CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

"TUCHO" ¿EMINENCIA GRIS
DEL SEÑOR BERGOGLIO?
(Segunda Parte)


Publicamos aquí la segunda parte (la división es nuestra), del excelente post del Blog "Página Católica". Debemos decir, que, pese a ver cclaramente las herejías de la secta conciliar, los autores del mismo sostienen que esa es la verdadera Iglesia, y, por lo tanto el señor Bergoglio y sus antecesores, verdaderos Papas. Elevamos nuestras preces al Altísimo para que se les caiga la venda de los ojos.


"Mons." "Tucho" ¿Inspirador
de errores con firma "Papal"?

Discurso del Rector de la UCA



De los artículos 247 a 249 se pueden decir varias cosas, pero centrémonos en lo siguiente:

247. Una mirada muy especial se dirige al pueblo judío, cuya Alianza con Dios jamás ha sido revocada, porque «los dones y el llamado de Dios son irrevocables» (Rm 11,29).


Aquí se quiere probar, con una cita de la Carta de San Pablo a los Romanos, que la Alianza del Antiguo Testamento respecto a los judíos actuales jamás ha sido revocada,

Sin embargo, en esa misma Carta, dice el Apóstol:

Si ellos no persisten en su incredulidad, también serán injertados, porque Dios es suficientemente poderoso para injertarlos de nuevo.


Es decir, lo que permanece en vigencia es el llamado de Dios, que permite a cualquier judío actual ser injertado en la religión verdadera, que no es la suya, cuando acepte a Jesucristo como Mesías, Hijo de Dios y Salvador.

Pero la Alianza del Antiguo Testamento ha sido superada, como se comprueba por la Escritura y la Tradición unánime de la Iglesia.

Al respecto rescatamos algunos conceptos publicados tiempo atrás en este Blog:

La Antigua Alianza ha sido superada

La Alianza que Dios hizo con el Pueblo de Israel, era provisoria, pues iba a "quedar rota y desecha  (es más propio decir superada o consumada) al llegar Cristo, objeto y fin de la Ley (Rom. 10, 4), como ayo que a Él conducía (Gal. 3, 24)". (1)

Era, además, condicional porque estaba "sujeta por parte de Israel, a ciertas condiciones absolutamente imprescindibles que habrían de aceptar y cumplir los israelitas, so pena de reprobación de Dios". (2)

Pero si naturalmente ese pacto iba a encontrar su consumación, cumplimiento y perfección en el Mesías, quedó roto cuando, "habiendo rechazado definitivamente a Cristo matándolo en la Cruz, los israelitas acabaron de destruir y aniquilar la razón de todo su ser como Pueblo de Dios". (3)

El mismo Jesucristo, al instituir la Eucaristía, insinúa claramente el fin de la Antigua Alianza con estas palabras: "esta es mi sangre de la Nueva Alianza (Mt. 26, 28).

Palabras que están incorporadas al Canon de la Misa como sigue: "Este es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza Nueva y Eterna..." (4); es decir, el Nuevo Testamento, del cual es figura el Antiguo, es perpetuo, no como éste que tenía su fin o perfección en Cristo.

Los profetas anuncian las muchísimas veces que el Pueblo de Israel incumplió, con sus infidelidades, las condiciones de la Alianza.

Pero sobre todos ellos prevalece el testimonio de Jesucristo, que en diversas parábolas había profetizado el fin del Antiguo Testamento a causa del rechazo que de Él haría su pueblo.

La más clara de estas comparaciones es la Parábola de los Viñadores Homicidas (Mt. 21, ), aquellos insensatos que, a fin de no pagar el arrendamiento, maltrataron primero a los enviados y luego mataron al propio Hijo del Dueño.

Ahora bien, qué hizo luego éste: mandó que perezcan miserablemente los labradores y arrendó a otros la viña para que le paguen sus frutos a su tiempo.

Y el Señor termina diciendo clara y terriblemente:"Por lo cual os digo, que os será quitado a vosotros el reino de Dios, y dado a gentes que rindan los frutos de él" (Mt. 21, 43)

Palabras que sellan por la divina autoridad de quien las pronunció, el cumplimiento exacto de la profecía de Daniel (9, 26): "No será ya más pueblo suyo el que le ha de negar". (5)

Al respecto, el Papa Eugenio III, aprobando los decretos del Concilio de Florencia declaró como dogma de fe lo siguiente (Bula Cantate Domino 04/02/1442):

La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y enseña que las legalidades del Antiguo Testamento, o sea, de la Ley de Moisés, que se dividen en ceremonias, objetos sagrados, sacrificios y sacramentos, como quiera que fueron instituídas en gracia de significar algo por venir, aunque en aquella edad eran convenientes para el culto divino, cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo, quien por ellas fue significado, y empezaron los sacramentos del Nuevo Testamento.


Del mismo modo enseñó Pío XII en su encíclica Mystici Corporis Christi, 12:

"...con la muerte del Redentor, a la Ley Antigua abolida sucedió el Nuevo Testamento; entonces en la sangre de Jesucristo, y para todo el mundo, fue sancionada la Ley de Cristo con sus misterios, leyes, instituciones y ritos sagrados. Porque, mientras nuestro Divino Salvador predicaba en un reducido territorio, pues no había sido enviado sino a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel, tenían valor, contemporáneamente, la Ley y el Evangelio; pero en el patíbulo de su muerte Jesús abolió la Ley con sus decretos, clavó en la Cruz la escritura del Antiguo Testamento, y constituyó el Nuevo en su sangre, derramada por todo el género humano. Pues, como dice San León Magno, hablando de la Cruz del Señor, de tal manera en aquel momento se realizó un paso tan evidente de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de lo muchos sacrificios a una sola hostia, que, al exhalar su espíritu el Señor, se rasgó inmediatamente de arriba abajo aquel velo místico que cubría a las miradas el secreto sagrado del templo"


Ya sea por el cumplimiento de su fin, la redención del género humano; ya sea porque la muerte de Cristo significó el rechazo de la principal condición que debía cumplir Israel, en la cruz hubo una ruptura total y completa del pacto celebrado entre Dios y el pueblo de la primera Alianza; la cual ha encontrado su perfección, como dijimos, en la Iglesia Católica.

Por eso, de los judíos sólo pertenecen al nuevo Pueblo de Dios aquellos que, en cualquier tiempo, han recibido a Cristo como el Mesías. Los demás, y en cuanto es posible su conversión, sólo pertenecen en potencia o por ordenación y destino, pero no en realidad.

Tucho es, al igual que lo fue el finado cardenal Martini, uno de los profetas de la nueva religión del Judeo Cristianismo.

Resulta lamentable que su verba insufle documentos "papales" como el recientemente publicado, que pondrán a la "Iglesia" frente a una peligrosísima encruicijada: ver instalarse definitivamente la mas grave contradicción en los documentos papales.

¿Será también de él este "verso" inentendible que ahora lleva la firma papal?

222. Hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite. La plenitud provoca la voluntad de poseerlo todo, y el límite es la pared que se nos pone delante. El «tiempo», ampliamente considerado, hace referencia a la plenitud como expresión del horizonte que se nos abre, y el momento es expresión del límite que se vive en un espacio acotado. Los ciudadanos viven en tensión entre la coyuntura del momento y la luz del tiempo, del horizonte mayor, de la utopía que nos abre al futuro como causa final que atrae. De aquí surge un primer principio para avanzar en la construcción de un pueblo: el tiempo es superior al espacio.


LA SECTA CONCILIAR