CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

¿POR QUÉ CAMBIARON LA MISA?
HACIA LA RELIGIÓN ÚNICA
Mauro Ciotola


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(Del Vol. XIII, N_ 5, 1991, pp. 43-48)

EL CULTO PROTESTANTE
COMO SIMPLE CONMEMORACIÓN

Los herejes del siglo XVI negaron que la misa fuera el sacrificio de Jesucristo en el Calvario místicamente pero hecho presente realmente sobre el altar y, después de descartar el santo sacrificio de la misa, inventaron nuevos ritos que encarnaron todas sus herejías con especial énfasis en "la justificación por la fe sólo." Con el tiempo aquella "fe" llegó a ser el mero convencimiento de una persona de que Cristo había muerto para expiar sus pecados, y su acogida de Cristo como su Salvador.

Para cambiar la fe de la gente, una de las primeras cosas que tenían que hacer era cambiar el lenguaje del culto. Lutero reconoció esta necesidad rapidísimamente y se dio cuenta de que aunque la gente pudiera ver que se habían hecho cambios, no pudieran percibir que la idea de sacrificio había desaparecido. ¿Cuánto comprenderían estos campesinos de sus revisiones si el culto quedara en latín? Por lo tanto, el nuevo culto tenía que ser en el lenguaje del pueblo, el vernáculo (en el caso de Lutero, en alemán).

El principio del "efecto audiovisual" no es nada nuevo. Lutero conocía su valor también. Sabía que para obtener el mejor resultado, no sólo era importante que la gente viera que se habían hecho cambios, sino que percibieran lo que se decía. Al instituir los sacramentos, Nuestro Señor los hizo signos externos que consisten de materia y forma, es decir, una cosa o una acción acompañada por una declaración que lo define. Al corromper los sacramentos, Lutero conocía la importancia de alterar las acciones y las palabras para definir el "sacramento" de nuevo.

Para los herejes era increíble la idea de un verdadero sacrificio realizándose sobre el altar. Representaba para ellos la superstición y la magia, así que cambiaron el énfasis de sacrificio a lo de "cena del Señor" como acción de gracias a Dios y comunión por Cristo con Dios y con los demás. Su culto, pues, llegó a ser para ellos una "comida comunal" o una "celebración" en que la unidad entre creyentes se expresaba al participar en la "fracción del pan" unos con los otros. También llegó a ser un "testimonio" y tributo a Jesucristo, un sacrificio de alabanza y agradecimiento a Dios, pero categóricamente no una representación del sacrificio perfecto que Cristo había ofrecido en el Calvario.

Su culto se hizo una "comida memorial" basada en el equivocado entendimiento de las palabras de Cristo: "Haz esto en memoria de Mí." Mientras la Iglesia Católica daba énfasis en "Haz ESTO" (la acción de Cristo), los herejes la cambiaban a "en memoria de Mí" (una memorial). Y este cambio del significado se logró fácilmente al reemplazar el altar por una mesa.

Cuando se ve un altar se piensa en sacrificio, pues es sobre los altares donde el sacrificio tiene lugar. Sacrificio, altar y sacerdocio son inseparables. Por otro lado, cuando se ve una mesa se piensa en una comida, pues es sobre las mesas que se toman las comidas. ¡El sacrificio no se hace en las mesas y las comidas no se comen sobre los altares! Pues bien, con la mesa como centro de atención en la iglesia, se sugería "comida" y la idea de sacrificio desaparecía.

En la Iglesia Católica, la misa es ambas cosas, sacrificio y sacramento, y la Iglesia enseña que este sacramento opera por virtud de un poder dentro de sí mismo (ex opere operato), porque Nuestro Señor lo ha instituido con toda la fuerza de Su veracidad para ser el indefectible "signo externo" de Su gracia invisible. Es el poder de Cristo que opera en el sacramento; Él es el ministro de todo. El sacramento no puede perjudicarse por ninguna debilidad humana, bien sea la indignidad del sacerdote o la indiferencia de la congregación, y los efectos de la misa se generan aún cuando se celebra sin congregación y aún cuando el sacerdote está en estado de pecado mortal. 

Por lo tanto, está claro que la misa no depende de la participación humana para su eficacia; ¡es eficaz por medios sobrenaturales porque es la acción de Cristo Mismo!

Sin embargo, el punto de vista de Lutero sobre la misa era algo muy diferente. "La misa es una promesa divina," dijo, "la cual no puede ayudarle a nadie, ni aplicarse a nadie, ni interceder por nadie, ni comunicarse a nadie, excepto a aquel que cree con fe propia. ¿Quién puede aceptar o aplicar a otro la promesa de Dios que requiere la fe de cada uno individualmente?" Era suya la afirmación que la misa no opera desde "un poder intrínseco", sino que cuenta con "un poder exterior"--la fe de cada participante. Según Lutero, el poder por el cual funciona cualquier "sacramento", está en la fe de las personas congregadas allí. El "sacramento" luterano no es un signo exterior de la gracia de Dios, sino el signo externo de la fe del pueblo en las promesas de Cristo. Por el sacramento, Dios no extiende su gracia, sino más bien el pueblo expresa su confianza. El "sacramento" luterano no es la acción de Dios, sino del hombre.

Con este punto de vista, pues, dio la vuelta a las cosas e insistía en que el servicio no se celebrara mientras se daba la espalda a la congregación, sino que tenía que hacerse dando la cara y dirigiéndose a ella para que su fe se aumentara, dando al servicio el poder necesario para hacerlo efectivo para aquellos que creerían.

Una vez que el "altar del sacrificio" se convirtiera en "la mesa del Señor," también se hizo necesario eliminar el canon de la misa, porque éste era la gran oración en donde ocurren las referencias al sacrificio--no sólo un sacrificio de alabanza (que el mero hombre podría ofrecer), sino el sacrificio de reparación por el pecado (que sólo Cristo podía ofrecer). Lutero declaró: "Que el canon dé lugar al evangelio," y en su lugar había una simple exhortación de recibir la comunión. Había más énfasis en las escrituras y en la enseñanza, con una decidida ausencia de cualquier cosa que indicara el sacrificio del Calvario. Con el canon reemplazado y el servicio entero que adoptaba el carácter de un servicio de oración para alentar la fe, las lecturas de la Biblia tomaron un papel más prominente. El sermón ocupó un lugar grande, tanto que la Iglesia se dio un aire no sólo de un sitio de oración y alabanza, sino de un auditorio o sala de conferencias también.

Los herejes comprendieron muy bien cómo formular un servicio que diera énfasis en donde ellos lo querían, mientras a la vez rechazara esas cosas que no les eran aceptables. Compusieron un servicio "evangélico," un servicio de predicación, un servicio de enseñanza, en donde la lectura de las escrituras adquiría importancia--para el propósito principal de incitar la fe. Esto era para ellos la suma y sustancia del oficio, ya que, según el Doctor Lutero, "la fe sola salva." Se hizo todo esto para poder negar y rechazar más o menos claramente la idea de sacrificio y de transubstanciación. Al quitar el canon y cualquier otra cosa que se refería al sacrificio, incluso el altar, y al colocar una "mesa santa," la idea de sacrificio se reemplazaba con un "memorial de la cena del Señor." El servicio nuevo reflejaba el hecho de que:

-Negaron que los méritos de la misa se podían aplicar a los vivos y a los muertos (sobre todo porque también negaban la existencia del purgatorio), para que la misa de réquiem destinada para el descanso de un miembro difunto se sustituyera por un "funeral cristiano."

-Negaron que el sacerdote podría "actuar en la persona de Cristo" y transubstanciar, y lo dejaron muy claro al eliminar el "acto de la consagración" y al colocar una "narración de la última cena" en su lugar.

-Negaron el poder del sacerdocio sacrificador e invitaron a todos a recibir el cáliz y a tomar una parte más activa en los oficios con el propósito de dar énfasis sobre el "sacerdocio" de todos los creyentes.

-Negaron la presencia verdadera de Cristo en la Sagrada Eucaristía y reintrodujeron la "comunión en la mano," y ya que no había presencia verdadera, ¡no hubo necesidad de tabernáculos!

-Negaron la intercesión de la Bienaventurada Virgen y de los santos y quitaron todas las imágenes y estatuas sagradas de las iglesias. El crucifijo se reemplazó con una cruz desnuda, sin corpus, o sea, sin la imagen del Cristo agonizante.

Con este breve resumen, deseamos proporcionar los antecedentes del "por qué" del Concilio de Trento y del "por qué" hacía falta la codificación de la misa romana. La misa tridentina se fraguó como arma eterna contra estas herejías y permanece tan efectiva hoy como lo fue entonces. Sin embargo, hoy en día entre "católicos" existe un desprecio por ella que iguala él de Lutero, quien dijo: "Declaro que todos los prostíbulos, todos los homicidios, asesinatos, robos y adulterios han causado menos mal que la abominación de la misa papista." Hoy en día los "católicos" la abandonan por una nueva forma de liturgia -realmente un nuevo orden de culto totalmente- el cual da la "casualidad" que es bastante compatible con las herejías de Lutero y otros heresiarcas.

