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CON LA VENIA INGLESA,
LA ARGENTINA YA ES CHINA

Javier Cornejo


CON LA VENIA INGLESA, LA ARGENTINA YA ES CHINA - Javier Cornejo

Desde hace cuatro siglos el vínculo de China con Occidente pasa por Londres. Ahora, también. El caso de la Argentina no podía ser la excepción. En el rediseño del nuevo orden internacional, la visita del presidente chino Xi Jinping es una señal de que la presidente Cristina Fernández de Kirchner acaba de remachar un "cambio de patrones".
China no es solo un país muy grande o un excelente comprador de soja: es la expresión de una cultura milenaria que en el último siglo avanzó traumáticamente de la tradición mandarín al comunismo maoísta y luego, a partir de 1977, con el ascenso de Deng Xiaoping, a un capitalismo de Estado que convertiría a su economía en la más grande del mundo.

China es hoy dueña de la deuda de EEUU. Pekín aporta su crédito y Rusia la tecnología para avanzar hacia el conjunto dominio de América del Sur y Antártida. Sin prisa pero sin pausa, a través de los años China fue tejiendo la letra de los acuerdos comerciales que hoy posibilitan su presencia en 23 provincias argentinas, su creciente control supermercadista, y el posicionamiento de mafias controlantes del cada día mayor contingente inmigratorio (a tales efectos fue modificada la ley de migraciones), importando idioma, fisonomía, costumbres, cultura, en total contradicción a lo poco que ya queda de argentinidad.

El inicio de las relaciones diplomáticas se produce el 26 de mayo de 1945, entre los gobiernos de Edelmiro Farrell y Chiang Kai Shek. En 1954 se efectúa una importante operación de granos a través de una firma denominada Melati. Luego de 1955, el vicecanciller chino condecora a Pedro Eugenio Aramburu con la "Orden de las Nubes Propicias". La China de Mao impone un receso hasta el gobierno de Alejandro Lanusse quien, ideologías aparte, la reconoce el 19 de febrero de 1972: "Profundamente confiamos que, luego del establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Argentina y China, y a través del común esfuerzo de las partes, las relaciones entre los estados y la amistad de ambos pueblos indudable y progresivamente lograrán acrecentarse y desarrollarse". Esas fueron las premonitorias palabras del embajador argentino en Pekín, Eduardo Bradley.

En el gobierno democrático de 1973-1976, se estancan las relaciones.

El 2 de febrero de 1977 se celebra el convenio comercial firmado por el canciller César Guzzetti y el embajador Zheng Wei Zhi en Bs. As. En junio de 1978 visita China José Alfredo Martínez. En 1980, Jorge Videla se convierte en el primer presidente argentino y latinoamericano en visitar China. Los acuerdos e intercambios de notas firmados por Martínez de Hoz y Videla constituyen la reafirmación jurídica (que inició Lanusse) en las relaciones económicas y culturales de las décadas siguientes, hasta nuestros días.

El 3 de abril de 1982, un día después del desembarco en Malvinas, el Consejo de Seguridad de la ONU, a instancias de Gran Bretaña, aprueba la Resolución 502 (cese de hostilidades, etc.). China se abstiene en la votación en un entendimiento con Londres por el tema de Hong Kong y Taiwan. Meses más tarde, en setiembre de 1982, Margaret Thatcher visita China.

A partir de 1983, Raúl Alfonsín visita China y apoya su ingreso al Sistema del Tratado Antártico y el establecimiento de dos bases: en 1985 la Gran Muralla y en 1989 la base Zhong Shan. Carlos Menem inicia su relación con la firma de acuerdos de cooperación en energía nuclear. En mayo de 1990 el presidente Yang Shang Kun visita por primera vez la Argentina y Latinoamérica. En noviembre de 1990 Menem visita China. A partir de ese momento comienza el masivo ingreso de productos chinos ocasionando un severo déficit comercial. Paralelamente, las organizaciones mafiosas chinas conocidas como "tríadas" se instalan en los 70 para controlar la migración ilegal y los negocios, y desde entonces intensifican su fuerza.

En 1995 Menem visita por segunda vez a China, se incrementa una inmigración constante y se firman innumerables acuerdos que configuran el andamiaje de las posteriores acciones del gobierno kirchnerista.

Como decíamos al comienzo, Cristina remachó el cambio de "patrones". Sin la autorización de Isabel II no hubiese sido posible.

Fuente: El Tribuno

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