CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

¿NUESTRA SEÑORA
APARECE EN MEDJUGORJE?


                                                                                    Por Paulo A. Martin
                                                                                    Traducido por el R.P. Romero

En nuestro anterior artículo, “Revelaciones privadas: criterios de discernimiento”, expusimos sucintamente algunos criterios clásicos utilizados por la Iglesia para el discernimiento de revelaciones privadas, y ahora nos proponemos aplicarlos a la más popular de las apariciones contemporáneas: la de Medjugorje, en Croacia.

Iniciada en junio de 1981, esta aparición tiene casi veinte años sin previsión de término. Incontables peregrinos han visitado la pequeña aldea campesina situada entre las montañas de la ex—Yugoslavia; los videntes recorren el mundo divulgando los mensajes allí recibidos y los libros sobre el asunto llenan las librerías católicas.

Esta aparición goza de una gran credibilidad y posee ardorosos defensores, incluso entre las autoridades eclesiásticas (¿es lo que admitían ellos?). Sintéticamente, argumentan de la siguiente manera: en Medjugorje Nuestra Señora pide la conversión del pueblo, oraciones y ayuno; pide frecuencia para los sacramentos y advierte sobre los castigos que vendrán si el pueblo no se convierte. Además de esto, afirman que las apariciones son acompañadas de muchos fenómenos misteriosos: la “danza del sol” -como en Fátima—, por ejemplo, que fue vista por...... personas, el extraño movimiento de la cruz del monte Crizevak, la aparición en el cielo de la palabra “Mi —que significa paz—, y muchos otros. Diez secretos fueron comunicados a los videntes (que serán revelados oportunamente) y Nuestra Señora prometió que allí, en Medjugorje, aparecerá una señal palpable, visible, concreta, para los incrédulos y ateos. Finalmente, afirman los defensores de Medjugorje, son innegables e innumerables los milagros acaecidos con peregrinos llegados al lugar en busca de cura para el alma o para el cuerpo.

.Y basta con lo dicho: todo esto constituye una prueba definitiva y cabal de la autenticidad de las apariciones. Si a ello sumamos el hecho de que los videntes fueron exhaustivamente examinados por psiquiatras y psicólogos, y que estos afirmaron no haber encontrado en ellos nada de anormal, habremos alejado la posibilidad de fraude humano, quedando únicamente la posibilidad de fraude diabólico. Sin embargo, ¿qué demonio pide oración y ayuno, invita a rezar el rosario y anima a recibir asiduamente los sacramentos? Definitivamente —y es esa la conclusión de la argumentación popular- si no hay fraude humano ni tampoco diabólico, entonces solo puede tratarse de una legítima manifestación divina: Nuestra Señora verdaderamente aparece en Medjugorje.

Repare el lector cómo la argumentación arriba expuesta sirve para justificar la aceptación de prácticamente cualquier aparición: genérica y superficialmente, desde un punto de vista puramente exterior, todas las apariciones parecen pedir cosas buenas, y todas provocan reacciones inmediatas de adhesión y aparente conversión. De la misma manera suele haber relatos de milagros y curas, como los hay en tantas otras apariciones ya condenadas por la Iglesia. El lector que haya leído nuestro artículo arriba citado, sabe que los criterios de discernimiento deben ser aplicados profundamente y que se debe considerar el texto de la revelación en sí mismo, verificando si es o no conforme con la doctrina católica, la moral y la dignidad de Dios.

Veamos que dicen los textos de los mensajes. Las citas analizadas pertenecen al libro “Nuestra Señora aparece en Medjugorje" de Osvaldo Barbosa, distribuido por el “secretariado de Nuestra Señora, Reina de la Paz”. Comenzamos analizando los pedidos ascéticos de “Nuestra Señora”:

Ustedes pueden rezar incluso cuatro horas por día” (10/06/84).

Recen por lo menos un rosario completo cada día. Ayunen a pan y agua los miércoles y viernes” (02/08/84).

