CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

MALACHI MARTIN
¿FUE TRADICIONALISTA?
[*]
B. Kostas


MALACHI MARTIN

Comentario a "El Cónclave Final"**

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   Una gran propaganda por diversos medios ha tenido "El Cónclave Final", que comentamos en este escrito.

   "El Cónclave Final" como todas las otras obras de Malachi Martin, se sitúa en la más fuerte línea de la embestida descarada contra todo lo que constituye la verdadera Iglesia Católica: institución, dogmas, moral y derecho. Si el sacrílego autor de estas obras y el grupo que lo favorece han procurado avalar el "pontificado" de Juan Paulo II, no será sino porque ven en este último la esperanza de un avance más pronunciado en la línea de la destrucción de esa "Iglesia que en el año dos mil no será más reconocida", como dice Martin, sin que, a pesar de todo, como sabemos los católicos, su deseo vaya a concedérsele.

   El comentario que ofrecemos tiene la intención de dar una señal de alarma tanto sobre las obras de este autor y su persona y motivaciones, como de todo aquello que él alaba como favorable a las intenciones de aquéllos que dice "desde hace cuatrocientos años... doscientos... cuarenta ahora..." le tienen puesta fecha final a la divina institución de Jesucristo.

   Malachi Martin, (Malaquías en español), es un autor que está gozando actualmente de una gran popularidad. En ediciones en ocasiones de 10 mil ejemplares, a cuyo tiraje se suceden en corto tiempo obras de nuevo título, está ahora inundando el mundo de habla española, creando entre los católicos una interrogante acerca del verdadero espíritu que anima a este escritor , del cual algunos conocen una obra, otros otra, algunos varias, sin que muchos lleguen a poder precisar la intención que mueve a un autor tan prolífico.

   La obra suya que en los últimos días ha llamado más poderosamente la atención, es la titulada "El Cónclave Final" donde Martin revela secretos de la vida vaticana en los años que datan principalmente de Pío XII, y hace pronósticos acerca de lo que él considera con toda seguridad que será "El Cónclave Final", el número 82, que será aquel que elija al sucesor de Paulo VI. Este último cónclave tiene lugar cuando Martin ya ha terminado su obra, por lo que añade al final un "Epílogo" en el que vuelve a resumir sus "Profecías", algunas que no lo son tanto para los conocedores del pensamiento de Montini y el círculo en el poder que él creó.

   En el confuso mundo de las ideas en que vivimos, más confuso aún porque la Autoridad de la Santa Iglesia está hoy "atada" al falso poder herético de los falsos pastores que no sólo han abandonado a las ovejas en manos del ejército de autores, obscenos, (herejes negadores y burladores de lo sagrado, revolucionarios visionarios de "imágenes del Jesús verdadero" y de concepciones de "nuevas Iglesias" sincréticas opuestas a la "execrable Iglesia Romana" a la que "desmitizan" e insultan a su sabor), sino que además les conceden "autorización eclesiástica" a muchos de estos sacrílegos autores como Malachi Martin que constituyen un ancho y venenoso pasto para los lectores ávidos sobre todo hoy en día, del tema religioso a causa de la crisis que ya nadie desconoce.

   No podíamos dejar pasar por alto el hecho de la libertad con que las obras de Martin circulan como tantas otras entre los católicos envenenando y ensuciando mentes y almas. Ni es de esperarse que este autor como otros cientos, sea denunciado por ningún "superior" jerárquico. Pasó lo que el mismo Martin llama en su obra "Tres Papas y un Cardenal", la "edad de hielo" la que consistió en la época de la más dura batalla contra ellos, incrustados en el seno de los claustros y universidades; Martin se queja y denuncia la censura y la vigilancia, y menciona dolorido el hecho de que en la época de Pío XII "algunos de los mejores intelectos fueran ocultados por la distancia... renunciaran como rectores de institutos de pronto, calladamente..."[1]. Entre los mejores intelectos menciona a "Congar, Chenu, Teilhard de Chardin"[2]... Los que después, los dos primeros, fueron amorosamente acogidos y consultados por la nueva Iglesia, donde campea triunfal el espíritu de Teilhard de Chardin.

   Al faltar ese auxilio poderoso de la voz, del Magisterio en la jerarquía de hoy, falsa o claudicante, para que el pueblo católico sepa discernir entre lo verdadero y lo falso , (aunque el sentido de la fe no falta ciertamente a los que están alerta), no queda más que de las catacumbas a que hemos sido reducidos salgan los gritos de protesta por la palabra sacrílega e impía, y la advertencia sobre los que hoy se escudan inclusive en su calidad de clérigos, pero que son verdaderos lobos con piel de oveja, demonios revestidos, contra los cuales la Iglesia Santa tiene de antemano y para siempre la palabra del Magisterio que no muere y en la que está viviente la condena.

BlO-BIBLIOGRAFÍA DE MALACHI MARTIN

   Malachi Martin (según datos tomados de sus propias obras, presentación del autor, y declaraciones incluidas en los textos) es un sacerdote jesuIta. En ninguna parte leemos que sea un "ex". Su curriculum aparece brillante, lo que nos indica más claramente cuan contaminada ha estado la Iglesia con elementos semejantes dedicados primero en las aulas y ahora a plena luz del "Nuevo día" post-conciliar a burlarse de la Fe Católica.

