CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

OBLIGACIÓN DE ACATAR LAS REFORMAS
LITÚRGICAS PROMULGADAS POR S. S. PÍO XII


18 de abril de 2018 - Por considerarlo excelente y esclarecedor, publicamos el siguiente comentario que, bajo el seudónimo de "NOVISSIMA HORA", dejó un lector del Blog "Amor de la Verdad".


S. S. Pio XII

Las reformas litúrgicas aprobadas e instituidas por orden de Su Santidad el Papa Pio XII ocurrieron entre los años 1951 y 1958. La comisión designada para la realización de los trabajos y estudios contaba, como ya sabemos todos, con dos modernistas muy conocidos, Bugnini y Bea, y que tras la muerte de este Romano Pontifice, juntamente con Pablo VI, implementaron con éxito sus propias concepciones acerca de las reformas litúrgicas, haciendo parecer – a los incautos – que sus reformas eran tan sólo la continuidad de las reformas iniciadas por el Papa Pío XII, y con un reconocimiento implícito de éste, cómo quizo hacer parecer el pseudo Papa Pablo VI, Montini, intentando dar un carácter de ortodoxia a los cambios aburdos que vendría a realizar.

Considerando estas cosas, algunos neogalicanos, de entre los cuales se distinguen algunos pocos sedevacantistas – intelectualmente deshonestos y soberbios – muy críticos de la FSSPX por considerar que ésta aunque reconozca a los pseudopapas del postconciliábulo Vaticano II como legítimos – lo que no lo son, absolutamente – los desobedescan y elijan según sus propios gustos lo que es o no ortodoxo en la doctrina enseñada por ellos, actúan de forma semejante a estos últimos – o de forma aún más grave considerando que el Papa Pío XII fue de hecho un Papa legítimo – y bajo los más diversos y absurdos pretextos se sienten justificados en rechazar completamente las reformas de este Romano Pontifice, o parte de ellas, particularmente su reforma de la Semana Santa, creyendo que estas fueron el preludio de las catastróficas reformas subsiguientes, incurriendo, con eso, en el gravísimo pecado de desobediencia, herejía y cisma.

Nosotros, católicos, estamos obligados a someternos al Romano Pontifice no sólo en cuestión de doctrina, sino también en la liturgia debido a la correlación que hay entre las dos cosas, por supuesto – lex orandi lex credendi. Esto nos enseña el Magisterio y todos los sedevacantistas medianos ya lo saben, o por lo menos ya lo deberían saber…

“El soberano Pontífice, por su parte, goza del derecho de reconocer y establecer cualquier práctica que toque la adoración de Dios, para presentar y aprobar nuevos ritos, así como para modificar los que juzga que exigen modificación” (Mediador Dei, Papa Pío XII, 11/20/1947, Canon 1257)

Bastarían dos sanciones emanadas de los decretos del Concílio de Trento para, per se, poner fin a cualquier discusión en esta cuestión:

“Si alguien dice que las ceremonias, las vestimentas y las señales exteriores, que la Iglesia Católica usa en la celebración de misas, son incentivos a la impiedad, y no al servicio de la piedad: sea anatema.

“Si alguno dijere que los ritos recibidos y aprobados de la Iglesia Católica, en uso en la administración solemne de los sacramentos, pueden ser despreciados o omitidos sin pecado, al placer de los ministros, […] sea anatema. (Cánones sobre la Misa. Denziger)

La Santa Iglesia no puede proponer nada pernicioso a los fieles, ni en materia de fe ni tampoco en disciplina litúrgica – jamás propuso ni propondrá – éste siempre fue el sentir comum entre los Santos Padres y doctores de la Iglesia:

Papa Pío VI
“Como si la Iglesia, que es gobernada por el Espíritu de Dios, pudiera establecer una disciplina no sólo inútil y más onerosa de lo que la libertad cristiana puede tolerar, sino que sea por encima peligrosa, nociva, propia a inducir a la superstición o al materialismo “- proposición que él condenó como ‘falsa, temeraria, escandalosa, perniciosa, ofensiva a los oídos pios, etc.'” (Auctorem Fidei)

