CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LA MISA A TRAVES DE LOS SIGLOS
P. Jungmann S.I.


14 de noviembre de 2018 - "El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote". (San Francisco de Asís)


TRATADO I
VISION GENERAL
 PARTE I
LA MISA A TRAVES DE LOS SIGLOS

1. La misa en la iglesia primitiva (1)

     1. La celebración de la santa misa tiene su origen «en la noche en que El fué traicionado» (...in qua nocte tradebatur... es la fórmula con que empieza en las liturgias orientales y la mozárabe el relato de la institución de la Eucaristía). Ya estaba tomada la decisión de Judas; los primeros pasos del Señor le llevarían al monte de los Olivos, donde le iba a asaltar la agonía y le prenderían sus enemigos. En esa hora confió a los suyos el Santísimo Sacramento, que a la vez había de ser el sacrificio de la Iglesia para todos los tiempos. Su institución durante la cena pascual tenía una significación profunda. Ahora iba a cumplirse aquello que como esperanza lejana se venía celebrando de generación en generación, a partir de la salida de Egipto, en la figura del cordero pascual. No era ya solamente la liberación del país de Egipto, sino también la de la tierra del pecado; no se trataba ya de la marcha hacia la tierra prometida, sino de la entrada en el reino de Dios; y a partir de aquel momento esta celebración debía perdurar en todas las generaciones como un recuerdo inextinguible (La idea de que Cristo es el verdadero cordero pascual se encuentra expresada en Jn XIX,36. Por la misma razón, es decir, para poner de relieve que Cristo es el pascha nostrum, San Juan parece tener especial interés en demostrar que Jesucristo murió el mismo día en que los sinedritas comían el cordero pascual (Jn XVIII,28). Además sostienen casi todos los exegetas que la última cena de Jesús, celebrada el jueves, fué una cena pascual). Sin embargo, los relatos de la última cena nos dejan a obscuras sobre muchos pormenores de aquel rito, tal vez porque no estaba destinado a constituir el modelo de la celebración futura.

Las dos consagraciones, separadas por la cena

     2. Desearíamos conocer en detalle el desarrollo de aquella primera misa. No han faltado intentos para reconstruir el proceso de la última cena a base de lo que sabemos sobre la cena pascual en tiempo de Jesucristo y profundizando en los relatos del Nuevo Testamento (Mt. XXVI, 26-29; Mc. XIV, 22-25; Lc. XXII, 15-20; 1 Cor. XI, 23-25). Observemos que las diferencias visibles de los relatos existentes, Incluso las que se refieren a la fórmula de la consagración, se deben a la diversidad de las prácticas litúrgicas, de las que se toman estas palabras. En San Marcos y San Mateo, a la fórmula del pan sigue inmediatamente la del cáliz; en cambio, en San Lucas y en San Pablo precede a la fórmula del cáliz una determinación más exacta del tiempo: expresión que conservamos en la misa romana: similo modo postquam coenatum est. Deduciríamos que en la última cena la consagración del cáliz estaba separada de la del pan y que sólo gracias a la práctica litúrgica de la Iglesia primitiva se juntaron una y otra. La exégesis más antigua cree que se puede interpretar esa determinación del tiempo aun sin separar ambas consagraciones. Pero los expositores modernos, aun los católicos, se deciden unánimemente por la interpretación estricta de su sentido. A favor de esta interpretación está, además del sentido natural de las palabras, la circunstancia de que de este modo la actuación de Cristo al instituir la Eucaristía encaja mejor en el rito de la cena pascual tal como pascual tal como la conocemos hoy.

Los ritos de la cena pascual judía

     3. Es de saber que en la cena pascual del tiempo de Cristo intervenían ritos múltiples. Antes de la cena propiamente dicha, en la que había que comer el cordero pascual, se servia un manjar hecho de hierbas amargas y pan ázimo, como recuerdo de las penurias sufridas a la salida de Egipto. Antes y después de este manjar se servía una copa. Entonces el hijo de la casa o el más joven de los comensales debía preguntar qué significación tenían aquellas costumbres tan ínsolitas. Esto daba ocasión a que el padre de familia, invocando agradecidamente a Dios, hablase del antiguo destierro doloroso de Egipto y cómo los judíos fueron liberados de las tinieblas a la luz, de la esclavitud a la redención (Haggada). Terminaba el relato recitando la primera parte del Hallel (Vulg. Sal 112; 113,1-8), durante la cual los comensales habian de contestar a cada versículo con el Aleluya. Cumplidos estos ritos, empezaba la cena propiamente tal. El padre de familia tomaba uno de los panes ázimos, lo partía, lo bendecía y distribuía. Esta participación fraternal en el mismo pan era la señal de que había comenzado la cena. A continuación se comía el cordero pascual, sin que rigiesen la comida y bebida ritos especiales. Acabada la cena, el padre de familia tomaba la copa recién llenada, la elevaba un poco e incorporándose decía la acción de gracias después de la comida. Luego todos bebían de ella: era la tercera copa, la llamada «copa de bendición». Le seguía la segunda y principal parte del Hallel (Vulg. Sal 113,9 al 117,29 y Sal 135) y tras una nueva bendición se bebía la cuarta copa ritual.

El sitio natural de las palabras consecratorias

     4. No hay dificultad alguna para hacer encajar en este orden la institución de Nuestro Señor. La consagración del pan pudo seguir a la bendición de la mesa que se hacía antes de comer el cordero pascual, empalmando así con el rito de la fracción del pan que iba unido a esta ceremonia. Aquel pan que el padre de familia, según una antigua fórmula aramea, debía enseñar durante la narración del Haggada con las palabras: «He aquí el pan de miseria que comieron nuestros padres a la salida de Egipto», ahora lo presenta el Señor a los suyos con las majestuosas palabras: «Este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros». La consagración del cáliz vendría a continuación de la acción de gracias del convite pascual, coincidiendo con la tercera copa (Esto se deduce de la mención del «himno» que le sigue inmediatamente (Mt XXVI,30; Mc XIV, 26). Los exégetas que defienden la tesis de que ambas consagraciones se hacían juntas, las colocan en este sitio, o sea al final de la cena. No hay duda de que en la cena pascual de Cristo se suprimió la cuarta copa.), el «cáliz de bendición», en que todos bebían del mismo vaso, mientras que en las anteriores cada comensal usaba el suyo propio. Para esta bendición había fórmulas fijas, a las que Jesucristo infundió un nuevo espíritu (El que los discípulos de Emaús reconocieran al Señor «al partir el pan», se refiere tal vez al modo con que Jesús rezó las oraciones que acompañaban esta ceremonia; p. ej., la invocación de Dios Padre, su mirada hacia el cielo; cf. Goossens, 170-172. Toda vía nos volveremos a ocupar de las fórmulas; véanse los notas 25 y 26). 

¿CÓMO INTERPRETAR EL MANDATO DEL RECUERDO?