   Fue profesor en el Instituto Bíblico Pontificio de Roma; estudió teología en Lovaina, se especializó en los Manuscritos del Mar Muerto. Se doctoró en lenguas semitas, arqueología e historia oriental. Estudió en Oxford y en la Universidad Hebrea. Mantuvo vínculos personales con hombres de pensamiento que han influido profundamente en la "dirección de la vida moderna", como Teilhard de Chardin y Piaget. Es ahora ciudadano norteamericano. (Sabemos que reside en Nueva York). Sus obras sobresalientes que consignan hasta hoy sus reseñas son: "Tres Papas y un Cardenal", "El Encuentro", "El Carácter Copista de los Manuscritos del Mar Muerto", "El Peregrino", "Jesús hoy en Día", "El Rehén del Diablo", y además de alguna otra que no se menciona en las fuentes que poseemos, "El Cónclave Final".

   Además es articulista. Con motivo de la elección de Juan Paulo II escribió para un sindicato internacional de diarios, varios artículos en torno a Wojtyla, augurando "cambios profundos en la política vaticana" y mostrándose como conocedor profundo de las intenciones del que llama "un hombre diferente en el Trono de Pedro"

SABEDOR DE SECRETOS DEL VATICANO

   Martin, en "El Cónclave Final" demuestra estar bien enterado del "asunto de los candidatos papales" que ya había sido discutido con anticipación de años. En la Pag. 106 menciona a Wojtyla como uno de los personajes a quienes el cardenal norteamericano Cooke se dirigió después de Wyszynski, para realizar lo que el autor llama "el movimiento de la iniciativa americana" en preparación de la sucesión de Paulo VI. No era Wojtyla, pues, un desconocido para Malachi Martin.

DISCÍPULO, AMIGO Y COLABORADOR DE BEA

   Sobresale en el curriculum de Malachi Martin el hecho de haber sido discípulo, colaborador y amigo personal del extinto jesuita Agustín Bea, quien fue elevado al "cardenalato" por Juan XXIII, después de una trayectoria en la que se distinguió como maestro en cuestiones bíblicas con marcado interés en la defensa de las cuestiones judías, lo que le llevó a la fundación del "Secretariado para Unión de los Cristianos", con un equipo bajo su dirección que con pretexto de "ecumcnismo" también trataba sobre los judíos y el judaísmo y sus problemas; Bea escogió como uno de sus próximos colaboradores a su discípulo Malachi Martin. Y Bea, de origen judío, cuyo verdadero apellido es Behar, sirvió de intermediario directo durante el Vaticano II entre la asociación Bna'i Brith y el Concilio, habiendo logrado hacer efectivas muchas proposiciones judías incluyendo modificar en la liturgia católica.

   El cardenal Bea, enquistado en el más alto círculo del Vaticano, fue consejero y confesor de S.S. Pío XII du rante 13 años, en los cuales no dejó pasar ocasión, como lo narra Martin en "Tres Papas y un Cardenal"[3] de repetir a los oídos del papa las objeciones de los escritores judíos de la lucha "antidifamatoria", para que se borrase oficialmente en la Iglesia la acusación de "deicidas" sobre los judíos. Mas, considerado en otros puntos como plenamente ortodoxo, Bea logró "pasar" junto con sus discípulos los años de Pío XII hasta que le llegó la oportunidad con Roncalli, que abriría las puertas a lo que llama Martin "El Acontecimiento". El viraje, lo que nosotros llamamos la apostasía.

   No estamos haciendo aquí la biografía de Bea, pero las relaciones de los hombres están estrechamente vinculadas con el sentido de sus actividades, y la relación de Malachi Martin con Bea es sumamente significativa. Malachi Martin fue sólo uno de los cientos de discípulos y colaboradores de Bea cuando tuvo lugar lo que pudiéramos llamar "el destape" de la fuerzas subterráneas que trabajaban dentro de la Iglesia esperando ser libradas por un acontecimiento como el Vaticano II; fue además su amigo y confidente. En ocasión de esas confidencias, Bea quizás heredó a Malachi Martin muchas de las cosas "que no podía confiar por escrito", "tal como muchos de sus colegas jesuitas y como la mayoría de quienes han estado sometidos durante muchos años a una estricta disciplina sobre su propia expresión"... Estas cosas a las que no podía Bea "darles libre tránsito en su diario sistema de trabajo"[4], son quizá muchas de las que Martin deja hoy ir, ya en medio del "sano pluralismo" y libertad de conciencia triunfal que permite a "sacerdotes" despotricar contra todo lo sagrado en nombre del gran "Acontecimiento" que les dio vía libre en medio del indefenso rebaño.

   Algo hay que hacer notar, significativo tal vez: el común origen judío de Bea y de Martin.

"EL CÓNCLAVE FINAL" ANUNCIA EL FIN
O LA MUERTE DE LA IGLESIA CATÓLICA

   Sería dar un juicio incompleto si nos concretáramos a tratar estrictamente sobre dicha obra, sin referirnos al "marco" de fondo del pensamiento total del autor. De ahí el preámbulo hecho haciendo algunos breves, pero que consideramos suficientes comentarios acerca de otras obras suyas.

   Esta obra aparece en 1978, cinco años después de "Tres Papas y un Cardenal", que es la que parece corresponder temáticamente como preámbulo, al "Cónclave...". Además ya en el ínterin de estos años las obras de Malachi Martin han sido suficientemente claras como para saber a qué atenerse respecto de su pensamiento. "El Cónclave Final", no hace sino confirmar los "pronósticos" de este "profeta" que da coces sobre el aguijón. "Mucho antes del año dos mil ya no habrá ninguna institución religiosa reconocible como la Iglesia Católica Apostólica Romana de hoy". Esto... "Estuvo preparándose durante alrededor de cuatrocientos años, y convertirse en una realidad activa sólo ha llevado cuarenta años"[5]. Esto dice claramente Martin cinco años antes de escribir "El Cónclave", en «Tres Papas...»[6]. En "El cónclave" encontramos también las ironías y sarcasmos contra lo católico, la abominación de "la Cristiandad", la furia manifiesta contra "La Iglesia de Roma y el Vaticano (de Pío XII) para la cual ha cesado sol de la gloria"[7].

