CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LUTERO PREDICA EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO


No quisimos empañar la Semana Santa y el día de Pascua publicando las andanzas del nefasto personaje que actualmente usurpa la sede romana, pero ahora se hace necesario volver a esta ingrata tarea.


LUTERO PREDICA EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO

Dada la gravedad de los últimos sucesos, aunque el Denzinger-Bergoglio se encuentre en receso pastoral, creemos que es necesaria una urgente actualización para nuestros lectores.

Como era de esperar, esta Semana Santa tuvo más de lo mismo. No era novedad que Francisco rompería moldes en el gesto de Lavapiés, relegando para un segundo plano la Cæna Domini. No sorprende que se haya saltado a la torera las propias normas dictadas por él mismo por la cual “de ahora en adelante los Pastores de lLUTERO PREDICA EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO a Iglesia puedan escoger los participantes al rito entre todos los miembros del Pueblo de Dios.”[1]. Que alguien nos explique qué malabarismos teológicos hace Francisco este año para encajar dentro del “Pueblo de Dios” a “tres musulmanes, tres mujeres de religión cristiana copta, uno de religión hindú[2]. Pero es que, ése es el sistema de Francisco. Dicta las normas, pero él mismo hace lo que bien entiende. Quien lo conoce desde Buenos Aires sabe que siempre fue así. Lo que nos hace temblar es otra cosa y es que realmente él considere todas esas religiones como verdaderamente parte del “Pueblo del Dios” como hacen entrever sus palabras durante la misma ceremonia: “También hoy, aquí, hay dos gestos: esto, todos nosotros, juntos: musulmanes, hindúes, católicos, coptos, evangélicos, pero hermanos, hijos del mismo Dios que queremos vivir en paz, integrados.[3]. En otras palabras, la paz sería la excusa perfecta ideal para realizar aquellos que los más lanzados llaman pan-religión y de la cual dicen el propio Francisco sería portavoz o profeta… quizá un nuevo Mesías.

Lo que entristece es que utilice uno de los gestos más sagrados del catolicismo, el lavatorio de los pies, para tal finalidad.

LUTERO PREDICA EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO Pero la cosa no terminó aquí y a propósito de los terribles atentados en Bélgica nos dejó sorprendidos. Siendo la paz una excusa ideal para esa amalgama de religiones se comprende que cada atentado terrorista sea un obstáculo para alcanzarla. ¿Cómo explicar que por detrás de tanta violencia existe un odio religioso? Francisco tiene la explicación del atentado en Bruselas: detrás de ese gesto, están los fabricantes, los traficantes de armas[4] . Genial. Como los terroristas hacen bombas con tornillos, quizá dentro de poco dirá que la culpa la tienen las fábricas de ferretería. Esto es tan desatinado como querer acusar  las tiendas de ropa infantil de provocar la pedofilia.

Sin embargo, hay que subrayar algo. Quien no conoció en su día al cardenal Bergoglio imagina que estos absurdos los suelta por total incapacidad. En realidad, sabe muy bien lo que dice en cada circunstancia. Delante de aquel público del lavatorio de los pies, de mayoría musulmana, lo políticamente correcto era no herir a la religión dominante, echándole la culpa a los fabricantes o traficantes de armas. Pero al día siguiente, en  a propósito de los terribles atentados en Bélgica nos dejó sorprendidos. Siendo la paz una excusa ideal para esa amalgama de religiones se comprende que cada atentado terrorista sea un obstáculo para alcanzarlael Via Crucis del Coliseo, con un público católico y con todos los medios de comunicación internacionales poniéndole los focos, tenía que reconocer algo más concreto. Eso sí, limitándose a señalar a los seguidores de cierta religión[5]. No esperen nada más claro de parte de Francisco pues sería lo contrario a sus propósitos. Además, basta ver el video para darse cuenta de que se limitó a leer un texto escrito previamente, sin ningún tipo de vehemencia. En realidad, él apenas es contundente contra una religión: los católicos de corazón duro, los católicos legalistas, los católicos sin misericordia, con cara de pepinillos en vinagre. Para esos no hay piedad ni medias tintas y son mencionados con todas las letras.

Por si todo esto fuera poco, todavía hubo una guinda de la Semana Santa bergogliana… y los que estábamos en la Basílica de San Pedro durante la Celebración de la Pasión del Señor nos llevamos el susto de nuestra vidas. ¿Quién imaginaría esta escena de pesadilla? El obispo de Roma, con cardenales y obispos, y todo el Pueblo fiel oyendo predicar en la capital del catolicismo al mismísimo Martín Lutero. ¿Suena raro? No, en realidad, lo único diferente a lo que acabamos de decir es que Lutero vomitaba sus heterodoxias por la boca del “Predicador de la Casa Pontificia”, el Padre Raniero Cantalamessa, OFM. Algunos salían de la ceremonia diciendo… “¡esto es el acabose!”.

