CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

DOS MILLONES DE PERSONAS SE REÚNEN EN ROMA
EN DEFENSA DEL MATRIMONIO Y LA FAMILIA - DESDE
EL VATICANO: EL SILENCIO DE LA CAPITULACIÓN
Christopher A. Ferrara


Hoy solemos escuchar una interminable palabrería acerca de la “misericordia” y la “cercanía” al rebaño. Pero, ¿cómo es que vemos, en cambio, un silencio inmisericorde frente al mal que avanza y una jerarquía que está en todos los apretones de manos y besuqueos de bebés y que exhibe la frialdad de un político, cuya primera preocupación es conservar su posición en medio de los poderes que sea?


Marcha multitudinaria en Roma contra las uniones gay

2 de febrero del 2016 - El 30 de enero, Día de la Familia, dos millones de católicos llenaron el Circo Máximo, para dar testimonio en contra de la legalización del “matrimonio gay”, bajo el título de “unión civil”. Fue probablemente la mayor demostración pública en la historia de Italia. Como señala Antonio Socci, esta fue la primera vez en la historia de Italia en que el Circo Máximo ha sido colmado “sin ninguna organización detrás o previo el pago de los costos del viaje.”

Pero, desde el Vaticano y de Francisco en particular, la vasta multitud no escuchó una sencilla palabra de aliento. Ni siquiera durante su audiencia general del mismo día, hizo algo así como reconocer la presencia, a unos pasos de distancia, de dos millones de católicos, que habían venido a Roma a hacer lo que él y sus colaboradores debieron estar haciendo: defender el orden moral en contra de un asalto legislativo, en el último país de la Unión Europea que no ha legalizado las “uniones civiles” basadas en la práctica de la sodomía.

Un Socci claramente disgustado lamentó que el mismo "pontífice" que declaró el año 2013 que un pastor debiera “tener el olor de las ovejas”, prefiere “el aroma de los salones de Scalfari, al olor del rebaño cristiano.”

Se dirá en defensa de este vergonzoso silencio – el mismo silencio con que Francisco saludó la legalización de las uniones sodomíticas en Irlanda y en todos los Estados Unidos – que Francisco no quiere entrometer a los miembros de la jerarquía en disputas políticas, apoyando a un lado u otro.

¿Es así? Entonces, ¿cómo se explica a Francisco tomando banderas en un amplio espectro de temas políticos: política inmigratoria, capitalismo y distribución de la riqueza, “cambio climático”, normativa ambiental, pena de muerte y presidio perpetuo, relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba y hasta el movimiento separatista escocés (al que se opone)? ¿Y cómo donde sea que Francisco posee peso en un tema político, le encontramos en el lado liberal o socialista: desde Hugo Chávez en Venezuela, a Ban-Ki-Moon en las Naciones Unidas, hasta Barack Obama, en los Estados Unidos y a Raúl Castro, en Cuba?

Por cierto la Iglesia tiene el deber de intervenir en la política, cuando el proceso político ataca el orden moral, como en Italia. Pero parece que precisamente es en esos casos que Francisco se rehúsa a intervenir: No solo en el caso de las “uniones civiles” para los sodomitas, sino también en el aborto, cuya abolición jamás ha exigido, al tanto que incesantemente aboga, en todo el mundo, por la abolición de la pena de muerte y hasta de la cadena perpetua para el asesinato. Pero, a diferencia del aborto, que es el asesinato de un imocente directamente deseado, la pena de muerte concuerda con el quinto mandamiento, como lo enseña el Concilio de Trento:

“Lejos de ser culpable de violar el quinto mandamiento, tal ejecución de la justicia es un acto de obediencia a dicho mandamiento. Porque el propósito de la ley es defender y fortalecer la vida humana. Este propósito se cumple cuando la autoridad legítima del estado es ejercida quitando las vidas culpables de quienes han quitado vidas inocentes.

Al rehusarse a brindar tan solo una sencilla palabra de aliento a esos dos millones de católicos, Francisco les ha despojado de toda posibilidad de actuar con la autoridad moral de la Iglesia Militante a la que ellos, claramente, representan. Pueden ser descartados, por los poderes mundanos, como una banda escandalosa, que hasta el papa ha evitado, como si fuesen portadores de la peste bubónica.

Debe decirse, con total franqueza: Francisco preside sobre la silenciosa rendición de la Iglesia, en la guerra cultural, por parte de prácticamente toda la jerarquía católica. Solo un obispo, de toda la Iglesia, participó en el Día de la Familia. Al argumento de que la guerra ya estaba perdida y que la Iglesia nada puede hacer para afectar el resultado final, el católico solo puede responder: ¿Dónde está tu fe en el poder de la gracia divina, para renovar la faz de la tierra, incluso en los más oscuros momentos de la historia humana, como hemos visto una y otra vez, en los pasados 2.000 años – y, como prometió Nuestra Señora en Fátima, con que solo el papa y los obispos hicieran lo que Ella les pidió?

Además, ¿dónde estaban los líderes de la Iglesia, mientras el enemigo conquistaba terreno, en los pasados cincuenta años de “renovación conciliar”? La respuesta es: seguros dentro de los muros de sus feudos, no diciendo nada y no haciendo nada para detener el avance. Que fue exactamente donde Francisco se encontraba cuando dos millones de católicos se reunían en Roma, para intentar hacer el trabajo que corresponde primer y principalmente a él y las demás pastores de la Iglesia Universal.

Pero los pastores no fueron vistos por ninguna parte el Día de la Familia. Nuestro Señor nos dice por qué: “Pero el mercenario, que no es el pastor, al que las ovejas no pertenecen, viendo al lobo, deja las ovejas y huye: y el lobo coge las ovejas y dispersa el rebaño: y el mercenario huyó, porque es un mercenario, que no se ocupa de las ovejas (Jn. 10:12-13).”

Hoy solemos escuchar una interminable palabrería acerca de la “misericordia” y la “cercanía” al rebaño. Pero, ¿cómo es que vemos, en cambio, un silencio inmisericorde frente al mal que avanza y una jerarquía que está en todos los apretones de manos y besuqueos de bebés y que exhibe la frialdad de un político, cuya primera preocupación es conservar su posición en medio de los poderes que sea?

Tal es el estado de cosas que Nuestra Señora de Fátima vino a remediar, en la tierra. Para citar a uno de los escasos prelados valientes del mundo, Monseñor Athanasius Schneider:

“La Iglesia, nuestra Madre, está siendo maniatada no solo por los enemigos de Cristo, sino también por algunos de sus colaboradores, en las filas del clero, incluso a veces del alto clero... Tenemos que rezar, para que el "Papa" pronto consagre explícitamente Rusia al Inmaculado Corazón de María, entonces Ella triunfará, tal como la Iglesia ha rezado desde tiempos muy remotos: “Regocíjate, oh Virgen María, pues Tú sola has destruido todas las herejías de todo el mundo (Gaude, María Virgo, cunctas hæreses sola interemisti in universo mundo)”.

Traducido de Fatima Network por Miguel Malle

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