     5. A la institución de la Eucaristía añadió el Señor el siguiente mandato: «¡Haced esto en mi recuerdo!» ¿Cómo interpretaron los apóstoles este mandato y de qué manera lo practicó la Iglesia primitiva? Por lo que sugieren los relatos del Nuevo Testamento, que silencian casi en absoluto los pormenores de la cena pascual, lo de menos era ya el marco de esta cena. Por otro lado, su repetición no sólo era sumamente difícil por su nimio detallismo ritual, sino que la misma ley la hacía imposible. De atenerse al Antiguo Testamento, como se atuvieron por de pronto los apóstoles, sólo una vez al año se podía comer el cordero pascual.

     San Lucas y San Pablo hacen resaltar que la consagración del cáliz se tuvo después de la comida, al paso que San Mateo y San Marcos no se fijan ya en esta particularidad. Cuando escribian estos dos evangelistas, seguramente se habia generalizado ya en sus cristiandades la costumbre de unir ambas consagraciones. Cabe preguntar si San Pablo y su discipulo San Lucas suponían todavía esta separación. En este caso tendríamos un indicio en pro de la hipótesis, muy natural de que la Eucaristía en la Iglesia primitiva Iba unida por regla general a la comida. Sin embargo, para esclarecer satisfatoriamente estos y otros parecidos problemas y formarnos una idea de la liturgia de la misa, no disponemos, desgraciadamente, hasta la mitad del siglo II más que de algunos vestigios e indicios, que nos obligan a tenernos que valer de conclusiones, sacadas a la luz de hechos posteriores.

"La fraccion del pan"

     6. En los Hechos de los Apóstoles se habla en tres sitios de la fracción del pan en la comunidad cristiana (II, 42, 46; XX, 7), y esto no como de un rito preparatorio del convite, sino de un conjunto independiente, como de una acción completa y autónoma. En el término de «fracción del pan» aparece una nueva expresión cristiana, ajena tanto a la literatura judia como a la clásica (Unicamente se encuentra en Jer XVI, 7, como expresión poética en el sentido de «celebrar una comida en recuerdo de los difuntos»). La nueva expresión corresponde sencillamente a una nueva realidad, a saber: el pan sagrado de la comunidad cristiana (La mayoría de las investigaciones recientes se inclinan a suponer que en los sitios citados se habla de la Eucaristía (Goossens, 170-174; Arnold, 43-47; Gewiess, 152-157). Así también, por lo menos en Act 2,42.46, el estudio fundamental de Th. Schermann, Das Brotbrcchen im Urchristentum («Bibl. Zeitschrift», 8 [1910], 33-52, 162-183) 169s. En contra de la interpretación eucarística están A. Steinmann, Die Apostelgeschichte, 4.a ed. (Bonn 1943) 40-42;M Ntflen. Gebet und Gottesdienst im N. T. CFriburgo 1937) 29s; A. Wikenhauser, Die Apostelgeschichte (Ratisbona 1938) 35s.). Los recién convertidos en la Pascua de Pentecostés vivían en santa alegría «asistiendo a diario al templo; unidos con un mismo espíritu y partiendo el pan por las casas» (Act II, 46). Al lado de la liturgia tradicional del Antiguo Testamento, a la que se asiste con regularidad (Cf. Act III, 1), aparece un nuevo rito que al principio sólo se dibuja vagamente. Para su celebración habían de repartirse por las casas particulares en grupos pequeños: «Y perseveraban todos en la doctrina de los apóstoles, en la comunidad, en la fracción del pan y en la oración» (Act II, 42). Seguramente se trata de la oración fracción del pan (O. Bauernfeind, Die Apostelgeschichte; «Theol. Handkomentar zum N. T.». 5 (Leipzig 1939) 54, se muestra inclinado a darle una interpretación litúrgica a Act II, 42: los cristianos escuchan la doctrina de los apóstoles, aportan su contribución, se parte el pan y se rezan las oraciones. «Lo que San Lucas propiamente quiere decir es que la comunidad de los cristianos fué esencialmente comunidad eucaristica») pero no conocemos más pormenores.

     Un pasaje posterior nos informa que un domingo por la noche se reunieron en Troas «para partir el pan» (XX, 7). A esta fracción del pan y la comunión precedió una larga conferencia doctrinal de San Pablo (Cf. Goossens, 136). El análisis del término «fracción del pan» no nos da, desgraciadamente, luz suficiente, y como la expresión no es sinónimo de «tener un banquete», no podemos sacar de ella la consecuencia de que el rito sacramental, iniciado por medio de la fracción que le valía su nombre, hubiera ido unida siempre a una cena.

Forma exterior de banquete

     7. Sin embargo, otras razones sugieren esta hipótesis. Cuando después de la resurrección del Señor encontramos reunidos a los apóstoles, aparece como motivo la comida en común. ¿Por qué esta costumbre iba a sufrir alteración notable después de Pentecostés? De este modo la cena parecia la ocasión más a propósito para conmemorar de tiempo en tiempo la cena del Señor tal como El mismo la habia tenido (Goossens, 133. Tal vez hemos de considerar el convite del resucitado con sus discípulos como puente entre la última cena y la cena eucaristica de la Iglesia primitiva. Más aún: si se nos permite ver el sentido simbólico del convite en estos casos, resultaría un punto interesante para la evolución de los relatos de comidas en los evangelios hasta llegar al convite mesiánico del final del mundo. y con ello se vertería nueva luz sobre el misterio eucarlstico. Véase Y. de Montcheuil, Signification eschatalogique du repas eucharistique: «Recherches de Science Religieuse», 33 (1946) 10-43). En si, cada comida estaba penetrada de cierto tono religioso: empezaba y terminaba con una oración (E. Kalt, Biblisches Reallexikon, II, 2." ed. (Paderborn 1939)868 s). Este carácter sacro resaltaba sobre todo en la cena del sábado, es decir, la cena que el viernes por la noche inauguraba el sábado. Tanto a estas cenas como a la cena pascual solía invitarse a algunos amigos (Cf. Lc XIV, 1.) Parecidas características revestían otras cenas que en determinadas circunstancias se celebraban entre las amistades (Chaburah).

     En el rito de estas cenas entraba seguramente ya entonces el que el padre de familia bendijese al principio el pan, lo partiese y distribuyese (Strack-Billerbeck, IV, 621; Lietzmann. 206. La fórmula de bendición es, según Berachah, 6. 1, la siguiente: «¡Bendito sea Yahvé, nuestro Dios, el Rey del mundo, que de la tierra hace brotar el pan"). De este modo todos los comensales participaban de la bendición y la comida. Según se ofrecía el caso, se añadía además la bendición del vino. La llamada copa de bendición se llenaba sólo al final de la cena y antes de la acción de gracias. A ella invitaba el padre de familia con una fórmula determinada. La oración en si se imponía de cuatro himnos algo más largos, dos de los cuales por lo menos datan de tiempos anteriores a la destrucción de Jerusalén, a saber: los de la acción de gracias por la cena y por la patria (Strack-billerbeck, IV, 627-634. La acción de gracias por la tierra empieza: «Gracias te damos, Yahvé. Dios nuestro, porque diste como herencia a nuestros padres esta tierra buena y grande; porque tú Yahvé, Dios nuestro, nos has liberado de la tierra de Egipto y redimido de la mansión de esclavos. Gracias te damos por tu alianza que has sellado en nuestra carne, por tu Thora, que nos has enseñado...» 631). 

