CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LA EXTRAÑA IRA DE LOS NUEVOS PURITANOS
John Horvat


              18 de enero de 2018

Acosos sexuales en los Estados Umidos

Súbita e inesperadamente, estalló en Estados Unidos el escándalo de denuncias en serie de acosos sexuales. Con todas las características de una secuencia orquestada, el clímax de las denuncias fue el anuncio de que “las que rompen el silencio” han sido nombradas “Personas del Año” 2017 por la revista “TIME”. Ello ha catapultado el escándalo al centro del escenario nacional, haciendo que el tema del abuso sexual en locales de trabajo adquiera proporciones de crisis. En ese clima, muchos temen que un nuevo “puritanismo” se propague sobre las empresas norteamericanas, aumentando la ansiedad en los centros de trabajo y entorpeciendo la comunicación.

http://time.com/time-person-of-the-year-2017-silence-breakers/
Entre los astutos defensores del vale todo moral
que ahora posan de escandalizados están “The New
York Times”, “TIME” y “The Huffington Post”

No es el puritanismo antiguo

Tal temor es exagerado. No hay peligro de una ola de puritanismo a la antigua, de una vuelta hacia los viejos tiempos puritanos, porque el blanco de la actual ofensiva anti-acoso no es la cultura hipersexualizada que impregna todo.

Al contrario, la cultura de placer sexual al paso, con su lenguaje vulgar, recurso a drogas y modas inmodestas, continuará degradando la sociedad y los ambientes de trabajo. Los grandes medios de comunicación también seguirán promoviendo la mayor libertad sexual posible en todos los terrenos posibles.

Todo esto sucederá pese a que es un hecho que tales hábitos promiscuos son las incubadoras del acoso sexual. Son como las drogas “blandas” iniciales que conducen a las duras.

Sin embargo, curiosamente, no son blanco del bombardeo publicitario anti-acoso. El blanco declarado de este ruido mediático son hombres poderosos que supuestamente acechan a mujeres intimidadas y a otras víctimas.

Denuncias a partir de un enfoque prejuicioso

Tal como en anteriores estruendos publicitarios lanzados por los medios de comunicación, el fin es construir un relato, un enfoque prejuicioso, que pueda ser controlado enteramente por el establishment liberal-izquierdista. Entre los astutos defensores del vale todo moral que ahora posan de escandalizados están “The New York Times”, “TIME” y “The Huffington Post”.

Sus denuncias siguen un patrón. La narrativa se construye sobre un problema legítimo y urgente, puesto de lado por mucho tiempo, que es necesario abordar. El secreto a voces de las conductas sexuales reprobables —y hasta aberrantes— aparece Harvey Weinsteinrepentinamente expuesto en la gran prensa. Con toda razón, lo chocante de estos actos inmorales los hace indefendibles a los ojos del público. Al mismo tiempo, se presentan otras ofensas cometidas en el pasado distante que dificultan que el presunto delincuente demuestre su inocencia frente a un público que exige un juicio inmediato.

Un segundo componente es el hallazgo de ejemplos extremos de agresiones sexuales que se convierten en la medida con la cual se juzgan todos los demás casos. El comportamiento de Harvey Weinstein [1] por ejemplo, se convirtió en un caso exponencial, con suficientes acusaciones para impresionar a un público escandalizado. Pronto otros le siguieron, y la seguidilla prosigue en estudiada cadencia hasta hoy.

Alboroto alrededor de las acusaciones

La siguiente fase es provocar un gran alboroto alrededor de las acusaciones. Las ofensas menores son asociadas con los casos más atroces. En la mente del público, todos los casos son iguales. Un ambiente de acusaciones y testimonios se arremolina en torno al problema, creando la impresión de que los todopoderosos mandos empresariales son depredadores que se aprovechan de mujeres débiles que buscan avanzar en sus carreras o apoyar a sus familias. En una atmósfera muy parecida a la de un Terror Rojo, cualquiera puede ser acusado, sumariamente juzgado por los medios y destruido socialmente.

Es clave para este encuadramiento narrativo crear un clima de exageración en torno a las víctimas reales. En el caso del acoso, las estadísticas desmienten esa visión histérica. Es cierto que hay muchos casos de abuso (y que solo uno ya sería demasiado). Sin embargo, la realidad norteamericana es que la gran mayoría de las trabajadoras no son víctimas, ni la mayoría de los jefes son depredadores.

Convertir a todos en depredadores

De acuerdo con una encuesta de 2016 entre 42,000 empleados realizada por la Junta de Protección de Sistemas de Mérito de los Estados Unidos, por ejemplo, los casos extremos de insinuaciones sexuales son poco frecuentes en el lugar de trabajo.

Solo el uno por ciento de mujeres y hombres reportaron una presión para obtener favores sexuales. Se registró una cifra similar para ambos sexos por agresión sexual [2].

