CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

RATZINGER NO SE CANSA DE PROFERIR HEREJÍAS


RATZINGER NO SE CANSA DE PROFERIR HEREJÍAS

En la presente entrega se abordarán ciertas herejías de extraordinaria insidia y malicia, que tienen su base diabólica en el racionalismo e indiferentismo. Fueron proferidas —o mejor dicho, estaban destinadas a serlo— por Ratzinger en un encuentro planificado de la Universidad Sapienza en Roma (hace rato degradada a estercolero único), pero felizmente pudieron frustrarse felizmente —por oposición de extremistas anticatólicos infinitamente menos perniciosos que el mismo Subversivo Global de Ratzinger. En el estremecedor discurso no pronunciado del hereje, publicado en la página oficial de la Megasecta Postcatólica [1], se advierte a las claras que dicha institución materializa una nueva pseudorreligión absolutamente diabólica, hecha por hombres y para hombres. Como este discurso de Ratzinger (17/1/2008) rebosa de herejías, sobre todo las del racionalismo absoluto y modificado, el naturalismo y otras distorsiones, aquí sólo se consignarán las más graves y representativas.

Aquí van algunas muestras iniciales salpicadas de la cloaca infernal de Ratzinger. Esto es lo que hubiera querido decir el usurpador de la Sede Apostólica, según lo consigna la página oficial de la Megasecta Postcatólica:

«¿Tú crees que existe realmente entre los dioses una guerra mutua y terribles enemistades y combates...? Eutifrón, ¿debemos decir que todo eso es efectivamente verdadero?» (6 b c). En esta pregunta, aparentemente poco devota — pero que en Sócrates se debía a una religiosidad más profunda y más pura, de la búsqueda del Dios verdaderamente divino —, los cristianos de los primeros siglos se reconocieron a sí mismos y su camino. Acogieron su fe no de modo positivista, o como una vía de escape para deseos insatisfechos. La comprendieron como la disipación de la niebla de la religión mítica para dejar paso al descubrimiento de aquel Dios que es Razón creadora y al mismo tiempo Razón-Amor

Esto es un producto inauditamente diabólico. El Sumo Sacerdote apestado de Marktl (oink-oink) gruñe aquí bien explícitamente, que: «En esta pregunta, aparentemente poco devota [«¿Tú crees que existe realmente entre los dioses una guerra mutua y terribles enemistades y combates...? Eutifrón, ¿debemos decir que todo eso es efectivamente verdadero?»] —pero que en Sócrates se debía a una religiosidad más profunda y más pura, de la búsqueda del Dios verdaderamente divino—, los cristianos de los primeros siglos se reconocieron a sí mismos y su camino.» Eso significa evidentemente que los cristianos de los primeros siglos (y por ende mucho después de la conclusión de la Revelación por el último Apóstol) se hicieron cristianos porque francamente no podían creer mucho en los muchos dioses de la Antigüedad. Y así lo propone el mismo Ratzinger con completa desvergüenza con el siguiente desecho doctrinario: «Acogieron su fe no de modo positivista, o como una vía de escape para deseos insatisfechos. La comprendieron como la disipación de la niebla de la religión mítica para dejar paso al descubrimiento de aquel Dios que es Razón creadora y al mismo tiempo Razón-Amor..» Aparte de la notoria herejía pelagiana encerrada en esta porquería, aquí asoma su repugnante cabeza la herejía devastadora del racionalismo absoluto que condenó Pío IX en su «Syllabus» [documento desafiado por Ratzinger dos veces en un solo libro].

En cuanto al pelagianismo, debe subrayarse que es absolutamente imposible para el hombre encontrar o aceptar la verdadera Fe sin un antecedente acto de la Gracia de Dios. El Señor Jesucristo en persona lo ha dejado muy en claro con sus palabras: «Sin mí nada podéis hacer». Dicho acto especial de Gracia del Señor es lo que constituye la condición previa para la aceptación de la Fe cristiana, y no cualquier consideración racionalista, como por ejemplo «¿Tú crees que existe realmente entre los dioses una guerra mutua y terribles enemistades y combates...? Eutifrón, ¿debemos decir que todo eso es efectivamente verdadero?», para alcanzar la Verdad teologal.