Hasta aquí, hemos tratado de aclarar en algo el propósito de codificar la misa tridentina como barrera y salvaguardia contra la herejía, ¿no despierta curiosidad el por qué se se la ha abandonado y prohibido? Ciertamente, ¡la herejía no ha dejado de existir! ¡no todos los protestantes se han convertido nuevamente a la Fe de sus antepasados! ¿Qué puede hacer pensar que la Misa Tridentina ya no sea necesaria? ¿Que no es aceptable? ¿Que es tan intolerable que hay que arrancarla y reemplazarla con un concepto de "misa" totalmente distinto?

Resumiendo: ¿por qué la misa nueva?

Podríamos aplicar a la nueva misa las palabras del Papa León XIII referidas antes: "Para una estimación justa y adecuada" es importante "comprender las circunstancias en las que se originó y en que se instituyó públicamente."

Cuando hacemos remontar la causa radical de poner por obra la misa nueva y de descartar la misa tridentina, descubrimos que por debajo de todo hay un ambiente de falso ecumenismo. Decimos ecumenismo "falso" y falso es.

La palabra "ecuménico" usada en el sentido católico siempre ha significado una representación de todos los obispos en comunión con la Sede Apostólica, de todo el mundo católico, de todos los que reconozcan la estructura jerárquica de la Iglesia y que estén unidos en la misma fe católica. Este es el verdadero significado de "ecuménico" y como tal, no es nuevo en el catolicismo.

Sin embargo, desde 1925 hasta 1935 especialmente, "ecuménico" empezaba a asumir otro significado totalmente distinto. En esa década brotó un movimiento inspirado por el protestantismo que de hecho se llamaba el "Movimiento Ecuménico." Su meta era la de lograr una "unidad" de todas las sectas cristianas por la cooperación y comprensión más íntima, conduciendo por último (así esperaban sus defensores) a una sola "Iglesia Cristiana Universal."

Como movimiento organizado, empezó por los principios del siglo XX y se hizo altamente visible con el establecimiento del Consejo Mundial de Iglesias, con su primer asamblea en Amsterdam, Holanda, en 1948. 

"Ecuménico," tal y como se fomentaba por el Consejo Mundial de Iglesias y el Movimiento Ecuménico, toma un significado totalmente opuesto al significado católico y a la doctrina católica de una sola Iglesia verdadera, unida en las doctrinas de una sola fe sobrenatural. Este ecumenismo falso se basaba en el indiferentismo; o sea, que "para Dios, una religión es igual de buena como otra." Y más allá de esto, también se niega la realidad de la Iglesia verdadera, al sugerir que la Iglesia verdadera todavía no existe pero que empezará a existir en algún momento del futuro al unirse varias comunidades cristianas.

El Consejo Mundial de Iglesias coordina unas 300 sectas variadas: miembros de las denominaciones Anglicana, Católica Vieja, Ortodoxa, y Protestante que incluyen unos 400 millones de cristianos. Ha llegado a ser el cuerpo representativo de este "ecumenismo falso." Ha hecho bien su trabajo. Tan bien, de hecho, que ya la palabra "ecuménico" se comprende totalmente mal y se distorsiona del significado católico y se acepta en este sentido nuevo, modernista, por la mayoría del mundo: "la unidad importa más que la verdad."

Mas para los católicos este "ecumenismo falso" ¡no es aceptable!

Está basado en el principio de que "una religión es tan buena como la otra," un principio que la Iglesia ha condenado como herético. Cualquiera que promueva tal filosofía ¡claramente es un hereje!

El Consejo Mundial de Iglesias es una creación protestante organizada específicamente para extender la doctrina de la "justificación por la fe sola" bajo el disfraz de la caridad cristiana llamado "ecumenismo." Aunque la nueva Iglesia creada por Vaticano II no es miembro todavía, se acerca cada día más, y ciertamente ayuda a promover sus ideas.

Esto no es una frase vacía; está bien documentada de verdad. Durante muchos años ya, la Iglesia conciliar se ha involucrado en lo que normalmente se llama "diálogo" con varias sectas protestantes, especialísimamente con los luteranos y los anglicanos. Estas reuniones no son nada sigilosas; por el contrario, son bien anunciadas. De lo que la mayoría de los católicos no son conscientes es que estos "diálogos" no era algo que empezaron después de la introducción de la misa nueva; se celebraban mucho antes de Vaticano II, de modo extraoficial entre las dos Guerras Mundiales, a decir verdad. Las primeras sesiones de diálogos tuvieron una relación directa sobre la composición de la misa nueva a finales de los años 60.

También es muy conocido que ciertos miembros de la jerarquía de la Iglesia y un número de teólogos que enseñaban en los seminarios promueven abiertamente y esperan ansiosamente el día en que la Iglesia Católica pueda aceptarse en el Consejo Mundial, igual que muchos católicos esperan el día de sacerdotes mujeres, o "sacerdotisas." Pero antes de que la inclusión de la Iglesia de Vaticano II en el Consejo Mundial de Iglesias se haga realidad, hay ciertos obstáculos que han de eliminarse.

Primero, la Iglesia Católica tiene que abrazar y profesar la doctrina de la "fe sola," que la obediencia a los preceptos morales no es necesario para la salvación, sino tan sólo la confianza de que Jesús ha muerto por los pecados de cada uno. También, ya que ningún protestante que desea quedarse así aceptaría la primacía y la infalibilidad de un Papa, pues aquel cargo ha de reducirse a un puesto tipo "presidente de la junta directiva" y nada más que eso. Otros obstáculos son la transubstanciación del pan y el vino al cuerpo y sangre de Cristo en la misa, los distintos poderes sacramentales del sacerdocio, y--especialísimamente--la misa como sacrificio de propiciación para vivos y muertos.

Antes de que la Iglesia Católica pueda hacerse aceptable al Consejo Mundial y armonizarse bien con las otras "denominaciones cristianas," ¡todo esto ha de eliminarse! En otras palabras, todas las verdades sobrenaturales, los misterios divinos de la fe católica, han de descartarse de sus doctrinas y de su culto; tiene que hacerse "más humano" y "más natural" (o sea, menos sobrenatural) para considerarse solamente una de las muchas iglesias que pretenden lealtad a Cristo.

La única cuestión a tratar ahora es ¿cuál es la manera más efectiva de conseguir tal tarea?

Martín Lutero tenía la contestación para eso: "¡Destruya la misa," dijo, "y destruirás el catolicismo entero!"

La relación entre la misa y la fe no se puede desechar ni tomarse a la ligera. En su encíclica Mediator Dei, Pío XII afirma: "En la Sagrada Liturgia hacemos explícita profesión de fe... Toda la Liturgia tiene, pues, un contenido de fe católica, en cuanto atestigua públicamente la fe de la Iglesia... De aquí que si queremos distinguir y determinar de manera absoluta y general las relaciones que existen entre la fe y la Liturgia, podemos afirmar con razón: ‘Lex credendi legem statuat supplicandi--La Ley de la Fe debe establecer la ley de la oración.’" Dicho simplemente, esto significa, "Tu oración es simplemente la expresión de lo que crees."

Esto, pues, es nuestra tarea: examinar las oraciones de la llamada misa tridentina y compararlas con las de la misa del nuevo orden. Cuando lo hacemos, quedará muy claro que en verdad ¡representan dos fes distintas y constituyen dos religiones distintas!

No es difícil hacerlo. Todo lo que se necesita es un misal tridentino y uno del Novus Ordo, y sugerimos que lo hagáis.

En la misa tridentina encontramos la pura fe católica claramente profesada sin ambigüedad alguna.

En la Novus Ordo, encontramos un servicio tan ambiguo que los protestantes (que tienen toda intención de permanecer protestantes) admiten abiertamente que son capaces de encontrar en la misa nueva su "cena," y ponen una importancia especial en el "uso de las nuevas oraciones eucarísticas con las que se encuentran muy a gusto." (Afirmación del Consistorio Superior de la Iglesia de la Confesión de Augsburgo en Alsacia y Lorena, el 8 de diciembre, 1973.)

También trataremos de lo que algunas personas gustarían creer son cambios meramente superficiales y cosméticos pero que en realidad son bien calculados y profundos; son calculados en que se diseñaron con un propósito específico, y profundos porque este propósito es la anihilación del catolicismo.

