CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

Revista Roma N° 104 - Junio de 1978
EL TRATO CON LOS HEREJES
SEGÚN LOS APÓSTOLES DEL SEÑOR

San Ireneo de Lyon
(ca. 140- ca. 202)


  Policarpo

   «Pero se puede nombrar igualmente a POLICARPO. No sólo fue él discípulo de los apóstoles y vivió con muchas personas que habían visto al Señor, sino que también los apóstoles lo destinaron al Asia, como obispo de la Iglesia de Esmirna.

   -Nosotros mismos lo vimos en nuestra primera juventud, pues vivió largo tiempo y siendo de avanzada edad abandonó esta vida, después de haber brindado un glorioso y muy esplendente testimonio.

   Ahora bien, él enseñó siempre la doctrina que había aprendido de los apóstoles, doctrina que es también la que la Iglesia transmite y que es la única verdadera. De ello testimonian todas las Iglesias de Asia y los que hasta hoy han sucedido a Policarpo, que era un testigo de la verdad seguro y digno de fe, lo contrario de Valentín, Marción y todos los otros sostenedores de opiniones falsas.

   Habiendo venido a Roma bajo [el Papa] Aniceto, alejó de los antedichos herejes a un gran número de personas y las recondujo a la Iglesia de Dios, proclamando que no había recibido de los apóstoles sino una sola y única verdad, esa misma que era transmitida por la Iglesia.

   Algunos le escucharon contar que habiendo ido Juan, el discípulo del Señor, a los baños en Éfeso, vio adentro a Cerinto; escapó entonces de las termas sin haberse bañado, gritando: "¡Salvémonos, no sea que se derrumben las termas, pues en su interior se encuentra Cerinto, el enemigo de la verdad!".

   Y Policarpo mismo, a Marción que lo abordaba un día, diciéndole: "¿Nos reconoces?", le respondió: "Te reconozco como el primogénito de Satán".

   Tan grande era la circunspección de los apóstoles y de sus discípulos, que llegaban hasta rehusarse a entrar en comunión, incluso en palabras, con uno de esos hombres que falsificaban la verdad.

   Como lo dice igualmente Pablo: "Al hereje, después de una primera y segunda amonestación, recházalo, sabiendo que tal hombre está pervertido y que, al pecar, es él mismo el autor de su condenación" (Tito 3,10-11).

("Adversus haereses": "Denunciación y refutación de la gnosis de mentiroso nombre", III, 3,4).
(Trad. por Adelin Rousseau, monje de la abadía de Orval, Edit. du Cerf, París, 1984, pp. 281-282). (Trad.: G. . C.).

Revista "Roma" N° 104, Pg. 28

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