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LA "REFORMA" DE FRANCISBERG


LA "REFORMA" DE FRANCISBERG

Francisberg dice, pero no hace, protege y mantiene sus manzanas podridas (él mismo es una, y de las peores). Sus engañosos mensajes son aplaudidos por las enceguecidas turbas que lo aclaman, mientras él ríe a carcajadas.


¿Es el Concilio Vaticano II demasiado católico para el cardenal Rodríguez Maradiaga? De no ser así, ¿por qué citó Lumen Gentium erróneamente para encajar el discurso modernista?

Aproximándonos al primer aniversario de la elección del cardenal Jorge Bergoglio al papado, casi a diario escuchamos el ominoso runrún de un motor de novedad calentándose para la vuelta final hacia la meta del Desastre Vaticano Segundo. Un informe emocionante  redactado la semana pasada resume el éxtasis mundial ante este pontificado y la descarada parcialidad del mismo hacia los medios de comunicación:

Rumores de revolución se arremolinan por las calles de Roma y las salas de frescos de la ciudad del Vaticano. El conservadurismo doctrinal sale. La compasión entra.

Diez meses en el papado, el Papa Francisco pone en marcha lo que parece ser un cambio sísmico en la "Iglesia Católica", aunque el resultado de esta revolución sea difícil de predecir.

Francisco, parece ser, tiene una estrategia triple: apalancar su atractivo con los medios de comunicación para realinear el “mensaje” global de la Iglesia; desmantelar una curia disfuncional y reconstruir una nueva clase de Iglesia.

Revolución, sí. Reforma verdadera y restauración, no. Por lo que atañe a la mafia gay curial que el Papa iba a confrontar, Francisco desestimó su existencia durante su viaje a Brasil con su chiste ya célebre sobre cómo no había visto ningún carnet de socio de la mafia gay. ¿Y qué hay de los escándalos financieros del Banco Vaticano? El "Papa" ha designado como responsable del IOR a su mismísimo amigo personal Monseñor Battista Ricca, cuyas actividades homosexuales flagrantes como agregado al servicio diplomático del Vaticano en Uruguay fueron documentadas por Sandro Magister, quien se basó en fuentes múltiples. Dichas fuentes reportaron, entre otros incidentes, el affaire homosexual de Ricca con un tal Patrick Haari, el cual  “era tan público como para escandalizar a numerosos obispos, sacerdotes y laicos de aquel pequeño país sudamericano, sin olvidar a las hermanas que se ocupaban de la nunciatura”. Sin embargo, basándose solamente en los archivos de personal evidentemente censurados, Francisco declaró: No hemos hallado evidencia en contra de Monseñor Ricca.

Por tanto, el "Papa" ha  “reformado” el IOR colocando como responsable a un miembro de la propia mafia gay cuya existencia niega. De hecho, fue en respuesta a este asunto sobre esta mafia que el Papa lanzó su carga explosiva escuchada alrededor del mundo:

Agh…  Se escribe mucho del lobby gay. Todavía no me encontrado con ninguno que me dé el carné de identidad en el Vaticano donde lo diga. Dicen que los hay. Cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir entre el hecho de ser gay del hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo?

Por lo que respecta a la reforma de la burocracia vaticana en general,Francisco ha llamado a varias consultorías internacionales prominentes pro gays, incluyendo a Ernst & Young, por el costo de decenas de millones de dólares. Esta maniobra ya ha resultado en una “multiplicación de puestos y personal en el Vaticano”, incluyendo la creación de una nueva oficina de gestión de riesgos que involucra a personal asalariado previamente inexistente. Como Magister apunta,  a pesar de los alardes de transparencia, no nos llega información sobre los costes de recurrir a contratistas externos, costes que se estiman enormes, especialmente aquellos cobrados al IOR. Y si esto no fuera suficiente, el  banco Vaticano ha tenido que gastar 3.6 millones de euros para cubrir parte de la deuda calculada por Ernst & Young de 28.3 millones por la jornada mundial de la juventud en Río de Janeiro. En la iglesia de los pobres que Francisco vislumbra, hay mucho dinero para grandes consultorías y fiestas playeras en Brasil a gran escala.

De hecho, Francisco el Reformador parece haberse percatado de sólo un elemento en la Iglesia necesitado de reforma inmediata y drástica: el ensimismado neopelagianismo prometeano de aquellos quien en última instancia solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros porque cumplen ciertas reglas o se mantienen intransigentemente fieles a un estilo concreto de Catolicismo del pasado. (Evangelii Gaudium 94). En otras palabras, el Catolicismo Romano tradicional. De ahí el desmantelamiento brutal de los frailes Franciscanos de la Inmaculada por parte del "Papa" por aquello que su comisario apostólico denomina cripto-Lefebvrianismo y una clara deriva tradicionalista. El consejo directo del Papa a los frailes ha sido el de colaborar con el comisario, esto es, colaborar en la destrucción de su propia orden.