Y aquí comienza la perplejidad: ¿cómo es posible que campesinos con arduas jornadas de trabajo pasen de pronto a adoptar un régimen de vida más riguroso que la más rigurosa de las órdenes religiosas, la de los cartujos? Pues los cartujos ayunan, a pan y agua, solo un día a la semana. Esta prescripción ultrapasa todas las reglas de la prudencia al querer transformar a laicos en “super-religiosos”, de un nodo tan desordenado e impropio que termina causando daño. Aquel que trabaja duramente, corro un campesino, y come tan parcamente como un monje, ¡terminará teniendo problemas de salud! Dios siempre inspira sabiamente a la Iglesia en la prescripción de mortificaciones y penitencias:

ha de pedirse a cada uno aquello que es posible según su estado de vida, de modo que haya un verdadero progreso espiritual, sin peligro para el cuerpo ni para el alma.

A los campesinos de buena voluntad que se pusieron a intentar tal régimen de mortificación y ayuno, la aparición les echó en cara:

Ustedes ya están rezando tres horas por día, pero miran el reloj, porque están pensando en su trabajo” (op. cit. pág. 222).

Además, cual no sería nuestra sorpresa cuando leímos: “Yo no necesito 100 o 200 padrenuestros: es mejor rezar uno solo con deseo de unirse a Dios” (op. cit. pág. 221). Pero entonces, ¿basta solo uno? ¿Que efecto tendrán estos dos mensajes? La gente tiene que elegir: o trata de rezar las cuatro horas, con, por lo menos un rosario completo (50 avemarías) o reza una única avemaría! Vamos de un consejo imprudente de ayuno excesivo a un minimalismo exacerbado. Se puede pecar por exceso o por falta: en ambos casos hay un alejamiento de la verdadera espiritualidad católica.

En el libro “Medjugorje. Últimos llamados”, ampliamente difundido, encontramos, en la página 10 las siguientes palabras de la aparición:

Los cristianos que vienen a la Iglesia sin preparación, sin comunión, sin hacer acción de gracias después de la misa, MEJOR SERÍA QUE NO VINIESEN, pues terminan endureciendo su corazón”.

¡Nada más falso que este jansenismo larvado! Note el lector la enorme desproporción entre la conclusión (que colocamos en mayúsculas) y los defectos apuntados. La falta de acción de gracias después de la Misa, la falta de preparación para la Misa son faltas pequeñísimas en comparación con el grandísimo bien de la Misa: la Iglesia obliga a asistir con frecuencia a misa, pero no nos obliga a hacer acción de gracias o a prepararnos para presenciarla. Por supuesto que es conveniente que cumplamos también con estas cosas; ¡pero no bajo influjo del perverso consejo dado por esta aparición! Si debido a estas faltas leves sería mejor no ir a misa — desobedeciendo un mandamiento de la Iglesia — entonces sería mejor no ir a misa cuando no se tiene voluntad, cuando nos asaltan tentaciones, cuando nuestro corazón está duro y frío. Esta aparición jansenista continúa:

Si la gente asiste a misa tibiamente (sic) volverán a sus casas fríos y con el corazón vacío” (ib. pág. l0).

No vanos a misa por motivos sentimentales, para inflamar el corazón; vamos a misa para adorar a Dios y para alimentar el espíritu, no interesa si estamos fríos o fervorosos de buena o mala voluntad, con o sin gusto, o incluso a disgusto! Esta aparición centraliza la vida espiritual en el sentimiento y no en el alma.

Pero todavía hay más con relación a la misa, en la pagina 17 del libro ya citado leemos:

Vengan a misa para dar su amor”.