Veremos que los modernistas han seguido los proyectos de los "reformadores" (y en algunos casos han ido aún más allá de ellos), y veremos porque cualquier católico (que desea salvaguardar su Fe y permanecer católico) en buena conciencia no puede aceptar la misa nueva, ni tolerarla, ni participar en ella, ni mostrarse indiferente ante la misa nueva, la cual no profesa la fe católica, sino que se compuso para profesar una "religión ecuménica" que "tiene la posibilidad de satisfacer a los más modernistas de entre los protestantes." (Cardinal Ottaviani en su "Intervención" a Pablo VI en 1969)

Como siempre, el mejor sitio para empezar es el principio.

Al contrario de lo que pueden creen la mayoría de los católicos, la nueva misa no apareció por primera vez en 1969; ya se había escrito y estaba terminado en 1967. En este momento, se convocó un Sínodo Episcopal en Roma y se le pedía que emitiera un juicio crítico sobre una celebración experimental de una llamada "misa normativa," que era esencialmente la misma misa impuesta a los católicos como el "Novus ordo" dos años más tarde. Después de la liturgia, que se celebró en la Capilla Sixtina por el mismo Annibale Bugnini, quien era una de las fuerzas motoras detrás de los cambios litúrgicos desde el 1948, el voto demostró una apreciable oposición y en esencia se rechazó la "misa experimental."

Sin embargo, dos años después, sin más juicios por parte de conferencias episcopales, se introdujo de nuevo y se impuso como Missae Novus Ordo --la "misa del nuevo orden"-- por Pablo VI. Un grupo de 40 eminentes teólogos en Roma misma, incluyendo a dos de los cardenales más antiguos, redactó un estudio crítico de la nueva misa y lo mandó a Pablo VI, el 25 de septiembre de 1969, en una carta firmada por los Cardenales Bacci y Ottaviani. La esencia del informe era que se encontró que el Novus Ordo se desviaba de la doctrina católica, que era peligrosísimo a la fe y que, mientras socavaba la fe de los católicos, daba todas las promesas de satisfacer a los más liberales y modernistas de entre los protestantes. Tal vez eso es exactamente lo que querían sus autores. Se hizo caso omiso del informe y el Novus Ordo se impuso después de una breve demora.

Ya que la misa es el oficio central en la Iglesia Católica, es importante que los católicos sepan quien escribió la misa nueva, y quienes la aprobaron después de que se había rechazado por el sínodo de obispos de 1967.

Para contestar la primera pregunta, el arzobispo Annibale Bugnini dirigió a un Consilium, el grupo de estudio que formuló la nueva misa. Ahora bien, es posible que muchos jamás hayan oído hablar del Arzobispo Bugnini, pero en realidad, la mayoría de nosotros le hemos visto en la televisión. Presidió el servicio de Navidad para los rehenes estadounidenses en Irán. ¿Por qué estaba en Irán? No, no se le envió específicamente para celebrar estos servicios como algunos puedrn haber pensado; se le envió a Irán como Nuncio Apostólico mucho antes (cerca del 1976) después de presentarse al Vaticano un expediente que demostraba sus vínculos con la Francmasonería. 

Después de ser denunciado como masón el Arzobispo Annibale Bugnini del Concilio sobre la Liturgia, es obvio que (su presencia) llegó a ser desconcertante en el Vaticano, y se destinó convenientemente Pablo VI con protestantes a Irán como Nuncio Apostólico. Como dice el antiguo refrán: "¡Ojos que no ven, corazón que no siente!" Y en cuanto concierne al Concilio mismo, sí que es interesante notar que entre el equipo de consejeros había seis teólogos y líderes de Iglesias protestantes, cinco de los cuales se pueden ver en una fotografía oficial con Pablo VI son: los doctores George, Shephard, Konneth y Smith, y el hermano Thurian, quienes representaban el Concilio Mundial de Iglesias, la Iglesia Luterano, la Iglesia Anglicana, y la Comunidad Protestante de Taize. Según el R. P. Rembert Weakland, arzobispo conciliar de Milwaukee (EE.UU.), dichos teólogos protestantes jugaron un papel activo en la creación de la misa nueva para la Iglesia pos-vaticano II. Muy ciertamente estos protestantes, cuya ayuda se pidió para formar la liturgia nueva, lejos de ser defensores del santo sacrificio de la misa, eran promotores del ecumenismo falso, de la justificación por la fe únicamente, y del subjetivismo religioso --un sistema de pensamiento religioso en el que se basa todo el protestantismo. Es un sistema en donde la religión se basa, no sobre una "fe objetiva," sino sobre los sentimientos, emociones, encuentros, y experiencias, todos los cuales pasan por inspiraciones directas del "Espíritu Santo" sin cabida para la obediencia a ninguna autoridad de la enseñanza establecida divinamente ni para los misterios sobrenaturales. No es de extrañar pues, que con esta ayuda protestante, Monseñor Bugnini compusiera un servicio que no ofendiera a aquellos que no creían en la verdadera presencia de Cristo, en la transubstanciación, ni en los poderes del sacerdocio católico. ¿Y es de extrañar el por qué fue rechazado cuando en octubre del 1967 se lo propuso para ser evaluado por una Reunión del Sínodo Episcopal en el Vaticano? Sin embargo, en el número de mayo de 1970 de Notitiae, órgano para la Sagrada Congregación del Culto Divino, se afirma que, después de un examen de la Introducción al nuevo rito hecho en 1969, "los padres y especialistas del Concilio no encontraron en ella ningún error doctrinal, ni razón alguna para hacer ningún cambio." Y pues, ¿si fuéramos a pedirles a Lutero, a Calvino y a Zwinglio que pasasen juicio sobre sus propias obras, ¿habrían "encontrado en ellas algún error doctrinal, o razón alguna para hacer cambios?"

LOS CAMBIOS SOCAVAN LA FE POR SU COMPLICIDAD SUTIL

Al contrario de lo que se nos ha dicho, el Novus Ordo sí que introduce cambios que alteran la Fe de la Iglesia en cuanto a la expresión de su culto, como veremos a continuación. Lo que el Concilio llamaba "cambios insignificantes e inocuos" son a menudo muy sutiles en sus implicaciones. Normalmente no contradicen rotundamente las doctrinas de la Iglesia, ni niegan forzosamente y descaradamente sus enseñanzas tradicionales sobre la misa. Mas por la fuerza de mil implicaciones, corroen y corrompen la fe en la mente de la gente, casi como la lluvia ácida destruye un valioso edificio histórico despacio pero sin piedad. Cuando se examina la misa nueva en su totalidad, las verdaderas intenciones de los autores y de los que la promueven se hacen clarísimas, pues todas las modificaciones e innovaciones convergen en un sólo fin. Estos cambios están perfectamente orquestados para efectuar un cambio importante en la parte esencial de la misa. Y que los cambios litúrgicos no toquen lo esencial de la misa, simplemente no es verdad, pues tomado en conjunto tienen como impacto deliberado la alteración de la fe en las mentes de los fieles, especialmente en los jóvenes--sus hijos y nietos--por el uso y la costumbre. La primera innovación principal del Novus Ordo era sobre la lengua de la misa. Hay muchos que están bajo la impresión falsa de que la diferencia principal entre los católicos tradicionales y los que siguen a Vaticano II es cuestión de gusto personal, estilo, preferencia, o aún simplemente cosa de idiomas: la lengua latina contra la lengua vernácula. Y estas personas suponen que el católico tradicional estaría satisfecho si la misa nueva se dijera en latín; así cualquier iniciativa por parte de la jerarquía de promover la lengua latina en la misa nueva les parece ser la solución. Esto, sin embargo, no es así en absoluto. La misma misa nueva se publicó al principio y oficialmente en latín, pero aún así era perniciosa para la fe católica. Que se establezca de una vez para siempre que el asunto principal de desacuerdo está en la misma forma y significado de la misa. ¡Para el católico tradicional, el Novus Ordo es funesto en cualquier lengua! Pero sí estamos de acuerdo--y los reformadores comprendieron esto bien--que ciertamente sería mucho más difícil adoctrinar una teología nueva en las mentes católicas si la liturgia fuera en latín. También sería difícil permitir las muchas variaciones estrafalarias en experimentos litúrgicos en las últimas tres décadas si la liturgia se hubiera adherido al latín. El descarte del latín, por lo tanto, fue crítico para que los reformadores modernistas llevaran a cabo su propósito dual: (1) abrir la liturgia de par en par a toda clase de proyectos y temas, mientras a la vez (2) dar a su liturgia revisada el poder penetrante para infectar el pensamiento de los fieles con las nuevas nociones destructivas para las antiguas doctrinas. Lutero, también, comprendió la importancia de la lengua litúrgica. Una lengua litúrgica era un eslabón permanente con el pasado. Para poder meter sus ideas en el pensamiento de los alemanes, tenía que romper aquel eslabón. Pero, "¿cuánto comprenderían estos campesinos de las revisiones si permanecieron en latín?" Y así, lo primero que hizo fue redactar el nuevo culto en alemán. El uso de la lengua vernácula no es una innovación "insignificante" o "inocua", ni mucho menos. El Papa Pío XII lo llama un asunto de importancia principal: "Hay que reprochar severamente la temeraria osadía de aquellos que de propósito introducen nuevas costumbres litúrgicas... No sin gran dolor sabemos que esto sucede en cosas no sólo de poca, sino también de gravísima importancia; no falta, en efecto, quien usa la lengua vulgar en las celebraciones del Sacrificio Eucarístico... El empleo de la lengua latina, vigente en una gran parte de la Iglesia, es un claro y noble signo de la unidad y un efícaz antídoto contra toda corrupcion de la pudra doctrina." (de la Encíclica Mediator Dei) El Concilio de Trento no pensaba que el uso de la lengua vernácula fuera inocuo tampoco, y hasta excomulgaron a cualquiera que promoviera la misa rezada exclusivamente en la lengua común: "Si alguien dice... que la misa debe celebrarse solamente en la lengua vernácula, sea anatema." La cuestión debe quedar clara: la iglesia ha insistido en el latín como la lengua litúrgica durante 1.600 años por alguna razón. ¡Así que la eliminación del latín en la celebración de la misa es mucho más que un cambio menor o una alteración insignificante!