   Martin no puede, pues, dar un juicio, que es le que hace en "El Cónclave..."; sobre lo que él considera eso. "un cónclave último", (dice, tras del cual no habrá otro porque todo habrá cambiado), más que a través de su lente de incrédulo que ha escrito claramente en "Jesús hoy en Día", después de hacer sarcasmos sobre la única Persona y dos naturalezas de Cristo, y su concepción virginal: "El Jesús dogmático es prácticamente desconocido para el pensamiento moderno"[8]. "El pensamiento moderno" son ellos, el ejército sí, militante de los desmitizadores de la Fe Católica.

   Lo que nos interesa de "El Cónclave", en las circunstancias en que vivimos, es ante todo la intención con que ha sido escrita esta obra. Ha entusiasmado a muchos por las revelaciones que contiene, y que reconocemos, sobre los hechos acaecidos durante el pontificado de S.S. Pío XII hasta los últimos días de Paulo VI. Como las intenciones que movieron a Juan XXIII a convocar un Concilio innecesario por otra parte, pues el mismo Martin reconoce en medio de su ofensiva contra la verdadera Iglesia Católica, que "sobre ella brillaba el sol de la gloria durante el pontificado de Pío XII". A Martin como a todos los modernistas mantenidos a raya con mano dura en ese entonces, -y que pese a eso permanecieron muchos, emboscados en la Iglesia-, le molesta y enfada "esa gloria", que él considera falsa pero que consistía en realidad en el orden y paz en que estaba la Iglesia dentro de la unidad, de la verdadera caridad, de la verdadera evangelización, de la verdadera doctrina. Y si nos van a decir que la Iglesia postconciliar es mejor, el mundo entero que es espectador de la crisis, se reirá de la "nueva Iglesia". La gran Babilonia, donde está ordenado que todos se besen y abracen todos, -principalmente judíos y católicos- dirigiéndose los odios y "anatemas" únicamente a los católicos fieles a la Fe Católica sempiterna.

   Hay que recordar nuevamente la importancia que tienen las declaraciones de Martin en el sentido de su convivencia por largo tiempo con el prelado Agustín Bea, (Benjamin Behar es su verdadero nombre judío) desde la etapa en que éste fue confesor de Pío XII. Introducido el autor de "El Cónclave Final" prácticamente en lo profundo de las "estrellas" del Vaticano, deja ver que fue "testigo testamentario" de muchas ideas sobre las cuales, sin duda, recibió el encargo de continuar trabajando por parte de los de la Secta judaica que planeaban ya lo que Martin llama "El Gran Acontecimiento", que según las actividades de que somos testigos, se divide en dos partes: La primera fue la celebración del llamado "Concilio Vaticano II", y la segunda será la que Martin llama "la agonía y la muerte de la Iglesia Católica". Esto es, tal como ella ha sido fundada por Nuestro Señor Jesucristo y mantenida por los Papas verdaderos por veinte siglos, para dar lugar a esta "muerte"; que suponen tendrá lugar según los planes de la Secta Judaica; a la Gran Sinarquía religiosa que terminará en la adoración mundial de Jehová.

LAS RAZONES DE JUAN XXIII

   Es de mencionar que Malachi Martin jamás llama a Nuestro Señor Jesucristo con el nombre de Cristo o Jesucristo. Simplemente le llama "Jesús". Tal como ahora los postconciliares se refieren comúnmente al Señor, como "el Señor Jesús". Este cambio podría no significar nada para quienes no hayan estado estudiando el proceso del cambio del sentido a través del lenguaje; lo que el Abate de Nantes llama acertadamente la "dialéctica postconciliar". Ciertamente los Apóstoles en el Nuevo Testamento, particularmente San Pablo, se refieren algunas veces al "Señor Jesús", pero no menos aparece el nombre "Cristo, Jesucristo, Nuestro Señor". El llamar simplemente "Jesús" a Nuestro Señor entraña en los escritos de los seudoteólogos como Martin un significado herético y una oportunidad de blasfemia. Según Malachi Martin afirma al principio del "Cónclave...". "Jesús y Satán siempre habían estado disputando por el poder. Por cierto, menciona primero a Satanás: "Entre Satanás y Jesús siempre había existido una disputa por el poder"[9]. Así, como dos vulgares contrincantes míticos. La frase no puede ser más ominosa. Y según la malicia de narrar las cosas parece que a ese "Jesús" que Malachi considera un mito, al "Jesús Señor Sangrante" de la Cruz, le llegó la hora de ser vencido por el que llama "el Príncipe", o sea, el demonio.

   Esto se deduce de una lectura que no rechace la totalidad del contexto de las otras obras de Martin.

   Según él, enterado de todo tras las "bambalinas" vaticanas y atento escucha de todo personaje importante, Juan XXIII tuvo una "intuición" que por su índole más bien debería llamar una "visión". (Haciendo un paréntesis acerca de que no todas las visiones e intuiciones provienen del buen espíritu). La visión de Juan XXIII consistió en que se había realizado un cambio en la humanidad y en la Iglesia. En el mundo de la Iglesia hasta Pío XII, dice, vio "que no quedaban nada más que cascos de edificios en ruinas". "La Iglesia de Pío XII había muerto"[10]. A esta visión se añadió la de un descubrimiento. Juan XXIII descubrió una nueva humanidad. La "buena humanidad" Maritainiana en la que pondría toda su fe su sucesor también. Como Juan vislumbró que se estaba gestando un mundo mejor según se deduce de lo que afirma Martin, en virtud de la buena humanidad con Cristo o sin Cristo, dejó de darle importancia primordial al marxismo que Pío XII había "ferozmente combatido". Vio Juan XXIII "el marxismo como una lucha de importancia menor que pronto pasaría, dentro de una lucha más profunda y más cósmica"[11]. Lo "cósmico" es obsesionante en los "desmitizadores" teilhardianos.

