vicario de Cristo da a la Iglesia una unidad dogmática y disciplinaria que no se encuentra en las Iglesias ortodoxas. Para corromper esta unidad, el comunismo ha tenido que perfeccionar su técnica subversiva. Su estrategia antirreligiosa, que es permanente —no combatir directamente los valores de la fe y de la religión, sino invertirlos completamente mediante la confusión espiritual— encuentra, frente al catolicismo, nuevos modos de aplicación.

Es bastante conocida la obra de aniquilación de la fe cristiana que ha desarrollado el marxismo en China. En una Orden secreta del Partido Comunista chino, fechada el 2 de febrero de 1957, se daban las instrucciones acerca de la táctica concreta a seguir "para dividir las Iglesias desde su interior y oponer entre ellas a las diversas organizaciones religiosas"[5]. En una introducción, se lee en este documento que "nuestros camaradas deben encontrar el medio para penetrar en el corazón mismo de cada Iglesia... desplegar una gran actividad en el seno mismo de todas las organizaciones eclesiásticas, desencadenar un ataque de gran envergadura, emplearse a fondo, aun pidiendo ayuda a Dios, y, para lograr formar un frente único, servirse del gran encanto y de la fuerza seductora del sexo femenino". En seguida, son dadas nueve disposiciones para fijar en concreto la línea de acción a seguir:

"1. — Los camaradas deben introducirse en las escuelas establecidas por estas Iglesias... Deben espiar a los reaccionarios para poder dar cuenta de todas sus actividades; deben mezclarse con los estudiantes, adaptarse a sus sentimientos... y, metódicamente, infiltrarse en todos los sectores de la acción eclesiástica.

"2. — Cada camarada debe encontrar el medio para llegar a ser, por el bautismo, un miembro de la Iglesia, y así, cubierto de un hábito engañoso, inscribirse en la Legión de María... una vez allí, todos desarrollarán una actividad de gran envergadura; utilizando bellas frases para excitar y atraer a los fieles, irán aún más lejos y se esforzarán por dividir radicalmente las diversas categorías de fieles, aun apelando al amor de Dios y abogando por la causa de la paz...".

"3. — Nuestros camaradas deberán asistir a todos los servicios religiosos y, afable y benignamente, sirviéndose de una manera inteligente de los métodos más variados, unirse al clero y espiar su acción.

"4.— Las escuelas fundadas y dirigidas por las Iglesias son un campo ideal para nuestra penetración. Junto con fingir la más exquisita benevolencia, las actividades de nuestra organización deben aplicar esta doble regla: «unirse al enemigo para suprimir al enemigo». Deben mezclarse alegremente con los directores, con los profesores, con los estudiantes para dominarlos, aplicando el principio «dividir es gobernar»...

"5. — Deben tomar la iniciativa en todas las actividades, penetrar en todas las instituciones de la Iglesia, ganar la simpatía de los fieles y, de esta manera, serán capaces de insertarse en la dirección misma de la Iglesia.

"6. — Ateniéndose a las directivas del Partido es como la célula dirigente alcanzará el objetivo que se le ha fijado, a saber, penetrar en todas las organizaciones eclesiásticas, promover la acción por la paz y ejercer de este modo nuestra influencia en todos los sectores.

"7. — Los camaradas activistas deben tener el espíritu de iniciativa, descubrir los puntos débiles de la organización eclesiástica, explotar las divisiones, neutralizar el veneno religioso y eclesiástico mediante la introducción de nuestro contraveneno y poner todo en obra para desplegar nuestras líneas de combate.

"8. — Todo camarada que ocupe un puesto de mando tiene que haber comprendido a fondo que la Iglesia Católica, entregada al imperialismo, debe ser abatida y destruida completamente. En cuanto al protestantismo, que comete el error de seguir una política de coexistencia, es preciso impedirle hacer nuevas conquistas, pero podemos dejarle morir de su muerte natural.

"Los puntos mencionados atañen al servicio del Partido en el extranjero."

No es necesario ningún comentario especial a este documento para recalcar la naturaleza y el alcance de la acción propuesta. Hay ciertos puntos, sin embargo, que deben ser destacados por constituir ellos la clave de la estrategia planteada:

1° La infiltración de activistas comunistas en las organizaciones eclesiásticas para crear en ellas la confusión espiritual mediante la aplicación de la lucha dialéctica.

2° Progresivo dominio de estos activistas sobre la actividad religiosa hasta conseguir la instalación de una célula dirigente en cada institución eclesiástica, de modo que el dominio clandestino sobre ella sea pleno.

3° La aplicación de la lucha dialéctica en el seno de las organizaciones eclesiásticas —y principalmente en las escuelas y, entre éstas, en los seminarios— consiste en proponer ideas que en sí mismas son buenas y atractivas —"la causa de la paz"— pero desconectadas totalmente de su contexto teológico, que es el único en el que adquiere verdaderamente su bondad; se logra así que estas ideas sean aceptadas y adoptadas por los católicos tal como son presentadas, gestándose en la mente de éstos una oposición entre esta idea de la paz, por ejemplo, y la necesidad —exigida por la misma verdad católica — de combatir todo error y toda acción contra la fe; poco a poco se va produciendo el lavado de cerebro, es decir, la ausencia de toda verdad inmutable, la mente apta para recibir lo que —mediante acabadas técnicas sociológicas y psicológicas— quiera poner en ella la dirección del Partido. Esta oposición y contradicción sistemáticas producen, como efecto propio, la destrucción del orden natural y lógico constituido por la verdad, desaparece toda certeza permanente e inconmovible, la fe se desintegra y desvanece. No es preciso ser demasiado perspicaz para darse cuenta —a la luz de estos principios de la acción comunista— de cuáles sean el origen y la real naturaleza de ciertas oposiciones ideológicas sistemáticas que han cundido en el seno del catolicismo (la libertad contra la obediencia, el "aggiornamento" contra la tradición, colegialidad episcopal contra autoridad papal, la devoción a María contra la devoción a Cristo, etc., oposiciones que no suelen ser formuladas abiertamente, pero que se manifiestan latentes en muchas opiniones y posiciones concretas). Piénsese, por otra parte, en la pérdida casi total de sentido que han sufrido, a fuerza de ser usados dialécticamente, términos como "caridad cristiana", "amor de Dios", etc. Evidentemente, no todo esto es obra directa del marxismo, pero es claro que existe un terreno preparado favorable a éste, que es el relativismo respecto de la verdad y el subjetivismo intelectual que existen en algunos sectores católicos.

4° Esta línea de acción del comunismo para combatir la religión —especialmente la católica— es puesta en práctica no sólo en aquellos países donde aquél ha ocupado el poder, sino que es una estrategia universal. El Partido Comunista es una organización esencialmente clandestina, que opera mediante la instalación de células dirigentes para dominar desde dentro todo organismo social; una de las mentiras del comunismo que tiene efectos más graves es aquella por la cual se presenta como una mera ideología que, al participar en el "libre juego" liberal, se halla al mismo nivel de otras. Lenin subrayaba este carácter fundamentalmente clandestino de la organización comunista cuando escribía, en 1902, que "la organización de los revolucionarios debe englobar ante todo y sobre todo a gentes cuya profesión sea la revolucionaria (y al hablar de la organización de los revolucionarios, se refiere a los revolucionarios socialdemócratas —es decir, comunistas). Ante esta característica general de los miembros de la organización debe desaparecer toda distinción entre obreros e intelectuales, por no hablar ya de la distinción entre las diversas profesiones. Esta organización no debe ser muy extensa, y es preciso que sea lo más clandestina posible" [6].

