CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LOS DOS "PAPAS" MASONES QUE CAMBIARON LA IGLESIA


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Todo esto no se puede olvidar …
Arai Daniele

Está aceptada generalmente la idea, que se tiene como algo de sentido común, de que si toda la Iglesia acepta la elección de un papa sin una palabra en contra, sin levantar sospechas entre los electores del cónclave, la elección es válida. Pero esto no es un dogma.

De hecho, la bula “Cum ex apostolatus” del Papa Pablo IV, define que este reconocimiento general no tiene valor alguno si se descubre que el elegido, ANTES de su elección, se había apartado de la Fe católica [por la herejía]. Entonces, el cónclave que lo eligió, aunque tuviera el voto unánime de los cardenales, debe considerarse nulo, como si no hubiese sucedido, dando lugar a la nulidad de los elegidos al cargo. Fue un clérigo desviado en la Fe, ocultamente, el  que logró engañar a los cardenales electores bajo una máscara de  hombre patentemente fiel, que no se había desviado por herejías (como la del modernismo, o por las de las sectas masónicas).

enales y a la generalidad de los católicos durante el periodo de tiempo que se quiera, pero no engaña al Señor, de Quien proviene. la autoridad pontificia,  de Quien jamás él obtuvo la autoridad. Basta entonces, con observar su trabajo de demolición de la Iglesia, continuándolo y ampliándolo.

Acaba de aparecer en Roma un libro sobre  “papas” elegidos de esta manera. Un libro ‘sui generis’, ya que contiene una colección de escritos, que destruyen la certeza que se tiene generalmente, de la legitimidad  de los “Papas conciliares”:  “La Iglesia traicionada – destrucción de la Fe Latina”, de Michele Arcangelo, publicado por BastogiLibri (editorial esotérico-masónica). En el libro se reproducen páginas de otros libros, como el conocido “Nichitaroncalli – Controvita de un Papa,” de Franco Bellegrandi.

Puesto que el asunto de este nuevo libro es la mayor traición a la Iglesia, que se perpetúa hoy día entre la apatía general, hablamos de él aquí, retornando una vez más a la aterradora realidad del  criminal intento para corromper la Fe, ejecutado en el Vaticano desde la elección de Roncalli hasta la todavía más extraña elección de Bergoglio.

