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CRÍMENES DE LA MASONERÍA
Juan Pampero


CRÍMENES DE LA MASONERÍA - Juan Pampero

"En la historia de la masonería, con su secuela de crímenes, revoluciones y guerras, se encuentra la verdadera prueba de la intranquilidad y desasosiego universal.” (Federico Wichtl, Masonería, Revolución, República)


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A propósito del caso Rampolla

A propósito del caso Rampolla
San Pío X, por la Gracia de Dios.

Una introducción que no llega ni a eso

Verán mis queridos, que luego de despachar el Caso Rampolla, hace de esto unos poquitos días, recibí una carta de un Viejo Camarada que me hace recordar lo que le pasó al Mundo Cristiano y, particularmente, al antiguo Imperio Austro-Húngaro por haber rechazado en el Cónclave Romano al candidato de la judería y la masonería, el Cardenal Mariano Rampolla del Tíndaro, y antiguo Secretario de Estado de S.S. León XIII (Joaquín Vicente, conde de Pecci), recientemente fallecido.

Esta observación tan acertada, me indujo a pensar que, tal articulillo, a pesar de ser un peso pesado, estaba mutilado o inconcluso. Motivo por el cual retomo el tema y le doy la profundidad que se merece, pidiendo desde ya las disculpas del caso.

Luego este asunto sigue así:

Los crímenes de la masonería

El borracho, ladrón y pirata José Garibaldi

El masón Pablo Rosen, en su libro "El Enemigo Social", trae la instrucción que la masonería dio a su Gran Maestre José Garibaldi, un auténtico programa de impiedad, de anarquía y de espantosa subversión social. En ella leemos estos párrafos: "El hombre es Dios, Rey y Pontífice de sí mismo, la masonería lo es de la Humanidad, y nuestro Sublime Patriarca es Dios, Rey y Pontífice de la masonería. Estas son las tres verdades masónicas; ellas son nuestra virtud, nuestra moral y nuestra autoridad contra la abyecta virtud de los clericales que combatimos en los 11 primeros grados, contra su inmunda moral que combatimos en los 11 últimos grados siguientes y contra su criminal autoridad que combatimos en los 11 últimos grados. Los clericales —infames asesinos de la humanidad— oponen a nuestra virtud, nuestra moral y nuestra autoridad, su propiedad, su religión y su ley; pero tú, en calidad de jefe de Ejército (digamos como Balza, Brinzoni o Bendini, que son las Tres B del Templo Satanista, ¡qué casualidad!), habrás de combatir en lo sucesivo a estos tres enemigos mortales de la masonería. A la Propiedad, porque la tierra no pertenece a nadie y sus productos son de todos; a la Religión, porque es un invento de los hombres; y a la Ley, porque cada uno debe gozar de sus derechos sin que nadie se lo impida (...) Con la libertad como palanca y las pasiones como apoyo derrocaremos para siempre el poder real y sacerdotal (se le olvidó aquí a Monseñor Verga Goglio y a su cofradía de curas luciferinos). Jura que no tienes otra patria que la patria universal. Para ti la nación, la religión y la familia han desaparecido en la inmensidad de la obra masónica. La masonería es un estado dentro del estado con medios y funcionamiento independientes y desconocidos para él. Está por encima de él con unidad, cosmopolitismo y universalidad, y mientras existan ejércitos permanentes, que son instrumentos de opresión, principio de parasitismo y obstáculo para la fraternidad, estará contra él (Paúl Rosen, El enemigo Social, pág. 254). Garibaldi tiene un monumento en la Ciudad de Buenos Aires y una infinidad de calles y plazas de todo el país para que siempre lo tengamos en cuenta.

"Juremos odio a la burguesía, odio al capital —decían en Lieja los socialistas masones—. Unámonos, agrupémonos alrededor de la bandera roja, Lo que queremos es allanar obstáculos. Si seiscientas mil cabezas estorban, ¡que caigan!". Federico Wichtl escribió que "en la historia de la masonería, con su secuela de crímenes, revoluciones y guerras, se encuentra la verdadera prueba de la intranquilidad y desasosiego universal.” (Federico Wichtl, Masonería, Revolución, República)

En los escritos de Pablo Benoit, Domingo Margiotta, José Caro, Nicolás Serra y Caussa, y numerosos autores que tratan de la masonería, se puede leer el sangriento elenco de las muertes violentas ordenadas por la secta en castigo de las traiciones a los secretos y juramentos masónicos; como también la serie de asesinatos, suicidios, matanzas, ejecuciones sumarias, saqueos, sediciones, guerras y revoluciones provocadas o dirigidas directamente por ella (Pablo Benoit, La francmasonería, Tomo I, pág. 274; Domingo Margiotta, Adrián Lemi jefe de los francmasones, pág. 21 y José Rodríguez Caro, El misterio de la francmasonería, 1926).