Dado lo sorprendente del acontecimiento, sin parangón en la historia de la Iglesia, de ser proclamado desde el púlpito papal, en la basílica central del cristianismo, la principal herejía de Lutero condenada por la Iglesia, delante de los mismos que deberían defender con sus vidas la Verdad opuesta, no podemos de hacer un paralelismo con la misma Pasión de Cristo. El hecho de haber ocurrido en un Viernes Santo es aterrador. Veamos las palabras que fueron dichas en el mismo día que Cristo fue condenado a muerte:

Existe el peligro de que uno oiga hablar acerca de la justicia de Dios y, sin saber el significado, en lugar de animarse, se asuste. San Agustín ya lo había explicado claramente: “La ‘justicia de Dios’, escribía, es aquella por la cual él nos hace justos mediante su gracia; exactamente como ‘la salvación del Señor’ (Sal 3,9) es aquella por la cual él nos salva”[6]. En otras palabras, la justicia de Dios es el acto por el cual Dios hace justos, agradables a él, a los que creen en su Hijo. No es un hacerse justicia, sino un hacer justos.

Lutero tuvo el mérito de traer a la luz esta verdad, después que durante siglos, al menos en la predicación cristiana, se había perdido el sentido y es esto sobre todo lo que la cristiandad le debe a la Reforma, la cual el próximo año cumple el quinto centenario. “Cuando descubrí esto, escribió más tarde el reformador, sentí que renacía y me parecía que se me abrieran de par en par las puertas del paraíso”. [7]  (P. Raniero Cantalamessa, Basílica de San Pedro, Viernes Santo, 25 de marzo de 2016)

Nunca, ni en sus delirios psicopáticos más febriles, Lutero podría imaginar que sus principales doctrinas condenadas serían proclamadas en el mismo Viernes Santo, por el predicador oficial de la Casa Pontificia, delante de quiénes él llamó de “escoria diabólica de Roma”. Nunca podría imaginar que toda su revolución eclesial sería celebrada cinco siglos después por la propia Iglesia que él denominó “institución diabólica” y la “gran prostituta de Babilonia [8]. Solo le falta subir a los altares.

Recordemos, nosotros los que somos católicos, las principales condenaciones a las doctrinas proclamadas con total desparpajo en la Basílica de San Pedro:

Concilio de Trento, Sesión sexta, 13 de enero de 1547, Decreto sobre la justificación, Denzinger-Hünermann 1520-1583

1558: Can. 8. Si alguno dijere que el miedo del infierno por el que, doliéndonos de los pecados, nos refugiamos en la misericordia de Dios, o nos abstenemos de pecar, es pecado o hace peores a los pecadores: sea anatema [cf.*1526; 1456].

1560: Can. 10. Si alguno dijere que los hombres se justifican sin la justicia de Cristo, por la que nos mereció justificamos, o que por ella misma formalmente son justos: sea anatema [cf.*1523; 1529].

1561: Can. 11. Si alguno dijere que los hombres 1561 se justifican o por sola imputación de la justicia de Cristo o por la sola remisión de los pecados, excluida la gracia y la caridad que se difunde en sus corazones por el Espíritu Santo [cf. Rom 5, 5] y les queda inherente; o también que la gracia, por la que nos justificamos, es sólo el favor de Dios: sea anatema [cf.*1528-1531; 1545s].

1562. Can. 12. Si alguno dijere que la fe justificante no es otra cosa que la confianza de la divina misericordia que perdona los pecados por causa de Cristo, o que esa confianza es lo único con que nos justificamos: sea anatema [cf.*7533s].

1571: Can. 21. Si alguno dijere que Cristo Jesús fue por Dios dado a los hombres como redentor en quien confíen, no también como legislador a quien obedezcan: sea anatema.

1583: Can. 33. Si alguno dijere que por esta doctrina católica sobre la justificación expresada por el santo Concilio en el presente decreto, se rebaja en alguna parte la gloria de Dios o los méritos de Jesucristo Señor Nuestro, y no más bien que se ilustra la verdad de nuestra fe y, en fin, la gloria de Dios y de Cristo Jesús: sea anatema.

Tomado de: El Denzinger de Bergoglio

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MAGISTERIO DE BLASFEMOGOGLIO

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[1] Aleteia, 21 de enero de 2016
[2] Radio Vaticana, 23 de marzo de 2016
[3] Aciprensa, 24 de marzo de 2016
[4] Radio Vaticano, 25 de marzo de 2016
[5] NewsVatican, 26 de marzo de 2016
[6] S. Agustín, El Espíritu y la letra, 32,56 (PL 44, 237)
[7] Martin Lutero, Prefación a las obras en latín, ed . Weimar, 54, p.186.
[8] Lutero, “Contra el Papado romano, una institución diabólica”, 1545.