   Pero dejemos hablar al autor explicando en qué consistía el cambio que daría origen al Vaticano II con todas sus consecuencias "cósmicas". Dice Martin:

   «La esencia del cambio que Juan observó fue la siguiente: todas las fronteras sociales, políticas, ideológicas, éticas e intelectuales, que habían dividido a los seres humanos durante muchos siglos habían perdido su validez. Nadie podía explicarlo, pero era seguro que había desaparecido de la escena humana alguna persuasión de raíz, alguna convicción profunda. Debido a esa convicción los hombres habían conservado esas fronteras hasta el mismo momento en la historia de Juan XXIII. Pero ahora estaba surgiendo una nueva y amenazadora unidad humana que jamás se había conocido. Todas las antiguas fronteras, todas aquellas cosas que los hombres y las mujeres habían comprendido y con las cuales habían vivido estaban desapareciendo"... "La intuición de Juan le decía que a la vera del enorme cambio que se había realizado, la religión general y la cristiandad en particular se encontraban en peligro de ser pasadas por alto; que Satanás había hecho su juego para nulificar todo lo que Jesús había realizado. Y de hecho, se veía con claridad que la cristiandad en efecto sí estaba pasando por algo, que se encontraba más y más aislada, y que estaba desapareciendo de la vida política, civil, intelectual y cultural de los hombres y las mujeres... Así como su intuición fue sencilla, en igual forma fue la solución práctica de Juan: abrir ventanas y puertas; derrumbar barreras; permitir que el "espíritu", que ya estaba ahí, volara a través del rostro de la humanidad. Y así, surgió su Concilio, el Concilio Vaticano II. De aquí su actitud paternal y amorosa. Y de aquí el sentimiento espontáneo y universal que este Papa romano de 77 años, Juan, creó dentro de un lapso de sólo tres años y seis meses; un sentimiento de que ningún bien era imposible y que ningún mal no podría vencerse; un sentimiento de que en alguna forma, inesperadamente la gracia se había derramado y que todo odio podía fundirse con esa gracia, y que podían esperarse todas las cosas buenas. -Todo ha cambiado- dijo Juan a su generación. Venid a nuestro Concilio y celebrad y haced planes con nosotros»[12].

INTERESANTE FENÓMENO: LA ACEPTACIÓN E IDENTIFICACIÓN DE
LOS ENEMIGOS DE LA IGLESIA CATÓLICA CON EL VATICANO II

   Bien, en el párrafo anterior están expuestas las razones fundadas en "intuiciones" de Juan XXIII, para que se realizara algo que para nada hacía falta: un Concilio. La Iglesia estaba en paz, con la paz en que vivió durante veinte siglos, militando contra sus enemigos de dentro y fuera, pero todos dentro de la Iglesia de Pío XII nos reconocíamos como hermanos en la misma y única fe; y aunque todos pecadores, todos podíamos cantar el Trisagio de la Santísima Trinidad: "Pequé, Señor, pero nunca negué". Ahora con los malachis de sacerdotes y de jesuitas, nadie en la Iglesia postconciliar puede saber cuando la herejía no es proclamada abiertamente como es frecuente, si el "presidente de su asamblea" además de pecador no es hereje. O por lo menos en qué grado lo es.

   Las "intuiciones" que Martin propone como bases para el Concilio, nos pueden parecer ridículas, pero no son inadmisibles si se conocen los hilos de la trama. "Cuatrocientos años se prepararon, y bastaron cuarenta, para que antes del siglo veinte, la Iglesia Católica no sea reconocible", dice Malachi. Hubo pues, preparativos. ¿Quiénes los hicieron? Al fin fue una conjunción satánica: los modernistas-racionalistas-liberales, unidos a los protestantes, a los judíos, y por último a los marxistas. Lo que Martin llama el "Acontecimiento" no constituye más que el "engaño". La masonería había jurado hacer ondear su bandera disfrazada de "obediencia al papado, en el Vaticano". Para llegar a esto había que ilusionar a los católicos con novedades de "renovaciones" y "aggiornamientos". Sentar, además, a la Iglesia en el banquillo de los acusados, y a los enemigos, principalmente a los judíos, en el sitio del juez perdonador. Tendría que aparecer así, el enemigo, como "perdonador", porque precisamente el juego consistiría, "el juego cósmico" que dice Martin, en hacerlo todo con color de bien. Nadie enemigo de nadie. La humanidad reconciliada. Todos caminando por la vía de la Fraternidad Universal hacia el "Dios del universo", construyendo la nueva iglesia del Señor Jesús.

   Podemos creerle a Malachi Martin, confidente de Bea uno de los principales actores de esta trágica escena. Las "intuiciones" no eran tales, sino verdaderos planes para destruir a la Iglesia. Y quien diga que exageramos, ¿qué vea en torno?..

