CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

SOBRE LA NECESIDAD DE LA FE
(Gran Catecismo)
P. José Dehabre, S. J.


Sobre la necesidad de la fe
 La instrucción necesaria en las verdades de la
fe. Así, a una de estas disposiciones pertenece
la conversión del centurión Cornelio.

“La fe es indispensablemente necesaria para la salvación, pues sin fe, dice la Escritura, es imposible agradar a Dios”, (Hebr. XI. 6). 

1.-  Pero dirá alguno: Si la fe en las verdades reveladas es indispensablemente necesaria para la salvación, ¿qué será de los gentiles, que nunca las oyeron?  ¿Cómo podrán salvarse?.  La respuesta es que ciertamente Dios quiere que todos sean salvos y que lleguen al conocimiento de la verdad, (1 Tim. II,4).

De esta afirmación nos es garante el infinito amor de Dios, que le movió a darnos a su unigénito Hijo, y al mismo Hijo le movió a morir por todos los hombres en una cruz. Mas el Señor no nos ha hecho conocer los medios, no nos autorizó para pedirle cuenta de los recursos de que dispone su divina Providencia para conseguir aquel fin. Sin embargo, sabemos, porque así lo dice la Escritura, que “Dios no ha cesado jamás de dar, aún a los gentiles, testimonios de sí mismo”, puesto que “sobre ellos derrama beneficios celestiales, dando lluvias y tiempos fructíferos, y llenando de alimento y alegría nuestros corazones, (Hech. XIV, 16).

2.- Además, Dios ha grabado la ley natural en sus corazones para que sepan distinguir lo bueno de lo malo ; les ha dado la voz de la conciencia que les amoneste para obrar con eficacia el bien y para evitar el mal, (Rom. II, 14).  Dios habla por medio de gracias interiores al corazón de cada uno de los hombres, y de los mismos salvajes que andan errantes por los montes y bosques, a fin de que, según sus fuerzas y con ayuda de la gracia, eviten lo malo que como tal conocen por la luz de la razón ; pues “el mismo Señor ilumona a todo hombre que viene a este mundo”, (Jn. I, 9).

Según la exprersión de San Juan Crisóstomo, Dios es el sol de la gracia que ilumina a todos los que no cierran maliciosamente sus corazones.

3.- Y Orosio, contemporáneo de San Agustín, escribió estas memorables palabras : “Fue siempre, y es mi fiel e indudable parecer, que Dios presta su ayuda, no sólo a su cuerpo, que es la Iglesia, sino también a todas las gentes que existen en el mundo ; y esto no solo en general, sino en todos los tiempos, todos los días, todos los momentos e instantes, y en especial a todos y a cada uno de los hombres”.

Si el hombre resiste a todos estos impulsos hacia el bien, y hace el mal, culpa suya es, pues no ve la luz de la fe que le hubiera dirigido para avanzar por el sendero de la virtud. Con sus malas disposiciones ni aun se hubiera aprovechado de la luz de la fe, y con esto hubiera sido más severo su juicio.  Mas si al contrario, el hombre se esfuerza por evitar el mal y obrar el bien según la medida de sus luces, la amable providencia del Señor le enviará alguno de sus ministros de salud que le instruya en las verdades necesarias de la fe, o bien se las hará conocer por otros medios ciertos, como enseña Santo Tomás”.

4.- Dios se sirve a la vez de otros medios admirables para comunicar a los gentiles que lo desean, la instrucción necesaria en las verdades de la fe. Así, a una de estas disposiciones pertenece la conversión del centurión Cornelio, y la del eunuco de la Reina de Etiopía, y la visión que tuvo San Pablo de ir a Macedonia a predicar el Evangelio. Al contrario, no faltan ejemplos que demuestran cómo Dios abandona a los deseos del corazón, para que sigan sus extravíos, a los pueblos que no responden a su voz.

GRAN CATECISMO.
P. JOSÉ DEHABRE, S. J.
VOL. I
(Pág. 147,148,149)

Visto en: "Foro Católico"