Papa Gregorio XVI
“La Iglesia, que es la columna y el sostenimiento de la verdad y que manifiestamente recibe sin cesar del Espíritu Santo la enseñanza de toda la verdad, ¿podría ordenar, conceder, permitir algo que resultara en detrimento de la salvación de las almas y en desprecio y el perjuicio de un sacramento instituido por Cristo? ” (Quo Graviora)

Papa León XIII
“Sin embargo, no es al albedrío de los particulares, fácilmente engañados por las apariencias de bien, que la cuestión debe ser resuelta: pero es a la Iglesia que corresponde emitir un juicio, y todos deben acudir a ella, so pena de incurrir en la censura emanada por Nuestro predecesor Pío VI. Él declaró la proposición 78 del Sínodo de Pistoia injuriosa para la Iglesia y el Espíritu de Dios que la gobierna, mientras somete a discusión la disciplina establecida y aprobada por la Iglesia, como si la Iglesia pudiera establecer una disciplina inútil o demasiado onerosa para la libertad cristiana ” (Testem Benevolentiæ)

Papa Pío XII
“Como, en verdad, ningún católico fiel puede rechazar las fórmulas de la doctrina cristiana compuestas y decretadas con gran ventaja en la época más reciente de la Iglesia, inspirada y dirigida por el Espíritu Santo, para volver a las antiguas fórmulas de los primeros concilios, o repudiar las leyes vigentes para volver a las prescripciones de las antiguas fuentes del derecho canónico; así, cuando se trata de la sagrada liturgia, no estaría animado de celo recto e inteligente aquel que quisiera volver a los antiguos ritos y usos, rechazando las recientes normas introducidas por disposición de la divina Providencia y por cambio de circunstancias.” (Mediator Dei, 1947)

Papa León XIII
“(…) Por ciertos índices que se observan, no es difícil constatar que, entre los católicos, ciertamente en razón de la infirmeza del tiempo, existen los que, poco contentos con su situación de súbditos que en la Iglesia, creen poder tener alguna parte en su gobierno o por lo menos imaginan que les es permitido examinar y juzgar a su manera los actos de la autoridad. Si esto prevaleciera, sería un gran daño en la Iglesia de Dios, en la cual, por la voluntad manifiesta de su divino Fundador, se distingue en su personal a los que se enseñan y los que enseñan, el rebaño y los pastores, entre los cuales un, es el jefe y el pastor supremo de todos. Sólo a los pastores se les dio poder de enseñar, de juzgar, de corregir, a los fieles fue impuesto el deber de seguir las enseñanzas, de someterse con docilidad al juicio y de dejarse gobernar, corregir, conducir a la salvación.

Así es absolutamente necesario que los simples fieles se sometan de espíritu y de corazón a sus propios pastores, y ellos con ellos al Jefe y Pastor supremo; es en esta subordinación y dependencia que gira el orden y la vida de la Iglesia; es en ella que se funda la condición indispensable del bien hacer y todo llevar a buen puerto. Al contrario, si ocurre que los simples fieles se atribuyen autoridad, si ellos la pretenden como jueces y señores; si los subordinados, en el gobierno de la Iglesia universal, prefieren o intentan hacer prevalecer una directriz distinta de aquella trazada por la autoridad suprema, es una subversión del orden; se lleva de esa forma la confusión a muchos espíritus, y se sale del camino.Y no es necesario, para faltar a un deber tan santo, hacer acto de oposición manifiesta, sea a los obispos, sea al jefe de la iglesia, es bastante que tal oposición se haga por medios indirectos, tan más peligrosos cuanto más ocurre la preocupación de esconder por sus apariencias contrarias. De esta forma, se falta a ese deber sagrado desde que, al mismo tiempo que se manifiesta celo por el poder y las prerrogativas del Supremo Pontífice, no se respetan los obispos que a él están unidos, no se tiene en cuenta suficiente su autoridad, y se interpretan lamentablemente sus actos y sus intenciones sin esperar el juicio de la Sede Apostólica.

