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EN FRANCIA, DE AQUÍ AL 2015 CERRARÁN
LA MITAD DE MONASTERIOS Y CONVENTOS


iglesia de Saint-Martin

Los únicos seres que frecuentan la iglesia de Saint-Martin, construida en 1829, son las palomas. En 1989 se desprendieron algunas piedras del campanario y el lugar dejó de ser seguro. Ahora está desahuciado. El municipio al que pertenece, Arc-sur-Tille --2.500 habitantes cerca de Dijon, en el noreste de Francia--, ha optado por el pragmatismo. Vista la escasez de feligreses --hoy basta un barracón prefabricado para oficiar la misa-- y ante la incapacidad de hacer frente al coste de una restauración, ha decretado su "deconstrucción", palabra con la que se pretende suavizar la realidad de una demolición pura y dura. Indignados, los creyentes montan una campaña para salvaguardar el patrimonio del pueblo.

Casos como el de la iglesia fantasma de Saint-Martin se multiplican en el país. Algunas veces la destrucción resulta tan cara --entre 250.000 y 300.000 euros-- como las obras de restauración, pero los ayuntamientos prefieren pagarla a seguir manteniendo unos edificios que poco a poco se van quedando sin pastor y sin parroquianos. En Francia, el culto católico ha descendido un 16% en el último decenio.

Hay unas 45.000 iglesias, la mayoría sin clasificar. Tras conocer el coste del mantenimiento, los alcaldes han optado por tirarlas abajo.

En silencio se permite destruir un patrimonio amenazado. La iglesia de Sainte-Gemmes-d'Andigné (Maine-et-Loire), resiste a una ola de demoliciones llevadas a cabo por los alcaldes, donde cinco de ellas han sido destruidas desde el comienzo del año.

Amenaza en aumento

"El número de iglesias amenazadas aumenta cada día", constata Béatrice Andia, presidenta del Observatorio del Patrimonio Religioso. "Dada la edad de los religiosos y el descenso de las vocaciones, la mitad de los monasterios y conventos pueden cerrar sus puertas de aquí al 2015", advierte.

Se calcula que en Francia hay entre 60.000 y 100.000 iglesias, de las que 11.200 están clasificadas como monumentos históricos. El resto se divide en dos categorías: las construidas antes de la ley de separación de la religión y el Estado, promulgada en 1905, y las posteriores. Los poderes públicos (ayuntamientos, departamentos, regiones, Estado) deben hacerse cargo del mantenimiento de las iglesias construidas antes de la legislación. Las que son posteriores a 1905 están a cargo de la comunidad religiosa.

El dilema entre demoler o restaurar la iglesia se resuelve a veces con una consulta popular. A principios de año, los 500 habitantes de Berville-en-Caux decidieron renovar su iglesia. Otras, como las de Parisot, Saint-Georges-les Gardes y Fief-Sauvin, que también amenazaban ruina, ya han sido pasto de las demoledoras. Una cuarentena de iglesias pueden seguir el mismo camino. "Es un círculo vicioso. La "Iglesia" no tiene bastantes curas para oficiar en todos los centros, el Estado carece del dinero para invertir y los pueblos pequeños tienen un presupuesto demasiado escaso para hacer frente a los gastos de mantenimiento", sentencia Andia, quien recuerda que "en Francia hay 10.000 municipios con menos de 200 habitantes y todos tienen su campanario. También hay localidades de 3.500 almas con más de dos y tres campanarios".

Para evitar su destrucción, la "Iglesia" opta a veces por desprenderse de ellos. La abadía de Bussière-sur-Ouche, que data del siglo XII, ha sido transformada en hotel de lujo incluido en la lista de relais et châteaux. Y en Faverolles, la iglesia familiar de una gran propiedad de aristócratas ha sido reconvertida en albergue. En Nancy-Toul, se venden tres de las 46 iglesias de la diócesis. La primera de la lista es un edificio de los años 60, con capacidad para 1.000 feligreses, construido en un lugar donde debía crecer un nuevo barrio que nunca vio la luz. El precio es confidencial.

Resistencia

Las diócesis francesas se resisten, sin embargo, a vender su patrimonio a cualquier comprador. Desde 1905, 144 iglesias han sido desafectadas del culto, 30 han sido destruidas y 44 se han reutilizado para actividades ajenas a acciones culturales, generalmente relacionadas con la hostelería. "En Holanda una iglesia se ha convertido en supermercado. Es deplorable y no dejaremos que esto suceda en Francia", afirma el arzobispo de Dijon, Roland Minnerath.