EL LATÍN COMO SALVAGUARDA
CONTRA LA CORRUPCIÓN LITÚRGICA

El latín se llama "lengua muerta." En gramática esto significa que es un idioma "fijo" que no puede torcerse, falsificarse, o cambiar de significado. Una "lengua viva" puede crear significados nuevos y palabras nuevas. Como "lengua muerta," el latín es inmutable y no está sujeto al cambio; esto es la primera zona de defensa para el latín como lengua oficial de la Iglesia. G. K. Chesterton lo expresó bien al decir: "La diferencia entre una lengua moderna y el latín no es la distinción entre una lengua viva y otra muerta, sino la diferencia entre una lengua moribunda y otra inmortal." El Papa Pío XI hasta fue tan lejos como para decir que la lengua latina es una parte de la vida de la Iglesia tal que comparte, en algún sentido, las cuatro marcas que la identifica como la verdadera Iglesia de Jesucristo. Los que se acuerdan de su catecismo, recuerdan que la verdadera Iglesia tiene cuatro características: es "una, santa, católica y apostólica." Igual que la Iglesia es una en la fe siempre y por todas partes, también la lengua latina es una y la misma siempre y en todas partes. Igual que la Iglesia es santa, también los escritos de tantos Padres santos y Doctores de la Iglesia han consagrado al latín, que ha servido durante siglos como vehículo digno para las verdades de la fe. Igual que la Iglesia es católica, o sea universal, y que se destinó por el único Mediador entre Dios y el hombre para ser el único medio de salvación para la gente de todas las razas de la humanidad, así el latín también es una herencia común que rebasa las culturas modernas sectarias--es patrimonio del mundo sin distinción de cultura o raza. Y por fin, igual que la iglesia misma es de origen apostólico, también el latín fluye a través de las épocas desde aquellos tiempos apostólicos, aún desde la prisión Mamertina cerca del Foro Romano, de donde los santos Pedro y Pablo se condujeron un día al martirio glorioso para Cristo. Ya que Jesucristo es inmutable, ya que Sus verdades son inmutables, ¿no es apropiado y correcto que la lengua oficial de Su Iglesia y la lengua de Su obra más sagrada, la misa, también sea inmutable? Pío XII la llamó "antídoto efectivo contra cualquier corrupción de la verdad doctrinal" debido a su inmutabilidad. Si la lengua no puede cambiar el significado de la misa, entonces las doctrinas contenidas en ella no se pueden cambiar ni descartarse en el nombre de "ponerse al día" o de llegar a ser "relevante al mundo moderno." Pero hay más que alegar del latín en relación con la Iglesia. Durante 1.600 años llevaba el sacrificio de la misa, los sacramentos y el mensaje del cristianismo a todos los pueblos del mundo. Por el uso de la lengua latina, los católicos en todo el mundo estaban unidos en "un solo Señor, un solo bautismo, una sola fe." Por su misma naturaleza, el latín es apropiadísimo para promover todas las formas de cultura entre las gentes. No da lugar a celos, ni favorece nación alguna, sino se comunica a todos por igual e imparcialmente, y como ha afirmado Pío XI: "Pues la Iglesia, precisamente porque abraza todas las naciones y está destinada a durar hasta el fin del tiempo... por su misma naturaleza requiere una lengua que es universal, inmutable y no-vernácula." El R.P. Oswald Baker observó que descartar el latín es lo mismo que "quitarle a la Iglesia el manto de reina y vestirla de mono." La eliminación del latín de la misa es ciertamente una desviación muy profunda que desgarra el alma misma de la Iglesia. Esto abre la puerta al error doctrinal y a la devastación de la tradición. Es demasiado católico, demasiado tradicional, demasiado objetivo, demasiado solemne y demasiado decoroso para el pensamiento subjetivista que quiere moldear "la verdad" al capricho del momento. El latín coloca un velo decente y hermoso sobre lo que hace el sacerdote en el altar mientras reza a Dios. El latín promueve el "misterio" y para el pensamiento subjetivista, no hay sitio para misterios. Con la eliminación del latín, la sensación sobrenatural de la misa desaparece y el humanismo puede colocarse en su sitio.

LA NOCIÓN DEL HUMANISMO:
EL HOMBRE SE PERFECCIONA A SÍ MISMO

En la Misa Tridentina, mientras sigue al pie del altar y antes de acerarse al Sanctum Sanctorum, el sacerdote recita el Confiteor, oración de confesión y súplica de perdón. Es una oración en la que la gente reconocen su pecaminosidad, no sólo en privado, sino delante de toda la iglesia, de todos sus santos testigos y aún delante de los mismísimos poderes del Cielo: "Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos, etc." Sin embargo en el "rito penitencial" del Novus Ordo, la bienaventurada Virgen, San Miguel, San Juan, San Pedro, San Pablo y todos los santos están eliminados, y se reemplazan con "y vosotros, mis hermanos." Así, se hace caso omiso de la Comunión de los Santos (artículo del Credo Apostólico) y se les concede una importancia principal a los fieles reunidos allí: "a vosotros, mis hermanos." ¡Ningún protestante tendría problema alguno con esto! En la segunda parte del "rito penitencial," cuando se mencionan a la bienaventurada Virgen y a todos los ángeles y a los santos, se hace únicamente en el sentido de "pedir" sus oraciones por casualidad, pero en ningún caso se puede interpretar como implorar su intercesión. Después de todo, los protestantes no creen en la "intercesión de los santos" pero sí creen en rezar para los demás y les encanta hacerlo. ¡Pregúntales y verás! Desde el principio pues, la misa nueva se aparta radicalmente del pasado.

JUGANDO CON EL TEXTO: ¿TRADUCIR O INVENTAR?

Otra traducción curiosa aparece en el Gloria de la misa nueva. Durante siglos los teólogos católicos y protestantes han discutido sobre la traducción del saludo angélico a los pastores la noche en que nació Nuestro Señor. Los católicos han dicho siempre: "Gloria a Dios en las alturas. Y, en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad." Mientras tanto los protestantes han dicho: "Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra, buena voluntad a los hombres." La versión católica se basa en San Lucas 2:14, y San Juan 14:27--o sea, que Nuestro Señor y Salvador traía la paz a todos los que Le recibirían, a aquellos cuyas voluntades estaban dispuestas a hacer la voluntad de Dios. Así son los hombres de buena voluntad, pues no puede haber paz alguna para los hombres de mala voluntad, como se ve en Isaías 48:22: "No hay paz para los malvados." La traducción protestante tiene sus raíces en la doctrina de Lutero de "la fe solamente." Se ve claramente que estas dos traducciones no son equivalentes en absoluto, e implícitamente representan dos credos distintos: uno católico y el otro protestante. En la misa nueva se encuentra el principio del Gloria traducido al español como: "Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor." El protestante no tendría ningún problema con esta traducción; seguramente puede sacar su propio significado de ella. Mientras el católico puede estar pensando de una forma, el protestante puede pensar de otra. Muy "ecuménico." La Oración del Señor (El Padre Nuestro) sigue el mismo modelo en la misa nueva. Todos los católicos y los protestantes se dan cuenta de que las dos versiones son distintas en el final de esa oración. El católico termina con "líbranos del mal. Amén." La versión protestante añade "porque Tuyo es el reino, el poder, y la gloria, por siempre. Amen." Este final no se encuentra en los manuscritos más primitivos de la Biblia, sino es más bien una glosa que fue añadida al margen por un copista posterior. La Iglesia Católica siempre ha reconocido esta interpolación. Sin embargo, poco después del Padre Nuestro, la misa nueva añade: "Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor." Esta inserción, mientras no es heterodoxa en sí, claramente es una concesión a las sensibilidades protestantes para dar a la nueva liturgia el carácter ecuménico requerido por los modernistas. ¿Quién puede negar que las oraciones, como están empleadas en la misa nueva, hacen que se rece más como un protestante que como un católico? Mas, ¡nadie debería sorprenderse al pensar en los seis protestantes que ayudaron a componer este nuevo servicio! En la Iglesia Católica, la misa es a la vez sacrificio y sacramento, y nosotros, como católicos, sabemos que para que sea válido un sacramento, ha de emplearse la "sustancia propia," o sea, materia y forma, y la "intención debida." El Papa León XIII nos dice: "En cuanto al pensamiento o intención, puesto que es algo interior por sí mismo, la Iglesia no pronuncia sentencia: pero tiene que juzgarlo en tanto que se manifieste exteriormente."

