CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LA QUEMA DE LAS IGLESIAS


Iglesia de San Francisco después de su incendio

Una vez más, una aclaración: de ninguna
forma justifico el incendio de las iglesias,
sin duda fue un acto sacrílego, merecedor
del mayor de los repudios.

La quema de Iglesias:
furia contra los templos


Dicen que el ataque a las iglesias fue consumado como pretendida represalia por el bombardeo a la Casa de Gobierno que algunas horas antes habían lanzado varias unidades de la aviación naval con el objeto de matar al presidente Perón. Apenas concluida esa aciaga jornada del 16 de junio, Perón ordenó una "severa e inmediata" investigación para identificar a quienes habían provocado el incendio y el saqueo de los templos. La investigación se hizo y dio origen a un expediente en el cual se terminó responsabilizando oficialmente de esos sucesos "a una logia masónica antiperonista". (No olvidemos que perón tenía a varios masones en su gabinete)


En el vídeo que publicamos AQUÍ, a partir del minuto 6.45, podemos escuchar a Perón instando a sus partidarios a no tomar represalias, con lo que queda desvirtuada la versión que dice que fue él quien dio la orden de quemar las iglesias

¿Por qué tras el bombardeo a la Casa de Gobierno el blanco de la represalia fueron los templos católicos? Para responder a este interrogante habría que tratar de establecer las causas reales del conflicto entre Perón y la Iglesia, que se desencadenó en noviembre de 1954 y llegó a su punto culminante siete meses después con el ataque a los templos del 16 de junio.

Como nadie ignora, el gobierno peronista había mantenido desde sus comienzos una relación particularmente buena con la comunidad católica. En 1946, un documento del Episcopado exhortó prácticamente a los católicos a votar por Perón. Durante la primera presidencia de Perón fue ratificada por ley la introducción de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas -a pesar de la fuerte protesta de los defensores de la tradición laicista- y el gobierno brindó a los obispos reiteradas garantías de que no se dictaría en el país una ley de divorcio. Además, Perón dio muestras constantes de su adhesión a la fe católica y hasta consagró el país a la Virgen de Luján en 1953. Esos pasos sucesivos habían hecho pensar que el gobierno justicialista nunca tendría roces ni conflictos con la Iglesia Católica. Pero los roces llegaron. Algunos observadores sostienen que el desencuentro de Perón con la comunidad católica fue una consecuencia indirecta del feroz aislamiento en que habían ido cayendo los sectores ciudadanos medios del antiperonismo, que eran cada vez más numerosos.

Muchos sectores medios de la oposición -profesionales, estudiantes, intelectuales, activistas civiles no partidarios, hombres comunes con inquietudes cívicas- adoptaron el hábito de introducirse en las instituciones del ámbito eclesiástico, aun cuando no tuvieran un espíritu católico demasiado militante. Era lógico: la Iglesia había quedado como el único sector que escapaba al control totalitario impuesto por el oficialismo. Una de las instituciones que sufrieron esa "invasión", aunque no la única, fue la Acción Católica Argentina.

En realidad, el rompimiento de Perón con la Iglesia no se debió a una sola causa sino a una suma de factores.

Lo cierto es que el conflicto quedó planteado en toda su crudeza el 10 de noviembre de 1954, cuando Perón dijo públicamente, en una reunión de gobernadores, que en la Argentina había curas y prelados que estaban desplegando actividades perturbadoras (lo cual era verdad). Tras nombrar uno por uno a esos sacerdotes que actuaban como enemigos de su gobierno, Perón destacó que pertenecían, principalmente, a tres diócesis del interior: la de Córdoba, la de Santa Fe y la de La Rioja.

A partir de allí, la crisis se fue agudizando. Los diarios de la cadena oficialista lanzaron una agresiva campaña contra la Iglesia y pronto el enfrentamiento escapó a todo control. Entre diciembre de 1954 y junio de 1955, el gobierno hizo sancionar diferentes normas que fueron recibidas como un ataque directo a la fe católica. Por lo pronto, suprimió la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, anulando así una de las novedades que el golpe de estado de 1943 había introducido y que el propio peronismo había confirmado en 1947.

Además, se introdujo en la legislación argentina el divorcio vincular, se dictó la equiparación de los hijos ilegítimos con los legítimos y se resolvió convocar a una nueva reforma constitucional para imponer la separación de la Iglesia y el Estado. No faltó detalle en esa ofensiva antirreligiosa: hasta se dispuso la reapertura de los prostíbulos.

