CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LOS MALES DE NUESTRA NACIÓN
APUNTEMOS DONDE CORRESPONDE

Tomás María García Bes


Haciendo limpieza en mis archivos, enacontré una carta de lectores (ignoro en que diario fue publicada), de un señor Tomás María García Bes, a quien no conozco. La publico por considerar muy acertados todos sus comentarios, a pesar de haber sido hechos hace varios años (2003)


Desde hace mucho tiempo que vengo observando como nuestra Nación va perdiendo su condición de tal y sus habitantes nos culpamos unos a otros, en lo posible a los militares, como si fueran extraterrestres o salidos de otra galaxia.

Hemos llegado a un punto que no nos permite discernir sobre las causales de esta horrible crisis que sufrimos y de la cual no sabemos como salir, pues nuestros democráticos conductores hace 30 años que pusieron la marcha atrás y no saben poner primera, entonces la culpa es de la cúpula militar de aquellos años.

A nadie se le ocurre ver mas atrás en nuestra historia, a fin de hacer una buena historia clínica del enfermo y de allí un buen diagnóstico y aplicar los remedios muy declamados, pero los que les falta un excipiente, para mí, fundamental y es el trabajo digno, serio, constante, vivificante del espíritu, tan venido a menos, sobre todo si agregamos Espíritu Nacional y Cristiano.

Creo que en la ruptura de este Nacional y Cristiano, está el quiebre de la Nación y de su vocación de grandeza en este universo globalizado.

Todos y cada uno de los que tomaron el comando para guiarnos, salvo honrosas excepciones, han llevado a nuestra Argentina al caos, desde el embrión de la Primera Junta en 1.810 hasta la actualidad.

Todos nos han ido llevando a un vacío de espíritu Nacional y Cristiano que desembocó en 1.918 en Córdoba, cuando se instauró la Revolución Bolchevique en Argentina a la que se dio en llamar Reforma Universitaria.

Fue esta reforma un acto subversivo que entregó a los estudiantes el manejo de la Universidad, o sea los educandos sin ninguna formación y por simple mayoría de la comunidad universitaria, pasan a comandar un barco sin rumbo y no tienen ni la simple preparación de un grumete, pues nunca han navegado.

Las consecuencias de este acto subversivo que a través de los años fue formando a nuestros Doctores y Dirigentes, ha culminado en nuestros días con el caos que vivimos.

El "Cambalache" de Discépolo, lejos de ser una filosofía barata, pasó a ser "la filosofía" actual, que nos mueve a risa, pero en realidad nos debería mover al llanto, sobre todo a los políticos y clase dirigente que nos ha llevado a este callejón sin salida. O por lo menos y en realidad, sin salida con las viejas teorías liberales y masónicas, cuyos personeros solo saben como "hijos de ricos", vivir de la chequera de papá o del préstamo del FMI.

Como ya vendimos hasta las joyas de la abuela y el FMI no nos quiere "prestar", gracias a Dios, ahora hay que laburar, o sea, agachar el lomo y mirar hacia el interior del país. Considero que hay que pensar no hacia fuera, sino hacia adentro, darle el mismo valor a La Quiaca que a Buenos Aires y plantear un desarrollo armónico pero inversamente proporcional a la población.

Definir la universidad tiene varias formas pero, en nuestra forma común, es una casa de altos estudios donde se prepara a los educandos en la profundidad del saber.

Santo Tomás dice que: "Una forma o naturaleza está determinada por su fin", o sea que para saber que es la Universidad, hay que considerar cual es su fin.

El fin primario y fundamental de la universidad es la formación plena del hombre, hacer el universitario un hombre culto, un humanista, es decir el desarrollo de todas las partes del hombre, ordenadas y jerárquicas dentro de su unidad total.

Así nace la universidad en el medioevo, cuando los alumnos buscaban el saber por el saber mismo y donde la relación maestro – alumno, era una amalgama casi perfecta de convivencia jerarquizada por la moral y la sabiduría y el gobierno y la autoridad y manejo, era una carga que recaía en los más sabios.

En una segunda etapa, se aparta a la universidad de Dios y se la considera una escuela con miras al universo y cosas de este mundo, se desconoce o descree del mensaje del Creador y se trata de captar las leyes materiales.

Las ciencias de lo particular sustituyen a la filosofía y teología.

Una grave caída se observa cuando la universidad se transforma en centro de transformación profesional dependiente del Estado. Es aquí donde la universidad pierde el rumbo hacia su fin primordial y cambia.

Del saber por el saber mismo se pasa a buscar un título que lo habilite en la vida. Se busca la profesión para ganar dinero.

En una conversación con mi padre cuando pretendí dejar de estudiar a los 18 años de edad, me preguntó: "Crees que eres inteligente?". Cuando le contesté afirmativamente agregó: "Crees que la inteligencia es tuya?, de donde viene?", con seguridad respondí que era un don de Dios y que se la había dado por su gracia con mi vida. Entonces me respondió: "Debes cultivarla y brindar sus frutos a tus prójimos, yo estoy en condición de pagarte una carrera universitaria y no puedes dejar de hacerlo, tu obligación ante Dios es prepararte para volcar en el prójimo todo lo que tu inteligencia te permita asimilar y no usarla solo para ti en la acumulación de bienes materiales".

Así me infundió mi obligación al estudio, que gracias a Dios supe aprovechar y hoy bien o mal, soy Ingeniero.

No creo que ocurra lo mismo en todos los casos, la obtención de títulos superiores a como de lugar, con el fin de obtener bienes materiales, es el fin del universitario.

La formación alejada de las obligaciones de la inteligencia como don de Dios, nos hacen olvidar la formación cristiana de las profesiones y la Universidad colaborar eficazmente en la formación de dirigentes políticos y en general se subordina la moral a la de la materialización del lucro insaciable en perjuicio del bien común como fin de la dirigencia que no piensa en el prójimo. 

Tomás María García Bes

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