LA INTENCIÓN DEL SACERDOTE Y EL RITO
MANIFESTADO EN PALABRAS, ACCIONES, Y SÍMBOLOS

La intención, pues, siendo algo interno no se puede adivinar, ¡pero puede y debe juzgarse por lo que se pone de manifiesto exteriormente! La Iglesia siempre ha usado tres métodos para demostrar "intención," muy especialmente en la celebración del santo sacrificio de la misa. Estos tres son: el habla, las acciones, y los símbolos. Un símbolo de éstos, si se le puede llamar así correctamente, es el comulgatorio. En la Iglesia Católica el comulgatorio simboliza una linea divisoria, una "barrera santa" por decirlo así, que separa lo sagrado de lo profano, lo sobrenatural de lo natural, la distinción del "santo sacerdocio" separado del "sacerdocio común de los laicos." Permanece allí como un obstáculo magnífico que hace eco al mandato de Dios a Moisés: "¡No te acerques más! Pues el lugar en que estás es tierra sagrada." (Éxodo 3:5) "Tierra sagrada," ¡claro que sí! Porque es aquí donde los sagrados misterios tienen lugar, donde está el sacerdote como "Alter Christus" por los poderes sobrenaturales del santo sacerdocio de Cristo, y Le ofrece a Dios Padre la "hostia sin mancha," la "víctima pura," el "sacrificio perfecto," y donde Cristo mismo, por su amor indecible hacia nosotros, transubstancia el pan y el vino a Su cuerpo y sangre preciosos, igual que lo hizo el jueves santo hace casi 2.000 años. Y hace esto para que nos alimentemos con el "pan de vida" y participemos de su divinidad, al obedecer su mandato: "En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis Su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come Mi carne y bebe Mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque Mi carne es verdadera comida y Mi sangre verdadera bebida." (S. Juan 6:53-55) Al mismo tiempo, el comulgatorio sugiere a los fieles que se arrodillen ante la presencia real de su Señor y Salvador, y ¡que Le reciban de rodillas con reverencia, amor, respeto y adoración! "Porque yo soy Dios, no existe ningún otro... Que ante mí se doblará toda rodilla." (Isaías 45:22-23) Es de rodillas en el comulgatorio que los fieles manifiestan abiertamente su creencia en la verdadera presencia de Cristo en la hostia consagrada y el poder inequívoco del santo sacerdocio de efectuar una verdadera transubstanciación. El comulgatorio es lo que simboliza la "mesa del banquete" donde los fieles participan del pan de la vida. Por el uso de este "símbolo" sólo, el comulgatorio, la Iglesia manifiesta claramente y magníficamente su intención en la misa. En la Iglesia conciliar los comulgatorios han sido eliminados por la mayor parte. ¡Aquella "barrera santa" ha sido derribada! ¡Y ahora el santuario está pisoteado por los laicos como la Calle Mayor! Algunos como lectores, algunos como comentaristas, algunos como ministros extraordinarios, algunos hasta como bailarines litúrgicos, payasos, mimos y titiriteros. Ya no se arrodillan para la "sagrada comunión," sino permanecen de pie y lo reciben en la mano con tanto respeto exterior ¡como si se tomara un trozo de galleta! Otro cambio introducido en la misa nueva es la omisión de una genuflexión significante--una omisión tan sutil que la mayoría de los católicos ni siquiera se fijarían en ella. En la misa tradicional católica, tan pronto que el sacerdote haya pronunciado las palabras de consagración ("Este es mi Cuerpo," "Esta es...mi Sangre, etc."), inmediatamente dobla la rodilla. Hace aquel acto de reverencia porque cree que, por virtud del poder de Jesucristo obrando en él como en un instrumento, el pan y el vino se transubstancian en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo mismo. En la nueva liturgia, sin embargo, el ministro no dobla la rodilla ni hace reverencia alguna a la hostia o al contenido del cáliz hasta después de que los haya elevado primero para que el pueblo los mire. ¿Una diferencia sutil? Sí. ¿Significante? ¡Totalmente! Porque representa precisamente la idea luterana del sacerdocio común del pueblo, en el que el sacerdote no es más que el designado de los fieles. Así, son los fieles quienes "consagran" el pan y el vino (o sea, ratifican el símbolo del Cuerpo y de la Sangre de Cristo). Así el ministro no hace ninguna reverencia hacia éstos hasta que el pueblo lo haya aceptado por su valor simbólico. Todo esto, pues, se ha de tomar como un medio de expresión, una manifestación de intención, y ya que obviamente se expresa lo opuesto de lo que sabemos es la expresión católica, podemos concluir con seguridad que también se manifiesta una intención opuesta. Esto se hace aún más claro cuando consideramos los seis protestantes quienes compusieron la nueva misa "en colaboración." Podemos suponer que todos subscribían el parecer de Lutero del sacerdocio: "Todos nosotros que hemos sido bautizados somos sacerdotes sin diferencia, pero aquéllos son ministros a quienes llamamos sacerdotes, escogidos de entre nosotros para que hagan todas las cosas en nombre nuestro, y su sacerdocio no es más que un ministerio. El sacramento de ordenación, por lo tanto, no puede ser más que un cierto rito para escoger a un predicador en la iglesia." Se hace clarísimo que estas nuevas prácticas, cuando se escudriñan cuidadosamente, expresan una intención que Lutero mismo sancionaría y aprobaría. El criterio de Lutero se puede ver en mucho del Novus Ordo en sus palabras, acciones, y símbolos. No hay diferencia entre el sacerdocio sacrificador y el "sacerdocio" general de los laicos. Esto conduce a la conclusión de que lo que puede hacer el sacerdote, lo puede hacer los laicos también. La iglesia católica distingue entre el sacerdocio general o pasivo de los laicos por un lado, y el sacerdocio especial o activo del clero ordenado por otro. Por virtud del sacramento del bautismo, todos los laicos se admiten a la comunión de los santos y tienen el poder y el derecho de recibir los sacramentos. Esto se entiende como su sacerdocio en un sentido amplio. Más sólo aquellos elevados por la Iglesia a los poderes de las órdenes sagradas pueden confeccionar y administrar los sacramentos. Esto es el sacerdocio "activo."