El testimonio de la «Didajé»

        8. Es cierto que estas costumbres, transformadas por un nuevo espíritu cristiano, seguían estilándose en las comunidades cristianas, y prueba de ello la tenemos a fines del primer siglo en las oraciones de la Didajé:     (IX.) Respecto de la Eucaristía, daréis gracias de esta manera : primeramente sobre el cáliz:

     Te damos gracias, Padre nuestro, 
por la santa viña de David, tu siervo, 
la que nos diste a conocer 
por medio de Jesús, tu siervo,
A ti sea la gloria por los siglos.
Luego, sobre el fragmento:

     Te damos gracias, Padre nuestro, 
por la vida y el conocimiento 
que nos manifestaste 
por medio de Jesús, tu siervo. 
A ti sea la gloria por los siglos. 

Como este pan estaba disperso sobre los montes 
y reunido se hizo uno, 
asi sea reunida tu Iglesia 
de los confines de la tierra en tu reino. 
Porque tuya es la gloria y el poder 
por Jesucristo eternamente.

     Que nadie coma y beba de vuestra Eucaristía, sino los bautizados en el nombre del Señor. Pues acerca de ello dijo el Señor: «No deis lo santo a los perros»

(X) Después de saciaros, daréis gracias así:
Te damos Padre santo,
por tu Santo Nombre,
que hiciste morar en nuestros corazones,
y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad
que nos diste a conocer
por medio de Jesús, tu siervo.

A ti sea la gloria por los siglos. 
Tu Señor omnipotente,
creaste todas las cosas por causa de tu nombre.
y diste a los hombres
comida y bebida para su disfrute, 
a fin de que te den gracias. 
Mas a nosotros nos concediste 
comida y bebida espiritual 
y de vida eterna por tu siervo.

Ante todo, te damos gracias, 
porque eres poderoso. 
A ti sea la gloria por los siglos.
 
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, 
para librarla de todo mal,
y hacerla perfecta en tu amor,
y reúnela de los cuatro vientos, santificada, 
en el reino que has preparado.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.

     Venga la gracia y pase este mundo. Hosanna al Dios de David. El que sea santo, que se acerque; el que no lo sea. que haga penitencia. Maranathá. Amén.

    A los profetas permitidles que den gracias cuantas quieran.

(Traducción de Daniel Ruiz Bueno. Padres apostólicos (Madrid 1950) 86s)

     9. Por mucho que se haya escrito sobre estas oraciones, poca luz se ha hecho sobre el fin concreto de las mismas. De todos modos hemos de reconocer en ellas oraciones de la misa, a saber, la bendición del pan y vino y la acción de gracias al final de la comida. Es muy poco probable que esta cena, a la que se refieren las oraciones, incluya ya el sacramento de la Eucaristía (Con todo, esta hipótesis se defiende otra vez por C. Ruch (La messe d'aprés les Peres: DThC, 1928. 865-882). Cree que las oraciones se decían por la comunidad, mientras que las oraciones del presbítero no se han fijado por escrito. Cf. e. o. Arnold. 23-29; Baumstark. Liturgie comparée 50s; P. Cagin, L'Eucharistie (París 1912) 252-288.)28. En cambio, las invocaciones al final de la acción de gracias parecen referirse a la Eucaristía.

    Pero no queda clara la manera de relacionarlas con ella (Th. Schermann (Die allgemeine Kirchenordnung, frühchristliche Liturgien und kirchliche Uberlieferung, II [Paderborn 1915] 82s) supone que se refiere al pan consagrado, que desde la última celebración eucarística se conservaba en las casas para tomarlo durante la semana. Sería la forma primitiva de la Missa praesanctificatorum. Sin embargo, también se puede pensar, con A. Baumstark (Vom geschichtlichen Werden der Liturgie, 7s), en una verdadera misa privada en casas particulares. Esta idea de una celebración eucarística en casas particulares se encuentra ya en P. Drews (Untersuchungen zur Didache, IV: «Zeitschrift f. d. neutest. Wissenschaft», 5 L1904J, 74-79). Como para tal celebración hacía falta un presbítero, pocas veces se habia podido tener (cf. Did., 15, 1). El librito mismo, como no estaba destinado en primera línea para el obispo, sino para la comunidad y sus catequistas (cf., p. ej., Hermas, Pastor, mand. 4, 3, 1), no tenia aue contener necesariamente los textos de la consagración (cf. Arnold, 26-29). Contra la suposición de que la acción de gracias en el capitulo 10 se ha de considerar como oración eucarística, cf. ZkTh 63 (1939) 236s. E. Peterson (Didache, c. 9 10: «Eph. Liturg.», 58 [1944] 3-13), expone con razones sólidas una nueva explicación, según la cual las oraciones que en la Didajé se usan ya como bendiciones de la mesa representan la transformación de un himno cristológico que se usó originariamente en la celebración eucarística durante la fracción del pan) Los ágapes que conocemos más al detalle, datan de épocas muy posteriores, o sea de fines del siglo II, y eran organizados por las comunidades cristianas para fomentar la caridad para con el pobre y el amor mutuo (Tertuliano, Apol., c. 39; San Hipólito, Trad. Ap. Véanse los textos en Dix, 45-53. El texto etíope es en este pasaje el más completo, aunque adolece de algún desorden; véase la restauración del texto en E. Hennecke, Neutestamentl. Apokryphen, 581; y algunas observaciones complementarias en ZkTh 63 (1939) 238. El desarrollo, según lo describe San Hipólito, es el siguiente: Los hermanos se reúnen para el ágape poy la tarde. El diácono trae una luz, que se bendice con una acción de gracias y a la que precede el saludo «El Señor sea con vosotros» y la exhortación «Demos gracias al Señor» (pero no el «Elevad los corazones», que se reserva para la celebración eucarística), con sus respuestas correspondientes. Luego, el diácono, tomando en sus manos el cáliz, entona un salmo. Asimismo cantan salmos el presbítero y el obispo, y los reunidos contestan con el «Aleluya». Después comienza el convite, al principio del cual ha de recibir cada uno de los reunidos un trocito de pan, bendecido por el obispo antes de partir su pan; «es Eulogía, pero no Eucaristía, como el cuerpo del Señor». Además, cada uno debe tomar su copa y decir sobre ella una oración de gracias y luego beber y comer. Los catecúmenos reciben pan exorcizado, pero no pueden tomar parte en el convite. En él se puede comer hasta saciarse y llevarse a casa de lo que para este fin se ofrece a todos; pero con tal moderación, que le quede al huésped todavía algo de la mesa para enviarlo a otros. La conversación la dirige el obispo o el presbítero que le substituye o el diácono; se habla solamente cuando éste invita a que se diga algo o si pregunta. Repetidas veces se insiste en el buen comportamiento. Si se trata de una comida para viudas, hay que procurar que vuelvan a casa antes del anochecer). Ya no tenían conexión alguna con la Eucaristía. Por eso no se puede reconocer en ellos más que el ceremonial de una comida organizada por motivos religiosos (Es característico de estos convites el que varios pormenores recuerdan todavia visblemente el rito de las cenas judías: la salmodia responsorial que precede, la fracción del pan que lo inaugura y la bendición sobre el cáliz, pronunciada por cada uno de los comensales).