 UN TESTIMONIO DE VITAL IMPORTANCIA SOBRE UN GRAN CRIMEN

“Unos meses después de la muerte del papa Pacelli, me encontré en el Palazzo Farnese, con el Cerdenal Tisserant, radiante después de haber sido recibido por el embajador de Francia, quien me honró comunicándome una confidencia. El viejo cardenal que aún tenía bajo la púrpura cardenalicia el valor y la franqueza de un antiguo agente de la  Spahis, me dijo, indignado, caminando a trompicones bajo los dorados techos de un bellísimo palacio renacentista de Roma, cómo en las últimas semanas de la enfermedad de Pío XII, algunos altos cargos del Vaticano habían comenzado a desobedecerle abiertamente. E incluso me dijo mascando un italiano con fuerte acento francés pronunciado con la firmeza de un soldado, con palabras salidas de una boca que se prolongaba en una gran barba blanca que le llegaba hasta  la cruz pectoral, cómo la monja alemana empleada en el servicio personal del Papa, la inolvidable hermana Pasqualina, nacida Josephine Lenhert de Einsberg, tuvo que sufrir la indignidad extrema por parte de los enemigos del papa Pacelli, Pío XII,  que entoces estaba agonizando. A la monja que había salido corriendo del Vaticano para abastecerse de ropa interior para el Papa, se le negó un coche oficial para volver lo mas pronto posible a Castel Gandolfo, a la cabecera del Sumo moribundo. El eruditísimo cardenal francés, Decano del Sacro Colegio, Bibliotecario y Archivero de la Santa Iglesia Romana, destacaba entre los demás cardenales, por tener una personalidad “hecha de una pieza”. Era respetado y temido en el Vaticano por dos razones específicas: su franqueza tajante en exponer ante cualquiera, claramente, sus puntos de vista sin dejar espacio a cuaquier duda, y por el hecho de conocer una serie de secretos “incómodos”, en relación con el pasado de muchos funcionarios del Vaticano. De hecho, el antiguo oficial francés ahora cardenal, poseía un vasto archivo, constantemente actualizado y enriquecido, con documentos de gran valor histórico y, a menudo explosivos, hábil y meticulosamente ordenados, que cubrían casi medio siglo de su actividad al servicio de la Santa Sede. Por ello, el cardenal de una gran barba blanca, conocía uno a uno, cuáles eran los enemigos de Pío XII y del “Pacellismo”. En su archivo estaba documentado, por ejemplo, el “credo” del entonces marxista monseñor Giovanbattista Montini, “sostituto” de la Secretaría de Estado de Pío XII. Montini mantenía una estrecha amistad, desde 1945, con el secretario del partido comunista italiano Palmiro Togliatti, que entonces acababa  de regresar a Italia desde la Unión Soviética. Ignorante de todo ello,  Monseñor Giuseppe De Luca, distinguido latinista,  que compartía  con el líder marxista su amor por los clásicos italianos, lo cual estaba al origen de la peligrosa amistad,  fue para Togliatti el primer éxito, inesperado, conquistado sin mover un dedo, en territorio italiano, una vez liquidado el fascismo. Muy pronto, aquella secreta alianza entre el diablo y el agua bendita maduraría  y daría fruto. A través de los círculos protestantes de la Universidad de Uppsala y sus vínculos con la ortodoxia rusa, el Sostituto de la Secretaría de Estado de Pío XII había hecho saber al Kremlin que “la orientación política del papa Pacelli no era la de toda la Iglesia y que no todos en el Vaticano la aprobaban para el futuro”. Estas secretísimas iniciativas de Giovanbattista Montini no escaparon, sin embargo, epal entonces monseñor Tardini. No por casualidad entre los dos prelados de temperamentos opuestos – el primero racionalmente ambiguo, y el segundo extrovertido y abierto- nunca mantuvieron buenas relaciones. En el archivo del cardenal Tisserant, junto con otros documentos importantes del  delicado “asunto”, constaban los informes secretos enviados a Pío XII por el arzobispo de Riga, en los que se describen, con amplia documentación, los contactos que  Giovanni Battista Montini tenía, sin conocimiento del Papa, con emisarios de la Unión Soviética y de sus estados satélites, y los candentes resultados de la investigación secreta confiada por Pío XII a un oficial de los servicios secretos franceses. Pío XII logró hacerse con una colección de cartas atribuídas a Montini que indicaban a la KGB – la policía secreta soviética – los nombres y los movimientos de los sacerdotes, en su mayoría jesuitas, que, en aquellos años clandestinamente ejercían su ministerio en los países comunistas oprimidos por la persecución religiosa.

“Ese oficial le dirá más tarde al escritor francés Pierre de Virion que” …se sorprendió cuando puso sus ojos en esas cartas delatorias, escritas en papel con membrete de la Secretaría de Estado de Su Santidad “(2).  Tan pronto como Pío XII pudo leer esas cartas cayó desvanecido. Tuvo que guardar cama durante varios días, ordenando la partida  inmediata de Montini a Milán, la primera diócesis vacante que halló a mano en ese momento de angustia terrible. El futuro Pablo VI dejó así en una hora su cargo en el Vaticano que se equiparaba, de hecho, con el de Secretario de Estado. En realidad, Pío XII había dejado vacante ese puesto, tras la muerte en 1944 del cardenal Maglione

  • (2) Pierre Virion confió el incidente a la vaticanista  Gabriella de Montemayor que se encontraba en Roma en junio de 1974, quien recibirá una confirmación por parte de un magistrado romano de alto nivel, el Dr. Giulio Lenti a su vez informado por Mons. Domenico Tardini a quien estaba ligado por una antigua amistad. De hecho, Mons. Tardini fue convocado inmediatamente por el papa Pacelli conmocionado por esa revelación. El secretario del cardenal Tisserant, monseñor Georges Roche, narró el episodio en su libro “Pie XII devant l’histoire”, publicado por Laffont en París.