EL SACERDOTE COMO REPRESENTANTE
DEL PUEBLO NADA MAS

Ahora déjenos comparar la oración anterior a la consagración, la cual en el Novus Ordo se llama Invitación a la Oración y en la misa tridentina se llama simplemente por sus dos primeras palabras, el Orate Fratres. La Invitación a la Oración hace que el sacerdote diga: "Orad, hermanos, para que nuestro sacrificio sea aceptable a Dios Padre Todopoderoso." En la misa tradicional, el sacerdote pide, "Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea aceptable ante el Dios Padre omnipotente." Para el incauto o el indiferente puede parecer que no hay diferencia alguna entre estas dos frases; en esto exactamente se confían los innovadores. Las inferencias no producen ninguna alarma, mas el mensaje sutil se hace entender. Si se escudriña bien, hay una diferencia tremenda entre las dos. Para reconocerlo, hay que recordar la creencia católica de que el sacerdocio sacrificador es único; no es lo mismo, sino es superior en autoridad y responsabilidad al sacerdocio común de los laicos. Fíjense como el latín se cuida de distinguir entre el sacrificio del sacerdote y el sacrificio del pueblo: "Mi sacrificio y el vuestro." Los distintos tipos de sacrificio se destacan, pues en la iglesia católica sólo el sacerdote puede ofrecer el sacrificio a Dios. Los laicos ofrecen sus sacrificios personales, sus penitencias, oraciones, obras buenas y sus vidas dedicadas a Dios, pero, ¡sólo el sacerdote puede ofrecer el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo!  Los laicos pueden y deben asentir de corazón y alma al Sacrificio que se ofrece sobre el altar. Como explica Pío XII en Mediator Dei: "Unen sus votos de alabanzas, de impetración y de expiación, así como su acción de gracias a la intención del Sacerdote, ante el mismo Sumo Sacerdote, a fin de que sean presentadas a Dios Padre en la misma oblación de la Víctima, y con el rito externo del Sacerdote." Sin embargo explica: "Para no hacer nacer errores peligrosos en este importantísimo argumento, es necesario precisar con exactitud el significado del termino “ofrecer”. La inmolación incruenta por medio de la cual, una vez pronunciadas las palabras de la Consagración, Cristo está presente en el Altar en estado de Victima, es realizada solamente por el Sacerdote, en cuanto representa a la Persona de Cristo, y no en cuanto representa a las personas de los fieles." El sacerdote ofrece la misa "como representante de Cristo y no como representante de los fieles"--así es la enseñanza católica. Mientras la enseñanza de Lutero era: "Que ellos (los ministros) hagan todas las cosas en nombre nuestro (de los fieles)," lo cual hace del sacerdote estrictamente un representante del pueblo. En el Novus Ordo, esta distinción desaparece: "Orad, hermanos, para que nuestro sacrificio sea aceptable a Dios Todopoderoso." "¿Nuestro sacrificio?" ¿Es que son uno y el mismo? ¿Significa esto que el sacerdote y el pueblo pueden ofrecer el mismo sacrificio? Si es así, ¿qué clase de sacrificio es? ¿Pueden los laicos ofrecer la inmolación incruenta a las palabras de consagración cuando Cristo se hace presente sobre el altar en el estado de Victima? La iglesia católica dice que no. Si esto es lo que el Novus Ordo da a entender, ¡pues difícilmente puede ser católico! Por otra parte, quizás la misa nueva no es un verdadero sacrificio, no es una verdadera representación del sacrificio de la cruz, sino simplemente un sacrificio de "alabanza y agradecimiento." ¡Pues tampoco es católica sino protestantismo cien por cien! No importa que conclusión se intente sacar de esta astuta manipulación de términos, ha de terminar con la convicción de que el sacerdote en el altar de la misa nueva no es más que los "sacerdotes" sentados en el banco.  ¡Y esto es exactamente lo que dijo Martín Lutero! El "sacerdote" según Lutero no era sacerdote en absoluto, sino sólo un ministro. Era simplemente alguien designado por los fieles para predicar el Evangelio. Presidía sobre la asamblea pero no tenía poder sobrenatural alguno.  Era uno designado por el pueblo, no por Dios. Las palabras de Cristo a los apóstoles, "No Me habéis escogido a Mí, sino que Yo os he escogido a vosotros," se tornen más bien en: "Ni vosotros ni Yo hemos escogido, sino que el pueblo os ha escogido." Ya se acabaron las Sagradas Escrituras. (del Vol. XIV, No. 1, 1992, pp. 9-14) Los modernistas son astutos y bien preparados.  Se puede argüir que lo que vemos aquí no es más que una "traducción libre" del latín por motivos de brevedad, y que realmente significa lo mismo.  Para aquellos que no tienen estudios de latín esta táctica evasiva sí puede ser suficiente. Sin embargo, hasta un estudiante de primero de latín reconocería que ésta no es ninguna "traducción libre" sino definitivamente una mala traducción. "Meum ac vestrum sacrificium" en latín se traduce por "mi sacrificio y el vuestro." "Nuestro sacrificio" tendría que haber sido "sacrificium nostrum." Si, en mi clase de latín del instituto, hubiera hecho yo una traducción tan libre, habría recibido ¡un cero! La verdad del asunto es que esto es exactamente lo que se propuso ser: nada de una traducción libre, sino una mala traducción intencionada y la omisión, toda designada para reemplazar la fe católica objetiva con una religión subjetiva y ecuménica. Y este escamoteo gramatical se extiende por toda la misa nueva. Las palabras "beatus" y "sanctus"--que significan "bienaventurado" y "santo"--se dejan sin traducir en casi todos los casos donde aparecen en el latín. En el Gloria, las palabras "benedicimus Te," "glorificamus Te"--que significan "Te bendecimos," "Te glorificamos"--no se traducen. En la Profesión de la Fe, aparece una falsificación tan obvia que es difícil creer que los "especialistas" que hacen esta traducción pudiera haber tenido estudio alguno del latín. "Credo in unum Deum" significa "Creo en un solo Dios," y no "Creemos en Dios." Estas alteraciones y omisiones predominan en la misa nueva ¡y puedes apostar de que no están allí por casualidad! Antes de la distribución de la Sagrada Comunión, hay una oración que la mayoría de nosotros sabemos tan bien que no se necesita ningún conocimiento del latín para reconocer como ha sido tan enormemente distorsionada en la nueva traducción: "Domine, non sum dignus," "Señor, no soy digno." El eco de las palabras del centurión romano a Nuestro Señor y una demostración magnífica de la fe que él tenía en el poder de Dios. Y ¿cómo se han traducido en la nueva misa? "Domine, non sum dignus ut intres sub tectum meum" se traduce como "Señor, no soy digno de que entres en mi casa," mientras que la verdadera traducción es: "Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo." La segunda parte, "sed tantum dic verbo, et sanabitur anima mea," se da como "pero una palabra tuya bastará para sanarme." La verdadera traducción es, "pero una palabra tuya y mi alma sanará."  Es bastante obvio que hay una aversión clara a la palabra "alma" en la misa nueva. Aunque aparece no menos de 12 veces en el Ordinario de la misa tridentina, ¡por mucho que he buscado, no podía encontrarla ni una sola vez en el Novus Ordo!  El esfuerzo de una persona ha revelado que hay mas de 400 errores en la traducción y la gramática del ordinario de la misa nueva y más de 200 palabras y frases se han omitido totalmente. Mientras algunos puedan encogerse de hombros ingenuamente ante tal fraude atroz como casualidades sin querer, en cuanto a mí mismo, encuentro difícil creer que los "especialistas" fueran incapaces de una traducción verdadera. No tengo mas alternativa que concluir que se hizo deliberadamente con una intención específica: purgar aún más lo que sea católico de la misa nueva. Cuando investigamos más a fondo encontramos que ademas de estas alteraciones y omisiones, en el Ofertorio el Novus Ordo suprime todas las oraciones y rúbricas (acciones) que aclaran en su ofrecimiento que están a punto de llegar a ser el Cuerpo y la Sangre de la Víctima Divina. El Suscipe, Sancte Pater, que tiene lugar en el ofrecimiento de la Hostia, está suprimido en la misa nueva: "Recibe, ¡oh Padre santo, Dios omnipotente y eterno!, esta Hostia inmaculada, que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, y ofensas y negligencias, y por todos los presentes, y también por todos los fieles cristianos, vivos y difuntos, para que, a mí y a ellos, nos aproveche para la salvación en la vida eterna. Amén." En el ofrecimiento del cáliz, también se suprime la magnífica oración Offerimus Tibi, Domine: "Te ofrecemos, Señor, el cáliz de salvación, implorando tu clemencia para que suba como suave aroma hasta la presencia de tu divina majestad, por nuestra salvación y por la del mundo entero. Amén." Se suprimen la colocación de la Hostia sobre el Corporal, que recuerda la realidad del Cuerpo de Cristo, después de haber hecho la señal de la cruz con ella como recuerdo de la inmolación, y la súplica al Espíritu Santo para efectuar la renovación del sacrificio de la cruz: "Ven, Santificador omnipotente, Dios eterno, y bendice este sacrificio, preparado para tu santo nombre." Todo esto se ha omitido y se ha reemplazado con una oración judía para antes de comer, ¡evocadora de una comida judía "Seder"! "Bendito seas Señor, Dios del universo, etc."