La Revolución "Libertadora" y la Masonería

A partir del año 1955 el movimiento masónico en Hispanoamérica toma un vigor inusitado. Existe un plan de vastos alcances. Es para adueñarse del poder social, político, económico y militar de las dependencias de servicio (los virreinatos del África Blanca). Y comenzaron por aquí, por el del Río de la Plata que, como siempre, es el conejillo de indias de los planes pilotos que fabrica e implementa la Patronal. Pero veámoslo mejor en esta secuencia cronológica que, con devoto cariño, he preparado:

23 de septiembre de 1955, Lonardi se instala como Jefe de la Involución Libertadora y pronuncia su Discurso-Programa de la Revolución Libertadora: allí se condensa, todo lo que no habría de hacer porque no quiso, no lo dejaron o porque antes lo echaron sin asco. Al cumplirse el 25° aniversario de este golpe de estado el Almirante Rojas explicó claramente, en su discurso pronunciado en el acto central llevado a cabo en Córdoba, que Aramburu y él no tenían ni tuvieron nada que ver con Lonardi, “ni pueden identificarse por ser antitéticos.” (Véase esta barbaridad en Marta Lonardi, Mi padre y la revolución del 55, Epílogo, pág. 303, Ed. Cuenca del Plata, Bs. As., 2 de octubre de 1980).

04 de octubre de 1955, un encumbrado cofrade de la masonería argentina le escribe a su jefe Fabián Onsari, residente a la sazón en Nueva York donde se encontraba recibiendo directivas, una curiosa carta que dice: La Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, hizo un trabajo magnífico, refiriéndose a la contribución hecha por la Iglesia para la caída de Perón. Esto no lo dice un sacerdote ultra ortodoxo y antiperonista: el Padre Alberto J. Triana (Historia de la Masonería, pág. 324, Ed. Dedu, Buenos Aires, 11 de febrero de 1960. Aclaro: hay una edición de 1957 y otra de 1959).

07 de noviembre de 1955, Lonardi aprueba los Estatutos de la Masonería ArgentinaLos católicos de aquel entonces dijeron que fue un error que le hicieron cometer al catolicísimo de don Ernesto. Pero cuando éste, supuestamente, se dio cuenta del fraude, no se enmendó ni nada parecido. Ni lo echó a su Ministro del Interior, el masón Busso que lo hizo meter la pata, ni su cofrade, el marxista y ácrata Muñiz (íntimo también de Lonardi) que entregó diarios, revistas, radios, escuelas, cooperativas y universidades a la pléyade bolchevique, porque decía estaban en manos de fascistas). Y los Estatutos entraron a regir hasta el día de hoy. Ninguno de los que vinieron le quisieron poner el cascabel a este gato por miedo de que se los coma crudos y sin aderezos.

13 de noviembre de 1955, después de la vergonzosa noche del 12 al 13 de noviembre y luego del veredicto dado por la Junta Consultiva sobre la persona de Lonardi, presidida por la británica Alicia Moreau de Justo, que votó la defenestración del Presidente (según lo cuenta Marta y Ernesto Lonardi en sendos libros), se instala el gobierno presidido por Aramburu y Rojas, ambos Grandes Maestres masones del Grado 33° en el REAAM.

17 de noviembre de 1955, La Masonería pide se reconozca su personería jurídica.

14 de diciembre de 1955, se otorga la Personería Jurídica a la Masonería Argentina con las firmas de Aramburu y de su ministro Laureano Landaburu.

15 de diciembre de 1955, Jordán Bruno Genta publica el que después será un clásico: ¿Democracia Cristiana o Masónica? Este antecedente es valioso. Porque Genta fue partidario de la Revolución Libertadora. Pero era un hombre honesto y un cristiano cabal. En dos meses ya había descubierto que la Revolución era una Involución.

23 de marzo de 1956, el Presidente Aramburu escribía un documento“comprometiendo su honor” a destruir “todos los vestigios de totalitarismo para restablecer el imperio de la moral, la justicia, del derecho, de la libertad y de la democracia”. Unos 106 días después de este “compromiso de honor”, haría fusilar a 33 personas sin causa formal ni debido proceso.

27 de julio de 1956, explota una bomba en el Templo Masónico de la calle Cangallo 1242. El Gran Secretario Alcibíades Lappas lo comunica a la afligida Gran Logia de Méjico con estas palabras: “Eso (la bomba) nos indica que estamos en la buena senda y debemos persistir.”

30 de julio de 1956, aparece el segundo trabajo de Jordán B. Genta intitulado "La masonería y el comunismo en la revolución del 16 de septiembre de 1955" que, en verdad, no deja títere con cabeza.

30 de agosto de 1956, para trabajar juntos “en la gran Obra” se suscribe un acuerdo entre la Gran Logia Argentina y el Gran Oriente Federal (GOFA), se hacen mutuas concesiones para unir la Gran Familia Masónica, ya en perfecto acuerdo con la Gran Logia Unida de Inglaterra.

12 al 14 de octubre de 1956, en Concepción, Chile, tiene lugar la Segunda Convención Nacional de la Asociación de Centros Femeninos de la masonería, a la que concurre una delegación argentina de señoras.Casualmente entre las enlistadas encontramos a la señora Mirtha Legrand, que un año atrás se quejaba de haber sido perseguida por el Régimen Depuesto porque no se quiso poner el luto por Evita. ¿Se acordará de esto doña Mirtha? Porque están los diarios y las revistas que la pueden ayudar en su desmemoria senil.