No; no es por esto que debemos ir a misa: ¡es para demostrar nuestro amor a Dios! Así esta aparición no solo estimula sutilmente al alejamiento del santo sacrificio de la misa, sino que distorsiona el mismo sentido de la participación en la misa. Volvamos al libro ya citado de Osvaldo Barbosa. En el mensaje del 05/07/84 leemos el siguiente diálogo:

".....preguntó a Nuestra Señora: ‘Querida Señora, ¿por qué no nos comunicaste durante la semana pasada ningún mensaje para la parroquia?’ A lo que Nuestra Señora respondió:

No quiero forzar a nadie a hacer aquello que no siente o no desea, incluso si tuviese mensajes especiales para la parroquia (...)“

Nuevamente hay desproporción entre la causa y el efecto: por un lado esta aparición habría sido enviada por Dios para la extraordinaria misión de comunicar al mundo su importante mensaje, y por otro, la aparición falta a su deber aquel día por no querer forzar a nadie a lo que no siente o no desea. Pero entonces el sentir o el desear son más importantes que la voluntad divina? ¿O acaso también Dios se comportará así?

Al contrario, Dios alaba a aquel que hace Su voluntad incluso si no lo siente o no lo desea: en S. Mateo 21, 28—31, leemos la parábola de los dos hermanos invitados por el padre a trabajar en su viña. El primer hijo respondió rápidamente que iría, pero no fue. El segundo respondió: “No quiero”, pero luego se arrepintió y fue. Aunque se trate de una parábola con un amplio espectro interpretativo, también le cabe el sentido que hemos aplicado en nuestro caso. El segundo hijo fue a trabajar incluso sin sentirlo ni desearlo.

Sin embargo esta aparición de Medjugorje insiste de tal manera en el sentimiento, que llega a decir:

No puedo dirigirlos si no sienten alegría durante la oración” (14/08/86).

¡Ay de los que recen y no sientan alegría! Y sobretodo si intentaron rezar cuatro horas por día y miraron su reloj, pensando en el trabajo! ¡Y también si estuvieron practicando dos días de ayuno a pan y agua por semana! El sentir va abriendo nuevos horizontes:

Cuando sientan amor sus vidas estarán llenas de felicidad” (13/12/84).

Sin ella (la oración), queridos hijos, no podrán sentir ni a Dios ni a MÍ” (03/07/ — 86).

Pero entonces, ¿la finalidad de la oración es sentir a Dios? ¿Y la felicidad proviene de sentir amor? Estas son doctrinas que están muy lejos de la mística católica: predican el sentimiento como centro de la vida espiritual. Esta es una aparición romántica; por lo tanto, ¡no es católica!

Veamos ahora lo que dice esta aparición sobre la señal prometida que aparecerá en Medjugorje. El libro de Osvaldo Barbosa nos lo informa: “Como hay muchos incrédulos, indiferentes y ateos, Nuestra Señora reveló que dejaría una gran señal permanente, delante de la cual el corazón más endurecido ha de creer en Dios” (pág. 29). La misma aparición explica:

— “La señal vendrá en razón de los ateos. Ustedes, los creyentes, ya tenéis muchas señales” (Ib. pág. 34).

Los videntes aclaran: “La señal permanecerá especialmente para favorecer la conversión de los ateos” (Olivo Cesca, “Medjugorje urgente”). De modo que podríamos pensar que se trata de una última chance para la conversión de ateos e incrédulos. Sin embargo, la aparición afirma:

(Después de la señal) la conversión de los indiferentes será demasiado tarde” (O. Barbosa, op. cit., pág. 221).

Pero entonces ¿para qué la señal? Se trata de una señal que vendrá únicamente para los ateos, indiferentes e incrédulos (¿“los creyentes ya tienen muchas señales? y delante de la cual “el corazón más endurecido ha de creer en Dios”. Sin embargo, ay de ellos, pues para esa conversión será demasiado tarde! Además del absurdo y de la evidente contradicción, el lector debe notar que el mensaje habla de la posibilidad de una conversión que Dios no acepta, o que no es verdadera. Uno de los videntes, Iván, explica:

Después de la señal los incrédulos tendrán un gran sufrimiento interior, un terrible remordimiento de conciencia. Muchos creerán, pero no se convertirán” (Op. cit. pág. 34).