Está claro que en el ofertorio de la "misa nueva" el énfasis se ha cambiado de sacrificio a "comida conmemorativa" y que la transubstanciación no es ni profesa ni intencionada. Y ¿cuál es la respuesta a esto de los seguidores modernos del Vaticano II? Nos dicen que la consagración es lo esencial de la misa y que las oraciones que la preceden o que la siguen no tienen verdadero significado. Las palabras que se emplearon conmigo personalmente eran: "Tú buscas el decorado de la tarta sin reparar en la tarta." Esta es una respuesta modernista típica. ¡Qué hábiles son con los "juegos de palabras"! Pero no olvidéis jamás que el modernismo es una mezcla de terminología católica y racionalismo naturalista. ¡Es una herejía en marcha! Por cierto, los modernistas pueden decir muchas cosas católicas, y las dirán. Esto es la manera de ser del modernista. Pero, inevitablemente, mezclan verdades con falsedades de forma que aquellos que son incapaces de separar las dos, fácilmente caen presos en sus errores. El modernista es más eficaz cuando tiene un "cargo de autoridad." El sacerdote modernista es más influyente que el laico modernista; el obispo modernista, más eficaz que el sacerdote, pues so capa de "la autoridad" su credibilidad queda sin desafiar. Y cuanto más altos están, tanto menos probable es que alguien sospeche de ellos. Su cargo llega a ser para ellos un maravilloso tipo de "camuflaje." Pero que no os cojan desprevenidos. Recordad que al modernista se le reconocería más bien por lo que practica que por lo que dice. Nuestro Señor nos ha avisado sobre tales como éstos y los desenmascara bastante eficazmente: "Este pueblo Me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de Mí; y en vano Me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres." (Mateo 15:7-9) Los católicos fácilmente reconocen como la verdad el hecho de que la consagración es la parte más sagrada de la misa, pero ¡es absolutamente falso sugerir que las oraciones de antes y las de después no tienen nada que ver! Ahora examinemos esto. Las oraciones que enmarcan la consagración se llaman el Canon de la misa, que empieza con "Te Igitur" y se extiende hasta la "Elevación menor." Por su mismo nombre sabemos que es una parte invariable e inalterable de la misa. La palabra canon significa "regla" o "norma," y el Canon Romano de la Misa Tridentina data más allá del siglo IV y "se fijó" por fin y de una vez para siempre por el Papa San Gregorio el Grande a finales del siglo VI. El Canon Romano de la Misa Tridentina es tan significante que siempre que esté, es imposible subvertir la mente de la Iglesia en la celebración de la misa. Es tan significante que la sesión XXII, capítulo 4, el Concilio de Trento definió: "Y puesto que las cosas santas santamente conviene que sean administradas, y este sacrificio es la más santa de todas; a fin de que digna y reverentemente fuera ofrecido y recibido, la Iglesia Católica instituyó muchos siglos antes el sagrado Canon, de tal suerte puro de todo error, que nada se contiene en él que no sepa sobremanera a cierta santidad y piedad y no levante a Dios la mente de los que ofrecen. Consta él, en efecto, ora de las palabras mismas del Se_or, ora de tradiciones de los Apóstoles, y también de piadosas instituciones de santos Pontífices." Este Canon Romano de la Misa Tridentina se ha demostrado ser "una barrera insuperable contra cualquier herejía que ataque la integridad del misterio." Todos los dogmas que los llamados reformadores religiosos rechazaron se afirman explícitamente y la intención de la Iglesia está clarísima: que Cristo mismo, Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, baja sobre el altar bajo las apariencias de pan y vino: que esta acción de cambiar las sustancias del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo se origina por el sacerdote celebrante y por él sólo por virtud del Sacerdocio sacerdotal que le da el poder de actuar como "Alter Christus," en cuanto no es un hombre delante del altar sino Jesucristo mismo, quien efectúa la consagración. Es el Sumo sacerdote Eterno quien está allí de pie, diciendo, "porque este es Mi Cuerpo" y "porque esta es Mi Sangre," exactamente como lo hizo la noche de la Ultima Cena. Y exactamente como lo hizo al día siguiente, Jesucristo sube místicamente a la Cruz de nuevo y Le ofrece a Dios Padre, el Sacrificio perfecto, la Víctima pura, la Hostia inmaculada. No es un sacrificio nuevo sino el mismo sacrificio que Él ofreció en el Calvario sin los detalles sangrientos. Y se queda verdaderamente presente en las Sagradas Especies para que nosotros, los fieles, podamos acercarnos al comulgatorio y comer de Su carne y beber de Su sangre como Él mandó que hiciéramos para que tuviésemos la vida eterna (Juan 6). Todo esto profesa y afirma el Canon Romano de la Misa Tridentina. En el siglo XVI, los herejes comprendieron esto bastante bien, y esto es lo que le movió a Martín Lutero a decir del Canon Romano: "Aquel Canon abominable es una confluencia de charcos de agua viscosa, los cuales han hecho de la misa un sacrificio. No es la acción de un sacerdote sacrificador. Junto con el canon, desechamos todo lo que implica oblación." Ahora los "reformadores" del siglo XX nos dicen que las oraciones del Canon son "insignificantes" y se pueden descartar, mientras sus homólogos del siglo XVI insistían en que eran "demasiado significantes" y tenían que descartarse. Lo menos que se puede decir de esto ¡es que los reformadores del siglo XVI eran mucho más honestos acerca de ello! El Canon Romano pide una fe "objetiva," la fe católica, algo que la mente subjetivista no aceptará. Para los subjetivistas y existencialistas modernos, todo ha de ser relativo y experimentado. Por lo tanto Lutero promulgó este concepto: que el servicio sea "evangélico" con muchas lecturas bíblicas y enseñanzas; siendo "la comida conmemorativa" el punto climático en la que se demuestra un lazo de hermandad y de unidad por todos los reunidos que vienen a "partir el pan," los unos con los otros, en señal de la caridad cristiana, y también para conmemorar lo que hizo Cristo en la Ultima Cena hace 2000 años; que no se ofrece ningún sacrificio verdadero, sólo uno de "alabanza y agradecimiento" a Dios, preservando la memoria de aquel sacrificio ofrecido por Su Hijo de una vez para siempre, para nuestra Redención. La nueva liturgia reformada del siglo XVI transmite enérgicamente la idea de que en la consagración, no tiene lugar transubstanciación alguna por lo que se cambien verdaderamente las sustancias del pan y del vino al Cuerpo y la Sangre de Cristo; el sacerdote no tiene tales poderes, enseñaron los reformadores. El único poder que efectúa algo es la fe de aquellos reunidos allí en el nombre de Cristo, ya que Él dijo: "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." (Mateo 18:20) Así que, en la Sagrada Comunión, a Cristo se le recibe sólo en este sentido espiritual por una presencia simbólica que está allí presente sólo por ese momento--y sólo si el recipiente cree. Después, sin embargo, ya que no hay presencia verdadera alguna, sólo la espiritual momentánea, el pan de la comunión que sobre, se puede tirar de manera conveniente para cualquier "sobra de mesa" y la necesidad de un tabernáculo claramente no hace falta. Todo esto lo consiguieron los herejes, pero sólo después de que lograron quitar el canon romano. E igual que sus grandes antepasados, los "reformadores" de hoy en día han demostrado que también desean dejarlo de lado o por lo menos no apoyar más las doctrinas católicas del sacrificio de la misa y la presencia verdadera efectuada por la transubstanciación. Pero tienen mucho cuidado de no despertar la resistencia católica y en el nombre del ecumenismo, han adoptado un servicio ambiguo capaz de permitirles a los protestantes discernir en él su "Cena," mientras los católicos mayores puedan todavía atribuir a la nueva liturgia la doctrina de la presencia real aunque de hecho se le suele hacer caso omiso, negarlo y eliminarlo. Los "reformadores" modernos eran más astutos en su desdén del canon romano y, en vez de simplemente tirarlo, algo que habría sido demasiado obvio y seguro de levantar sospechas aun entre los católicos demasiado confiados, recurrieron a distorsionarlo, reemplazarlo y cubrirlo con otras "oraciones eucarísticas," con las cuales los protestantes admiten abiertamente que se sienten "a gusto" porque "tienen la ventaja de darles una interpretación distinta a la teología de sacrificio que acostumbraban atribuir al catolicismo." (declaración protestante ecuménica del 8 de diciembre, 1973) Al examinar las oraciones eucarísticas nuevas del Novus Ordo topamos con algunas observaciones sorprendentes: la primera oración eucarística, increíblemente, ¡se llama el canon romano! Pero cuando se compara con el Canon Romano de la Misa Tridentina encontramos que ha sido distorsionado y mutilado a tal punto que aun los protestantes pueden usarlo sin dejar de ser protestantes jamás. Esto se consiguió por un lado por el uso de las "nuevas traducciones" que son simplemente traducciones falsas en muchos casos, y por otro lado por alterar el significado del rito por cambios en la palabra y en la supresión de las rúbricas (acciones y gestos) que profesan la fe católica. Estas rúbricas que se han suprimido expresaban o daban énfasis al carácter de sacrificio de la misa y por su supresión causan que las palabras que se han retenido cesan de significar que la misa sea un verdadero sacrificio. Al comparar las oraciones del Canon Romano de la Misa Tridentina con aquellas de la misa nueva podremos ver mejor que de hecho no profesan la misma fe. Tened en cuenta que estamos comparando la "más católica" de las nuevas oraciones eucarísticas, la tal primera oración que se supone es igual que el Canon Romano tradicional de la misa del rito latino. Ahora veremos como hasta esto se falsificó de modo letal.

TE IGITUR
(El principio del Canon de la misa tradicional latina)

"Te suplicamos, pues, y te pedimos, ¡oh Padre clementísimo!, por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, que aceptes y bendigas estos + dones, estos + presentes, estos + santos sacrificios sin mancilla." En esta oración el sacerdote se inclina profundamente, besa el altar, y reza en silencio pidiéndole a Dios que acepte el sacrificio que está a punto de tener lugar. La señal de la cruz (+) se hace encima de los elementos tres veces a las palabras: "estos + dones, estos + presentes, estos + santos sacrificios," clarísimamente señalando el sacrificio de la cruz y el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo en los cuales están a punto de convertirse.