Tácticas detrás de la cortina de hierro

En Hungría, el Estado no persigue abiertamente a los católicos, sino que los induce a colaborar en "la construcción del socialismo" ; no suprime la práctica del culto, sino que trata de convencer a los católicos de la compatibilidad entre esa práctica y la aceptación del régimen social comunista. Ha conseguido, por esta vía, que se forme una "Asociación de sacerdotes para la paz", manejada por el Partido, que se encarga de hecho de controlar y fiscalizar la vida religiosa del país; edita una revista, "La Palabra Católca", que cuenta con el respaldo del Estado para la difusión de un catolicismo "progresista", es decir, que acepta y apoya el "proceso histórico irreversible hacia el socialismo"; además, esta Asociación lleva el control de las escuelas católicas y seminarios, decidiendo en éstos quiénes de sus estudiantes pueden recibir la ordenación sacerdotal y quiénes no; últimamente la prensa ha traído la noticia de siete sacerdotes juzgados y condenados a prisión por haber cometido el delito de enseñar religión "sin haber expresado lealtad al gobierno como los "sacerdotes para la paz", quienes tienen "libertad" para ofrecer una instrucción religiosa "adecuada" (declaración de István Bimbo, juez del proceso)[7]; fueron acusados concretamente de dar instrucción religiosa a jóvenes valiéndose de medios contrarios a la ley y de tener contactos ilegales con Occidente (la "prueba" de estos contactos fue el hallazgo de libros religiosos impresos en Francia y Alemania). En 1960, 80 seminaristas, de 90, fueron obligados a abandonar el Gran Seminario de Budapest, controlado por los "sacerdotes para la paz"; algunos de estos 80, ordenados a pesar de todo por sus obispos, quienes se atrajeron por este motivo el ataque violento de la "Asociación", no podrán cumplir ninguna función eclesiástica, despojados como se hallan del "visto bueno" del gobierno. El 14 de setiembre de 1960, durante un Congreso de dicha "Asociación", Richard Horváth, su presidente, declaraba: "No soy yo, sino que son las fuerzas reaccionarias del Vaticano las que siguen un mal camino y no quieren escuchar la voz de nuestro tiempo... Son los creyentes, y no nosotros los sacerdotes, los que forman la Iglesia. La Iglesia vive en el pueblo, el pueblo construye el socialismo, y en esta construcción del socialismo nosotros estamos al lado del pueblo" [8].

La Iglesia Católica puede mantener el servicio del culto, siempre que calle su doctrina social, la doctrina total de su Magisterio acerca de la naturaleza de la sociedad natural humana y del reinado de Cristo sobre ella; siempre que exprese lealtad a un régimen ateo e intrínsecamente perverso. Este es el silencio forzoso que padecen las Iglesias de los países sojuzgados por el comunismo: pueden hablar de todo, menos de la perversidad intrínseca del régimen social marxista y de la imposibilidad moral para todo católico de colaborar prácticamente en él. Es decir, la Iglesia tiene libertad para todo, siempre que haya decidido su propio suicidio. Gyula Kállai, dirigente del Partido Comunista húngaro, escribía en julio de 1959 que "las Iglesias subsisten aún largo tiempo en el curso de la construcción del comunismo, porque la concepción religiosa del mundo no desaparece de un día para otro en el espíritu de los creyentes... Es por esto que el Estado que ha emprendido la construcción del socialismo debe contar con la existencia de la Iglesia, y se halla obligado a determinar su política de tal manera que las Iglesias no vengan a atravesarse en la ruta que conduce al socialismo sino que, al contrario, aportan su ayuda en la demanda de esa meta.   Es por esto que la colaboración de la Iglesia, y del Estado debe ser establecida sobre la base sólida del Estado y en el marco de éste[9]. En otras palabras, la Iglesia, mientras llegue la hora de su desaparición definitiva, debe convertirse en un instrumento totalmente dócil del Estado comunista. A este precio y bajo esta condición puede lograr una "coexistencia" transitoria con el régimen; a este precio y bajo esta condición le está permitida la práctica del culto. Puede apreciarse ya la magnitud del engaño que consiste en hacer creer —en el ingenuo y bobo "mundo libre"— que hay una "liberalización" de los regímenes comunistas cuando éstos admiten una "coexistencia pacífica" con la Iglesia y no la persiguen en forma violenta. La ignorancia —imposible pensar que no sea culpable e, incluso en ciertos casos, buscada y querida— sobre la verdadera naturaleza del peligro comunista llega a tales extremos, que no es de extrañarse que este "mundo libre" —y, dentro de él, no pocos eclesiásticos y seglares católicos— esté siendo alimentado ideológicamente — ¡hay que escuchar a tantos "intelectuales"!— por el marxismo.

El documento "Li Wei Han"

En el año 1959 fue publicado por la "Prensa de Idiomas Extranjeros" de Pekín, "para el uso exclusivo de la Sección Latinoamericana del Departamento de Enlace del Partido Comunista Chino", el documento titulado "Li Wei Han: la Iglesia Católica y Cuba (Programa de Acción)"[10]. En él se establecen los puntos fundamentales —basados en la experiencia china— para la aplicación de la lucha dialéctica contra la Iglesia:

"La Iglesia católica —comienza— cuya sede está en Roma, es una organización reaccionaria que suscita actividades contrarrevolucionarias en el seno de las democracias populares. Para que las democracias populares puedan seguir progresando por el camino del socialismo y del comunismo, es absolutamente necesario terminar con la influencia de esta Iglesia Católica y con las actividades que ella desarrolla. La Iglesia Católica no es ni estéril ni impotente; por el contrario, es preciso reconocer su poder y tomar toda una serie de medidas para obstaculizarla".

En seguida explica la acción que hay que desarrollar para destruir el poder de la Iglesia:

"La línea de acción a seguir contra la Iglesia consiste en instruir, en educar, en persuadir, en convencer, poco a poco, en despertar y desarrollar completamente la conciencia política de los católicos para obtener su participación en círculos de estudios y en actividades políticas".

Nótese bien: para el comunismo el primer paso, y más importante, en la lucha para la destrucción de la Iglesia es la obtención de la colaboración —cualesquiera que ella sea y el plano en que se desarrolle — de los católicos en la acción. Para lograr esto, eviden­temente —como ya lo denunció S. S. Pío XI en su encíclica "Divini Redemptoris" hace ya 30 años— no van a proponer objetivos malos, que provocarían su rechazo instintivo por parte de los católicos, sino aquellos que aparezcan buenos e incluso "completamente conformes al espíritu cristiano y a la doctrina de la Iglesia" ("Divini Redemptoris", n. 59), no en razón, claro está, de ellos mismos, sino con el solo propósito de engañar. Prosigue:

"Debemos emprender la lucha dialéctica en el seno de la religión mediante «activistas». Progresivamente reemplazaremos el elemento religioso por el elemento marxista, gradualmente transformaremos la conciencia falsa en una conciencia verdadera, de manera que los católicos lleguen eventualmente a destruir por su propio movimiento y por su propia cuenta las imágenes divinas que ellos mismos habían creado. Tal es nuestra linea de acción en la lucha por la victoria contra la Iglesia Católica contrarrevolucionaria".