Aquí encontramos una contradicción con las mismas palabras de la aparición citadas arriba: la aparición habla de la conversión de los indiferentes, y el vidente dice que no se convertirán. De todas maneras el absurdo continúa, pues la señal no tiene ninguna finalidad. Es difícil explicar cómo es que no habrá conversión a pesar de que "los incrédulos tendrán un gran sufrimiento interior y un terrible remordimiento de conciencia". ¡Qué absurdo es Medjugorje!

Un absurdo continuo e inmenso. La aparición explica a los videntes la razón de las apariciones:

Quiero que sean felices en la tierra y deseo tenerlos Conmigo en el Cielo. Este es mi deseo y la finalidad por la que vengo aquí” (25/05/87).

Incluso sin entrar en el mérito de esa propuesta felicidad terrena, el día 25/06/91 encontramos este sorprendente mensaje:

¡Recen! Dios los ayudará a descubrir la verdadera razón de mi venida”.

Pero entonces, ¿la finalidad arriba mencionada no es verdadera? ¿Cuál es la verdadera razón de esta aparición? ¿Y que aparición es ésta cuya finalidad solo se descubre en la oración?

En el libro de Olivo Cesca leemos que en 1981, “durante una aparición en la casa de la vidente Marija, Nuestra Señora se presentó sosteniendo en sus manos una fotografía del Papa y la besó. Después preguntó a los cuatro presentes si sabían quien era y porqué la besó. Como ellos nada respondiesen, agregó: ‘Él es el padre de todos los hombres’ ” (pág. 146).

Es ridículo: ¡Nuestra Señora besando la fotografía del papa! Y diciendo que es el padre de todos...

En cuanto a la expresión “padre de todos”, vale la pena profundizarla. Olivo Cesca nos dice que: “Yugoslavia es un mosaico de naciones y credos religiosos y credos religiosos único en Europa y en el mundo. Allí se encuentran, en cierta manera, el comunismo y el capitalismo, y, en el sector religioso, el Occidente católico, el Oriente ortodoxo y el Este islámico” (Op. cit. pág. 10).

Allí se encuentran el comunismo y el capitalismo, así como se encuentran católicos, ortodoxos y musulmanes: el lugar ideal para una reconciliación con el comunismo (objeto de condenación en Fátima) y para una más amplia y “fraterna” unidad interconfesional.

El arzobispo Franic escribe que en Medjugorje “se enseña el amor a los ortodoxos, a los musulmanes y a los marxistas” (citado por Olivo Cesca, op. cit., pág. 123).

Sin duda se trata de ese amor sensible del cual constantemente habla la aparición, y no del amor correcto que no teme castigar y que condena los errores: seguramente Cristo no tenía ese amor de que habla Medjugorje cuando atacó violentamente a los fariseos y cuando expulsó a los vendedores del templo. Ese amor a los marxistas es el amor tibio y acomodaticio de los sentimentales y sensibleros, de los que, de hecho, no aman la verdad, y están prontos a abandonarla desde que de este abandono resulte una paz relativa: la paz del mundo. Pero esta no es la paz de Cristo. Esta aparición insinúa que no existen diferencias entre católicos, ortodoxos y musulmanes:

Los creyentes se separan los unos de los otros; pero Dios dirige todas las confesiones, como un rey a sus ministros, por medio de sus ministros” (Ib. pág. 123).

