CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LA IGLESIA CONCILIAR,
IMAGEN INVERTIDA DE LA IGLESIA


(Tomado de "SÍSÍ NONO")

La imagen tradicional de la Iglesia

La imagen de la Santa Iglesia, tal como fue fijada por la doctrina y por la tradición en el curso de diecinueve siglos, es la de una institución que, en su componente terrena, se propone con todas sus fuerzas convertir al mayor número posible de almas a Cristo (antes de Su retorno para juzgar a vivos y muertos) sin reparar en diferencias de lengua, sexo, raza, clase social, nivel económico,o nacionalidad, porque como afirmó San Pablo, Dios quiere "que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad"(I Tim. 2, 4 y I Tes. , 9).  

La conversión para salvar a las almas de la eterna condenación fue ordenada por Nuestro Señor resucitado a los Apóstoles, y por consiguiente a la Iglesia militante,de la que Él es cabeza en el cielo (Mt. 28, 18 y ss.), y cuya cabeza-vicario en la tierra es San Pedro, es decir, el Romano Pontífice. El mandato divino a los Apóstoles contiene el imperativo expreso de enseñar a todas las gentes "todas las cosas que os ordené" (ivi 20). Se establece ya aquí, en su específico origen sobrenatural, la tradición católica, conservada en la Santa Iglesia hasta el Concilio Vaticano II excluído. De hecho, Nuestro Señor enseñó lo que recibió del Padre: "la palabra que oís no es mía, sino del Padre,que me ha enviado" (Jn. 14, 24, además de 5, 19-21 y7, 16). Los Apóstoles tienen la obligación de difundir por toda la tierra esta enseñanza, después de haber recibido el Espíritu Santo (Hech. 1, 8). La verdad que viene del Padre por medio del Hijo, y se convierte en fe y doctrina en los pastores y en los fieles por obra del Espíritu Santo (verdad por tanto sobrenatural e inmutable), procede del Padre al Hijo y al Espíritu Santo, siendo revelada en el misterio de la Santísima Trinidad. Dado que Nuestro Señor es consustancial al Padre, una sola sustancia con Él (Jn. 10, 30 y 14, 9-10), no se puede decir que Él reciba lo que luego transmite del mismo modo que de Él lo recibieron (en el espacio y en el tiempo) los Apóstoles. Sin embargo, Nuestro Señor resucitado quiere poner de relieve esta processio de la inmutable verdad en las tres personas de la Santísima Trinidad, processio que no significa evolución de la verdad revelada; por el contrario, indica la participación de las tres Personas del único Dios, no sólo en el ser de esta verdad (eterno como ellas), sino también en su revelación a nosotros. También por esto ordena Él bautizar a los convertidos "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". 

A lo largo de los siglos, la Santa Iglesia fiel, la esposa inmaculada de Cristo, a pesar de debilidades y errores, y a veces de las traiciones (como en tiempos de la crisis arriana) de pastores concretos, no se ha desviado jamás del fin que le atribuyó su Divino Fundador, manteniendo siempre el depósitode la Fe y esforzándose de todas las formas posibles en convertir a todos los pueblos a la verdad que viene del Padre, del Hijo, y del EspírituSanto. Así pues, según la imagen tradicional, la Iglesia militante es por su propia naturaleza inmutable en la doctrina (por ser revelada por Dios: "el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán") y misionera, combinándose en ella el máximo estatismo (la inmutabilidad del dogma) con el máximo dinamismo (la predicación continua y el ímpetu misionero dirigido a la salvación de todos los hombres). Ojo: el dinamismo consentido a la Iglesia es el de la predicación continua de una verdad inmutable, no el de la mutación continua o la evolución de la verdad que debe predicar, ni el de su "adaptación" a los pseudo-valores del mundo.  

La imagen invertida de la Iglesiaen el
decreto Inter Mirifica del Vaticano II 

Con el Concilio ecuménico Vaticano II, sin embargo, la imagen de la Iglesia cambió de improviso, invirtiéndose incluso. Con este Concilio, la Iglesia oficial, la jerarquía,ya no considera como su deber primario y específico la defensa del dogma, la conversión, la salvación de las almas. Por el contrario, la "Iglesia Conciliar" quiere comprender el valor y la dignidad de todo lo que es distinto de sí misma (desde el pensamiento laico hasta las falsas religiones) para "dialogar" con ellas, con objeto de construir un mundo mejor. Por tanto, nada de más conversiones, sino "diálogo",y además para un fin intramundano, inmanente. De este modo se invierte la finalidad de la Santa Iglesia, aquélla para la cua lfue divinamente instituida: ya no es ultraterrenal (la salvación eterna de las almas), sino terrenal y política (la construcción de la paz en el mundo). Confróntense, a título de ejemplo, los párrafos de la constitución conciliar Gaudium et Spes,del n. 40 en adelante.  