ALABANZA AL PADRE 
(Novus Ordo) 

"A ti, pues, Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Se_or, que aceptes y bendigas estos + dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos." En esta oración, el sacerdote Le pide a Dios que acepte y bendiga estos dones que Le ofrecemos en sacrificio. Pero la primera pregunta que viene en mente es "¿cuales dones?" En la presentación de los regalos que en el novus ordo precede al ofertorio, más a menudo sí que no, hay variedad de "regalos" traídos adelante y presentados en el santuario. Debemos tener presente siempre que ¡sólo "el pan y el vino" pueden transubstanciarse! La segunda pregunta es "¿qué clase de sacrificio?" ¿Es el sacrificio perfecto de Cristo que se ofrece en reparación por el pecado ("para remisión de los pecados"), o es más bien los sacrificios personales y ofrecimientos de alabanza y agradecimiento del pueblo? Es difícil saberse ya que las palabras Haec + sancta sacrificia illibata, "Estos + santos sacrificios sin mancha," se han quedado sin traducir. Los únicos "sacrificios santos y sin mancilla" son el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, que la omisión de estas palabras ha evitado aquí muy convenientemente, así que el protestante estaría libre de pensar en términos de la doctrina protestante mientras que el católico puede considerar lo que es católico. Esto se manejó bastante "ecuménicamente." Debemos afirmar aquí también que de entre las 30 señales de la cruz contenidas en la misa tradicional, el Novus Ordo ha retenido una sola, la que aparece aquí, y ésta no como una señal demostrativa sino como una simple bendición.  "Que te ofrecemos, en primer lugar, por tu santa Iglesia católica: para que te dignes pacificarla, custodiarla, unirla y regirla en todo el orbe de las tierras: junto con tu siervo, nuestro Papa N., nuestro obispo N., y todos los que, fieles a la verdadera doctrina, profesan la fe católica y apostólica.”

INTERCESIONES POR LA IGLESIA 
(Novus Ordo)

"...que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa N., con nuestro obispo N., y todos aquellos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica." Al comparar estas dos oraciones y a primera vista no parece haber nada diferente, y así es exactamente como se quería que pareciese. Sin embargo al examinarlo más de cerca nos fijamos en que aparece una mala traducción; nos referimos a "et omnibus orthodoxis, atque Catholicae et Apostolicae Fidei cultoribus" lo cual en la misa nueva se traduce como: "y todos aquellos que... promueven la fe católica y apostólica." La verdadera traducción es "y todos los creyentes verdaderos que profesan la fe católica y apostólica." Ahora, hemos de preguntarnos "¿Por qué fue necesario traducir mal esta oración?” ¡Pero cuanto más la miráis, tanto más obvio llega a ser! El lenguaje de la fórmula tridentina es absolutamente demasiado fuertemente católico. No hace nada para el "ecumenismo." El ecumenismo no distingue entre creyentes, ya que "cualquier religión es tan buena como otra," pero esta oración, tal y como permanece en la fórmula tridentina, hace hincapié claro de referirse a verdaderos creyentes, o sea, aquellos que tienen ¡la Verdadera Fe, la Fe Divina, la Fe Católica y Apostólica! Decir "todos aquellos que... promueven la fe católica y apostólica" es mucho más ecuménico pues les permite a los protestantes pensar en términos de su teología mientras el católico es inconsciente de que sea así.  Es importante que nosotros comprendamos que los protestantes no se ofenden por el uso de la palabra "católico." Ellos mismos la utilizan, no como el nombre propio de una Iglesia, sino tan solo como un adjetivo para describirse a sí mismos. Ellos la toman por su significado literal de "universal" sin referirse a la Iglesia Católica Romana. De hecho, ellos mismos la usan (especialmente los luteranos y los anglicanos) cuando rezan el credo apostólico y el credo de Nicea. Y todos pretenden tener la fe que nos viene de los apóstoles. Pero decir "que nos viene de los apóstoles," es mucho más aceptable y ecuménico ya que no se refiere estrictamente a la fe católica romana sino les permite pensar de acuerdo con su pretensión de que la Iglesia Católica Romana se desvió de las enseñanzas de los apóstoles y que ellos las restauraron. Esta oración, pues, tal y como aparece en la misa nueva y a pesar de lo que los católicos reflexivamente interpretan que significa, también puede utilizarse de buena conciencia por los protestantes quienes pueden interpretarlo como que significa: "la fe universal que nos viene de los apóstoles" -- que para ellos, claro, ¡es el protestantismo! aquí en este estudio de la misa nueva, hemos visto que una de las tácticas de los reformadores era traducir el latín de la misa tridentina de tal modo que hiciera borrosa la distinción entre el sacerdote y el pueblo, y por estas malas traducciones y omisiones, hacer aceptable el rito de la misa a los protestantes.  Un ejemplo en el que la omisión descarada ha purgado a una oración de ese sentido católico es en la tercera oración del canon tradicional de la misa, el Communicantes. En esta oración, vemos al "ecumenismo" bien servido, no por lo que se dice, ¡sino por lo que no se dice! En esta oración, el sacerdote se une con los santos del cielo al conmemorar la Iglesia triunfante, sus apóstoles, Papas, y mártires, especialmente aquellos venerados en Roma. Empieza: "Unidos en una misma comunidad, veneramos la memoria, en primer lugar, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo." En la misa nueva empieza: “Reunidos en comunión, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo nuestro Dios y Señor."  Para detectar la manipulación ecuménica de esta oración hemos de recordar que la omisión es una herramienta favorita de los modernistas. Y en esta oración podemos descubrir esta decepción, que en su mayor parte pasa derechito por encima de las cabezas de tantos católicos despreocupados y complacientes hoy en día, quienes participan en el Novus Ordo sin distinción.  Si hay alguna área en particular en que los protestantes tendrían problemas serios, tendría que ser al principio de esta oración: "...en primer lugar, de la gloriosa siempre Virgen María..." Pues con estas palabras la Virgen María se coloca la primera de entre todas las criaturas de Dios y con relación a la palabra "gloriosa," se eleva de grado, honor, dignidad, y carácter por encima de cualquier otro santo y ángel de Dios, manifestando la idea católica de "hiperdulía"--aquella veneración especial debida a María, por encima de la veneración debida a los demás santos. Pero el protestante, con motivo de idolatría, no la honraría en primer lugar ni extendería a la Bienaventurada Madre ninguna veneración por encima de cualquier otro seguidor de Cristo. Por lo tanto, al no traducir las palabras in primis gloriosae semper Virginis Mariae, "en primer lugar de la gloriosa siempre Virgen María," la veneración especial debida a María se pasa por alto ecumenísticamente. No es ni profesada ni implícita ¡y el protestante probablemente es más consciente de esto que la mayoría de los "católicos" reformados! ¡Un caso claro de "degradar a la Madre de Dios" sutilmente para promover el ecumenismo! Y habría que preguntarse cuál es el parecer de Dios en esto cuando meditamos las palabras de San Agustín: "¿Qué te vale no ofender al Padre, Quien venga una ofensa contra la Madre?" (Vol. XIV, No. 2, 1992, pp.12-18) Las próximas oraciones que examinaremos son aquellas que preceden inmediatamente la consagración y por lo tanto se las pueden llamar las "oraciones preparatorias" ya que tratan directamente de la Oblación y la eficacia de la consagración. Mientras nos acercamos al momento sacratísimo de la Consagración, veremos que en la misa nueva no se profesan explícitamente las doctrinas tradicionales de la transubstanciación por el poder único del sacerdocio, y la presencia verdadera de Cristo bajo las especies de pan y vino:

HANC IGITUR 
(Tridentina)

"Te suplicamos, pues, Señor, aceptes aplacado esta oblación de nuestra servidumbre, y la de toda tu familia: y dispongas nuestros días en tu paz; y nos libres de la condenación eterna; y mandes contarnos en la grey de tus elegidos. Por Cristo, nuestro Señor. Amén." Fijaos en la separación inconfundible entre la ofrenda del sacerdote del sacrificio incruento hecho por virtud de su poder sacerdotal, y la ofrenda de oraciones y sacrificios personales del pueblo en unión con el Sacrificio del Altar: "de nuestra servidumbre, y la de toda tu familia." Aunque es verdad que los fieles ofrecen la Víctima Divina, debe quedar claro en qué sentido hacen la ofrenda. En su "De Sacro Altaris Mysterio" (III, 6) el Papa Inocente III escribió: "Lo que en particular se cumple por el ministerio de los sacerdotes, universalmente es cumplido por el voto asentimiento de los fieles." Y por esta razón y únicamente por esta razón, la Iglesia ha compuesto esta oración de este modo.

SIGUE

LA SANTA MISA