Ejemplos de los crímenes masónicos

Sirvan de ejemplo entre mil, el asesinato, en 1848, de Peregrino Rossi, ministro del papa Pío IX; del ministro español, el general Prim; los atentados reales e imperiales de Napoleón III de Francia, Guillermo I y Guillermo III de Alemania, Isabel II en 1847 y Alfonso XIII de España, en 1906 y 1913 y Francisco II de Austria; las muertes decretadas por el diabólico sanguinario Mazzini; la desaparición sorpresiva (hasta el día de la fecha) del emperador José II de Austria; los asesinatos de los reyes Gustavo III de Suecia -cuya muerte ya había sido anticipadamente anunciada por toda Europa-, de Osear II de Noruega, Alejandro de Servia y su esposa en 1903, Carlos de Rumania en 1914, Humberto I de Italia por el masón Pressi en 1900, Alejandro I y II y Pablo I de Rusia -que al romper con la masonería y cerrar todas sus logias cae cosido a puñaladas-, y de Carlos de Portugal y el príncipe Luis; en 1908 los envenenamientos de Fernando II de Nápoles y Leopoldo II de Austria; y el
famoso crimen de Sarajevo, que motivó la primera guerra mundial de 1914:decretado, anunciado y ejecutado por la masonería de tal manera que Federico Wichtl pudo atestiguar que *los hechos, judicialmente comprobados, se silencian intencionalmente". Este asesinato del archiduque Francisco Fernando de la casa imperial de Austria y de su esposa, fue ejecutado por sicarios de la Gran Logia de Servia, por orden del Gran Oriente de París. No faltan pruebas para demostrar que, tanto la primera como la Segunda Guerra Mundial, fueron preparadas y deliberadamente provocadas por la masonería internacional.

Durante la Primera Guerra Mundial tuvo lugar el convento extraordinario del Gran Oriente de Francia, reunido en París los días 28, 29 y 30 de junio de 1917, el cual puso las bases de la Sociedad de las Naciones (paso previo a la creación de la cabeza de la Sinarquía Mundial, vulgo llamada Naciones Unidas), y del Tratado de Paz firmado en Versalles. En tal congreso los delegados masones italianos, Héctor Ferrari y Ernesto Nathán, se distinguen por sus actitudes antipatriótioas contra los intereses de Italia.

El masón Wilson, presidente de los Estados Unidos, fue sólo el instrumento de la judeo-masonería, pues, en la redacción del famoso e inicuo tratado dominaron, casi exclusivamente, los judíos masones.

Wilson había sido elegido presidente por la Alta Banca Judía, y fue el siervo incondicional del archimillonario banquero de la judería mundial Jacobo Schiff (Duque de la Victoria, Los Protocolos de los Sabios de Sión, Comentarios, Edición 1949 e Israel Manda, Edición 1935).

El 8 de enero de 1918 Wilson reprodujo, en sus catorce puntos, las conclusiones masónicas de junio del año anterior.

Otros crímenes y magnicidios de los hijos de Satanás

En la conferencia masónica de Lisboa dijo el Gran Maestre Magalhaes Lima, el 13 de mayo de 1917: "La victoria de los aliados debe ser el triunfo de los principios masónicos"; el masón Lebey declaró en París -el 9 de diciembre de 1917-, que, "la lucha actual es la continuación de la de 1789: Patria, República, espíritu revolucionario y socialismo están indudablemente ligados"; y los judíos Nathán y Khon eran respectivamente los Grandes Maestres de la masonería en Italia y Alemania durante la Primera Guerra Mundial.