Alrededor del 18% de las mujeres y el 6% de los hombres sí reportaron conductas de acoso o molestias que consistían en bromas indeseables, comentarios obscenos, gestos sugestivos o miradas, o invasiones no deseadas del espacio personal. Pero en nuestra cultura hiper-sexualizada, muchas personas pueden ser acusadas de tales conductas. Si bien las mismas sean totalmente censurables, difícilmente pueden compararse con los casos atroces de agresión.

Así como las horribles acciones de una pequeña minoría de eclesiásticos en la Iglesia Católica hicieron que muchos quisieran considerar injustamente a todos los sacerdotes como depredadores sexuales, igualmente pueden ser etiquetados de “acosadores” todos los hombres de poder en este clima de terror mediático.

Los medios crearon, adrede, la idea de que todos, o al menos la gran mayoría de eclesiásticos, eran pederastas.
Los medios crearon, adrede, la idea de que todos, o al
menos.la gran mayoría de eclesiásticos, eran pederastas.

Un marco de lucha de clases

Lo importante es recordar que la izquierda controla el relato de los escándalos de acoso. Su retórica contiene el marco típico de lucha de clases propio de esa corriente, para llevar adelante su agenda.

No es difícil discernir en esas acusaciones el cliché izquierdista clásico. Los presuntos opresores-depredadores están representados por hombres todopoderosos instalados en Hollywood, en los medios, en los negocios y en la política. Hasta son llamados “señores feudales” que poseen poder ilimitado sobre sus “vasallos”. Los oprimidos son las víctimas verdaderamente desafortunadas. Sin embargo, los medios ampliaron la etiqueta de víctima para incluir a todas las mujeres, minorías y personas LGBT.

Cambiando estructuras y viejas conductas

El objetivo final es cambiar las estructuras de poder, especialmente aquellas que favorecen a los varones.

Las mujeres han ingresado al mundo corporativo norteamericano en cantidades significativas. Sin embargo, para las feministas, este cambio es demasiado lento. Cualquiera que represente una figura de poder tradicional debe convertirse en un blanco a derribar, incluidos algunos liberales que siguieron la revolución sexual hasta sus últimas consecuencias, pero ahora han quedado superados. El mundo de los negocios debe ser aterrorizado para cambiar. Es la próxima “Bastilla” a tomar.

El objetivo a largo plazo es mucho más radical. La solución de izquierda libertaria [NT – Equivalente a los caviares peruanos, como los anidados en la PUCP] no es restringir sino expandir aún más la libertad sexual. Los activistas consideran que la promiscuidad sexual convencional es demasiado “tradicional”, y está dominada por los hombres. Quieren eliminar todas las conductas antiguas, aún las inmorales. Ellos promueven una nueva era de fluidez sexual a ser explorada mediante un alfabeto de nuevas “identidades de género”. Curiosamente, ninguno de estos comportamientos, que a menudo conducen a relaciones abusivas, es denunciado en la campaña de terror mediático.

De ahí que la amenaza no sea el viejo puritanismo, sino un nuevo y extraño neo-puritanismo que podría esparcirse por los centros de trabajo. Los nuevos puritanos no son conservadores morales tradicionales, sino radicales que piden sangre y completa igualdad de “géneros”. La furia de los nuevos puritanos no conoce límites. Las mismas feministas que abusan de las mujeres promoviendo el aborto son ahora los nuevos zelotes que definen qué es abuso y acoso. Darán guerra sin cuartel a los cristianos.

La actriz Catherine Deneuve encabeza una declaración defendiendo la “libertad sexual” contra el “puritanismo”, firmada por 100 artistas e intelectuales
La actriz Catherine Deneuve encabeza una declaración
defendiendo la “libertad sexual” contra el “puritanismo”,
firmada por 100 artistas e intelectuales


Regresar al orden cristiano

Por supuesto, la solución real es un retorno a la moral cristiana. La fuente del problema es todo comportamiento promiscuo, y la única forma de resolverlo es la creación de una sociedad moral.

Es claro que los nuevos puritanos nunca aceptarán esta solución. Pero es verdaderamente la única posible, porque toma en consideración la naturaleza caída del hombre y la mujer.

La Iglesia indica las normas morales que crean las condiciones para que las personas vivan en armonía, y proporciona los medios para que la gracia de Dios actúe en las almas a fin de vencer las pasiones desordenadas que conducen al abuso y al pecado. Ella enseña la armonía, no la lucha de clases (ni de “géneros”); la justicia, no la furia; la pureza, no el libertinaje.

Cualquier otra solución conducirá al caos y el conflicto. Es por eso que la furia de los nuevos puritanos debe ser denunciada, para que no extienda su locura por la nación.

Fuente: Tradición y Acción

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ÍNDICE DE "PERVERSIÓN"

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[1] Harvey Weinstein es un productor de cine y teatro que fundó con su hermano la empresa cinematográfica Miramax, la cual condujeron hasta 2005, cuando formaron The Weinstein Company. En octubre de 2017 salió a luz una avalancha de acusaciones contra él por abuso sexual, motivando que sea despedido de su propia compañía y expulsado de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas y otras asociaciones profesionales. Las investigaciones están en curso.
[2] https://www.mspb.gov/studies/MPS2016.htm