Pero para ofrecer un ejemplo sobre un objeto concreto, consideremos el decreto conciliar Inter Mirifica sobre los medios de comunicación social (prensa, cine, radio, televisión). En su n. 3 afirma que "corresponde principalmente a los laicos penetrar de espíritu cristiano esta clase de medios a fin de que respondan a la gran esperanza del género humano y a los designios divinos"* (Concilio Vaticano II. Constituciones. Decretos. Declaraciones, BAC 252, Madrid 1965, pág. 664). Existe por tanto una "esperanza del género humano" independiente de los "designios divinos", del mismo modo que junto a los valores "cristianos" existen los"humanos", considerados evidentemente de igual dignidad. ¿Y cuáles son? Lo sabemos por medio de infinidad de textos conciliares: la dignidad del hombre, la igualdad, la libertad, y toda una serie de derechos consiguientes.  

El decreto Inter Mirifica considera también valores fundamentales "el bien común y el mayor progreso de toda la sociedad humana" (op. cit. n.5, pág. 665), que es evidente deben entenderse, en el sentido habitual, como bienestar material y progreso en este bienestar. A estos "valores" también puede contribuir con eficacia la información (ivi),y por tanto los laicos católicos deben sostener la información católica, "cuyo principal fin [no único] es divulgar y defender la verdad, y proveer a la formación cristiana de la sociedad humana" (ivi, n. 17, pág. 674). Y sin embargo, el "valor humano" no es absorbido y superado en el católico, porque en la clausura de la exhortación final del documento se invita" a todos los hombres de buena voluntad" (es decir, a los no católicos) a emplear estos instrumentos "en bien de la sociedad humana [in bonum humanae societatis] cuya suerte depende cada día más del recto uso de aquéllos. Así pues, como en los monumentos artísticos de la antigüedad, también ahora en los nuevos inventos debe ser glorificado el nombre del Señor según aquello del Apóstol: 'Jesucristo, ayer y hoy, y El mismo por los siglos de los siglos' (Hebr. 13, 8)" (ivi, n. 24, pág. 677).  

Según su imagen tradicional,la Iglesia habría debido invitar a "los hombres de buena voluntad" a convertirse al catolicismo, para ser capaces después de glorificar a Nuestro Señor también en los medios de información. Por el contrario, he aquí la inversión: la Iglesia "conciliar" admite la existencia legítima de un valor "humano" que se desarrolla paralelamente al católico, y por tanto diferente del bien representado por la salvación del alma. Y no sólo lo admite sobre el mismo plano que el único y verdaderobien, sino que explica que tal bien o valor, puramente laico... ¡no debe ser objeto de ninguna tentativa de conversión! Por tanto, la conclusión del citado n. 24 de Inter Mirifica parece del todo ilógica: no sólo por haber puesto sobre el mismo plano las obras maestras del arte antiguo (considerado sin más y sin distinción) con los descubrimientos de la técnica moderna (la comparación parece excéntrica, pues habría que saber cuáles son las obras maestras que "glorifican el nombre del Señor"), y no sólo porque remita a un pasaje de San Pablo (Heb. 13,8) que no cabe en absoluto en el contexto. La contradicción más grave consiste en dar a entender que el no católico que actúe por el llamado "bien de la sociedad humana", teniéndolo como única finalidad de su acción, por ello mismo glorifica "el nombre del Señor". ¿Qué se quiere decir?¿Que Jesucristo y la Humanidad deben considerarse unicum et identicum? ¿Que quien trabaja para el "bien de la sociedad humana" laico merece por eso mismo ser considerado cristiano? ¿Que se puede glorificar el nombre de Cristo sin ser católico? Se interprete como se interprete, este texto posee significados aberrantes. 

No puede existir identidad entre Cristo y el mundo, entre el Creador y la criatura. Si se identifica a Cristo con el mundo, entonces el cristianismo se convierte en lo mismo que el "bien de la sociedad humana", que se persigue en esta tierra según el ideal (jacobino, mazziniano, marxista) del progreso de la Humanidad.  

Quizá no es exacto decir que el espíritu misionero haya desaparecido de la Iglesia "conciliar":también él se ha invertido, dirigiéndose a un fin opuesto a aquél para el cual la Iglesia existe. Por eso la jerarquía actual actúa tan a menudo en forma contraria a la que debiera: no intenta hacer prosélitos, sino no hacerlos;no intenta convencer a los seguidores de las falsas religiones o a los ateos de la necesidad de convertirse para salvarse; hace todo lo posible, por el contrario, para convencer a los católicos de la bondad (¡!) de las falsas religiones y del pensamiento laico, como si en estas concepciones de la vida los católicos pudiesen encontrar elementos de salvación; y pide perdón al mundo (una verdadera obsesión) por culpas inexistentes.  

Aegidius

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(*)N.del T.: el texto latino habla de humano christiano que spiritu [espíritu humano y cristiano]. La versión oficial españolaha eliminado el adjetivo "humano" al que hace referencia el texto del artículo. A su vez, éste utiliza una versión italiana del Concilio Vaticano II que traduce spiritu por valores,con implicaciones filosóficas nada desdeñables. Ante estecaos de traducciones, nos guiamos en cada caso por aquélla que permita respetar la coherencia de la argumentación.