CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

SÓLO ES VÁLIDA LA
VERDAD DIVINA REVELADA
Norbert Dlugai


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I. Pensamientos preliminares sobre la problemática.

Aunque pueda resultar extraño para muchos lectores, lo que afirmamos en el título del presente artículo, experimenta hoy en día un malentendido constante, particularmente, cuando lo produce la Iglesia en calidad de interlocutora con las otras religiones, o con  otras comunidades eclesiales, como por ejemplo, en el lado católico de la actual Iglesia ecuménica de Munich siempre se recuerda a los fieles que deben dejar de lado todo dicho o comentario que pueda  despertar la más mínima sospecha  en la posición protestante, de que de nuestro lado ya no se querría recibir vivo el espíritu del llamado ecumenismo. Por lo tanto, todo lo que pueda ser sospechado de dogmatismo católico, es tabú llevar a las discusiones.

Este espectáculo ecumenista fue un hito en la estrategia general actual del mal  que  tiene como objetivo, por lo menos,  eliminar toda la Revelación escrita por medio de este  desdichado Concilio de alta alcurnia espiritual antropocéntrica  que ya no es mas capaz de hacer frente a lo  que él mismo,  ya no quiere ver.

II. Compromiso con la intolerancia frente a una Fe mutilada.

Es quizás por todos conocido el dicho: “a todo o nada”, lo que quiere decir: o hago  algo completamente bien o más bien no hago nada. Esta expresión ciertamente se puede conectar con la vida religiosa. (Conf. Apoc.. 3.15, 17). No se trata aquí, y no es requerido por Dios, de cumplir con la fe cada día con mayor heroico desempeño, o saber todo acerca de las encíclicas papales. Sin embargo, se espera de los creyentes en Cristo, y en esa misma medida, en la inalterable voluntad de Dios,  que  hablen sin distorsiones de la completa revelación de Dios también  expandida por el mundo en la  magistral  y sin adulterar completa doctrina de la Iglesia católica. Con este fin, se requiere a los cristianos, al menos, la apropiación del correspondiente conocimiento elemental  que les permita  demostrar, ante  una situación concreta, que están dispuestos a ser fortalecidos por el Espíritu Santo.

La ‘sociedad cristiana’ del corriente siglo 21, es la que más alejada está de adoptar esta  posición y actitud.

¿Y  ‘las Iglesias’?,  no tendría sentido esperar, que las Iglesias bajo el signo del ‘aggiornamento,’ condenen una forma de pensar, que es tolerante frente a una fe selectiva, pero intolerante frente a una proclamación de la plenitud de la divina revelación dirigida a todos para que el hombre pueda llegar a la conclusión, de que su vida en última instancia, es avanzar hacia la alternativa de la felicidad eterna o de la eterna perdición. ¡Que serio es esto!  ¡Y una vez más, qué esperanza reconfortante es  esforzarse  con toda la riqueza de la fe, para llevar una existencia con vistas a la infinita misericordia de Dios para con todos, que es sin dudas  la verdadera fe que todos están obligados a conocer, pues  para ellos, es el reino de los cielos!.

Sin embargo,  la realidad del presente es ampliamente diferente. El paisaje religioso ha cambiado drásticamente. Ya no domina la verdadera, genuina y no adulterada  tradición aceptada humilde y afirmativamente por el cristiano que también  sabe de  su compromiso de luchar  allí donde se encuentre contra una fe selectiva y torcida, para dar el honor a Dios y a su revelación, para dar gloria y para ayudar a su victoria.

En cambio, ahora está el paisaje de la Iglesia conciliar de tipo “ecuménico   racionalmente controlado”  como producto de un Concilio de la Öcumene que ha negociado un nuevo Dios, una nueva Iglesia y nuevas imágenes de la fe en virtud de las cuales,  impone una evaluación de lo que   la  mentalidad actual puede y pueda  esperar en  materia de fe y religión.

Por consiguiente,  la mutilación de las eternas verdades católicas, abrió la compuerta a la malversación de comportamientos prácticos, a través de los cuales la inviolable palabra de Dios es sometida a la humana arbitrariedad. Una traición vergonzosa a nuestro Salvador y a su muerte en la Cruz, así como una flagrante violación del deber de oficio y  un reduccionismo y mutilación de la fe frente al error.

La imposibilidad de una reducción o de un ocultamiento de la verdades de la fe y con esto, su mutilación, ha llevado a Monseñor Lefebvre  a emitir la siguiente acertada declaración: “Con respecto a la fe no se puede decir: vamos a tratar de ponernos de acuerdo sobre algunas verdades, y sobre lo que los otros no creen, echar un discreto velo. Esto no es posible. No se puede sostener una fe mutilada. Pero en este espíritu se llevó a cabo  el Concilio deseado por el ecumenismo. Ello es un error, y este error es grave, es la absoluta traición opuesta a la Iglesia desde los cimientos, debido al indiferentismo instalado que pone a todas las religiones en igual grado. Discutimos con otras religiones de igual a igual, en igual grado, y también con las que explícitamente dicen que han querido este ecumenismo”.