   Y aquí vamos adonde queríamos llegar. Podemos parodiar a Malachi Martin devolviéndole el estilo de sus blasfemias. Malachi que se burla de la Santa Misa, del "sacerdote verdugo ritual", y de la Sangre de Cristo. De la "miniaturización" eucarística. De la resurrección del Señor. De la Virgen María. De todos los dogmas. De toda la Iglesia que contradictoriamente admite que hasta Pío XII tenía "la gloria del poder", lo que le duele inmensamente. Malachi que arroja sobras sobre la virginidad de María, y que en cambio se muestra muy conforme con el movimiento triunfal del progresismo y el ambiente de la nueva Iglesia dentro de la cual él progresa, alaba a Juan XXIII y a su Concilio. A Paulo VI y su parte de Concilio, y su adhesión al "Humanismo Integral" que perdona por fin al mismo demonio, y por último mete su hombro cargado con el peso de sus blasfemias, al nuevo ídolo de la multitud católica claudicante o engañada: Wojtyla, que se anuncia como el nuevo azote de la Iglesia verdadera de Jesucristo. ¡Qué significativo! ¡Qué revelador!... ¿Alabaría tanto al Vaticano II y sus autores, y a Juan Paulo II que se proclama "heredero testamentario" de sus antecesores y del Concilio "cuya realización se quedó a medias", sino les favorecieran a ellos precisamente, a los herejes modernistas y de toda laya, las realizaciones ya hechas y los planes aún ocultos, de ese Concilio y sus promotores?... Evidentemente no. ¿Se lanzaríaen contra de él y sus autores y de Wojtyla que se proclama ejecutor novedoso, como se lanza sobre el Concilio de Trento y "toda la Iglesia Católica hoy difunta", que gracias al Concilio "no será reconocible"? Dime lo que alabas y te diré cómo piensas, esta es una conclusión a la que es fácil de llegar. Por lo visto Vaticano II, los últimos ocupantes de la Silla de Pedro, y la turbamulta de los enemigos se sienten a sus anchas en el ambiente post-conciliar. Corresponden generosamente a la "libertad de conciencia" que les ha sido otorgada ¡por fin! (Tras de cuatrocientos años de lucha como dice Martin) inundando el mundo de las almas con nuevas herejías y obscenidades, amablemente acogidos, -celebrantes de quién sabe qué ritos y comulgantes de quién sabe qué, eso sí, mitos-, en el seno de la Gran Asamblea donde se pretende llegar.

   Podemos creer lo que nos dice con más detalle aunque ya lo conocíamos. Es verdad lo que narra Martin sobre "la apertura de Paulo a la izquierda evidente a través de una serie de movimientos en todo el globo"[13]. Es realidad la ostopolitik de la que habla a partir de la página 101, que trata de cómo "A iniciativa de Paulo VI y del Secretario de Estado, Villot, el Vaticano empieza a preparar el terreno para la participación comunista en los gobiernos europeos". Es cierto que Wojtyla seguirá en esto el camino de sus antecesores de los cuales tomó el nombre en su honor. También es verdad que Malachi conocía a Wojtyla desde antes, puesto que lo menciona en la visita del Cardenal Cooke a Polonia. No puede esperar Malachi, ni todos los «malachis» del mundo nada en contra de ellos de este nuevo sujeto en el poder, porque estos individuos están dispuestos a hacer todo, menos el ridículo universal. No en balde han esperado tantos años: cuatrocientos... doscientos... cuarenta al último, para poder formar parte de la «fila peregrinante» hacia la «civilización del amor», tras la explosión cósmica de amor que dice teilhardianamente que ya ha tenido lugar, para que después de tanto trabajo y espera puedan pensar que podrán ser lanzados al calabozo del silencio donde el «poder de la Iglesia hoy muerta», los tenía merecidamente. No, ellos forman, por decirlo así, parte del nuevo y triunfal poder. Ninguna mano «papal ni episcopal» detendrá sus obras en su camino destructivo. Son el nuevo «triunfalismo». Desde luego ellos juzgan la libertad triunfal en que viven, como algo mucho mejor que la «odiosa» «libertad constantiniana» de la que emergió de las catacumbas la Iglesia Católica «hoy difunta». «El pensamiento Católico hoy difunto».

   Podemos también creer en lo que narra Malachi sobre el asunto de Sindona y los dineros del Vaticano. En sus particulares conocimientos sobre los probables "papales" del cónclave que seguiría a la muerte de Paulo VI. En ocasiones, Malachi desconcierta, pues en "El Cónclave" se expresa de repente como un verdadero católico "denunciando" alguno que otro hecho de los que repugnan a los verdaderos católicos. Pero su sagacidad no tiene límites cuando con el pretexto de las discusiones entre los cardenales que, con un nombre supuesto se pone a hablar con motivo del cónclave, emplea hábilmente la "dialéctica postconciliar" para hacer llegar al lector incauto a las conclusiones que él quiere, meter dudas y despotricar en contra de todo lo que le place. Las discusiones entre los ficticios cardenales, están plagadas de un intenso pragmatismo. Es la Teología de la Liberación en su equívoco de hacer el paraíso en la tierra, pero sin nombrarla. Hábilmente por ejemplo, pone en boca de un "cardenal" Thule una perorata que concluye así: "Hubo una vez, en el mundo cristiano, en que toda la autoridad de ese reino en la tierra (el Reino de Cristo, la Iglesia), ¡se centraba en el Papado"...![14].

   En las páginas siguientes instruye mediante el mismo proceso de las pláticas entre los cardenales, sobre la conveniencia de un «socialismo personalista democrático», y hace proclamar a su ficticio personaje, que «creemos que cualquier criatura de Dios es Santa, precisamente porque Cristo murió por todos»[15]. Malachi Martin juega astutamente su juego.