12 de diciembre de 1956, el Gran Oriente Federal Argentino (GOFA) ofrece un banquete fenomenal a la Gran Logia Argentina para sellar “fraternalmente” esta unión que quedó homologada definitivamente en 1957.

10 de diciembre de 1956, tiene lugar en La Habana, Cuba (Batista era el Presidente de Cuba y ya llevaba 30 años de masón), la Séptima Conferencia Internacional de los Supremos Consejos del Rito Escocés de Antiguos y Aceptados Masones (REAAM). Concurren 18 países; no acuden 7 pero envías delegados, entre ellos Argentina por la muerte del Gran Comendador Fabián Onsari que mandó a un jovencito llamado Ernesto Sábatoalias Nunca Más y antes invitado a las comilonas de mediodía con el dictador Videla; 4 asistieron como oyentes por no haber sido reconocidos formalmente por la Gran Logia de Inglaterra y 3 enviaron sus representantes (entre ellos la República Española en el exilio). Al finalizar se determinó que la próxima Conferencia se realizaría en 1961. Casualmente en ese año quedaría finiquitado el tema Frondizi y se iniciaría el de los cohetes de Nokita Kruschev. Una casualidad.

15 de diciembre de 1956, Jordán Bruno Genta publica la primera parte de "En defensa de la Ley y de la Patria". Evidentemente Genta les había declarado la guerra.

23 de abril de 1957, en la Tenida de “Confraternidad Masónica”, declarada en Asamblea, se cumple la incorporación definitiva del GOFA a la Gran Logia de la Masonería Argentina.

20 de diciembre de 1957, Jordán B. Genta publica la segunda parte de "En Defensa de la Ley y de la Patria". Con este trabajo Genta termina de desnudar a los septembrinos de 1955. Pero no es el único que los denuncia; también lo hicieron Antonio Castro, Fermín Chávez, Atilio García Mellid, Federico Ibarguren, Julio Meinvielle, Carlos D. Viale, Hugo Wast, José María Rosa, Pedro de Paoli, etc.

14 al 20 de abril de 1958, en Chile se realiza la Cuarta Conferencia Interamericana de la Masonería, bajo la Presidencia del Gran Maestre de la Masonería chilena, Aristóteles Berlendis Sturla, bajo la Observancia de las Grandes Logias de Inglaterra y los EE. UU. La Argentina estuvo representada por su Gran Maestre Agustín Álvarez (que se suicidaría 60 días después).

17 de junio de 1958, se suicida el Gran Maestre de la Gran Logia Argentina, Agustín Álvarez, degollándose con una tijera que su señora usaba para hacerse los vestidos. Antes de morir había dicho que su muerte no ocasionaría perjuicios a la secta, porque “otro era el que empuñaba el mallete”. Pero no dijo quién era ni dónde estaba. Y como don Agustín era la máxima autoridad masónica en el país, pienso que el Malletero Mayor debía residir en el extranjero. ¿Tal vez en Inglaterra, en la persona del Príncipe Consorte y Duque de Edimburgo que la viene manejando desde 1953?

01 de enero de 1959, sale editada la Masonic Guide and Calender (Distrito Sudamérica) de la masonería inglesa. Por ella nos enteramos que en 1951 había 26 logias masónicas inglesas en la Argentina, dependientes directamente de Inglaterra, a cargo del Gran Maestre James William Sharpes. En 1959 estas logias quedaron a cargo del Gran Maestre Reginaldo W. Haxell. La Logia “enlace” era la George Canning “que mancomuna a los hermanos elegidos de una y otra jurisdicción”. En esta Guía aparece la lista de todos los argentinos que servían fielmente a Su Majestad en la logias británicas de 1950 a 1958. ¿Qué papel jugaron estas logias en 1955? ¿Y el 2 de abril de 1982, de qué lado estaban?

28 de febrero de 1959, en una Pastoral el Episcopado Argentino condena a la masonería (esta condena de un Episcopado es, prácticamente, única en el mundo).

08 de marzo de 1959, el Gran Maestre Ian Drysdale publica como respuesta al Episcopado una lista de próceres argentinos que pertenecieron a la masonería. En realidad, de la extensa lista (que después hiciera suya Alcibíades Lappas en su libro La Masonería Argentina a través de sus hombres), solamente se queja un descendiente de Benjamín Gorostiaga acusándolo de mentiroso (en una solicitada en el diario La Nación). El resto no. Parece que don Drysdale tenía razón: decía la verdad. Drysdale también era presidente o integrante de un centenar de empresas (“La Familia Masónica”), que según la Guía de Sociedades Anónimas de 1959 tenían un capital que sobrepasada los 5.000 millones de pesos. El 80% de esta inmensa fortuna, según el mismo documento, se habría hecho a partir de 1956. ¡Qué suerte! Ahora díganme: ¿vale o no vale la pena ser masón? Si tengo ganas de salir a buscar una logia para afiliarme, ¿no le parece? Y usted lector, ¿qué dice que está tan callado? 

Fuente: Agrupación Aurora. Artículo publicado en 2009 por Respuesta Nacionalista

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