CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

FRANCISCO: SI NO HAY MISA,
¡VAYAN CON LOS ANGLICANOS!
Miles Christi - 25/03/2017


Quien se atreva a cuestionar los disparates a repetición que viene lanzando lo más campante este hombre desde hace ya cuatro larguísimos años, sepa que será automáticamente considerado por los adalides del sistema como un intolerante incurable y un peligroso « integrista », incapaz de frecuentar las « periferias existenciales » y de entregarse a la enriquecedora experiencia de la «cultura del encuentro»


FRANCISCO: SI NO HAY MISA, ¡VAYAN CON LOS ANGLICANOS! - Miles Christi - 25/03/2017
Francisco en el Vaticano recibiendo la bendición
del « arzobispo » anglicano Justin Welby

Para descargar en formato PDF, pulse AQUÍ

Por supuesto, a nadie se le ocurra pensar que esto es herejía ni nada que se le parezca, ¡qué va!: basta ya de seguir buscando el pelo al huevo a lo que diga Francisco y de ponerse a hilar fino con respecto a su improbable  « magisterio ». Y que nadie vaya a perder de vista lo siguiente: quien se atreva a cuestionar los disparates a repetición que viene lanzando lo más campante este hombre desde hace ya cuatro larguísimos años, sepa que será automáticamente considerado por los adalides del sistema como un intolerante incurable y un peligroso « integrista », incapaz de frecuentar las « periferias existenciales » y de entregarse a la enriquecedora experiencia de la « cultura del encuentro »…

Éstas son las declaraciones del 26 de febrero pasado con motivo de su visita a la iglesia anglicana de All Saints en Roma:

« En el norte de argentina se encuentran las misiones anglicanas y católicas con los aborígenes, y el obispo anglicano y el católico trabajan juntos. Y cuando la gente no puede ir el domingo a la celebración católica van a la anglicana, y los anglicanos van a la católica, porque no quieren pasar el domingo sin una celebración, y trabajan juntos. Y aquí, la Congregación para la Doctrina de la Fe lo sabe. Y participan en la caridad  juntos. Creo que esto es una riqueza que nuestras iglesias jóvenes [¿Perdón? ¿a qué se refiere con « nuestras iglesias jóvenes » ?] pueden aportar a Europa y a las iglesias [De nuevo: ¿« A las iglesias »? Yo creía que Cristo había fundado una sola, la Iglesia Católica…] que tienen una gran tradición. Y ellos nos dan la solidez de una tradición cuidada, pensada[1]. »

¿Qué decir ante semejante desvarío « pontifical »? Primeramente, que podrán imaginarse sin dificultad lo excesivamente inconfortable que supone para mí el tener que pasármela « corrigiendo » los incesantes disparates proferidos por mi inefable compatriota, pues se supone que se trata nada menos que del Vicario de Nuestro Señor Jesucristo y del Soberano Pontífice de la Iglesia Católica, mientras que yo no soy sino un insignificante laico sin ninguna autoridad teológica particular. No obstante, como bautizado que soy, estoy obligado a confesar la Fe de la Iglesia y a defenderla cuando ella fuera puesta en entredicho públicamente, sobre todo cuando hay grave riesgo de escándalo para la fe de los cristianos menos advertidos.

En segundo lugar, que es de público conocimiento que la « iglesia » (id est, la secta herética) anglicana carece del sacramento del orden sagrado, por lo cual sus « sacerdotes » y « obispos » son tan sólo laicos disfrazados de eclesiásticos, y que su « celebración eucaristica » no es más que una parodia grotesca del Santo Sacrificio de la Misa, dado que la cuestión de la validez de las consagraciones anglicanas fue dirimida negativa y definitivamente por el papa León XIII en su encíclica Apostolicae Curae[2] del 13 de septiembre de 1896.

Finalmente, es importante recordar que este falso ecumenismo que practica Francisco, en el cual la « unidad » y la « caridad » son utilizadas en desmedro de la verdad, no es ningún invento suyo, sino que es el mismo que ha sido preconizado por el CVII en Unitatis Redintegratio, Nostra Aetate y Lumen Gentium (la famosa cuestión del subsistit in) y cuyo fruto emblemático han sido las cinco reuniones interreligiosas de Asís, convocadas y organizadas por los tres últimos papas para rogar por « la paz en el mundo » (pero, ¿acaso puede un papa verdadero cometer tamaña afrenta contra el primer mandamiento de la ley de Dios?)  y a las cuales se invitó « a todos los cristianos de otras confesiones, a los hombres y mujeres de cada religión, así como a los hermanos y hermanas no creyentes.[3] »

Considero oportuno citar a Francisco con ocasión de la Jornada Mundial de Oración por la Paz celebrada en Asís el 20 de sptiembre del año pasado, para ilustrar esta actitud de naturalismo y de indiferentismo religioso radical que se ha instalado en la Iglesia desde el CVII:

« Nuestras tradiciones religiosas son diversas. Pero la diferencia no es para nosotros motivo de conflicto, de polémica o de frío desapego. Hoy no hemos orado los unos contra los otros, como, por desgracia, ha sucedido algunas veces en la historia. […] San Juan Pablo II dijo en este mismo lugar: ‘‘Acaso más que nunca en la historia ha sido puesto en evidencia ante todos el vínculo intrínseco que existe entre una actitud religiosa auténtica y el gran bien de la paz’’ […] Aquí, nosotros, unidos y en paz, creemos y esperamos en un mundo fraterno. Deseamos que los hombres y las mujeres de religiones diferentes, allá donde se encuentren, se reúnan y susciten concordia […] Que los creyentes sean artesanos de paz invocando a Dios y trabajando por los hombres. Y nosotros, como responsables religiosos, estamos llamados a ser sólidos puentes de diálogo, mediadores creativos de paz.[4] »

Ahora bien, este discurso, y la praxis que de él deriva, se oponen diametralmente tanto a la doctrina como a la práctica constante de la Iglesia hasta Vaticano II. No ver en esto una ruptura insalvable y pretender aplicar aquí una imposible « hermenéutica de la continuidad » se aparenta a una forma de enceguecimiento espiritual.

He aquí lo que enseñaba al respecto el papa Pío XI en su encíclica Mortalium Animos [5] del año 1928:

« (…) invitan a todos los hombres indistintamente, a los infieles de todo género como a los fieles de Cristo (…) Tales empresas no pueden ser aprobadas por los católicos de ninguna manera, ya que se basan sobra la teoría errónea según la cual todas las religiones son todas más o menos buenas, en el sentido de que todas, aunque de maneras diferentes, manifiestan y significan el sentimiento natural e innato que nos conduce a Dios  y nos lleva a reconocer con respeto su poder. La verdad es que los partidarios de esa teoría se extravían en pleno error, pero además, pervirtiendo la noción de la verdadera religión, la repudian (…) La conclusión es clara: solidarizarse con los partidarios y los propagadores de tales doctrinas es alejarse completamente de la religión divinamente revelada. »

Así pues, nadie debería extrañarse demasiado por estas nuevas declaraciones escandalosas de Francisco, ya que es bien sabido que la noción que el inquilino de la Casa Santa Marta tiene de la fe se halla en las antípodas de la enseñanza de la Iglesia. Para probarlo, recordemos, entre tantísimas otras falsedades, las enunciadas por Francisco en el reportaje concedido al Padre Antonio Spadaro, director de La Civiltà Cattolica, en el mes de agosto de 2013.

Francisco expresó allí un punto de vista totalmente novador en lo que concierne a la naturaleza de la virtud teologal de la Fe, aseverando que la duda y la incertidumbre deberían formar parte de ella, so pena de caer en la « arrogancia », de encontrar a un Dios que sería « a nuestra medida », de tener sobre El una visión « estática y no  evolutiva », de tender de un modo exagerado hacia la « seguridad doctrinal »…

Éstas son las declaraciones incriminadas:

« Por supuesto, en ese buscar y encontrar a Dios en todas las cosas, queda siempre una zona de incertidumbre. Debe existir. Si alguien dice que encontró a Dios con una certeza total y que no deja  ningún margen de incertidumbre, significa que algo no funciona (…) El riesgo de buscar y de hallar a Dios en todo es entonces la voluntad de explicitar demasiado; de decir con certeza humana y arrogancia: ‘‘Dios está aquí’’. Así sólo encontraremos un Dios a nuestra medida (…) Quien hoy día no aspira sino a soluciones disciplinares, quien tiende de manera exagerada a la ‘‘seguridad’’ doctrinal, quien busca obstinadamente recuperar el pasado perdido, tiene una visión estática y no evolutiva. De este modo, la Fe se vuelve una ideología como cualquier otra[6] . »

¿Es acaso necesario recordar que la virtud teologal de la fe reclama la certeza, la aceptación sin falla de las verdades que Dios ha revelado, y que alimentar una duda voluntaria a su respecto constituye un pecado grave ? He aquí lo que nos enseña el Catecismo Mayor de San Pío X[7]:

« 866. ¿Estamos seguros de las cosas que la santa Iglesia nos enseña? Estamos segurísimos de las cosas que la santa Iglesia nos enseña, porque Jesucristo ha empeñado su palabra de que la Iglesia no será engañada jamás.

867. ¿Por qué pecados se pierde la Fe? Piérdese la Fe con la negación o duda voluntaria de los artículos que se nos proponen para creer, aunque sea de uno solo. »

Francisco reiteró la misma idea en su Mensaje para la jornada de las comunicaciones sociales[8] del 23 de enero de 2014, en el cual sostuvo que:

« Dialogar significa estar convencido que el otro tiene algo bueno para decirnos, hacerle un lugar a su punto de vista, a sus proposiciones. Dialogar no significa renunciar a sus propias ideas y tradiciones, pero sí a la pretensión de que sean únicas y absolutas. »

En definitiva, es forzoso comprobar que, aplicando estos falsos principios, se decreta ipso facto la sentencia de muerte de la Fe, lisa y llanamente, para naufragar en los abismos del subjetivismo y del relativismo absolutos. Así es que, desgraciadamente, en relación con esta enésima salida bergogliana, sólo nos queda por decir: Nihil novi sub sole...

http://saint-remi.fr/fr/livres/1436-tres-anos-con-francisco-la-impostura-bergogliana.html

-------------------------------------------

MAGISTERIO DE BLASFEMOGOGLIO


____________________________________________________