Es precisamente la erradicación de cualquier tipo de resurgimiento tradicionalista que tiene al mundo tan emocionado con el nuevo tipo de Iglesia que Francisco supuestamente va a construir, el cual no será sino más—aparentemente, mucho más—de la misma nueva Iglesia que se ha venido hallando en un estado de colapso litúrgico y disciplinar desde la apertura al mundo después del Concilio. Liderando este esfuerzo de salvaguardar la Iglesia en el espíritu del Vaticano II se encontrará el cacareado consejo de ocho cardenales — otro elemento más de la burocracia vaticana.

Liderando el consejo se encuentra el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga de Honduras, de 71 años, un clásico partidario empedernido de la renovación conciliar que nunca fue y nunca será. Rodríguez Maradiaga ha dejado claro que Francisco y la banda de los ocho no van a permitir a todos aquellos jóvenes neopelagianos amantes de la misa en latín que impidan la apoteosis final conciliar. En un discurso titulado La importancia de la nueva evangelización, pronunciado en la Universidad Rodriguez Madariagade Dallas el 25 de octubre del 2013, Rodríguez Maradiaga reveló sus planes para lo que un experto católico aptamente describió como los próximos diez años de desastre. Peter Crenshaw ya ha provisto una discusión a fondo de este minimanifesto de modernismo latinoamericano periclitado, cuya retórica vacua está tan manida como el saxofoneo chapucero del cardenal. Me ceñiré a una de las declaraciones del cardenal concernientes al Concilio Vaticano II que tipifica cómo el modernista se basa en un abuso engañoso de las fuentes para respaldar sus novedades teológicas.

Según el cardenal, por lo que respecta al "Pueblo de Dios", el documento conciliar Lumen Gentium enseña que “en el interior de la gente no existe una clasificación doble de cristianos—laicos y clérigos—que sea esencialmente distinta. La Iglesia como sociedad de desiguales desaparece”. Para reforzar su declaración estrafalaria, el cardenal recorta una frase de LG 32: No existe, por lo tanto, desigualdad en Cristo y en la Iglesia (LG 32). Es de notar la falta de puntos suspensivos que oculta el resto de la oración, que cito íntegramente tal como se muestra a continuación en itálicas:

No existe, por lo tanto, en Cristo y en la Iglesia, una desigualdad basada en la raza, nacionalidad, condición social o sexo, porque no hay judío ni griego: no hay ni esclavo ni libre: no hay ni hombre ni mujer, puesto que sois todos uno en Cristo Jesús. (LG 32)

Esto es, que lo que el Concilio realmente enseña es que dentro del Cuerpo Místico no existe distinción de raza, etnicidad, sexo o clase social. Pero el Concilio también enseña en el mismo documento lo que Rodríguez Maradiaga claramente desea ocultar, que sí existe una distinción tanto en grado como esencia entre el sacerdocio y la jerarquía por una parte y los laicos, por otra:

Aunque difieren el uno del otro en esencia y no sólo en grado, el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico están, sin embargo, interrelacionados: cada uno en su modo particular son una participación en el único sacerdocio de Cristo. (LG 10)

El sacerdote ministerial, por el poder sagrado que ostenta, enseña y gobierna al pueblo sacerdotal; actuando en la persona de Cristo, hace presente el sacrificio eucarístico y lo ofrece a Dios en el nombre de todos (LG 10)

Corresponde como deber a la jerarquía eclesiástica el regular la práctica de los consejos evangélicos por ley, ya que es el deber de la misma jerarquía el de velar por el Pueblo de Dios y llevarlo a los pastos más abundantes.(LG 45)

Asumamos que la expresión del Concilio sacerdocio común de los fieles sea una de las muchas ambigüedades molestas que plagan los documentos conciliares. Sin embargo, leyéndolo en contexto, la enseñanza del Concilio es justo la opuesta a lo que representa Rodríguez Maradiaga: la Iglesia como sociedad de desiguales< desaparece, sino al contrario, se afirma por parte del Concilio a través del reconocimiento de que el sacerdocio y la jerarquía difieren tanto en grado como en esencia del de los laicos y que son divinamente otorgados con el poder de reglar y gobernar a los fieles.

Resumiendo, el cardenal nos engaña. De todos modos, la renovación del ConcilioVaticano II en general es un engaño masivo en el que sus ejecutores desean perseverar hasta haber abolido por fin hasta lo ultimo de aquello que el saxofonista de Honduras descaradamente subestima, en el mismo discurso, como muchas costumbres, leyes y estructuras que no respondían a las enseñanzas o prácticas de Jesús. Desde luego, el asalto neomodernista postconciliar a las tradiciones de la fe ya nada tiene que ver con las enseñanzas literales del Concilio Vaticano II, excepto hasta donde las ambigüedades del Concilio proveen para proporcionar lo  que sus partidarios radicales despiadadamente interpretan como un mandato para la destrucción final de laIglesia pre-Vaticano II.

Este es el hombre a quien el Papa Francisco ha designado como responsable de su consejo de cardenales creado para reformar la Iglesia—una vez más—siguiendo las mismas directrices que ya han devastado el estado eclesial. Que Nuestra Señora libre a su Iglesia por fin de las garras de estos innovadores y del espíritu de un cuerpo consultor que al parecer sólo un exorcismo divino podrá expulsar de entre nosotros.

Fuente: Tradición Digital

LA SECTA CONCILIAR