Acción en el seno de la religión; reemplazo progresivo del elemento religioso por el elemento marxista de modo que los catóicos, sin darse cuenta, —"llega la hora en que todo el que os quite la vida pensará prestar un servicio a Dios" (Joan., XVI, 2)— transformen su fe cristiana en una obediencia ciega a las consignas del Partido. Destrucción de la religión desde la religión misma, in­troduciendo en ella el virus canceroso de la lucha dialéctica. Tal es esa línea de acción para la victoria contra la Iglesia. Para lograr que los católicos —en cuanto tales: sin renegar abiertamente de su fe— destruyan por su propia cuenta la Verdad revelada —las "imágenes divinas"— el comunismo nunca va a proponerles des-embozadamente su negación. Se valdrá, por ejemplo, de los "sentimientos patrióticos" para oponerlos a la fidelidad a la Iglesia:

"No se puede permitir que la Iglesia conserve su carácter supranacional que la coloca por encima de la voluntad de las masas... Imponiendo a la Iglesia los procesos del centralismo democrático, se abre la vía, por medio de las masas, para medidas patrióticas que debilitarán a la Iglesia y derribarán su prestigio.

"Si los lazos entre las masas y la Iglesia son muy estrechos, es preciso seguir el principio de los dos pasos adelante y un paso atrás. Al dar el paso atrás, el gobierno popular debe afirmar que defiende la libertad religiosa, y que es por la voluntad de las masas que él establece comités de reforma en las asociaciones para que las masas patrióticas puedan expresarse más directamente en la dirección de los asuntos de la Iglesia.

"Seamos vigilantes. Los militantes del partido deben dirigir el trabajo de los comités de reforma. Estos deben apartar a los reaccionarios que se encontrarán entre las masas. Para este trabajo, hay que seguir estas consignas: es patriótico adherir al gobierno y observar las leyes; la desobediencia es antipatriótica; las asociaciones deben profesar su patriotismo; los elementos antipatrióticos deben ser expulsados de las asociaciones y juzgados como criminales por las masas patrióticas, pues es el deber de todo ciudadano el de castigar a los criminales."

La etapa siguiente consiste en el copamiento, desde dentro, de la organización eclesiástica, y para lograrlo los militantes comunistas que han penetrado en ella deben inducir a las autoridades de la Iglesia a emitir declaraciones por las cuales aparezcan comprometidas en la acción propiciada por el Partido:

"Aunque los reaccionarios hayan sido descubiertos, el conflicto psicológico debe continuar entre las masas. Es importante que las autoridades eclesiásticas y los jefes de la Iglesia aseguren a aquéllas que la religión es más pura, ahora que ha sido liberada de los elementos criminales y antipatrióticos. Los militantes nuestros que forman parte de estas asociaciones tienen la importante tarea de impulsar a los jefes de la Iglesia a hacer estas declaraciones. Nuestros militantes deben igualmente asegurar a las masas que el gobierno y el partido observan su voluntad... El gobierno popular debe hacer activar a fondo la discusión de todos los desacuerdos. Durante estas discusiones, se debe tomar cuidado de descubrir a los contrarrevolucionarios que antes hubieren pasado inadvertidos".

Los "reaccionarios y contrarrevolucionarios" a los que hay que descubrir y aniquilar son —no es necesaria mucha agudeza para entenderlo— aquellos que guardan fidelidad a la verdad inmutable enseñada por la Iglesia; son aquellos, principalmente, para quienes la fe católica debe proyectarse en todo orden de cosas humanas —serán por esto acusados de "integristas"— especialmente en el orden social; aquellos que saben que el sistema social del comunismo es "intrínsecamente perverso", y que "no se puede admitir que colaboren con el comunismo en terreno alguno (nulla in re), los que quieren salvar de la ruina la civilización cristiana" ("Divini Redemptoris", n. 60).

La tercera fase de esta obra de aniquilación de la Iglesia —tal como el documento "Li Wei Han"— tiene como objetivo la destrucción de todo nexo de unión de los católicos con la autoridad del Papa:

"Nuestros militantes tienen por tarea la de convencer a las masas de que el individuo puede tener su religión sin que la Ciudad del Vaticano dirija los asuntos de todas las Iglesias del mundo. Igualmente, nuestros militantes deben explicar el principio de la coexistencia del patriotismo y de la religión. Así, se separa de las masas a aquellos que siguen las órdenes del Vaticano, y se abre el camino para el establecimiento de una Iglesia independiente.

"Nuestros militantes tendrán por tarea la de conducir a las asociaciones católicas, en un movimiento conjunto, a pedir al gobierno popular la autorización de establecer una Iglesia independiente, a fin de limpiar a las asociaciones católicas de toda mancha antipatriótica causada por algunos elementos aún ligados al Vaticano".

Y así se llega a la última etapa de este programa de acción para la destrucción de la Iglesia: el dominio total del Partido sobre ella, su conversión en un instrumento del "gobierno popular":

"Estando consumada la separación de la Iglesia y del Vaticano, podemos hacer consagrar los jefes de la Iglesia elegidos por nosotros... Si se actúa con tacto y sagacidad, no se destruirá la liturgia y las masas no advertirán más que pocas diferencias en la Iglesia nueva.

"Una vez llegado el momento en que los puestos de responsabilidad eclesiástica estén en nuestras manos y sometidos al gobierno popular, se procederá a la eliminación progresiva de los elementos de la liturgia incompatibles con el gobierno popular.   Los primeros cambios afectarán a los sacramentos y a las oraciones. Luego se protegerá a las masas contra coacción y presión a asistir a la Iglesia, a practicar la religión o a organizar grupos colectivos representando cualquier secta religiosa. Cuando la práctica de la religión no llegue a ser más que una responsabilidad individual, ésta, bien se sabe, se olvida lentamente. Las nuevas generaciones sucederán a las viejas y la religión no será más que un episodio del pasado, digna de ser tratada en las historias sobre el movimiento comunista mundial".

Este método de aniquilación de la Iglesia —claramente diabólico en su planteamiento general y en sus detalles mínimos— ha sido aplicado con éxito en China y está siendo puesto en práctica desde 1959 —mucho antes de que el régimen proclamase abiertamente su marxismo-leninismo— en Cuba. Monseñor Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba, decía en octubre de 1960 que "hoy es considerado como traidor cualquiera que se permita combatir directamente al comunismo"[11]. Está permitida la práctica del culto; con limitaciones y eventuales cierres de iglesias, pero está permitida; está permitido también decir que hay incompatibilidad entre la fe religiosa y la "ideología" marxista y que por tanto un católico no puede pertenecer al Partido. Todo esto está permitido. Lo que no lo está, lo que la jerarquía y los fieles deben callar, es que esta fe y esta práctica del culto están siendo colonizados por el Diablo, que su proyección social —la caridad teologal al prójimo— es sistemáticamente pervertida. La dialéctica comunista es un cáncer que cuando se ha introducido —siempre imperceptiblemente— en el organismo —en la comunidad católica— si no se le combate en forma inmediata y decidida, se difunde corrompiéndolo todo.

El "affaire PAX"

A comienzos de 1964 fue publicado en Francia el texto completo de una comunicación que la Santa Sede, a través de la Secretaría de Estado, envió al Episcopado francés [12]. Su objeto era el de advertir acerca de los peligros que entraña para la Iglesia de Francia y del resto del mundo occidental la acción del movimiento polaco—sedicente "católico"— PAX. El autor de este documento es el Cardenal Wyszynski, primado de la Iglesia polaca, y en él se señala la naturaleza de este movimiento y la acción que desarrolla, en Polonia, en Francia y en el mundo para "copar" (en francés noyauter = instalación de "células dirigentes") y avasallar a la Iglesia en provecho de la revolución comunista":

"Desde hace algún tiempo, pero principalmente desde la iniciación del Concilio, el grupo PAX, que se presenta como "movimiento de católicos progresistas" en Polonia, ha intensificado su propaganda en los países de Occidente, especialmente en Francia, difundiendo noticias falsas o equívocas que dañan a la Iglesia.