   Rechaza o toma los dogmas católicos para burlarse de ellos, o bien para emplearlos demagógicamente a favor de cualquiera de las herejías en boga. Las peroratas en que los personajes ficticios de "El Cónclave final" tratan sobre el marxismo son una instrucción completa acerca de las corrientes que fluyen dentro de la Iglesia post-conciliar; una recolección de "ideologías" presentada en un compendio que resulta interesan para todos los que no las conozcan. En las discusiones los personajes hablan acerca de los diversos sistemas "socio políticos" que la nueva iglesia deberá alentar, sin excluir un "Socialismo personalista democrático"[16]. En base al "socialismo" todo puede proponerse, pero entre todas las proposiciones resaltan las ideas básicas proclamadas por Paulo VI y Juan Paulo II, acerca de la "civilización del amor". En ocasiones la llaman "nueva Cristiandad" porque lo nuevo en ella consiste en que la Iglesia de ellos se conforma con ser "una comunidad más", dentro de la multiplicidad de los conceptos acerca de Cristo, yendo más adelante hacia la convivencia con los ateos, nada pacíficos, sino combatientes contra la Iglesia, dondequiera que ellos están. A ellos la Iglesia no debe procurar "convertirlos", sino colaborar con ellos en los países donde dominan: ¿colaborar en qué? En sus sistemas socio-políticos, que atentan contra los derechos humanos elementales, a cambio de un mendrugo de mentida libertad de hálito de vida para la Iglesia. Un hálito, decimos, porque la Iglesia no tiene libertad en realidad. La esperanza de los marxistas se funda en el control educacional de las nuevas generaciones y en la manipulación de las masas como dice Solyenitzin, "en la decadencia del coraje" sobre todo. Como lo dice el documento chino-marxista sobre los planes sobre América Latina, "Li Wei Han", "dentro de poco, los católicos mismos destruirán las imágenes que ellos crearon". Juan Paulo II prosigue la línea de la "convivencia pacífica" con toda clase de gobiernos anticatólicos. En sus declaraciones de octubre 16, (Agencia UPI) dijo: "La Iglesia Católica no pide privilegios, sino únicamente el derecho de existir y realizar su misión religiosa sin obstáculos; ÚNICAMENTE DE ESTE MODO PUEDE COOPERAR TOTALMENTE COMO DESEA HACERLO".

ALECCIONANDO MEDIANTE PERSONAJES FICTICIOS

   Malachi Martin pone en boca de sus personajes toda la gama de opiniones acerca de las relaciones Iglesia-Estado antiguas y en boga, incluyendo la "opinión" de la vieja Iglesia de la "Cristiandad medieval". Esa de la que él abomina junto con los Chenu y los Congar. Pero siempre aparece como pasada de moda ante el empuje de ese oleaje de "gran amor mutuo" que ha surgido como por encanto de la Humanidad en Visión de Juan XXIII, y así se nota claramente en "El Cónclave" lo que quiere dejar establecido el autor: El mundo cristiano... ha terminado. El objetivo entonces durante 1.600 años era crear un imperio sagrado de Dios y de Cristo sobre todas las cosas, hombres, familias, dinero, naciones, política, estructuras sociales, arte, todo... Y durante más de 1.600 años la Iglesia estaba decidida a bajar lo sobrenatural y hacerlo parte de este mundo y hacer que todas las cosas temporales... fueran instrumentos de ese imperio santo"... [17]. ¡Y bien que le molesta a Martin este hecho! Notemos además cómo pone exactamente la fecha del fin de ese propósito de la Iglesia y de esas realizaciones del Reino de Cristo. Cuatrocientos años hace. Cuatrocientos años que empezó a morir la Iglesia de "entonces". Entonces, significa que a aquella Iglesia que no es verdad que ya haya muerto, ni morirá, otros hombres extraños se han apoderado de los puestos clave. Para consumar sus planes los conspiradores ni iban a manifestar sus Propósitos desde un principio, de ahí que comenzaran por proponer otras doctrinas que ya no son el reino social de Jesucristo. Pero podemos comprobar en boca de ellos mismos, que la nueva cristiandad, mejor llamada "civilización del amor", es la contra-Iglesia, que no es una fantasía de los Teilhard, Chenu, Congar y Martin sino que es un verdadero plan que en los últimos cuarenta años alcanzó uno de sus máximos Objetivos y el más peligroso: sentar en las máximas Sedes a gente suya, a la que las masas fanáticas inocentemente engañadas aplaudirían, aceptando colaborar en su propia perdición. En la página 318 Martin pone en boca de un tal Thule, la exposición de aquello que suplantará "el objetivo" del Reino de Cristo. Dice:

   "En la nueva cristiandad, en el mundo por el cual nosotros y el futuro Pontífice con toda su Iglesia debemos luchar, nosotros los cristianos ya no buscaremos desarrollar y mucho menos imponer una doctrina común y una unidad de creencia. Ni siquiera insistiremos en un mínimo doctrinal teórico. Pues lo que compartiremos con este mundo es la labor de transformar el régimen socio-político. Así que se puede decir que tenemos en común con todos los hombres un problema difícil, no un problema cristiano, sino un problema socio-político, que debe ser resuelto por los cristianos conjuntamente con todos los demás hombres de buena fe, ¡y la gran mayoría de los hombres son de buena fe!..."[18].

   Ciertamente, esta es la posición que por vía de paso propone la nueva Iglesia postconciliar. Ser la animadora del progreso universal, la sierva de la Humanidad, -así con mayúscula- la escriben en casi todos los documentos oficiales esta palabra los post-conciliares. Con el fetiche del "amor universal" que de pronto se ha convertido en un posible paraíso la tierra, la masónica O.N.U. a cuya sede fue Paulo VI a cantar el "Gloria a vosotros" declarando a sus miembros, (tirios y troyanos) la esperanza de la humanidad, será el templo mayor hacia donde se dirijan las miradas de todos los hombres buenos... que hoy se descubre que todos lo son.