De la misma forma, es prueba de una sumisión poco sincera, establecer una como qué oposición entre un Pontífice y otro. Aquellos que, entre dos direcciones diversas, repudian el presente para sostener al pasado, no dan prueba de obediencia a la autoridad que tiene el derecho y el deber de guiarlos: y bajo cierto aspecto se asemejan a los que, condenados, quisieran apelar al Concilio futuro o a un Papa mejor informado. De este aspecto, lo que es es necesario fijar que en el gobierno de la Iglesia, salvo los deberes esenciales impuestos a todos los Pontífices por su cargo apostólico, cada uno de ellos puede adoptar la actitud que juzgue la mejor según los tiempos y otras circunstancias. De esto es él el único juez; considerando que para ello no sólo tiene luces especiales, sino también el conocimiento de condiciones y necesidades de toda la catolicidad a la que conviene que condescenda su previsión apostólica. Es él quien cuida del bien y todos los demás que son sometidos a esta orden deben secundar la acción de un director supremo y servir al fin que él quiere alcanzar. Como la Iglesia es una y uno su jefe, así es uno el gobierno al que todos deben conformarse. ” (Papa León XIII – Carta Epístola Tuya al Cardenal Guibert, 17 de junio de 1885)

Santo Tomás de Aquino
Cita de San Cirilo de Alejandría retomada por Santo Tomás en su Cadena de oro, en relación a su comentario de Mateo XVI, 18). Apoyándose sobre Luc XXII, 32, el doctor común enseña que la Iglesia no puede errar, porque el papa no puede errar:

“La Iglesia universal no puede errar pues Aquél que es escuchado en todo a título de su dignidad ha dicho a Pedro, sobre la profesión de fe del cuál es fundada la Iglesia: «Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca jamás»” (Suma teológica, II-II, q. 1, a. 10). “Una vez que las cosas han sido decididas por la autoridad de la Iglesia universal quien rehusara obstinadamente someterse a esta decisión, sería hereje. Esta autoridad de la Iglesia reside principalmente en el soberano Pontífice.”

Dom Próspero Guéranger (1885)
“La disciplina eclesiástica es el conjunto de las regulaciones exteriores establecidas por la Iglesia. Esta disciplina puede ser general, cuando sus regulaciones emanan del poder soberano de la Iglesia con la intención de obligar a todos los fieles, o al menos una clase de fieles, salvo las excepciones concedidas o consentidas por el poder que proclama esa disciplina. Ella es particular cuando las regulaciones emanan de una autoridad local que la proclama en su alzada. Es artículo de la doctrina católica que la Iglesia es infalible en las regulaciones de su disciplina general, de suerte que no se permite sostener, sin romper con la ortodoxia, que una reglamentación emanada del poder soberano en la Iglesia, con la intención de obligar a todos los fieles o al menos toda una clase de fieles, podría contener o favorecer el error en la fe o en la moral. De ahí que, independientemente del deber de sumisión en la conducta impuesto por la disciplina general a todos los que ella rige, se debe también reconocer un valor doctrinal en las regulaciones eclesiásticas de esa naturaleza. La práctica de la Iglesia confirma esta conclusión.”

O sea, la cuestión es muy simple, o se admite que Su Santidad el Papa Pío XII fue de hecho un legítimo Pontífice y se aceptan sus refomas, o se niega que haya sido un Papa legítimo y punto. No hay término medio. Y en eso admiro la coherencia – aunque absurda – del brasileño Homero Johas que, viendo en las reformas de Pio XII algo malo y pernicioso a la fe, dejó de considerarlo un legítimo Soberano Pontifice.

ROMA LOCUTA CAUSA FINITA

NOVISSIMA HORA

Visto en un comentario de lectores de Amor de la Verdad

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MISA