"PAX aprovecha la ignorancia de algunos ambientes católicos occidentales con respecto a lo que se ha dado en llamar "la experiencia polaca de la coexistencia", pero también del silencio forzoso de los obispos, sacerdotes y laicos polacos, quienes rehusan hablar de la «realidad polaca» porque bien saben que, a su regreso, todas sus palabras serán examinadas por el aparato policial y que la menor imprudencia podría ser causa, para ellos, de feroces represalias".

En este párrafo introductorio hay ya ciertos datos fundamentales para comprender la dirección que lleva en estos tiempos la acción comunista contra la Iglesia:

1° PAX ha intensificado su propaganda principalmente desde la iniciación del Concilio.

2° Esta propaganda la desarrolla a escala mundial.

3° Consiste en difundir noticias falsas o equívocas que dañan a la Iglesia (la mejor manera de mentir es decir la verdad a medias, técnica que el comunismo internacional, declarado o disfrazado, domina a la perfección).

4° Se aprovecha de la ignorancia que existe en algunos ambientes católicos occidentales acerca de la verdadera situación de la Iglesia en los regímenes comunistas (ignorancia que, evidentemente, es cultivada y fomentada por el aparato informativo mundial que obedece —sin aparentarlo— las consignas marxistas).

5° Y del silencio impuesto a la jerarquía y a los fieles de los países oprimidos. Este es el que indujo a Pío XII a llamar Iglesia del silencio a la que sufre la opresión satánica del marxismo. Es un silencio que clama al cielo: impuesto en aquellos países bajo la amenaza constante de las más "feroces represalias", es presentado al mundo como un reconocimiento tácito por la Iglesia de que el comunismo, en cuanto sistema social, no es contrario a la fe. Es el silencio bajo el cual se ampara la propaganda de la "coexistencia" entre el catolicismo y los regímenes comunistas. Es el mismo silencio que, suscitado por una especie de hipnosis de los católicos frente al comunismo, cunde también en los países no sometidos al yugo marxista. Es ese silencio, extendido y generalizado, respecto de todo lo que signifique condena, por razones religiosas, del sistema social comunista.

La naturaleza y los objetivos de PAX son revelados en el mismo documento:

"En realidad, PAX no es un «movimiento», sino un órgano del aparato policial cuidadosamente articulado que depende directamente del Ministerio del Interior y ejecuta con obediencia ciega las directivas de la policía secreta: la UB.

"Su fundador , el Sr. Piasecki, condenado a muerte por los soviets, pudo salvar su vida al precio del compromiso formal de copar (noyauter) y de avasallar a la Iglesia en provecho de la revolución comunista.

"Desde el principio PAX tuvo, pues, el carácter de una agencia secreta de estricta obediencia. Todos sus miembros son funcionarios asalariados (la forma de remuneración puede variar), obligados a ejecutar planes definidos y a rendir cuentas de ello.

"Las órdenes salen del Buró Central del Partido Comunista y el Sr. Piasecki depende directamente de la «Oficina de Seguridad» (UB) y de la «Oficina de Cultos», que dispone actualmente en Polonia de un poder absoluto y, de hecho, totalitario, sobre todo lo que concierne a la Iglesia Católica".

PAX comenzó siendo un instrumento del Partido Comunista para la destrucción de la Iglesia Católica en Polonia. Fue fundado en 1945 por Iván Serov, entonces jefe de la policía secreta soviética. En 1954 extendió sus redes al extranjero. A raíz de los acontecimientos polacos de 1956, PAX fue puesto en descubierto ante el pueblo católico, por lo cual "nunca, después, PAX pudo tener la menor influencia sobre las masas obreras y campesinas, de las cuales se encuentra totalmente cortado". "Su razón de ser sobre el tablero político del partido comunista se reduce, pues, a su eficacia en el extranjero" donde es apoyado, "con discreción, por los servicios diplomáticos polacos". Los agentes de PAX, para infiltrarse y para dominar a las personas, emplean el soborno (PAX cuenta con una caja anual, desde que se inició el Concilio, de 100 millones de zlotys) y el chantaje secreto. Estos representantes del "catolicismo progresista polaco" han logrado, por medio de sus introductores —que siempre los habrá entre los católicos occidentales— tener entrevistas con personajes importantes del mundo católico. Es lo más probable que estas conversaciones privadas hayan sido grabadas, en pequeños aparatos hábilmente disimulados entre las ropas, y que todas las imprudencias "verbales" —¡tan fáciles de provocar!— se hayan convertido en algo utilizable en cualquier momento y para todos los fines. Así, los ingenuos se convierten en prisioneros de PAX (todo chantajista sabe perfectamente que el hombre, con tal de que no se le descubra una primera falla, es capaz de otras mucho mayores para ocultarla: su técnica consiste en ir apoderándose gradualmente, sin golpes súbitos que lo echarían todo a perder, de este hombre).

La estrategia de PAX es, en lo esencial, exactamente la misma que emplea el comunismo en todos los frentes de su lucha contra la Iglesia:

"Se trata, pues, de atacar DISOLVIENDO, de formar focos de subversión entre los fieles, pero sobre todo en los ambientes eclesiásticos y religiosos. Separar los Obispos en dos bloques: los «integristas» y los «progresistas». Levantar, con toda clase de pretextos, a los sacerdotes contra los Obispos. Introducir una cuña sutil en la grey por distinciones ingeniosas entre «reaccionarios» y «progresistas».

"Nunca atacar a la Iglesia de frente, pero «para su bien», atacar sus «estructuras envejecidas» y los «abusos que la desfiguran». Si es necesario, aparecer como más católico que el Papa. Por maniobras hábiles formar entre los eclesiásticos núcleos de insatisfechos para atraerlos progresivamente hacia el «clima fecundo de la lucha de clases». «Adaptación» lenta y paciente por infiltración de un contenido nuevo en las ideas tradicionales.

"En resumen, no se trata de «liquidar» a la Iglesia, sino de hacer de ella un instrumento dócil puesto al servicio de la revolución comunista.

"Nos esforzamos en facilitar un proceso histórico inevitable que obligará a la Iglesia universal a revisar sus posiciones", escribe el Sr. Piasecki en un editorial del 25 de noviembre de 1955.

"Evidentemente —escribe (Piasecki)— para que Polonia pueda servir de modelo es necesario que lo más rápidamente posible el Catolicismo polaco se vuelva progresista y colabore cada vez más activamente en la edificación económica del socialismo. He aquí el deber cotidiano de nuestro movimiento progresista" (Pentecostés 1956).

"Para alcanzar estos fines se hacía absolutamente necesario que «católicos inteligentes, sacerdotes y laicos, tengan el valor necesario y argumentos válidos para hacer entrar en razón a los Obispos y para llevarlos a una justa valoración de la realidad temporal, política y social»".

En ocasión del Concilio, la acción de PAX adquirió dimensiones aún mayores: consiste en la dirección y orquestación, a escala universal, de todo aquello que signifique oposición sistemática y lucha en el seno de la Iglesia: "integristas" y "progresistas", "conservadores" y "liberales", etc., es todo un vocabulario en gran parte introducido y sobre todo extendido por el comunismo a través de PAX:

"En oportunidad del Concilio al Sr. Piasecki le fue encargada una nueva misión, que renueva su prestigio político y mejora sus finanzas.

"CIEN millones de zlotys de crédito anual (en vez de cincuenta), CIEN distritos afectados a su campo de acción en vez de treinta: tal es el precio pagado por adelantado por la participación activa del Sr. Piasecki en la explotación del Concilio en provecho del «campo socialista».