“Montini, el futuro Pablo VI …” Dejó atrás Roma y el gran dolor infligido al corazón del Papa, y llegó a Milán respetando la antigua norma del Vaticano ” promoveatur ut removeatur” Sucedió a  finales del otoño de 1954. Para obtener el codiciado “Capelo” cardenalicio, el hamletiano monseñor tendría que esperar el día de la elección al trono pontificio de su  antecesor  “Roncalli. (3).

  • (3) – Treinta y ocho años después, Antonio Spinola escribió en “Pío XII, el último Papa” (el Scie Mondadori, octubre de 1992 p.357, 358): “Al acabar 1954, el Papa nombró a Montini arzobispo de Milán. ¿Había querido alejarlo de sí? En agosto había muerto en la capital lombarda el cardenal benedictino Schuster, poseedor de la Arquidiócesis de San Ambrosio y ya al comienzo de noviembre el pontífice la había sustituído con … Montini. Montini no estaba contento, y de hecho se había mostrado a un amigo como perdido, el Camaldulense padre Anselmo Giabbani, con quien se encontró en por aquellos días, con un “semblante”   cambiado como testificó el monje. Incluso su voz era diferente, y los gestos menos expresivos “. Se hablaba de un verdadero exilio infligido al monseñor que se había atrevido a “traicionar” – el término era muy fuerte – la batalla contra el comunismo, así como la batallaanti-socialista de Pacelli. Sor Pasqualina había visto llorar al papa, decepcionado por la actitud aperturista de Montini. El Monseñor ya había atraído la atención del pro-secretario del Santo Oficio, el cardenal Ottaviani, cabecilla junto con Geddah. de los que acusaban a Montini de conspirar con Fanfani y aspirar a la implantación de la Democracia cristiana independiente del Vaticano. Incluso se decía que el monseñor había asistido a algunas misas negras. Fue el padre Lombardi el que lo notificó al Papa .

COSTÓ MILLONES HACER DESAPARECER ESTE TESTIMONIO DE VITAL IMPORTANCIA 

“El Nuevo Vaticano, por supuesto trató por todos los medios para hacerse con la colección de documentos. Acorralado, el cardenal Tisserant tuvo que entregar su valioso archivo, pero no sin antes haberlo hecho fotocopiar  por su secretario, el abad Georges Roche. Durante años después de la muerte de Tisserant, el Vaticano luchó en vano con Roche y la nieta del fallecido cardenal para poder comprar, a peso de oro, las incómodas copias duplicadas que circulaban por todo el mundo. Por último, el magnate cementero Carlo Pesenti, que había logrado comprar a Roche por 450 millones de libras al valioso archivo, lo vendió al Vaticano, mediando Mons. Benelli, a cambio de un préstamo blando de 50 mil millones de francos suizos. En realidad Pesenti lo necesitaba en aquella ocasión para sanear su grupo de bancario y para la compra de dos entidades de crédito en Mónaco y Monte Carlo, necesitaba préstamos en moneda extranjera dados por el Instituto para las Obras de la Religión (Mons. Marcinkus Mons. De Bonis, los Dres. Strobel). Pesenti podría así tener esta institución del VATICANO como garantía o fideicomiso de este crédito y ganar dinero con  la diferencia entre la tasa de cambio oficial y el tipo de cambio “Negro”. Así pues, el frente antipacelliano, progresista y defensor del “diálogo” y de la “apertura”, era ya una consistente y desconcertante fuerza , algunos años antes de la muerte de Pío XII.

