CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LOS GENTILES HAN INVADIDO TU HEREDAD, HAN PROFANADO TU SANTO TEMPLO


Buda en el altar      

   Después de haber visto en el primer "Encuentro de Asís", en la Iglesia de San Pedro a los bonzos adorar al Gran Lama, para ellos la reencarnación del Buda, sentado de espaldas al Tabernáculo de un altar lateral, donde la lámpara encendida atestiguaba la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo, al Cual ninguno de sus ministros se ha apresurado para, al menos, ahorrarle aquel ultraje (cfr. Avvenire, 28 de octubre de 1986); después de haber visto en la misma iglesia el ídolo del Buda dominando en el Tabernáculo, sobre el altar principal, consagrado para ofrecer a Dios el sacrificio de su Hijo Unigénito (cfr. Avvenire Il Matti no, 28 de octubre); después de haber visto a los brujos pieles rojas preparar el khalumet de la paz sobre el altar de la iglesia de San Gregorio (cfr. La Reppublica,28 de octubre); después de haber oído a los hindúes invocar la Trimurti y a todo el pantheon hinduísta sentados en torno al altar de la iglesia de Santa María Mayor (cfr. Il Corriere della Sera,28 de octubre); después de haber leído que algunas iglesias católicas y la misma Basílica de San Francisco se han salvado de la profanación sólo gracias a la "sensibilidad" de musulmanes y hebreos, los cuales se han rehusado a "tener sus ritos en los lugares sacros de una religión distinta" (cfr. Il Giornale, 28 de octubre); después de haber visto en Santa María de los Ángeles, delante de la Porciúncula, al supuesto Vicario de Cristo sentado en el "semicírculo de sillas todas idénticas"entre los jefes de las "otras" religiones, a fin de que entre ellos, como entre los Caballeros de la Mesa Redonda, no hubiese ni primero ni último" (cfr. Il Tempo y Avvenire, 28 de octubre); después de haber leído que el Gran Lama se sentaba a la izquierda del "Vicario de Cristo", porque el ceremonial le había asignado entre los "huéspedes" un puesto de honor, siendo él no un simple "representante" de una religión, sino el mismo Buda reencarnado, o bien un ídolo viviente (cfr. Il Tempo, 28 de octubre); después de haber visto y oído a sacerdotes católicos cumplir, rápidamente, la función de intérpretes de "oficiantes" budistas, sikh, musulmanes y de los "hechiceros" africanos e indoamericanos para... la edificación de los católicos presentes; después de haber oído, por ejemplo, al subsecretario del Secretariado para los No Cristianos, el salesiano Giovanni Bosco Shireida, explicar con toda seriedad a los presentes que los budistas habían cesado en su nenia, porque habían alcanzado el "Nirvana" (cfr. Il Mattino, 28 de octubre) y al padre Andraos Salama, descalzo, por respeto a los "hermanos" musulmanes, entre los cuales oraba un italiano apóstata del catolicismo, que Avvenire llama, empero, un "convertido al islamismo", explicar con otra tanta seriedad: "Ellos claman a Alá para someterse y obtener su perdón" (cfr. Avvenire, 28 de octubre); después de haber visto a algunos frailes franciscanos encaminarse, todos compungidos, a recibir de los brujos pieles rojas la bendición de Manitú (cfr. Il Mattino, 28 de octubre) y a gente católica entrar en los varios "lugares de oración" "como si fuesen a una misa", a recibir devotamente la bendición de Alá, Buda, Visnú, etc. (cfr. La Reppublica, 28 de octubre), asistir "a cada ceremonia con el mismo [sic] recogimiento" (Avvenire, 28 de octubre), besar "respetuosamente" la mano del Gran Lama (cfr. Il Tempo, 28 de octubre), y recibir las mezcolanzas mágicas esparcidas por los "hechiceros" africanos como si fuera agua bendita (cfr. Il Giornale, 28 de octubre); después de haber escuchado al rabino de Roma expresar su satisfacción porque en Asís -¿y quién podría contradecirlo?- "todas las religiones, en un plano de ABSOLUTA PARIDAD, han podido pública y privadamente ofrecer su oración por la paz de todos(cfr. Il Tempo, 29 de octubre); después de haber leído en el órgano oficial del episcopado italiano que los reunidos en Asís "han cantado el nombre [sic] de Dios" (Avvenire, 28 de octubre); después de haber leído en los diarios laicistas -pero, ¿quién podría desestimarlos?- títulos como "Padres Nuestros allá en los cielos" (Panorama, 2 de noviembre), "Padre Nuestro que estás en los dioses" (Notre-Pere qui êtes aux dieux" -Liberation)"En el nombre de cada dios" (Il Manifesto), "Asís: la paz de los dioses" (Le Quotidien), "Todos los dioses de la humanidad se dieron cita ayer en Asis" (France Soir); después de haber leído en la prensa interrogativos más que legítimos, como: "Y, ¿qué sentido tiene ahora la frase «fuera de la Iglesia no hay salvación»?" (Il Giorno, 28 de octubre); después de haber visto, oído y leído mucho, por demás, todo lo referente a la jornada del 27 de octubre en Asís, preferimos no saber cuánto de la "abominación de la desolación", perpetrada en aquellos lugares santos, se ha debido realmente a la "iniciativa personal" de Juan Pablo II y cuánto a la personalísima del card. Roger Etchegaray, como presidente de la Pontificia Comisión Iustitia et Pax, "el dicasterio que ha preparado el encuentro" como reza L'Osservatore Romano del 27/28 de octubre de 1986.

   De cualquier modo, es cierto que jamás la Santísima Trinidad y Nuestro Señor Jesucristo fueron más ultrajados, jamás los lugares santos más sacrílegamente profanados, jamás la dignidad del supuesto Jefe visible de la Iglesia más humillada, jamás el pueblo cristiano más escandalizado por sus mismos "Pastores". Y cuando leemos que el cardenal Willebrands ha declarado "conmovido", que ha sido una jornada "increíblemente bella: sobre la que descenderá la bendición de Dios"' (Il Giornale) preguntamos cuánto, no del Cardenal ni del Obispo ni del Sacerdote, sino cuánto del bautizado queda todavía en él.

    Y cuando el crd. Etchegaray. haciendo el balance de Asís, habla triunfante de las "impresiones e imágenes que nos inducen ya a una evaluación positiva, que nos impulsan a dar Gracias" (Avvenire, 2 de noviembre), sabemos que a este sacerdote de Cristo, Obispo y Cardenal de la secta conciliar, no le queda nada de "sensus catholicus".

   La amarga conclusión es que la superstición practicada por los representantes de las falsas religiones en todos los encuentros de Asís, es nada frente a la traición que Dios ha sufrido por parte de los que se supone que son sus propios ministros. 
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