"No habiendo logrado quebrar la cohesión del Episcopado polaco, PAX se esforzó, pues, por oponerlo a Juan XXIII, proclamado «Papa de la coexistencia», así como al Episcopado francés, «abierto y progresista».

"Esta tesis, sostenida tenazmente durante un tiempo, tomó repentinamente, al principio de 1963,una amplitud y resonancia mucho mayores. El tono de la prensa de PAX se hizo cada vez más virulento y agresivo.

"La encíclica Pacem in Terris fue saludada ruidosamente y con «una profunda satisfacción», como la «consagración oficial» y la «coronación de los esfuerzos» desplegados desde hace tanto tiempo por el Sr. Piasecki y su grupo.

"El jefe de la Iglesia —escribe Piasecki,— da la razón a los que se comprometen en una ideología de coexistencia pacífica y de colaboración con personas profesando otras ideologías, lo que precisamente constituye el programa de nuestra izquierda política''  ("Slowo powschne", 2-V-1963).

"Según PAX, gracias al Papa Juan XXIII, la «Era Tridentina» parece definitivamente terminada en la historia de la Iglesia y empieza una nueva época, «más abierta y más tolerante, propicia a los compromisos».

"Como se entenderá, «la línea Juan XXIII» «invita al Episcopado polaco a revisar sus posiciones perimidas, supervivencias del integrismo de Pío XII». La prensa de PAX insinúa que el cardenal Wyszynski y los obispos polacos están muy contrariados por esta toma de posición «revolucionaria» del Papa y que con la ayuda de los medios «conservadores» del Vaticano, hacen todo lo que está en su poder para minimizar el alcance de esta encíclica «histórica».

Es el Concilio interpretado a la luz de la "lucha de clases", luz que, en virtud de esa ignorancia a que alude el Cardenal Wyszynski, ha sido adoptada por algunos sectores del catolicismo occidental. Se intenta sustituir, en la Iglesia del Concilio, la discusión y el debate —que siempre tendrán como meta única la verdad— por la "guerra psicológica":  "En esta perspectiva humana —ha  afirmado Jean Madiran— la guerra psicológica trabaja por la victoria de los innovadores y por la aniquilación de los conservadores, siendo unos y otros designados arbitrariamente. Y en estas dos categorías, arbitrarias a causa de su uso agresivo, la guerra psicológica coloca las verdades y los errores sobrenaturales, que no tienen nada que ver con la conservación ni con el progreso"[13] Ha cundido entre los católicos el espíritu de división. No es raro que se rechace dar crédto a un Obispo, por ejemplo, o —lo que sucede más a menudo— a un dignatario de la Curia Romana, no por lo que diga —que muchas veces ni siquiera se examina— sino por su "reconocida posición,,: es la dialéctica, la división sistemática aceptada y adoptada, a veces con la mejor voluntad, por algunos sacerdotes, religiosos y seglares católicos. Lo único que el comunismo busca conseguir de los católicos es espíritu llamado "abierto", espíritu de "diálogo". Basta que el católico admita sólo la posibilidad de este diálogo para que, de hecho, se transforme en instrumento —"correa de transmisión"— de la revolución comunista. Este diálogo se ha de verificar, naturalmente, en el campo y en las condiciones elegidas por el marxismo: son propuestas, directa o indirectamente, ciertas bases comunes que, al ser aceptadas, ponen en movimiento todo un aparato dialéctico que lleva hasta sus últimas consecuencias aquello que en un principio parecía sólo, a lo más, una falta leve —siempre "justificada" a los ojos del que la comete— contra el Magisterio de la Iglesia. Una vez dado el primer paso, una vez aceptada la simple posibilidad, aunque se la condicione al máximo, de colaborar con el comunismo en cuanto tal, sólo queda a éste la tarea de empujar y seguir empujando, siempre por la misma vía, hasta el abismo. Es la acción comunista —cualquiera que ella sea— no sólo la ideología, la que es esencialmente atea e intrínsecamente perversa: es por esto por lo cual los Papas han prohibido toda colaboración y todo intento de diálogo con el comunismo. Es porque esa aceptación implica dejar en segundo plano la fe, es porque ella implica separar la acción concreta y la doctrina católica que debe conformarla, reducir ésta a un mero conjunto de dogmas sin ninguna proyección sobre la vida real del hombre, suprimir la verdad —católica, universal— y aceptar la mutabilidad de todo, la subversión y la revolución permanentes. De la naturaleza y de las consecuencias de esta dialéctica inflexible e inexorable se hallan plenamente conscientes los comunistas que buscan el "diálogo" con los católicos. Saben que el campo propicio y fecundo para el marxismo es "el espíritu vacío, no los estómagos hambrientos". Un marxista ha escrito, aquí en Chile, que "mientras hace dos mil años el cristianismo situaba la salvación en una vida futura, posterior a la muerte, hoy, un sector cada vez más numeroso de creyentes, sin renunciar a esa salvación, anhela y lucha por una forma de paraíso aquí, en la tierra; paraíso que, en realidad, es modulado según la teoría y la práctica del marxismo-leninismo" (Santiago Alvarez, "Nues­tra Época", junio de 1965). El comunismo encuentra el terreno preparado por un virus, el del modernismo, que no murió sino que sólo desapareció de la superficie cuando San Pío X lo condenó en 1907. El modernismo no niega, sino que separa: la ciencia de la fe, la historia de la fe, la vida social de la fe. Desconoce la dimensión social del cristianismo: éste queda reducido a un triste conjunto de proposiciones vacías y la Iglesia una organización sin sentido. El contacto ideológico con el marxismo-leninismo es evidente. En este plan, los marxistas están en situación de dirigir, hasta sin disimulo, la acción de estos últimos: un miembro de PAX, Micewski, ha escrito que "el movimiento de los católicos progresistas tiene el valor de luchar por el bien de la Iglesia (sic) y por el porvenir de una ideología católica en un Estado socialista, pero al mismo tiempo ha de combatir toda política reaccionaria disimulada bajo la capa de una fraseología católica" [14]. Reaccionario es todo aquel que se opone a una colaboración en la "construcción del socialismo". "Los católicos progresistas —agrega el mismo— tienen el estricto deber de intensificar la lucha ideológica en el interior del campo católico"[15]. Y, según otro de PAX, Krasnowolski, "no se sabría ser verdaderamente progresista en el orden social si, partendo de las posiciones doctrinales católicas, no se las adapta al progreso y al mundo nuevo"[16].

Desde esta perspectiva —la que otorga el conocimiento de lo enseñado por la Iglesia y de lo que verdaderamente es el comunismo— resulta asombroso leer algunas afirmaciones, como las estampadas hace poco en una revista religiosa chilena, que se refieren a la actitud que debe adoptar el cristiano frente al marxismo. Colocándose en la hipótesis de la implantación de un régimen comunista en Chile, dicha revista dice que "tampoco nos parece legítima la actitud de oponerse a todo lo que el gobierno haga, sea malo o bueno. El católico podrá y deberá colaborar en lo que sea bueno y oponerse con valentía a todo lo que sea incompatible con su fe cristiana. Aunque el "diálogo" sea difícil y quizás imposible, de­berá esforzarse porque se mantenga. En todo caso no debe ser él quien haga el diálogo imposible. Y en este caso, sí, tendrá el cató­lico que abandonarse a la Providencia divina, luchar por el bien común, esforzarse porque el marxismo sea menos marxismo. .." (Mensaje, junio de 1964). La Iglesia dice que "no se puede admitir que colaboren con el comunismo en terreno alguno los que quieren salvar de la ruina la civilazación cristiana" (nulla in re est adiutrix opera ab eo commodanda); esta revista, católica, dice que "el católico podrá y deberá colaborar en lo que sea bueno". La Iglesia prohibe la colaboración con el comunismo porque en él nada puede haber de bueno (cum intrinsecus sit pravus); lo "bueno" es exclusivamente aquello que los comunistas quieren presentar como tal con el único objeto de lograr la colaboración de los católicos. Si éstos, a pesar de todas las insistentes advertencias de la Iglesia, aceptan el señuelo, hay una de dos cosas: o traición a la fe, simple y llana, o ignorancia absolutamente impropia de un católico con pretensiones intelectuales. Es un ánimo de "diálogo" que siempre, por ser tal, será claudicante: "¿A qué fin, por lo demás, razonar sin un lenguaje común, o cómo será posible encontrarse, si los caminos son divergentes, esto es, si una de las partes obstinadamente rechaza y niega los comunes valores absolutos, haciendo, por lo mismo, irrealizable toda "coexistencia en la verdad"? Ya, por el respeto del nombre cristiano, se debe desistir de prestarse a semefantes tácticas, puesto que, como advierte el Apóstol, es inconciliable el querer sentarse a la mesa de Dios y a la de sus enemigos" (S. S. Pío XII, mensaje de Navidad, 1956).