   Es un hecho que Malachi Martin jamás hubiera escrito una sola línea acerca del "nuevo Papa" si el elegido no estuviera dentro de la línea trazada "desde hace cuatrocientos años" para abatir a la verdadera Iglesia Católica. Podrá no estar aún al final del Plan, pero es seguro que Wojtyla es parte del engranaje cuando un hombre como Martin escribe acerca de él, presentándole hábilmente en parte "conservador" y en parte avanzado, para que pueda ser aceptado por todos.

   Que esto no es igual que la "Iglesia de antes", lo manifiesta la historia de los "colaboradores eclesiásticos" que han suplantado a los resistentes heroicos que decían un "NO" terminante y rotundo a toda claudicación, porque sabían que cualquier claudicación significaba un aval a la destrucción de la fe católica y del mundo cristiano. Cristiano, sí, aunque duela a muchos el "régimen de Cristiandad", porque existió, con sus deficiencias humanas, pero con aspiración de hacer prevalecer el Derecho Divino, garantía suprema del verdadero derecho humano.

   Así pues, la defensa que se hace es la de la "libertad religiosa" que en el contexto del neo-modernismo significa libertad para todas las religiones equiparándolas a la católica, y libertad de conciencia en honor a la "dignidad humana".

EL CÓNCLAVE FINAL SEGÚN MARTIN

   Martin habla del cónclave que seguiría a la muerte de Paulo VI como del "último cónclave", en razón de que sería la finiquitación de la Iglesia Católica. La Iglesia de los reales cónclaves que producían verdaderos Papas a los que él odia significativamente mencionándolos hasta Pío XII. En este sentido a causa de la Sede Vacante por incapacidad de electores y elegidos, aún no ha tenido lugar el cónclave católico. Pero en la voz de Martin vociferan todos los enemigos de "aquella Roma" de los cónclaves verdaderos. "¡Terminar con la Iglesia del Cónclave!" grita Martin a través de uno de sus "cardenales" ficticios... ¡Nuestra tarea consiste en planear y preparar nuestra propia liquidación!... No mediante una ejecución sumaria. No con la deserción infiel. No por la estupidez cobarde. Pero con nuestra voluntad concertada buscando la voluntad de Jesús. ¡Para que la luz que llevamos y el amor que profesamos se libere!...[19]. Así que según esto, para que dicha luz y amor que llevan dentro los modernistas, se liberen, es preciso que muera la Roma precisamente llamada y que es eterna, pese a las ocupaciones de infiltrados a lo largo de la historia.

   Martin se desquita en las últimas páginas vociferando contra Roma, poniendo en boca de un tal "Doménico" una perorata que la "Roma de Constantino", la "Institución que está condenada", dirige simbólicamente a los presentes en el cónclave. Roma grita que terminen con ella como si fuera insoportable a sí misma. Doménico resume la "voz" de la antigua Roma y dice:

   "Puedo perder con ecuanimidad todos mis monumentos. Poco importa si el manto de Jesús en Roma se destruye o se descuida. Que derrumben la Scala Santa en la Iglesia de San Salvatore si es necesario. Que se use su mármol para letrinas públicas. (¿Eso será lo que quiere Martin en su interior, que se haga con las piedras que se conservan, que pisó Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión?). Que los tanques del enemigo entren a la Basílica de San Pedro, como lo hicieron los caballos del Ejército Español en 1527; como lo hicieron los guerreros de Atila y Genserico mil años antes. No importa. Que las mitras y los báculos pastorales y las tiaras y los anillos y las cruces en mis museos se vendan como garantía, o que se saquen como botín. No importa. Y que el Vicario de Jesús sea un peregrino, como lo fue Jesús, cuyo vicario es ahora el Papa. No importa. Que toda esa belleza que también es mía, se apague y se manche" [20]...

   ...Malachi, no debes preocuparte tanto de tus ansias de desastre en la Iglesia... Peores que los tanques del enemigo son las pisadas de los Antipapas y las ceremonias luteranas en San Pedro, o el desprecio de los templos para preferir las calles en los rituales que la engañada multitud cree católicos. Las mitras y los báculos pronto desaparecerán en la carrera igualitaria de la "colegialidad asambleísta". La tiara ya no existe; la última que se usó, fue subastada. Toda la belleza de las iglesias ha sido manchada y profanada, y quienes sacan sus riquezas en botín son los propios nuevos curas. (No hemos podido evitar esta imprecación a Martin).

   Continúa Domenico vociferando en nombre de la "antigua Roma". "La experiencia les dice que deben terminar con todo, con objeto de empezar[21]. (Entonces todo lo que hubo fue mentira según Malachi siguiendo a todos los suyos)... Ustedes deben liberarme de los obstáculos que ustedes y sus antepasados en esta Iglesia han colocado ante mí. (Entonces la Iglesia no fue obra de Cristo durante veinte siglos. Va a empezar tras el cónclave "final")... "Libérenme, pues, de lo contrario, tendré que destruirlos, para dar paso a una generación más fiel, que no hablará su mismo idioma, no llevará sus rangos ni sus mantos. ¡Pero ellos consentirán en ofrecer a Dios ese sacrificio tan aceptable del Señor Jesucristo con pureza y con verdad en todo este universo humano!"[22]. Así que todo lo que se ofreció hasta hoy era mentira. Es evidente que "el sacrificio" de que habla Malachi no se refiere al Sacrificio de la Misa, sino a alguna de las "hostias del progreso, la fraternidad y la libertad" que con sentido teilhardiano, o con el sentido de la doctrina exótica de Martin sobre el "ser de Jesús", se ofrecerán en "el universo humano" cuando llegue la "Parusía" modernista: el paraíso en la tierra, el señuelo de la igualdad para todos, la felicidad absoluta, con que atraen a multitudes incautas todos los aliados por un cónclave que en verdad sea el "fin de la Iglesia Católica Apostólica Romana" tal como ha sido y como siempre será.