Ahora bien, según el Ratzinger, «En esta pregunta, aparentemente poco devota —pero que en Sócrates se debía a una religiosidad más profunda y más pura, de la búsqueda del Dios verdaderamente divino—, los cristianos de los primeros siglos se reconocieron a sí mismos y su camino.» El Endemoniado dice, sí, que el hombre puede alcanzar el conocimiento de la Fe cristiana, que es la Verdad única y absoluta, con su sola razón y reflexión. No es sólo un juego de confusión diabólico con la teología natural que dice que el hombre por su razón puede saber que hay un Dios único y creador, que tiene amor a sus criaturas etc., sino que contiene bien explícitamente la herejía del racionalismo absoluto, que el Papa Pío IX condenó solemnemente en su Syllabus (al cual Ratzinger con cínica coherencia contrapuso la declaración conciliabular Gaudium et spes como Contrasyllabus en sus propias palabras) el 8/12/1864, ex cathedra 4.:

«Todas las verdades de la religión derivan de la fuerza nativa de la razón humana; de ahí que la razón es la norma principal, por la que el hombre puede y debe alcanzar el conocimiento de las verdades de cualquier género que sean».

Según Ratzinger los cristianos habrían sentido que en el cristianismo estaría lo correcto (para los modernistas el sentimiento religioso contiene toda revelación) porque les ofreció una alternativa radicalmente diferente a los dioses que habían adorado hasta entonces. Así, según él, los cristianos de los primeros siglos habrían sido ex idólatras frustrados que, por haberse vuelto escépticos con respecto a sus dioses, probaron el cristianismo para ver si los ayudaría en la «disipación de la niebla de la religión mítica», se les hizo más interesante. Quedó señalado cómo la Iglesia Católica condenó ex cathedra esta herejía que Ratzinger, como de costumbre, ensayó empaquetar de manera furtiva.

Cuando el Marktleriano Apestado aquí susurra que

«En esta pregunta [“¿Tú crees que existe realmente entre los dioses una guerra mutua y terribles enemistades y combates...? Eutifrón, ¿debemos decir que todo eso es efectivamente verdadero?”], aparentemente poco devota —pero que en Sócrates se debía a una religiosidad más profunda y más pura, de la búsqueda del Dios verdaderamente divino—, los cristianos de los primeros siglos se reconocieron a sí mismos y su camino»

Eso se explica porque Ratzinger piensa que

«Todas las verdades de la religión derivan de la fuerza nativa de la razón humana; de ahí que la razón es la norma principal, por la que el hombre puede y debe alcanzar el conocimiento de las verdades de cualquier género que sean» (frase herética, condenada en el Syllabus).

Para no quedar incompletos ni en suspenso, repitamos por qué los primeros cristianos se hicieron cristianos: por una especial intervención sobrenatural gratuita del Señor, y por el conocimiento de todos los milagros obrados por el Señor Jesucristo para probar su divinidad —sobre todo su propia resurrección de entre los muertos— conocimiento que les hizo notar que él era el Creador, el Camino, la Verdad y la Vida, y que no puede haber salvación fuera de su Iglesia, que no es otra que la Católica Apostólica Romana.

No es lo que puedan argumentar con gusto los postcatólicos que en definitiva niegan de la manera más pérfida los milagros, la resurrección corporal, y simplemente la divinidad del Señor, y desfiguran todo eso como «cosas simbólicas». Además vale notar que el Señor obsequió a la Iglesia en su época originaria con carismas especialísimos, de manera que con una mera expresión de voluntad del Papa Pedro cayeran muertos los estafadores Ananías y Safira. Las hombres vieron todos estos milagros y supieron que la religión católica tenía que ser la única establecida por Dios, y no por razones frívolas como por ejemplo que no fuese creíble que los dioses mantuvieran enemistades y combates, etc. etc. Con esa motivación bien habrían podido convertirse al judaísmo. Aquí no caben excusas: esa escupida ratzingueriana brota en último análisis del inmanentismo modernista herético, y por consiguiente el Inmundo hereje procede con coherencia —combinada con repugnante disimulo— al igualar la religión sobrenatural (= única y exclusivamente la revelación Divina dada por el Señor Jesucristo) con la religión natural (= conocimiento de la existencia del Dios único accesible a todo hombre con la ayuda de su razón). Nos lo explicará mejor el Papa San Pío X, de santa memoria:

Encíclica «Pascendi»:

«Pues en ese sentimiento los modernistas no sólo encuentran la fe, sino que con la fe y en la misma fe, según ellos la entienden, afirman que se verifica la revelación. Y, en efecto, ¿qué más puede pedirse para la revelación? ¿No es ya una revelación, o al menos un principio de ella, ese sentimiento que aparece en la conciencia, y Dios mismo, que en ese preciso sentimiento religioso se manifiesta al alma aunque todavía de un modo confuso? Pero, añaden aún: desde el momento en que Dios es a un tiempo causa y objeto de la fe, tenemos ya que aquella revelación versa sobre Dios y procede de Dios; luego tiene a Dios como revelador y como revelado. De aquí, venerables hermanos, aquella afirmación tan absurda de los modernistas de que toda religión es a la vez natural y sobrenatural, según los diversos puntos de vista […] Tenemos así explicado el origen de toda religión, aun de la sobrenatural: no son sino aquel puro desarrollo del sentimiento religioso. Y nadie piense que la católica quedará exceptuada: queda al nivel de las demás en todo

Pero todavía cabe apuntar algo muy importante, que parecería contradictorio pero no lo es. Los cristianos de los primeros siglos —aunque según el Ratzqueroso habrían aceptado el cristianismo basados en la sola razón— se habrían pasado siglos buscando la Verdad, dado que, según Su Satanidad:

«En esta pregunta, aparentemente poco devota —pero que en Sócrates se debía a una religiosidad más profunda y más pura, de la búsqueda del Dios verdaderamente divino—, los cristianos de los primeros siglos se reconocieron a sí mismos y su camino

En otras palabras, los cristianos de los primeros siglos (aunque toda revelación acabó con la muerte del último apóstol) todavía estaban aún a la busca de lo divino, dado que —siempre según el «pensamiento» herético del Usurpador — siempre se habrían reconocido a sí mismos en la pregunta de Sócrates (teología natural). Por un lado Ratzinger nos escupe aquí de lleno la herejía del racionalismo absoluto, y después regresa al agnosticismo que sirve de base a las herejías modernistas. Sabemos que por agnosticismo los modernistas rechazan toda revelación exterior y en consecuencia buscan la «revelación» en el hombre mismo y entonces se hacen grandes descubridores de sentimientos religiosos humanos de cada momento y lugar. A continuación, el agnosticismo pide a los modernistas postcatólicos alcanzar «la verdad completa» mediante un salto de la razón.

Papa San Pío X, «Pascendi»:

«No hemos visto hasta aquí, venerables hermanos, que den cabida alguna a la inteligencia; pero, según la doctrina de los modernistas, tiene también su parte en el acto de fe, y así conviene notar de qué modo. En aquel sentimiento, dicen, del que repetidas veces hemos hablado, porque es sentimiento y no conocimiento, Dios, ciertamente, se presenta al hombre; pero, como es sentimiento y no conocimiento, se presenta tan confusa e implicadamente que apenas o de ningún modo se distingue del sujeto que cree. Es preciso, pues, que el sentimiento se ilumine con alguna luz para que así Dios resalte y se distinga. Esto pertenece a la inteligencia, cuyo oficio propio es el pensar y analizar, y que sirve al hombre para traducir, primero en representaciones y después en palabras, los fenómenos vitales que en él se producen. De aquí la expresión tan vulgar ya entre los modernistas: “el hombre religioso debe pensar su fe”.»

Cuántas veces hemos oído esa frasecita de los picos heréticos postcatólicos de todas las tonalidades. Esta consigna tan cara a los modernistas apóstatas, es por así decir la fuente herética de todas las escupidas del Usurpador.

___________________________________________

[*] Fuente: www.sedisvakantismus.org Traducción: Gentileza del Sr. Patricio Shaw
[1] DISCURSO PREPARADO POR EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA EL ENCUENTRO CON LA UNIVERSIDAD DE ROMA "LA SAPIENZA"