Por lo tanto, lo que queda por hacer, es considerar  qué  armas espirituales deben utilizarse para que, en maduro ataque, se pueda llegar al corazón de todos los católicos para que finalmente, se abran a la verdad fundamental de Nuestro Señor y salvador Jesús Cristo que sólo ha fundado una santa y católica Iglesia y no otras tantas, y por lo tanto, el católico debe ser alcanzado por una aspiración ardiente a que todas las personas  se unan a la Una Santa  Católica y Apostólica Iglesia, en un vínculo cristiano de intolerancia contra todas las verdades a medias y mutilaciones, que significan una dolorosa traición a la voluntad salvadora de Nuestro Señor  Jesús Cristo, que lo llevó a morir en la Cruz.

Sin embargo, por ser sólo Cristo el camino de la verdad y la vida, de ninguna manera se puede  permitir  una pseudo verdad ecumenista ni tolerar la mutilación de la verdad. Pero esta traición en el discurso, será la realidad por la cual  de nuevo Jesús será golpeado en la Cruz.

Tal fue lo que el Papa Pío XI escribió en su gran Encíclica “Mortalium Animus”: “Significa una ruina total de la Iglesia Católica desde su fundamentos si se coloca a todas la religiones en el mismo nivel” “en otras palabras, cuando en la masa se coloca en el mismo nivel la verdad y el error, el camino conduce necesariamente a invalidar la verdad”.

Nosotros, cristianos, no debiéramos sucumbir al autoengaño de que las consecuencias de la ola del ecumenismo, del liberalismo y del relativismo, hasta el momento, no pueda producir la extinción de la aún existente verdad católica tradicional no adulterada, que es a lo sumo, un parpadeo aquí y allá de chispas residuales.  Pero cuando Dios, su Hijo y el Espíritu Santo enciendan de las llamas residuales unas nuevas ascuas de fuego  que irradien  este mundo corrupto, los corazones endurecidos se abrirán a Dios y a su verdad.

Dios y el Espíritu Santo nos demandan, al menos, una conciente y activa colaboración a través de nuestros propios esfuerzos en la búsqueda de la verdad radical  sin distorsiones que procede  de Dios y de la Santísima Trinidad, para que las personas recuperadas para la fe se puedan salvar. La fuente más excelente para todo es y está en las Sagradas Escrituras porque sus autores fueron inspirados, y por tanto, sus escritos tienen a Dios como autor.

 Todo cristiano está obligado a  la contundente intolerancia  frente a distorsiones y falsificaciones de la fe católica. Si nosotros tratamos con celo los inspirados textos de las escrituras, que nos aleccionan  que existe una y absoluta y válida verdad divina, que sólo el verdadero Espíritu de Dios ha avalado para siempre, si  el cristiano está dispuesto y abierto, hay numerosos pasajes de las escrituras en el nuevo testamento que documentan la exclusividad  de la Iglesia Católica como Iglesia Santa, de tal manera, que la aceptación de las demás orientaciones religiosas ecuménico-modernistas  se ven necesitadas a dejarlos aparecer, pero, tan solo como meros errores.

Con que potente fineza  S. Juan  1, 14  17,  describe primero la encarnación  en contexto con la Gracia y  la relaciona especialmente con  la verdad. El Verbo encarnado y la Verdad son uno, forman una unidad corpóreo-espiritual.

Otro decisivo testimonio de la verdad que proporciona el ya citado pasaje de la escritura en S. Juan 14, 6  es la confesión de Jesús : “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; …”.  Los siguientes textos del evangelio de San Juan  14, 16; 15, 26;  y 16,13 no son menos significativos, porque dejan conocer a los cristianos, que “el Espíritu de verdad” es algo así como un pilar de la fe, del cual habla Jesús en los tres textos antes citados, que se refieren al discurso de despedida de Jesús a sus discípulos antes de que el Redentor fuera a su terrible experiencia del Calvario. En el discurso de despedida, Jesús pidió a su Padre celestial que enviara el Espíritu de verdad a sus discípulos después de su partida de este mundo, para que como testigos valientes, proclamaran y difundieran el reino de Dios y su Evangelio por todas partes.

Y como los Hechos de los Apóstoles enseñan, después de la venida del Espíritu Santo, los apóstoles realizaron el trabajo señalado por el Señor Jesús Cristo y misionaron con el Espíritu de verdad. Para los elegidos, no había ninguna razón para recurrir a la instancia de la pregunta “¿Qué es la verdad?” como lo hizo Pilatos cuando el Redentor estaba de pie ante él. (S. Juan 18, 37.) Los Heraldos de la Palabra de Dios salieron a luchar para Dios y con Dios moldeados en el Espíritu de verdad.