La colaboración que encontró el movimiento PAX en Francia, en los sectores católicos "progresistas", fue notable. El mismo Cardenal Wyszyinski denuncia en el documento ya citado, la obra que en este sentido ha sido realizada por los que se mueven en el "ambiente de "Informations Catholiques Internationales"[17], revista de información religiosa":

"En Francia, los agentes de PAX están en contacto permanente con algunos centros de católicos progresistas, que toman su defensa apenas los creen amenazados. En el fondo, PAX ha logrado implantar en ciertos ambientes católicos franceses la convicción de que sufre persecución de parte del cardenal Wyszynski y del Episcopado polaco en razón de sus tendencias progresistas.

"Esta actitud se ha manifestado evidentísima en oportunidad de la publicación en «La Croix» de una serie de artículos sobre la situación de la Iglesia en Polonia. El R. P. Wenger, jefe de redacción de «La Croix», fue inmediatamente increpado por sacerdotes y laicos que desmentían violentamente el contenido de los artículos arguyendo lo observado en sus viajes o excursiones a Polonia.

"Eran en su mayoría amigos de PAX pertenecientes al ambiente de «INFORMATIONS CATHOLIQUES INTERNATIONALES».

"Informado que el cardenal Wyszynki avalaba la exactitud de los hechos aludidos en los artículos de «La Croix» y vacilando en atacarle de frente, el Sr. DE BROUCKER, jefe de redacción de "Informations Catholiques Internationales", reveló su pensamiento en una de sus Cartas a los amigos de "Informaciones Católicas Internacionales", distribuida a los iniciados, en la cual hacía entender que el cardenal Wyszynski debería rendir cuentas, en oportunidad, al Concilio, a los Cardenales de la Iglesia Romana, «sus jueces y pares».

"Evidentemente, PAX teme ser desenmascarado en Francia.

"En eso se juega, en efecto, su existencia misma. Reconocido por los católicos de Occidente como una simple agencia de una red policial encargada de copar y avasallar a la Iglesia, perdería toda su influencia y por eso mismo, para sus amos, SU RAZÓN DE SER.

"No es a los comunistas a quienes tememos —ha dicho un Obispo polaco—. Son los FALSOS HERMANOS los que nos llenan de angustia".

Cuando ya se entreveía con certeza lo que PAX era (es decir, después de 1956), "Informations Catholiques Internationales" —que publica una edición castellana en México— publicó algunos artículos en los que, bajo la apariencia de una "objetividad" periodística, se presenta a PAX como "un movimiento de católicos progresistas en Polonia" que desarrolla un "esfuerzo ideológico" "por obtener, desde el interior y por la acción política, una disociación del ateísmo y del socialismo"[18]. Pero lo más significativo, por parte de esta revista, es que durante un prolongado lapso de tiempo, sistemáticamente ocultó que PAX es un órgano de la policía secreta comunista e insistió en presentarlo como "un movimiento católico progresista de Polonia" con el cual no mantenía contactos especiales. Callaba en forma reiterada y sistemática que PAX no es un movimiento católico, sino un aparato policial comunista y que la actividad de PAX no se reduce solamente a Polonia, sino que extiende sus redes a Francia y al resto del mundo. Citaba profusamente un discurso de Piasecki, el jefe de PAX, del cual omitía este párrafo clave: "Nuestro movimiento tiene ciertamente el deber de ayudar, tanto en la teoría como en la práctica, a los movimientos sociales progresistas, particularmente a los movimientos cristianos en Europa occidental y en el mundo" (discurso en el XV aniversario de PAX, en Varsovia). A esta misma política de ocultamiento se sumó el periódico "La Croix", cuyo redactor jefe se ha lamentado de que se hubiese suscitado un escándalo a propósito de un documento de la Iglesia que era confidencial. Resulta que lo único verdaderamente confidencial de éste era el nombre de su autor el Cardenal Wyszynski —a causa de las represalias a que se hallaría expuesto en su patria— nombre que fue divulgado, en forma insistente y sostenida por,.. "La Croix". Una vez revelado esto, que era lo único justificadamente confidencial del documento, ya no había obstáculo para que fuese publicado en forma íntegra: "La Croix" revelaba el nombre del autor —que figura en la nota introductiva de la comunicación— el 28 de febrero, y aquél era publicado completo, en varias revistas, en marzo de 1964.

Cuando la presión de los hechos impedía seguir sosteniendo lo insostenible, "Informations Catholiques Internationales" dijo que, efectivamente, PAX es un órgano del Partido Comunista, y que la revista nunca (sic) había afirmado lo contrario; al mismo tiempo, iniciaba una violenta campaña, con insultos y calumnias contra "los nuevos inquisidores", entre los cuales figuran, claro está, todos aquellos que denunciaron desde el primer momento la acción de PAX y el peligro que ésta encierra para la unidad de la Iglesia [19].

Por otra parte, los Obispos franceses han tenido que condenar a la revista "Témoignage Chrétien" por haber ésta publicado un artículo del ideólogo marxista Roger Garaudy, defensor de la "necesaria unidad de acción" entre marxistas y católicos, campeón del "diálogo" y de la "coexistencia pacífica" de las ideas. Y el Episcopado francés, también ha tenido que reprobar la actitud de algunos de los principales dirigentes nacionales de la J. E. C, rama de la Acción Católica, quienes negaron expresamente que ésta tuviese el apostolado como fin específico y que fuese necesaria una dependencia respecto de las directrices de la jerarquía, afirmando en cambio que la Acción Católica debía comprometerse abiertamente en "la lucha política y social"[20].  Es esa acción absorbente y materialista a la que los católicos son incitados por el marxismo; acción en la que, por desaparecer los principios, las doctrinas inmutables y los dogmas —por desaparecer la obediencia, necesaria a todo cristiano— se da una comunidad entre marxistas y católicos, precisamente por que éstos han prescindido prácticamente de su calidad de tales. Es la dialéctica de la acción, de la revolución permanente: "No es preciso —ha dicho Galperin— que os presentéis a la juventud cristiana con proposiciones de lucha antirreligiosa, pues esto sería un gran error psicológico. Es fácil en cambio arrastrarla por cualquier cosa, por la conquista del pan cotidiano, por la libertad, por la paz, por la sociedad ideal... En la medida en que atraigamos a los jóvenes cristianos a esta lucha por objetivos precisos, los arrancaremos de la Iglesia"... [21] .