Un sondeo le da la razón. El 53% de los franceses se declaran disgustados por la desaparición de iglesias y el 67% estiman que debe preservarse este patrimonio histórico y arquitectónico. Para hacer frente a la situación, la Iglesia ha creado un grupo de trabajo con la misión de estudiar el futuro de los edificios religiosos.

"Toda la nave deberá desaparecer" dijo a la AFP Benoît Patier de 51 años, Presidente de la Asociación para la Protección de la iglesia de Sainte-Gems-d'Andigné, mostrando la impresionante nave de cuatro tramos que sería destruida.

El alcalde, Jean-Claude Taulnay, que no quiso ser entrevistado, quiere destruir esta nave construida hace 148 años en piedra caliza, para sustituirla por un edificio de hormigón circular cubierto con un techo de zinc. Cree que cualquier restauración es demasiado cara para este pueblo de 1.500 habitantes. "La restauración de la iglesia costaría entre 1,2 y 1,5 millones de euros" dice Patier, citando las estimaciones de las firmas de empresas indepedientes. "El proyecto costará al alcalde 2.700.000 millones de euros, mantener la iglesia costaría la mitad." "No lo entendemos", dijo Christian Boullais, de 72 años, vicepresidente de la asociación.

El modelo, presentado al alcalde, muestra una estructura moderna contigua al viejo campanario. Pero consciente de la calidad de la iglesia, el estado respondió: iniciando una instancia de clasificación, congelando cualquier demolición durante un año. "El alcalde nos está amenazando con una demanda", dijo a la AFP el Jefe del Patrimonio del Ministerio de Cultura, Isabelle Maréchal. En Francia hay 45.000 parroquias, el 35% construidas en el siglo XIX, la gran mayoría sin clasificar. "Los alcaldes están llegando a una conclusión errónea de que pueden demolerlas", dijo Isabelle Maréchal. Sin embargo, como la ley de separación de la iglesia y el estado se estableció en 1905, el mantenimiento de los edificios deben ser respaldados por las comunas.

En los últimos años, la tensión se ha incrementado, ya que solo el 4,5% de los franceses van a la iglesia el domingo, siendo la práctica religiosa mucho menor en Francia desde la década de 1970 (¿la "primavera" del conciliábulo?) . Por su parte, los obispos quieren evitar la confrontación (no les importa). "Ellos hacen la vista gorda sobre el patrimonio, para comprar una forma de paz social" dijo a la AFP Maxime Cumenel, del Observatorio del patrimonio religioso.

El obispo de d'Angers, Mons. Emmanuel Delmas es uno de los más críticos, su diócesis en Saint-Aubin-du-Pavoil (1864) y Saint-Pierre-aux-Liens de Gesté (1862) han sido destruidas recientemente, siendo el más afectado por la ola de demoliciones. 

Pero el fenómeno es en toda Francia. Se acaban de demoler las iglesias de Saint-Blaise-du-Breuil (Allier) en Auvernia, Saint-Pie-X en Hérault y Saint-Jacques-d'Abbeville (Somme) en Picardía. También amenazaron a las iglesias de Plounérin (Côtes-d'Armor) en Bretaña y Lumbres (Pas-de-Calais), pero se han salvado. En Arc-Sur-Tille (Côte d'Or), en Borgoña, el alcalde perdió las elecciones debido a su proyecto de demolición.

La imagen del pueblo de Épinal en Francia, está amenazada, según los defensores del patrimonio. "Un pueblo cuya iglesia es destruida queda desfigurado", dijo Jean-Louis Hannebert, de la Sociedad para la Protección del paisaje y la estética de Francia.

La pequeña carretera que conduce a Saint-Aubin-du Pavoil, mostraba la orgullosa torre del pueblo. Fue en enero la primera en caer. Rasurado como en la revolución, cuando la ciudad fue castigada por haber levantado la bandera blanca de la monarquía. "Es una diferencia significativa", se lamenta Michel de Vitton, de 69 años, cuya esposa se encontraba a la cabeza de la asociación de respaldo (a favor del patrimonio). 

Fuente: Internet

LA FURIA MODERNISTA QUE DEMUELE IGLESIAS

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