La pregunta de Pilatos, ocupó de nuevo las mentes a través de todos los siglos, particularmente en nuestra época,  la mente de los protagonistas y estrategas del Concilio Vaticano II. La ‘respuesta’ de estos, sumió a la Iglesia y a la fe católica, en una de las más graves y peores crisis. Ante una de estas ‘respuestas` que respiró el espíritu del ecumenismo y del modernismo que para el santo Papa Pío X.  representa “el crisol de todas la herejías”,  debía tomar posición el católico inexperto, que no ve el engaño a través de las cosas (que no cala las intenciones), respecto al término “subsistit in” que se utiliza  en la declaración conciliar “Sobre la Iglesia”,  en lugar de sólo el término legítimo “EST”. Lo que es una monstruosa  ofensa a Nuestro Señor Jesús Cristo fundador de la Iglesia.

No puede haber ninguna duda, que  la Iglesia de Jesucristo  y las sagradas Escrituras que finalmente tienen   por autor a Dios, dan testimonio  de que la ignorancia profundiza aún más el actual desastre de la fe. Contra esto debería dirigirse la justa ira de Dios, ira que ama a la verdad indivisa, ira dirigida contra la negación o la duda de que el Señor y Redentor, es la vida, el camino y la verdad que donó a su Iglesia Petrina (S. Mat. 16, 18), objetivamente: la piedra de la justicia, del amor y de la verdad divina.

Una piedra en la que Dios es requerido  con lágrimas incesantes, está hoy recubierta de la niebla gris de las aberraciones modernistas, de las que  sólo Dios sabe cuando se librará para que la Roca Petrina vuelva a  brillar de nuevo con su luz divina.

A pesar de todo, no hay que olvidar que Dios quiso a la Iglesia católica como su Iglesia, como columna y apoyo de la verdad (1 Timoteo 3, 15). Iglesia amada por Cristo, por la cual se entregó como marido y mujer que se aman y se deben amor (Ef. 5, 25). Ay de nosotros ‘cristianos’ si llegamos a olvidar tales verdades.  Dios, nunca olvida.

III. Reflexión general ulterior sobre el tema.

El antes citado Evangelio de San Juan debe ser en este aspecto   resaltado  y  contemplado, porque nos muestra a Jesús lleno de amor y preocupación por sus discípulos, a Jesús que, en vistas de su calvario en sus palabras de despedida, pide al Padre celestial que les envíe el Espíritu de verdad. Este Espíritu de verdad es la fuerza con la cual los discípulos, después de la partida de Jesús,  cumplirán valiente y denodadamente con su misión de palabra y obra, y con independencia de todas las tendencias, irrumpirán proclamando y difundiendo su reino, en un tiempo de espíritu mundano y hostil al cristianismo, que envenena al corazón humano y lo  aliena de Dios.

Contra esto lucharon los apóstoles con vehemencia, en humilde actitud de obediencia a su Señor y Maestro,  que desde el cielo bendijo sus trabajos y obras. ¿Difundir  aún hoy ¡La bendición de Dios! –  extender de  Dios todopoderoso y misericordioso, aún hoy, sus bendiciones  por medio de  una sociedad ‘cristiana’ o de  una ‘Iglesia’ a través de sus muchas oscuras  y espantosas aberraciones sobre las cuales  hemos publicado y aún lo hacemos y de nuevo y siempre lo seguiremos haciendo? sería fatal blasfemia si así fuera, sería emitir una ‘carta de moral en blanco’ burlándose de Dios, con la autocomplacencia del adversario susurrando el Antilogos. Dios odia la injusticia, el pecado y la aberración, pero ama al pecador. Este último tiene objetivamente su perdón, pero Dios espera que  el pecador se duela  y se arrepienta (conf. 1 Jo. 4, 1 – 6)  y recorra caminos que a Él le agradan.

 Esto concretamente significa volver de nuevo y completamente sin restricciones  ni distorsiones  a la  fe católica y apostólica tradicional por todo el tiempo y la eternidad. Pero también Dios sabe, que la probabilidad de que la búsqueda de un retorno voluntario a la verdad pueda lograr el resultado deseado,   depende directamente de que alguien enviado por el Espíritu Santo, traiga a remolque la “vieja verdad”  a los individuos o grupos de personas. Oremos fervientemente a Dios, que,  como a los apóstoles, nos pueda enviar el Espíritu de verdad  para que nosotros o al menos muchos, volvamos a reconocer lo que nos sirve para la verdadera salvación en nombre de la santísima Trinidad.

Fuente: EINSICHT, Revista Católica Romana.  Diciembre de 2012;  págs. 140, 141, 142 y 143.-
Traducción del alemán: Hugo E. Córdoba Aliaga.


Nota del traductor: el término: “antropocéntrica” en el contexto ecuménico, encierra toda la potencia que el concilio le reconoce al hombre como capaz de determinar desde sí mismo que cosa sea lo divino. En este sentido, Ratzinger ha dicho que la revelación no puede objetivamente existir si no se realiza en una conciencia. Es decir, en la subjetividad de cada hombre. Y como sabido es, la máxima producción subjetiva del intelecto humano es la filosofía moderna, Ratzinger se ve forzado a concluir que uno de los grandes impedimentos de la unión plena de todas las religiones-productos del intelecto humano que busca a Dios, es el pontificado universal objetivo, que funge como Cátedra única de la verdad y como única intérprete y custodia de la Verdad revelada