En 1956, los agentes de PAX intentaron usando su táctica acostumbrada, introducirse en la Curia Romana. Fracasaron, pues ninguna de las personalidades entrevistadas cometió imprudencias "verbales" susceptibles de ser empleadas en posterior chahtage. Desde entonces, una intensa campaña para desprestigiar y desacreditar a la Curia Romana ha sido dirigida y orquestada en todo el mundo por PAX.

PAX se ha propuesto extender su acción a todo el mundo católico. ¿Cuáles serán los contactos y las ramificaciones de PAX en Chile? ¿Hasta dónde ha alcanzado su influencia? ¿Cuáles son los frutos de ella? No es difícil examinar ciertas tesis defendidas o analizar algunas posiciones  concretas adoptadas por sectores católicos de nuestra patria, para luego, por comparaciones, deducir de allí concomitancias o "sintonías" espirituales. Haría falta, de todos modos, realizar una investigación autorizada y respaldada por la autoridad eclesiástica para descubrir y desenmascarar a aquellos elementos que corrompen y minan la unidad de nuestra fe católica.  Existen datos para esta investigación.

La posición de la Iglesia

La posición de la Iglesia frente al comunismo ha sido siempre clara y terminante: Todos los Papas lo han condenado. Y lo han condenado no sólo como ideología, sino especialmente en cuanto sistema social: "el comunismo bolchevique y ateo que pretende derrumbar radicalmente el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana,, (Pío XI, Encícl. "Divini Redemptoris", n. 3). "Por primera vez en la historia asistimos a una lucha fríamente calculada y cuidadosamen preparada contra todo lo que es divino" (Ibid., n. 22). "El comunismo es intrínsecamente perverso, y no se puede admitir que colaboren con él en terreno alguno los que quieren salvar de la ruina la civilización cristiana" (Ibid., n. 60). "El mal que hay que combatir es, considerado en su raíz más profunda, un mal de naturaleza espiritual, y de esta corrompida fuente ideológica es de donde brotan con una lógica diabólica todas las monstruosidades del comunismo" (Ibid., n. 83). "El primero y más grande y más general peligro es, indudablemente, el comunismo en todas sus formas y grados" (Pío XI, discurso en la Exposición de Prensa Católica Mundial, 12-V-1936). "Rechazamos el comunismo como sistema social en virtud de la doctrina cristiana" (Pío XII, Mensaje de Navidad 1956). Un decreto del Santo Oficio del 1° de julio de 1949 condena, bajo pena de excomunión, a todo católico que pertenezca "a los partidos comunistas o los favorezca", y a todo aquél que "edite, propague o lea libros, periódicos, diarios u hojas que patrocinen la doctrina o la acción de los comunistas, o escriban en ellos.

Conspiración del silencio

Estas sentencias del Magisterio de la Iglesia suelen ser dejadas en el olvido: sufren la "conspiración del silencio". Cuando se las recuerda es, en muchas ocasiones, para reprocharles sotto voce su carácter "negativo". Este reproche puede estar inspirado sólo por una profunda mala fe: es ignorar ex profeso todo el contexto de esas condenaciones; es suprimir, de una plumada, toda la doctrina social de la Iglesia, sobre la que han insistido todos los Pontífices, en especial desde León XIII; es no querer reconocer que la condenación del comunismo brota como consecuencia natural, espontánea, de esa doctrina; es despreciar el hecho, por ejemplo, de que la Encíclica "Divini Redemptoris", dedicada al comunismo, se ocupa fundamentalmente de la acción positiva que en el orden social deben realizar los cristianos para salvar y engrandecer la civilización cristiana. No es, además, sólo la condenación del comunismo, sino que es la doctrina social y política de los Pontífices, en su integridad, la que sufre esta "conspiración del silencio". Y es ésta no una conspiración puramente pasiva, sino esencialmente activa: no sólo es callada sistemáticamente esta doctrina, sino tergiversada.

Errores de muchos católicos

Con respecto al comunismo, en los católicos suele observarse dos defectos principales: 1° falta de espíritu de resistencia; 2° ignorancia acerca de la verdadera naturaleza de la revolución marxista-leninista. Ambos defectos son cultivados por la acción comunista. Para aniquilar el espíritu de resistencia de los católicos, se desarrolla una campaña destinada a desprestigiar y desacreditar toda forma de anticomunismo. Evidentemente, el objetivo principal del comunismo es la destrucción de este espíritu, sin el cual los católicos se transforman en simples sujetos pasivos de su actividad. Y hay que reconocer que esta campaña ha tenido éxito, por lo menos dentro de algunos sectores del Catolicismo, y particularmente en Chile, donde se ha llegado a afirmar, con el mayor deenfado, que "existe algo peor que el comunismo, y es el anticomunismo". Para coartar toda acción directamente contraria al comunismo, se invoca la "caridad cristiana". Se llama estéril y negativo al anticomunismo, sin entrar a distinguir si éste se apoya en causas justas o no, y sin querer ver que lo que en verdad es estéril y negativo, por implicar una verdadera traición a la fe, es ese anti-anticomunismo erigido en principio. Se condena todo aquello que, de un modo u otro, en el plano social y político, sea abierta y declaradamente anticomunista.

Se ignoran los documentos en que más terminantemente los Pontífices se han referido a este tema, la encíclica "Divini Redemptoris" de Pío XI y el Mensaje de Navidad de 1956, de Pío XII. Evidentemente, absolutamente nadie podrá afirmar nunca —de buena fe, se entiende— que los Papas hayan "condenado el anticomunismo". Al contrario, quien bien conozca la enseñanza de la Iglesia no podrá dudar de que ésta propicia y exige la actitud anticomunista, al mismo tiempo y por los mismos motivos que propicia y exige la puesta en práctica de todos los principios que en ella se contienen: "Es urgente, por lo tanto, que todos los católicos unan sus fuerzas para oponer una muralla a mal tan grande que tantas almas arrastra por los caminos de la eterna perdición y destruye las bases del orden social, preparando la ruina de pueblos y naciones" (Pío XI, Sagrada Congregación del Concilio, 5-VI-1929). "Que todos aquellos que se preocupan de la paz y del bien público, que todos aquelos que buscan la santidad de la familia y la dignidad humana, unan sus fuerzas para preservarse, ellos y sus conciudadanos, de los peligros gravísimos y muy reales con que les amenaza el socialismo y el comunismo, sin descuidar, sin embargo, la obligación que les incumbe de preocuparse del restablecimiento de la condición de los trabajadores y de los humildes en general" (Pío XI, discurso al Consistorio, 18-XII-1924). "Así como, cuando la patria se halla en peligro, todo lo que no es estrictamente necesario o no está directamente ordenado a la urgente necesidad de la defensa común pasa a segunda línea, así también, en nuestro caso, toda obra, por muy hermosa y buena que sea, debe ceder necesariamente el puesto a la vital necesidad de salvar las bases mismas de la fe y de la civilización cristiana" (Pío XI, "Divini Redemptoris", n. 65). "Rechazamos igualmente la opinión de que el cristiano deba hoy ver el comunismo como un fenómeno o una etapa en el curso de la historia, como necesario "momento" evolutivo de la misma y, por consiguiente, aceptarlo como decretado por la Providencia divina" (Pío XII, Mensaje de Navidad 1955). "Nos, por nuestra parte, como cabeza de la Iglesia, hemos evitado en el presente, como en casos precedentes, llamar a la humanidad a una cruzada. Pero podemos pedir plena comprensión para el hecho de que, donde la religión en una herencia viva de los antepasados, los hombres conciben la lucha que les viene impuesta injustamente por el enemigo igual que una cruzada. Lo que afirmamos para todos, sin embargo, ante la tendencia a hacer pasar como inofensivas algunas pretensiones, es que se trata de cuestiones concernientes a los valores absolutos del hombre y de la sociedad. Por nuestra grave responsabilidad, no podemos dejar que esto se esconda en la niebla de los equívocos" (Pío XII, Mensaje de Navidad 1956). Todo aquel que busca positivamente un bien, rechaza por lo mismo el mal contrario: así, la misión del médico es la de procurar la salud, y por esto combate la enfermedad. Quienes pretenden condenar toda forma de anticomunismo y para esto invocan los principios cristianos, están proclamando y defendiendo una contradicción. Son los que querrían que el médico no combatiese la enfermedad —es una acción "negativa", dirían— sino que se dedicara a una contemplación beata, abstracta y boba de la "Salud". "El error pietista —ha dicho Aurele Kolnai en su gran obra "Errores del Anticomunismo" [22]— que querría hacer vivir al hombre en las nubes, sacrificando las cosas terrenas a una tibia nivelación y reduciendo la moral y la política a un estado de indiferencia, es frecuentemente debido al error sectario que tiende a rebajar al catolicismo al nivel de una necesidad particular de los católicos; a una confesión más, o sea un grupo entregado a un conjunto de prejuicios tradicionales que exigen ser respetados como cualquier otro interés de grupo. He aquí el doble error ... de quienes pretenden que, desde el punto de vista de la religión, sólo la religión cuenta, o que los católicos no deben mezclarse sino en aquello que a los católicos atañe".