     Finalmente, lo unico que podemos deducir con seguridad de lo dicho es que diversas costumbres religiosas en los convites, tomadas por la Iglesia primitiva del judaismo, dieron pie a que la institución de Cristo, aun prescindiendo de la cena pascual, tomase la forma de un convite. La acción de gracias dio motivo a la consagración del cáliz, ya sea que la consagración del pan se hubiera tenido al principio, ya sea sólo inmediatamente antes de la del vino (Para avalar la hipotesis de que la consagración del pan se hizo al final de la cena, se ha llamado la atención sobre la costumbre de reservar algo de pan bendecido al principio para comerlo al final del convite).

aaaaaaaaaaa

TRATADO II
PARTE I: LA ANTEMISA 
SECCIÓN I: EL RITO DE ENTRADA 
9. Kyrie eleison.

     421. Más arriba ya hemos visto que los kiries son plegarias populares que precedían a la oración sacerdotal disponiendo a los fieles para oírla con la debida preparación y fruto. 

 Los problemas del «kyrie eleison» 

     Podríamos contentarnos con esta explicación, que en el fondo contiene lo más esencial. Con todo, es natural que, dada su forma griega y el papel notable que desempeña en toda la liturgia, ahondemos más en su origen. Particularmente interesa saber por qué se dicen en griego, por qué se repiten varias veces, precisamente nueve; por qué no piden nada en concreto y cómo se introdujeron en el culto. 

Origen oriental

     422. El hecho de que se recen en griego nos inclinaría a buscar su origen en aquellos primeros siglos en los que en Roma se usaba la lengua griega en la vida cotidiana y en las solemnidades del culto (esto hasta la mitad del siglo III). Con todo, hoy se admite unánimemente que el Kyrie eleison fué copiado de las liturgias orientales en época bastante posterior. Lo raro es que no se tradujesen ni en las liturgias latinas ni en otras liturgias orientales, como la copta, etiópica y la sirio-occidental. 

     A Roma no pudo llegar antes del siglo V, y debió adoptarse, juntamente con las letanías que se usaban en Oriente a partir del siglo IV, y que aun hoy se conocen en casi todas las liturgias orientales con el nombre de ectenias.

Modelos precristianos 

     423. No obstante, los principios del Kyrie eleison pueden remontarse a épocas mucho más antiguas. La súplica eleison, con invocación de la persona a que se dirigía o sin ella, debió ser familiar a los primeros cristianos por los cultos gentílicos. Todavía en el siglo V un predicador de Alejandría se vió en la precisión de reprobar la costumbre, observada por muchos cristianos, de inclinarse ante el sol que se levantaba, saludándolo en voz alta. Tenemos de los tiempos precristianos documentos en que aparece dirigido a los ídolos. Asimismo se conocía ya en los cultos paganos la costumbre de repetir esta aclamación determinadas veces. Por cierto no hace falta recurrir a la antigüedad pagana en busca de modelos para el Kyrie eleison. En la Sagrada Escritura del Antiguo Testamento se encuentra con frecuencia esta voz dirigida a Dios, principalmente en el libro de los Salmos, que a los primeros cristianos sirvió desde un principio de devocionario. 

El testimonio de Eteria

     424. Con todo, la historia de esta invocación como aclamación usada por los fieles en el mismo culto sólo empieza en el siglo IV. La peregrina española Eteria refiere que en Jerusalén por el año 390 un diácono pronunciaba hacia el final de las vísperas una serie de ruegos por personas determinadas y que «mientras decía los nombres de cada uno, estaban continuamente los niños respondiendo: Kyrie, eleyson, que decimos nosotros, «Señor, ten piedad», y sus voces eran infinitas». Eteria usa ya la transcripción eleyson, en lugar de eleeson. En otras horas rezaba el mismo obispo los nombres o las intenciones, y esto parece la costumbre más antigua. 

La letanía de las «Constituciones apostólicas» 

     425. El texto de tales intenciones se nos ha conservado en el libro octavo de las Constituciones apostólicas, que refleja la liturgia de Antioquía de finales del siglo IV. Las pronunciaba el diácono después del evangelio y antes de despedir a los catecúmenos. Una rúbrica después de la letanía dice que el pueblo, y sobre todo los niños, habían de responder: Kyrie, eleison (Const. ap., VIII, 6, 9. El mismo orden en las oraciones alternadas se supone también en la despedida de los demás grupos y en la oración de los fieles (VIII, 6-10) y asimismo al final de las vísperas (VIII, 35, 2); compárese la reconstrucción a base de textos de San Crisóstomo, en Brightman 471s 477s.). El orden y el contenido de tales súplicas variaba según las circunstancias. Generalmente se pedía por la Iglesia y el clero, pueblo y sus gobernantes, peregrinos y enfermos, bienhechores del templo y los pobres y finalmente por la paz.

Su transplantación a Occidente 

     426. Este modo de rezar en común que se llamaba letanía, fue trasplantada tal vez por los peregrinos de Jerusalén ya en el siglo V a Occidente, donde pronto se hizo muy popular. Sus ruegos eran a veces traducciones del modelo oriental, otras veces creaciones nuevas que obedecían a las necesidades diferentes del sitio en que se decían. La aclamación generalmente se conservaba en su forma griega, pero a veces se traducía (Traducciones del Kyrie eleison se encuentran también entre los pueblos germánicos convertidos al cristianismo. Existen testimonios de los vándalos del norte de Africa: «también en lengua barbárica se alaba a Dios y se pide su misericordia; incluso romanos rezaban el Fróya armes (Domine miserere). Como contestación del pueblo se encuentra el Kyrie eleison traducido al latín en España) o se ampliaba, o se substituía por otras fórmulas parecidas, como las que tenemos en la parte más antigua de nuestra letanía de Todos los Santos: Libera nos, Domine; Te rogamus, audi nos (Duchesne Q74s) y, siguiéndole, P. Alfonso (Oratio Fidelium [Finalpia 1928] 36-38) opinan que una letanía con semejantes respuestas del pueblo debió de usarse en Roma independientemente del modelo oriental. Para ello se recuerda que en la Roma precristiana se usaban ya semejantes oraciones en forma de letanías; p. ej., la oración que Licinio hizo rezar a los soldados el día de la batalla contra Maximino; cf. Lactancio, De morte pers., 46, 6: CSEL 27, 226: Summe deus, te rogamus, sánete deus te rogamos..., summe sánete deus, prec s nostras exaudí, brachia nostra ad te tendimus, exaudí, sánete, summe deus! De la misma tradición provienen las aclamaciónes fijadas en los Acta synodorum habitarum Romae. En uno de estos sinodos del año 499 se registraron las siguientes aclamaciones (MGH, Auct. ant.. XII, 403); Ut fiat, rogamus (dictum decies): ut scandala amputentur, rogamus (dictum novies); ut ambitus exstinguatur, rogamus (alctum auodecies). En cambio, la hipótesis de que el Kyrie nunca se usó en Roma como contestación o como invocación de letanía, difícilmente casa con las noticias que tenemos de Gregorio Magno, sobre todo del modo con que habla de las costumbres griegas).