He aquí una declaración frontalmente opuesta a la doctrina de la Iglesia: “Dios dirige todas las confesiones”! Aquí se dice claramente, sin ambigüedades, que todas las confesiones son queridas por Dios —e incluso más: son dirigidas por Dios. En conclusión, la elección de una religión particular es una cuestión meramente circunstancial: si Dios dirige todas las confesiones, en el fondo cualquiera que se elija es irrelevante: todas las confesiones son igualmente buenas e igualmente aptas para los hombres. Aquí tenemos una negación formal del credo (Credo in Unam Ecclesiam) y la destrucción del sentido de la Redención: la muerte de Cristo se vuelve un hecho completamente secundario. Esta aparición es totalmente igualitaria:

Diga a ese padre y a todo el mundo que ortodoxos, musulmanes y católicos, son todos iguales delante de mí y de mi Hijo, todos son mis hijos”! (Ib. pág. 129).

Todos son iguales ante Dios: además de que Dios dirige todas las confesiones como se hace en plena democracia e igualitarismo; ¡no hay ninguna diferencia! Y para confirmar esto, la aparición agrega:

Las ciudades y los pueblos están llenos de iglesias y mezquitas, pero la gente no entra en ellas para preguntarse: ¿cómo debo vivir?” (Ib. pág. 146).

Las iglesias católicas, las iglesias ortodoxas y las mezquitas musulmanas: todas iguales, todas igualmente buenas, todas dirigidas por Dios, todas abiertas para que la gente entre a preguntarse cómo debe vivir. Pensar que irónicamente ortodoxos y musulmanes son los primeros en proclamar el non possumus!

Comenzamos ahora a comprender el significado de la expresión: “el papa es el padre de todos”, y también de otra similar pronunciada por la aparición: “Yo soy la Madre de todos” (22/11/84). Si Dios dirige todas las confesiones y todos son Sus hijos, y si todas las iglesias son vías de salvación, entonces al papa le corresponde la función meramente simbólica de “padre de todos”.

Podemos hacer ahora un resumen de los errores expresados en los mensajes de esta aparición:

1) ERRORES CONTRA LA FE: la igualdad de todas las religiones, todas están dirigidas por Dios.

2) ERRORES CONTRA LA MISA: la aparición sugiere que se viole el mandamiento de la Iglesia de asistir a misa, por motivos fútiles, y distorsiona su finalidad, pidiendo que se asista a misa para agradarla.

3) ERRORES CONTRA LA CARIDAD: la aparición tiene un concepto del amor que no es católico, centralizado en el sentir.

4) ERRORES CONTRA LA PIEDAD: la aparición considera la oración bajo el prisma del sentimiento, dándole como finalidad el sentir a Dios, y poniendo como condición necesaria para que pueda guiar al fiel, que sienta alegría en la oración.

5) ERRORES CONTRA LA ASCETICA: la aparición hace una exigencia excesiva de mortificaciones que no condice con la prudencia con que la Iglesia trató siempre el asunto, y que tiene consecuencias inmediatas: daños en la salud, desesperación por la imposibilidad de cumplirías, despierta y aumenta el orgullo.

6) ERRORES CONTRA LA DIGNIDAD: la aparición besa una fotografía del papa.

7) ERRORES CONTRA LA LÓGICA: la aparici6n promete una señal que servirá únicamente para la conversión de los incrédulos y dice que después de la señal será demasiado tarde para esa conversión. La aparición manifiesta que su venida tiene una determinada finalidad y después pide que se rece para descubrir la verdadera razón de esa venida,

Son tantos y tan grandes los errores que no queda la menor duda de que se trata de una aparición falsa, merecedora del más absoluto repudio por parte de los católicos,

Esta aparición busca la caridad fuera de la verdad; la fraternidad entre la verdad y el error, la unión de Cristo con Belial, el....sin la sabiduría, el Espíritu Santo sin el Verbo, y, con una osadía solamente posible en tiempos de apostasía generalizada, permanece durante casi veinte años ininterrumpidos ante la más desastrosa omisión de las autoridades eclesiásticas.

Roma esperó diez años para condenar esa misma doctrina escandalosa que la “vidente” Vassula Ryden predicó a los cuatro vientos; cuántos años más tendremos que esperar hasta que Roma condene Medjugorje

(Artículo extraído de la Revista católica brasileña, “Veritas”)