Esta guerra que continuó en 1939, que no ha terminado aún y continúa por otros medios, hizo exclamar al Kaiser Guillermo II al abandonar el trono del Imperio Alemán en 1918: "Todas las instituciones se han derrumbado; sólo dos entidades quedan en pie; la Iglesia que es Luz y la Masonería que es Sombra" (León de Poncis, Las fuerzas secretas de la Revolución (Francmasonería y Comunismo), Ed. 1932). En sus "Memorias" dice el Kaiser: "Un papel importante jugaron en la preparación de la guerra mundial la Gran Logia de Alemania y el Gran Oriente de Francia. Una reunión de logias en 1917 determinó el desmembramiento de Austria-Hungría, la eliminación de la casa de Habsburgo, la abdicación del emperador de Alemania, la restitución a Francia de Alsacia-Lorena, la unión de Galitzia con Polonia y la eliminación del Papa, de la Iglesia Católica y de cualquier estado eclesiástico de Europa" (Memorias de Guillermo II, pág. 253).

Por decreto masónico la familia real de Francia es guillotinada: son asesinados el sacerdote Villars, autor de una novela semimasónica, el masón Cazzote por traidor a la secta, y el obispo español Strauch, por haber traducido del francés el libro antimasónico de Barruel. Mozart músico de fama mundial -autor del himno de la masonería en 1791- y Schiller, el poeta máximo de Alemania, *Lescure -padre del héroe de la Vendée-, muere envenenado por intentar retirarse de la masonería: el duque Carlos III de Parma es asesinado, el arzobispo Tose Checa de Quito (Ecuador) es envenenado en la Misa en 1876; Stromaver -uno de los fundadores de la Joven Europa-, y Emiliani son asesinados por los mazzinianos por su “indiscreción": el carbonario Nubius fue envenenado: y el capitán Willíam Morgan, periodista norteamericano, fue asesinado en los Estados Unidos en 1826, porque se disponía a dar amplia publicidad a los secretos masónicos en su libro "Freemason: exposed and explained" y, despedazado su cuerpo, fue arroiado en el lago Erie.

Los ejecutores del crimen fueron los caballeros Kadosch Loton Lawson y Henry Brown. Por otra parte, el 4 de iulio de 1828, trescientos masones declararon que las revelaciones, que le costaron la vida a Morgan, eran estrictamente verídicas" (E. Cahil, Freemasonery and the Antichristian Movement, pág. 199

Ajusticiado el emperador Maximiliano en 1867, pudo ocupar la presidencia de México el gran masón y perseguidor de la Iglesia, Benito Juárez. Persiguió obstinadamente a los sacerdotes y religiosos, desterró a los obispos, saqueó los templos, separó la Iglesia del Estado, suprimió la enseñanza religiosa de las escuelas y expulsó a las Hermanas de Caridad.

Gabriel García Moreno, presidente del Ecuador de 1861 a 1865 y luego de 1870 a 1875, caía en este último año bajo el puñal del asesino -pagado por los masones-, por perseguir sistemáticamente las logias de su patria. La biografía de García Moreno hecha por Manuel Gálvez a pedido del Embajador del Ecuador, es demasiado elocuente.

A estos crímenes personales debemos añadir la infinidad de muertes, atropellos y delitos cometidos por los sicarios de la masonería durante las sangrientas y luctuosas jornadas de la Revolución Francesa, las masacres perpetradas en España en los Siglos XVIII y XIX, y los horrores de la Comuna de París y de la persecución en México durante el gobierno judaico-masónico-comunista del insigne masón Plutarco Calles.

Francisco Fernando de Habsburgo

Francisco Fernando de Habsburgo (1863-1914), archiduque de Austria, nacido en Graz, hijo del archiduque Carlos Luis y sobrino del emperador Francisco José I. Heredó el título de archiduque de Austria-Este en 1875. Pasó a ser el heredero de la corona austro-húngara después de la muerte de su primo, el archiduque Rodolfo (1889) y de su padre (1896). Francisco Fernando renunció a los derechos al trono que pudieran tener sus hijos debido a su matrimonio morganático con la condesa Sofía Chotek, duquesa de Hohenberg, celebrado en 1900. Pese a estar a favor de las aspiraciones de los eslavos, tanto el archiduque como su esposa fueron asesinados por un anarquista serbio en Sarajevo, pagado por la masonería, ciudad de Bosnia (perteneciente actualmente a Bosnia-Herzegovina), el 28 de junio de 1914. Este incidente marcó el comienzo de la I Guerra Mundial.

Esta es la forma con lo que le pagó la gauchada la Masonería al Imperio Austro- Húngaro que desapareció; a Francisco Fernando; a Francisco José I, y a la indiferencia (¿o traición?) de algunos de los cardenales de distintos países que intervinieron en el Cónclave y a último momento votaron en contra del judío y masón Mariano Rampolla. Rosacruz

Rosacruz

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