La letanía en ritos occidentales

     427. El modelo griego determinaba incluso a veces el sitio dentro de la misa en que debía decirse esta letanía, y era después de las lecciones. En la liturgia milanesa, sin embargo, aunque limitada a los domingos de la cuaresma, encontramos la letanía al principio de la misa entre la ingressa (introito) y la oración, es decir, en el lugar que hoy ocupan los kiries. La aclamación se halla esta vez traducida al latín: Domine miserere, pero al final de la letanía se dice en voz alta tres veces el Kyrie eleison. Una letanía parecida debió de usarse por aquel tiempo y localizada en el mismo sitio en la liturgia romana. Ciertamente se conocía en Roma al principio del siglo VI alguna plegaria formada con el Kyrie eleison; pues el sínodo de Vaison decretó el año 529, en su tercer canon, que se rezasen en los maitines, misa y vísperas estas deprecaciones «con sentimiento profundo y contrición», dando como motivo de esta novedad el ejemplo «de las liturgias de las provincias del Oriente y de Roma, donde se repetían los kiries muchas veces. Ahora bien, de unas palabras de San Gregorio Magno se deduce que todavía en su época, al lado de la simple repetición de las aclamaciones, se conocía aún otro modo de rezar el Kyrie eleison, combinándolo con otro texto. Tal texto debió ser la letanía completa, o sea las Invocaciones a las que correspondían los Kyrie eleison, contestaciones del pueblo. Es verdad que entre los textos de los sacramentarios que permiten la reconstrucción de la misa romana en el siglo VI no se encuentra ningún formularlo de letanía. El Gregoriano dice solamente que la misa empezaba con el introito, deinde Kyrie, eleison. Pero no hemos de olvidar que los sacramentarios no eran misales, es decir, no contenían todos los textos de la misa, sino solamente aquellos que rezaba el celebrante. No nos puede sorprender, por lo tanto, que no contengan la letanía, pues ésta nunca se decía por el celebrante.

La «Deprecatio Gelasii» 

     428. Por otra parte, existen varias razones que avalan la hipótesis de que la llamada Deprecatio Gelasii representa la primitiva letanía de la misa romana, ya que varios indicios señalan a Roma como lugar de su origen y al papa Gelasio (492-496), de quien tiene su nombre, como su redactor. De él dice el Líber pontificalis que creó sacramentorum praefationes et orationes cauto sermone.

     No ignoramos que existen razones que hacen dudar mucho de que la liturgia romana utilizara en la misa una letanía con las aclamaciones Kyrie, eleison en una época en que ciertamente se decían aún las «oraciones solemnes» después de las lecciones, tan parecidas por su contenido a la letanía. Pero parece que la paulatina desaparición de estas «oraciones solemnes» por aquel tiempo, que iba acompañada por una ampliación de las oraciones deprecativas dentro de canon, fué consecuencia de la introducción de la letanía al principio de la misa, y que su adopción en el culto romano no fué otra cosa que una parte de la reforma más amplía del mismo.

     429. He aquí el texto de la Deprecatio Gelasii

Deprecatio quam papa Gelasius pro universali Ecclesia constituit canendam esse

Dicamos omnes: Domine exaudí et miserere

     Patrem Unígeniti et Dei Filiuvi Genitoris ingeniti et Sanctum Deum Spiriturn fidelibus animis invocamus.—Kyrle eleison.
     I. Pro immaculata Dei vivi ecclesia, per totum orbem constituía, divinae bonitatis opulentiam deprecamur.—Kyrie eleison.
     II. Pro Sanctis Dei magni, sacerdotibus et ministris sacri altaris cunctisque Deum verum colentibus populis, Christum Dominum supplicamus.—Kyrie eleison.
     III. Pro universis recte tractantibus verbum veritatis multiformem Verbi Dei sapientiam peculiariter obsecramus.—Kyrie eleison.
     IV. Pro his qui se mente et corpore propter caelorum regna castificant, et spiritualium labore desudant, largitorem spiritalium munerum obsecramus- Kyrie eleison.
     V. Pro religiosis principibus omnique militia eorum, qui iustitiam et rectum iudicium diligunt, Domini potentiam obsecramus.—Kyrie eleison.
     VI. Pro iucunditate serenitatis et opportunitate pluviae atque aurarum vitalium blandimentis ac diversorum temporum prospero cursu, rectorum mundi Dominum deprecamur.—Kyrie eleison.
      VII. Pro his quos prima christiani nominis initiavit agnitio, quos iam desiderium gratiae caelestis accendit. omnipotentis Dei misericordiam obsecramus,—Kyrie eleison.
     VIII. Pro his quos humanae infirmitatis fragilitas, et quos nequitiae spiritalis invidia, vel varius saeculi error involvit, Redemptoris nostri misericordiam imploramus— Kyríe eleison.
     IX. Pro hís, quos peregrinationis necessitas, aut iniquae potestatis oppressio vel hostilitatis vexat aerumna, Salvatorum Dominum supplicamus.—Kyrie eleison.
     X. Pro iudaica falsitate... aut haeretica pravitate deceptis vel gentilium superstitione perfusis, veritatis Dominum deprecamur.—Kyrie eleison.
     XI. Pro operariis pietatis et his, qui necessitatibus laborantum fraterna caritate subveniunt, misericordiarum Dominum deprecamur.—Kyrie eleison.
     XII. Pro ómnibus intrantibus in haec sanctae domus Domini atria, qui religioso corde et supplici devotione convenerunt, Dominum gloriae deprecamur.—Kyrie eleison.
     XIII. Pro emundatione animarum corporumque nostrorum et omnium venia peccatorum, clementissimum Dominum supplicamus.—Kyrie eleison.
     XIV. Pro refrigerio fidelium animarum, praecipue sanctorum Domini sacerdotum, qui huic ecclesiae praefuerunt catholicae, Dominum spirituum et universae carnis iudicem deprecamur.—Kyrie eleison.
     XV. Mortificatam vitiis carnem et viventem fide animam — praesta, Domine, praesta.
     XVI. Castum timorem et veram dilectionem — praesta, Domine, praesta.
     XVII. Gratum vitae ordinem et probabilem exitum — praesta, Domine, praesta,
     XVIII. Angelum pacis et solacia sanctorum — praesta, Domine, praesta.
     Nosmetipsos et omnia nostra, quae orta quae aucta per Dominum ipso aüctore suscipimus, ipso custode retinemus, ipsiusque misericordiae et arbitrio providentiae commendamus.—Domine miserere.  