El libro de Bellegrandi añade una información en la página 56-7, del mismo Cardenal, de suma importancia para aclarar la duda puesta al principio del artículo, crucial para reconocer la elección inválida debido a que Roncalli era Masón:

“Al menos en Roma, en los círculos bien informados se sabían los nombres de los cardenales masones. Un sacerdote amigo, Don Enrico Pompilio, capellán militar con el rango de mayor en el arma de carabineros, me confió que había recibido una revelación muy seria de un monseñor francés, reconocido conferenciante con quien se había encontrado en un congreso, sobre la muerte repentina, trágica y escandalosa del cardenal Jean Danielou. Como se sabe el cardenal francés,  famoso por su erudición, fue encontrado muerto en París, en el apartamento de una joven bailarina. Ellos nunca aclararon el fondo de esa muerte. Pues bien, el monseñor francés reveló a monseñor Don Pompilio con quien estaba unido  por una antigua amistad, que el cardenal Daniélou fue eliminado física y moralmente, por la masonería porque estaba a punto de dar a conocer la lista de todos los cardenales eminentes afiliadas a la secta.

“Roncalli para la masonería debería ser un peón. No parece una casualidad que dos años después de su elección al papado en 1960, promoviera una serie de estudios sobre la iniciación a las sociedades esotéricas y sus relaciones con la Iglesia. Era el inicio de un proceso que conduciría a la eliminación de la excomunión contra la masonería. Algunos eventos, conocidos y desconocidos, dan credibilidad a la premisa de Roncalli-Mason. Por ejemplo, el hecho de que ya se conocía anteriormente su elección papal como  patriarca de Venecia, en el cónclave de 1958. Hoy en día, después de muchos años de distancia de aquel cónclave, ante la aceleración progresiva del derrumbe de las estructuras milenarias de la Iglesia impreso por el Vaticano II, alguien decidió revelar documentos importantes que lo prueban. Una de ellas es la carta del cardenal Eugenio Tisserant a un profesor de derecho canónico, en la que el cardenal francés declara ilegítima la elección de Juan XXIII, precisamente porque  fue “querída ” y “preparada” por fuerzas “extrañas” al Espíritu Santo. (Ver. “La vida” de 18 de septiembre, 1977 pág. 4 “Las profecías de los papas en la lista de San Malaquías”, de “El Minutante”).

“Aquí y allá, en el largo viaje de la actividad diríamos pre-papal de Roncalli, hay reflexiones  iluminadoras que nos hacen ver a Angelo Giuseppe Roncalli como peón rosacruz  de los “hermanos Muratori.”

Una vez elegido Roncalli, ni siquiera se molestó en ocultar sus amistades [masónicas] espurias. A lo más que llegó, es a ir a los archivos del Vaticano para recuperar el dossier con su nombre y el de Montini; que confesaría más tarde ¡que lo hizo en broma!En este libro, sobre la “controvita”, hay poco que se escape a la condición de Roncalli como no elegible. Pero asi es de grande el “conclavismo”, con  cónclaves de aspecto canónico que para muchos tienen un valor de “absoluto”, el cual existe en la iglesia para gran desgracia de la gente.

Sin embargo, la Constitución Apostólica del Papa Pablo IV, define infaliblemente la no aplicabilidad de este criterio general ante el descubrimiento, tan tardío como se quiera, de la desviación en la Fe de un “papa electo,” incluso antes de su elección. Este cónclave que lo eligió, incluso con el voto unánime de los cardenales, es nulo, no sucedido, con la consiguiente “deposición” del supuestamente  elegido.

La razón es que la Iglesia reconoce que, a falta de la condición [de tener la verdadera Fe] del clérigo elegido, no pudo haber recibido el poder de las llaves por parte de Dios.

Pero en medio de la apostasía que reina, no hay ningún documento que pueda perforar la gruesa capa de mentiras unidas a la indiferencia general más completa, que pueda restaurar la verdad … por lo menos hasta ahora.

De Non Possumus

Visto en Amor de la Verdad           

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SUBVERSIÓN
BERGOGLIO Y LA SUBVERSIÓN