La universalidad o catolicidad de la verdad exige la vigencia actual de ésta en todo: la verdad católica es una verdad integral, y por consiguiente, si se rechaza un aspecto de ella de hecho se la suprime en su esencia misma, pues se la desintegra. "Rechazamos al comunismo —recordemos nuevamente a Pío XII— como sistema social en virtud de la doctrina cristiana".

Conclusión

El ser anticomunista, y militante, es un deber primario y fundamental para todo católico que quiera ser consecuente con su fe. Combatir todo anticomunismo —el anti-anticomunismo que vemos en nuestros días— es prueba de una deformación intelectual que atenta contra las mismas raíces de la fe, es decir contra la razón natural, cuyo principio, el de no-contradicción, niega: se podría al mismo tiempo y bajo el mismo respecto ser católico y no serlo. .. El anti-anticomunismo es, evidentemente, el resultado de una acción continua, profunda y persistente —demoníaca— del marxismo en el interior del catolicismo.

"No es a los comunistas a quienes tememos. Son los FALSOS HERMANOS los que nos llenan de angustias". Son estos FALSOS HERMANOS los que, dentro de la Iglesia, producen la discordia de los católicos y la confusión de los espíritus.

Pero "las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella" (Math. XVI, 18).

Revista "Roma" N° 1, Pg. 15

ÍNDICE DEL N° 1

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[1] "Parti ouvrier et religión", Pages choises, t. II, p. 315 (cit. por Jean Ousset: "Le Marxisme léninisme", París, 1960, p. 138).
[2] Pages choisies, t. II, p. 315 (cit. por Jean Ousset, op. cit., p. 134) »
[3] Cit. por Jean Madiran: "La Technique de l'Esclavage", París, página 18.
[4] Ibid., p. 20.
[5] Cit. por Jean Ousset, op. cit., p. 143, nota 119.
[6] "¿Qué hacer?", Obras Escogidas, Inst. Marx-Engels de Moscú, p. 133, cit. por Alberto Falcionelli: "Historia de la Rusia Contemporánea", t. I, Mendoza, 1954, p. 246.
[7] En "Ecclesia" del 31 de julio de 1965.
[8] Cit. por Jean Madiran, op. cit., p. 54, nota 7.
[9] En la revista soviética "Kommunist" (cit. por J. Madiran, op cit., p. 52, nota 5).
[10] Publicado en "Verbo", n° 42.
[11] Cit. por J. Madiran, op. cit., p. 42.
[12] Publ. por Ed. Nuevo Orden, Buenos Aires, 1964.
[13] "L'Intégrisme, histoire d'une histoire", París, 19G4, p. 200.
[14] Cit. por Jean Ousset, "Le Marxisme leninismo" p. 360.
.[15] Ibid., p. 361.
[16] Ibid-p- 36°-
[17] En la Argentina, la revista "Criterio" (director, Pbro. Jorge Mejía; consejo de redacción: Juan Julio Costa, Carlos Alberto Floria, Felipe Freier, Carmelo Giaquinta, Fermín B. Fevre) se solidarizó con "Informations Catholiques Internationales", cuyas noticias reproduce. (N. de la R.)
[18] "Informations Catholiques Internationales", 1° de noviembre de 1961.
[19] Id., 19 de noviembre de 1964.
[20] 20 Vid. "Ecclesia" del 24 de abril de 1965. Estos sucesos han inspirado el siguiente comentario a Roger Garaudy, en el cual se manifiesta la "práctica de la dialéctica,, actuando de criterio de interpretación: "Estos hechos, sumamente positivos y que revelan los profundos cambios que se están produciendo en la conciencia cristiana, en el espíritu definido por el Papa Juan XXIII y alentado por el Concilio (sic), son históricamente mucho más significativos e importantes que la batalla por retardar los acontecimientos y las tentativas de freno de los elementos de extrema derecha, particularmente turbulentos, pero desesperadamente vueltos hacia el pasado. Lo importante, para un marxista, es lo que está naciendo y desarrollándose". "Los integristas, que pretenden inmovilizar a la Iglesia en un pasado condenado por la historia y que, políticamente, constituyen el ala más activa de la peor reacción y del anticomunismo más intransigente y agresivo, han ejercido un verdadero "chantage", amenazando incluso con una escisión en la Iglesia, con un verdadero cisma, si se dejaba que se desarrollara la lógica viva del diálogo con el mundo en que se ha empeñado el Concilio y que ha sido reconocido como irreversible por el Papa Paulo VI en su encíclica "Eccle-siam Suam". La comisión permanente del Episcopado ha cedido a este «chantaje» con una censura despiadada a «Témoignage Chrétien», que se esforzaba por impulsar objetivamente el diálogo con los comunistas, y con medidas administrativas por las que se destituye a los actuales dirigentes de la Juventud de Estudiantes Católicos, reemplazándolos por un grupo minoritario".
"El conflicto esencial se halla, pues, planteado entre los católicos franceses que sienten en toda su profundidad el impulso de las grandes fuerzas vivas de nuestro tiempo (fuerzas de la paz, de la democracia, del socialismo, de la cultura humana), y los elementos más retrógrados, vinculados a la más negra reacción, que disponen, sin embargo, gracias a su contacto con el mundo de los privilegios, de medios de acción poderosos, que han inducido a la comisión permanente del Episcopado francés a tomar medidas que se oponen a la evolución actual del catolicismo francés.
"Aquello que los comunistas deben retener de esta crisis, son los aspectos positivos de los cambios que se están operando en los cristianos, la voluntad cada vez más consciente de millones de ellos de luchar por la transformación del mundo junto con las fuerzas progresistas". ("L'Humanité", 13 de abril de 1965).
Roger Garaudy, marxista, da lección a los cristianos sobre la manera de interpretar a la Iglesia. Y hay cristianos que se aprenden de memoria la lección y que la repiten, con las mismas palabras, dando así muestra de su carácter "avanzado", "innovador", "progresista", etc. Este cuento es tan viejo como el pecado de nuestro padre Adán.
[21] Cit. por J. Ousset., op. cit., p. 136.
[22] Ed. Rialp, Madrid, 1958, p. 120.