La letanía en el oficio divino 

     430. Esta letanía u otra semejante debió gozar pronto de gran popularidad en Roma y en regiones por ella influenciadas. No se usaba solamente en la misa, sino también en las horas y otras funciones eclesiásticas. Según la regla de San Benito, pertenece la letanía o la supplicatio litaniae, id est Kyrie eleison a las oraciones finales de cada hora, donde precede al Pater noster, que hace las veces de la oración sacerdotal final. Es probable que en laudes y vísperas se usase la forma completa, como la tenemos en la deprecatio, mientras que en las demás horas se repetía únicamente el Kyrie eleison. En el oficio divino monacal de la liturgia mozárabe observamos una solución intermedia, que consiste en reducir la letanía a una sola invocación, a la que se contesta con tres Kyrie eleison. En la cuarta y quinta hora, que eran propias del oficio de los monjes, la letanía consta de tres invocaciones, y usa como contestación el Deus, miserere. Sin invocación se encuentran tres Kyrie eleison delante de la Completuria, o sea la oración preparatoria de la bendición. En los maitines encontramos una rúbrica que manda omitir los kiries desde el domingo de Resurrección hasta Pentecostés.

En el culto público, no eucarístico

     431. En el Gelasiano más antiguo se halla entre las ceremonias de las órdenes mayores una rúbrica que dice: Et post modicum intervallum mox incipiant omnes Kyrie eleison cum litania.

     Existe un relato de Gregorio de Tours (+ 594) sobre una procesión de penitencia que había ordenado San Gregorio Magno poco después de su elección, cuando en 590 la peste asolaba a Roma. De cada una de las siete basílicas señaladas como punto de concentración, debían salir siete procesiones de penitencia con dirección a Santa María la Mayor, cada cual acompañada por un grupo de sacerdotes, para Implorar la misericordia de Dios con una litania septiformis. El testigo ocular de esta procesión que facilitó al historiador franco estos datos, vió cómo veniebant utrique chori psallentium ad ecclesiam clamantes per plateas urbis Kyrie eleison. Es evidente que el Kyrie eleison no fué el texto entero que se rezaba en esta litania septiformis, sino que debió de ser la contestación del pueblo a las invocaciones pronunciadas por los grupos de sacerdotes. De este modo la letanía siguió siendo aun en tiempos posteriores e incluso en la actualidad la forma principal de plegaria en las rogativas. De ahi su nombre en latin (y castellano) de litania (letanía), sinónimo de rogativas

La carta de San Gregorio al obispo Juan

     432. La letanía de principios de la misa había sufrido algunas modificaciones ya antes de San Gregorio Magno o durante su pontificado, tal vez por intervención del mismo Santo. Pues se ve en la necesidad de defenderse en una carta, dirigida al obispo Juan de Siracusa, contra la acusación de haber introducido en Roma costumbres griegas. Entre otras cosas se trataba también del Kyrie. La argumentación del pontífice consiste principalmente en hacer resaltar las diferencias entre las costumbres romanas y griegas, lo cual debió de ser muy fácil para él. puesto que conocía perfectamente de su estancia en Bizancio los ritos griegos. Se alude principalmente a las siguientes diferencias: «Entre los griegos todos dicen los kiries a la vez. mientras que entre nosotros los dicen en primer lugar los clérigos y el pueblo contesta». Además, los griegos conocen solamente el Kyrie eleison, mientras que en Roma se reza el Christe eleison igual número de veces. Termina San Gregorio con la observación de que en días ordinarios se omiten algunas cosas que suelen decirse en otras ocasiones, además del Kyrie eleison y el Christe eleison, con el fin de poder insistir más en estas voces de súplica.

Reminiscencias de la letanía entera

     433. Lo que se suprimía en los días ordinarios no podía ser otra cosa que las invocaciones formando la letanía. Estas se usaban todavía en el culto solemne, pero con la particularidad de que o el mismo cantor o a lo menos la Schola, que inmediatamente entraba, le añadía la aclamación Kyrie eleison, que luego repetía el pueblo. A esto obedece el que en los días en que al culto estacional precedía la collecta con su letania larguísima, se suprimieran ya al principio de la Edad Media los kiries en la misa, lo mismo que en el caso de las órdenes mayores, por seguir una letanía. En la actualidad tenemos el ejemplo de la misa del Sábado Santo, en que la letanía, con Kyrie eleison que se cantan después de la bendición de la pila bautismal, motiva la supresión de los kiries de la misa. Sobrevive, pues, en todos estos casos una reminiscencia originaria de cuando los kiries se rezaban en forma de oración más completa.

Los kiries intensificándose se independizan

     434. El Kyrie eleison como oración de súplica concisa, cargada de tradición y momentos emotivos, y por la que se expresan sin apenas palabras las ansias de perdón y de ayuda del corazón humano, llevaba dentro de si la tendencia a independizarse y repetirse con redoblada frecuencia. Por otra parte, es cierto que aun antes de emplearse como elemento integrante de las letanías existió aisladamente. Se usaba ya en la antigüedad precristiana como aclamación. En forma de jaculatoria debieron rezarlo los primeros cristianos, que nombraban a Cristo principalmente con este título. No es extraño que el Kyrie eleison, a pesar de que debió su divulgación principalmente a la letanía, se independizase más tarde. En las liturgias orientales fue costumbre muy antigua repetir el Kyrie eleison muchas veces con creciente impetuosidad. En la liturgia mozárabe encontramos en el largo oficio de difuntos que se rezaba en la casa mortuoria la siguiente rúbrica: Statim omnes una voce simul conclamant Deo clamoren, ita: Kyrie eleison (prolixe). Más general, sin embargo, era la costumbre de repetir los kiries un determinado número de veces. Siguiendo tradiciones sagradas, cada hora de la liturgia bizantina comienza aún en la actualidad con doce repeticiones del Kyrie eleison, y las horas menores, con cuarenta. La ectenia ferviente después del evangelio de la misa bizantina repite tres veces el Kyrie eleison después de cada invocación. La repetición por tres veces aparece también al final de otras ectenias y aisladamente. Aureliano de Arlés (+ 550) mandaba a sus monjes empezar y terminar cada hora con tres kiries. En la liturgia mozárabe es regla fija rezar tres kiries antes de la Compluturia que precede a la bendición final y, más en general, antes de la oración sacerdotal. Las laudes de la liturgia milanesa contienen aún actualmente tres, y hacia el final doce Kyrie eleison. De un modo semejante, nuestras letanías presentan al principio y al final la triple súplica: Kyrie eleison, Christe eleison, Kyrie eleison.

Paralelismo entre el «Kyrie» y el «Alleluia»

     No podemos dejar de mencionar en este conjunto el perfecto paralelismo que existe entre el uso del Kyrie y el del Alleluia. Empleado en sus orígenes como estribillo con el que el pueblo tomaba parte en la salmodia responsorial, llegó a convertirse en exclamación autónoma de júbilo que podía repetirse indefinidamente. El actual breviario romano usa varias veces la triple repetición, y antes de la reforma de Pío X el Alleluia se repetía incluso nueve veces el domingo in Albis.

El «Kyrie» en los «Ordines Romani»

     435. El primer Ordo Romanus, a pesar de que describe el culto solemne, no conoce ya la letanía, sino únicamente el Kyrie aislado. Convertido en canto, se repite las veces que haga falta, hasta que el papa, que después de la veneración del altar está de pie delante de la cátedra mirando a Oriente, dé la señal. Muy pronto, es decir, todavía en el siglo VIII, el papa, para dar esta señal, tenía que observar ciertas normas, que nos explican otros Ordines, a saber: tres veces canta la Schola el Kyrie y tres veces lo repite un grupo de clérigos, luego da el papa la señal para que se cante el Christe eleison, que se repite del mismo modo tres veces, y otro para los últimos tres Kyrie eleison, y una última señal para terminar.

La triple repetición; interpretación trinitaria

     436. Esta combinación a base del número de tres es fruto de una antiquísima costumbre sagrada, que en los cultos precristianos de la antigua Roma revestía formas de expresión verdaderamente impresionantes 54. Era natural que al número de tres se le diera en el culto cristiano una Interpretación trinitaria, sobre todo en las esferas de la liturgia galicana, en las que la lucha antiarriana había dejado huellas muy profundas y persistentes. La encontramos, en efecto, ya en Amalario y desde entonces la repiten todas las explicaciones de misas: en los tres primeros Kyrie eleison se invoca al Padre; en los tres Christe eleison, al Hijo, y en los últimos tres Kyrie eleison, al Espíritu Santo 58. Tal explicación quiere encontrar una justificación, al menos aparente, en el Christe eleison del segundo grupo. La realidad, sin embargo, es que también las primeras tres invocaciones se dirigen a Cristo. Esto se acomoda no sólo al modo de hablar de San Pablo y de la Iglesia primitiva, para la cual Kyrios fue el nombre más general de Cristo, sino que se prueba, además, por la historia posterior de los kiries. Es verdad que en los primeros tiempos el contexto en que se encuentran los Kyrie eleison hace pensar a veces en Dios Padre. Otras veces queda el sentido indeciso, como parece muy natural en una sencilla invocación de Dios, Pero en la mayor parte de los casos, sobre todo en la letanía diaconal, que es la forma primitiva del empleo del Kyrie eleison, las redacciones de algunas invocaciones muestran a las claras que es Cristo a quien se invoca con este título. La misma idea domina, por cierto, en la letanía occidental, que en sus redacciones más antiguas viene a ser, desde el principio hasta el Agnus Dei, una invocación continuada de Cristo, aunque en ella se encuentran intercaladas las invocaciones de los santos.

     En los textos más antiguos de letanías faltan las invocaciones de las tres personas divinas y de la Santísima Trinidad después del Christe audi nos. En un manuscrito inglés del siglo VIII, la letanía empieza: Christe audi nos, luego siguen invocaciones de santos y, finalmente, el Agnus Dei (A. B. Kuypers, The Book of Cerne). Según el sacramentarIo de Gellone, escrito hacia 780, el Sábado Santo en la procesión a la pila bautismal se canta Kyrie eleison; al llegar se repite varias veces Christe eleison, siguiéndose invocaciones de santos y luego el Propitius esto, etc., Filius Dei, Agnus Dei, Christe audi nos, y se termina con tres Kyrie eleison (Martene). Según el Ordo de S. Amand, la letanía que se empieza a cantar al llegar a la iglesia estacional se compone de los siguientes elementos: Kyrie eleison (tres veces), Christe audi nos; luego, las invocaciones de santos; a continuación, Propitius esto, etc. (entre las que está la invocación, que claramente se dirige a Cristo, Per crucem tuam...), y finalmente, otros tres Kyrie (Duchesne, Origines, 494s). La letanía del misal de Stowe (s. IX), que proviene de un modelo grecorromano del final del siglo VII (Bishop. Litúrgica histórica), empieza con tres Christe audi nos, a las que sigue un Kyrie eleison y las invocaciones de santos (Warner, The Stowe Missal). Más ejemplos parecidos de los siglos IX y X véanse en H. A. Wilson, The Gregorian sacramentary: Gerbert, Monumento; H. Ménard, en las notas al Gregoriano (PL 78.); J. Mabillon, Analecta (PL 138, 885): Beck, Kirchliche Studien. En plena Edad Media se llega, por fin, a la redacción que corresponde a la interpretación trinitaria: Kyrie eleison, Christe eleison, Kyrie eleison, que tenemos aún en la actualidad al principio y al final de la letanía y al principio de las preces o también sustituyéndolas, así como el mencionado inciso de las invocaciones de las personas divinas y de la Santísima Trinidad: Pater de caelis Deus, etc. Por cierto, este miembro falta aún hoy en la letanía de los moribundos (Rituale Rom., V, 7, 3). Suárez (De oratione, I, 9, 12) trata de la objeción de que la invocación aislada de cada una de las tres personas divinas pone en peligro la fe en la unidad de su naturaleza; defiende estas invocaciones en el sentido de que en ellas se confiesa la diversidad de las personas y su consubstancialidad. De modo semejante. J. Maldonado (De caeremoniis, II. 12. A. Zaccaria. Biblioteca rit., II, 2 (Roma 1781)) sostiene que estas invocaciones propiamente no se dirigen al Hijo y al Espíritu Santo, sed ad Deum per enumeratas personas

Canto de la «Schola» y del clero

     437. Esta súplica dirigida nueve veces a Cristo, es aún en su forma actual la preparación más conveniente para la oración sacerdotal, la cual, haciéndose eco de las plegarias de la comunidad, las presenta ante el trono de Dios.

     Mientras San Gregorio Magno, refiriéndose al modo de recitar los kiries, dice: a clericis dicitur et a populo respondetur, el primer Ordo Romanus menciona solamente la Schola cuyo oficio era cantar el Kyrie —tal vez diríamos mejor: entonarlo o cantarlo una sola vez para que otros lo repitiesen— Nunca se dice que su canto quede reservado exclusivamente a la Schola, y si que ella lleva la dirección, porque el prior scholae tiene que atender a la señal del papa que le manda terminar el canto. El Ordo de San Amando confirma esta interpretación y la completa diciendo que el repetir las invocaciones de la Schola era oficio de los regionarii, es decir, de los subdiáconos, organizados en Roma según regiones, barrios. El pueblo como tal ya no participaba activamente en la gran misa pontifical, lo que no Impide suponer que los fieles en otras circunstancias siguieran cantando los kiries. Esto vale sobre todo para los países del centro y norte de Europa, donde el Kirioleis, cantado a modo de estribillo, se consideraba durante siglos como elemento el más fundamental del canto religioso popular, y los Leise (en francés Lais) representaban una clase especial de tales cantos populares. Con todo, el canto de los kiries de principios de la misa había pasado a ser oración exclusiva del clero que formaba el coro por lo menos en las iglesias donde había suficiente clero, y a ellas se refieren casi todas las noticias que de aquellos tiempos tenemos sobre el particular. Así que no debemos suponer en todos los sitios una Schola cantorum como encargada de su canto, ni siquiera de su entonación, que por cierto, como parte del clero, poco se distinguía de los coristas.

Las maneras de alternar los kiries

     438. Estas Scholas formaban dos coros, conforme a la antigua tradición de alternar los kiries: un coro entonaba y cantaba todas las nueve invocaciones para que el segundo coro las repitiese después de cada invocación. Más tarde no se cantaban en total más que nueve veces, que alternaban los dos coros En ocasiones, para llenar el número de tres, el segundo coro repetía dos veces seguidas la invocación que el primero había entonado. Es quizás el modo que mejor va con la estructura de este canto, observándose actualmente tendencias a volver a ponerlo otra vez en práctica. La manera, sin embargo, que desde el siglo XII tuvo mayor aceptación fue el cantar los kiries nueve veces entre los dos coros, del mismo modo que se rezaban en el altar entre el sacerdote y el acólito.

Las melodías actuales; origen de sus denominaciones

     439. El canto gregoriano del Requiem, que repite ocho veces la misma melodía sencilla, ampliándola solamente en su última repetición, recuerda perfectamente su carácter primitivo de letanía. Y desde que la Schola se encargó de su recitado, su puesta en música hizo rápidos progresos. Las melodías del Kyriale romano pertenecen a la segunda etapa de florecimiento del canto gregoriano, a partir del siglo X. Los títulos que llevan recuerdan otro grado de su evolución, cuando el texto tan reducido de los nueve kiries experimentó en la Edad Media una ampliación considerable por medio de los llamados tropos, que convirtieron cada invocación en una estrofa de varios versos, de modo que cada sílaba correspondía a un tono de la melodía. Como precursor de la poesía de los tropos podemos considerar a Amalario, que hizo cantar a su coro: Kyrie eleison, Domine Pater, miserere; Christe eleison, miserere qui nos redemisti sanguine tuo; Kyrie eleison, Spiritus Sánete, miserere. Como se ve, se trataba de una simple paráfrasis. Desde entonces, o sea desde el siglo IX hasta el XVI, hubo una verdadera literatura de tropos del Kyrie. Cada iglesia poseía por lo menos una docena, de los que algunos eran exclusivos de la región, mientras que otros se encontraban en sitios los más diversos. Su colección en los Analecta hymnica comprende 158 números completos. La ejecución musical si; reducía generalmente a lo siguiente: mientras un coro de la Schola cantaba el Kyrie con todos sus melismas, el otro, con la misma melodía, cantaba el tropo, hasta desembocar ambos en el canto común del eleison. Como los tropos correspondían a las distintas melodías, al desaparecer aquéllos, las melodías siguieron llamándose por las primeras palabras del tropo. He aquí algunos de los nombres del Kyriale actual: Lux et origo; Kyrie Deus sempiterne; Cunctipotens genitor Deus; Cum iubilo; Alma pater; Orbis factor; Pater cuncta.

Texto de un «tropo».

     440. Como ejemplo de tales tropos damos el de la primera misa gregoriana, cuyo ritmo sigue perfectamente la melodía, mientras que otros emplean ciertos metros, por ejemplo el hexámetro.

1
a) Lux et origo                                                                    b) In cuius nutu                                                            c) Qui solus potes 
lucis, summe Deus,                                                        constant cuncta, clemens                                                 misereri, nobis  
eleison; Kyrie eleison.                                                  eleison; Kyrie eleison.                                                eleison; Kyrie eleison. 
2
a) O mundi redemptor                                                     b) Per crucem redemptis                                           c) Qui es verbum Patris,
salus et humana,                                                                a morte perenni                                                             verbum caro factum,
rex pie, Christe,                                                                 spes nostra, Christe                                                       lux vera, Christe,
eleison; Christe eleison.                                                eleison; Christe elison.                                              eleison; Christe eleison.
3
a) Adonai, Domine                                                        b) Qui machinam gubernast                                   c) Quem solum laus et honor
Deus, iuste judex,                                                         rerum, alme Pater,                                                     decet, nunc et semper
eleison; Kyrie eleison                                                  eleison; Kyrie eleison.                                                eleison; Kyrie eleison.


     Es natural que cantos tan artísticos sólo pudieran ejecutarse por un coro bien adiestrado. Para algunos de ellos hubo ya en el siglo XIII composiciones polifónicas. Con la reforma de misal por Pío V desaparecieron otra vez todos los tropos. Descargados de este modo los kiries de sus múltiples adornos, su carácter monumental apareció de nuevo en su luz, reforzada más tarde por las composiciones polifónicas, que emulaban entre sí para dar expresión digna al contenido teológico y emocional de estas súplicas milenarias.

El alternar los kiries se aplica también a su recitación en el altar

      441. El celebrante no intervenía primitivamente en la recitación o canto de los kiries. Razón por la que su texto se halla ausente de la mayor parte de los ordinarios de la misa, y ni siquiera figura en aquellos que ya contienen todas las oraciones ante las gradas y del ofertorio. Sólo cuando a partir del siglo XIII se impuso el criterio de que el celebrante tenía que rezar todos los textos de la misa, aun las cantadas por el coro y los asistentes, los kiries, puesto que habían de alternarse, no se leían, como los demás cantos, en voz baja sino que se dialogaban entre el celebrante y su asistencia. Esta innovación, sin embargo, no se propago tan rápidamente de un modo general. El misal de la Capilla papal del año 1290, por ejemplo, no la menciona, y eso que manda ya que el sacerdote rece cum ministris suis el introito. No obstante, algunos decenios mas tarde se impuso también en el culto papal.     En cambio, para las misas privadas los escritos del archi-cantor Juan con ahínco recomiendan ya en el siglo VIII a los sacerdotes que recen, además del introito, nueve veces con profunda inclinación los kiries. No se menciona ni en esta ni en otras ocasiones posteriores expresamente el acólito. Ni en los casos en que más tarde intervenía en la misa solemne la asistencia es probable rezasen todos juntos las nueve invocaciones, porque no se encuentra ninguna alusión al rezo alternado. Si más tarde se impuso la costumbre de alternar las nueve invocaciones, en ello influyó seguramente el ejemplo del coro. En los documentos antiguos aparece aún otro modo de alternar, o sea el sacerdote decía tres veces seguidas los Kyrie eleison del principio y del final, dejando al clérigo la recitación de los tres Christe eleison.

EL SITIO

     442. Al igual del introito, el sacerdote rezaba los kiries en el lado de la epístola. Costumbre que se estila aún hoy entre los cartujos, carmelitas y dominicos y es norma en la misa solemne para todos los sacerdotes. El motivo principal de su traslado al centro del altar fué seguramente el deseo de hacer resaltar más su carácter de súplica: en el centro del altar el sacerdote está al pie del crucifijo, a quien eleva su plegaria.

Etiquetas: El sacrificio de la Misa

Fuente: Fundación San Vicente Ferrer

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