LA CUESTIÓN DE LOS PAPAS PEREGRINOS

   A Martin le fascinan los "papas peregrinos". Porque es evidente que con ellos (falsos para nosotros) se inicia el sistema de las "confirmaciones de los sistemas" socio-políticos, sean los que sean, ... Y no tanto porque quizá estos «peregrinos» dispuestos a ir a Moscú, no hubieran visitado ni visitarían un verdadero estado Católico «a la antigua».

   El sistema de la "confirmación del sistema" -valga la redundancia- consiste en ir el "Papa peregrinante" a visitar "la iglesia que peregrina" en tal o cual lugar de la tierra, precisamente en el momento en que el sistema anticatólico y violador de los derechos humanos, precisa de auxilio para que los católicos acepten como buenos sus tesis y realizaciones. Así queda hecha una alianza visible entre la nueva Iglesia y todos los gobiernos de toda la O.N.U. aun cuando no existan relaciones oficiales. ¿Qué no deduce un católico sencillo, ignorante de las áridas cuestiones teológico-políticas, del cálido abrazo entre un "Papa peregrinante" y un jefe de Estado?.. Que enemigos no son, por lo menos, y que al saludarse y aceptarse recíprocamente tan efusivamente, algo, por lo menos, deben tener en común, que justifique que ellos, que no pueden despojarse de sus investiduras ante los ojos del mundo son de fiar respecto del bien del pueblo. Pues el más elemental y lógico sentido común del ser humano, conduce a la conclusión de que es imposible que se sea "amigo y enemigo a la vez", porque mostrarse amigo siendo enemigo, se llama hipocresía. Y si mostrarse amigo de los amigos es franqueza, aparecer como amigo de los que se conocen como enemigos del catolicismo, se llama traición. Jamás ...el pueblo católico imaginó a San Pedro saludando, visitando, ni honrando con invitaciones especiales o visitas particulares a Nerón o Caifás. Y Nerón no ha muerto. Sólo cambia de ropaje a través de los siglos, y de sistema. Todos los verdaderos sucesores de Pedro lo han detectado a tiempo y denunciado. Pero hoy no sólo es Nerón sino el mismo Caifás el homenajeado en la nueva Iglesia.

   Sea como sea, nosotros no podemos sentarnos a la mesa con Malachi Martin, profeta de los últimos planes de la nueva iglesia. Estando en espera del documento definitivo de la III CELAM (Conferencia del Episcopado Latinoamericano, en 1979 en Puebla, México), nos enteramos de otro de los "saltos hacia adelante" de la iglesia de los "iluminados". En Medellín, Colombia, se dio la comunión a los protestantes. En Puebla se dio la palabra a los judíos observadores. Lo que puede no significar nada para los complacientes con los "cambios", tiene un gran contenido para nosotros los "renuentes" a abrazar a Caifas y a besar la mano de los Malachis, de los que escriben y de los que más pérfidos aún, no escriben, pero actúan.

LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES, PARTE DEL PLAN

   La noticia fue esta: "Puebla puede ser un nuevo punto de partida para las relaciones judeo-católicas en América Latina, afirmó ante el plenario de la Tercera Conferencia Episcopal, el representante del Congreso por el Judaismo, Paul Warszausky, argentino.

   El representante judío fue invitado a hacer uso de la palabra por el secretario general del evento, el obispo colombiano Alfonso López Trujillo... "Estoy persuadido -dijo al fin de su alocución-, de que REPRESENTAMOS A DOS ANTIGUAS COMUNIDADES DE FE CADA UNA DE LAS CUALES TIENE UN LUGAR EN EL PLANO DIVINO DE LA CREACIÓN".

   De lo que dijo ANTE EL PLENARIO de los asistentes este judío, se pretende deducir que en Dios hay una infinita e increíble contradicción. Pues tanto los que aceptan al Hijo Jesucristo como Dios hecho Hombre y Salvador, como los que le rechazaron y rechazan, y estuvieron y están conformes con su crucifixión, tienen un lugar que el orador indica igualmente determinado, por Dios en el plano divino de la creación. Aceptar o renegar de Cristo, todo es igual. Es más: es "plan" divino Esto es el Ecumenismo. Nadie en la "asamblea" podían levantarse -aunque debían- a contradecir al judío, como nadie se levantó en Medellín a contradecir al protestante que habló de que la Iglesia Católica la constituían "todos los creyentes en Cristo" en cualquier forma.

   Y todo esto es tan absurdo ante la doctrina revelada por Dios, que no hace falta escribir un libro para augurarle a Malachi Martin que pese a la oscuridad de hoy, el pensamiento católico NO DIFUNTO, continúa alimentándose de Aquel que es "luz de la luz", cuya Iglesia Santa no morirá, porque la promesa de Cristo-Dios es indefectible. Y no se tratará de la supervivencia de cualquier "resto" de la Iglesia. Son veinte siglos de asistencia del Espíritu Santo los que nos acompañan. Ante esta realidad, las fantasías sobre la muerte de ESTA Iglesia aparecen ridículas y deleznables. La batalla por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, es la única que tiene la garantía divina de ser ganada pese a que la libremos en "valles tenebrosos".

LA VISITA DE JUAN PAULO II A CUBA

   Después de concluido este comentario han tenido lugar sucesos significativos que confirman lo expuesto acerca del plan de los postconciliares.

   La visita de Juan Paulo II a Cuba, que constituyó un acontecimiento mundialmente orquestado como todas las acciones de Wojtyla, nos ha confirmado la apertura del nuevo Vaticano al comunismo, bajo la capa del que será «un socialismo personalista democrático». En el abrazo Castro-Wojtyla está contenida la afirmación ante el mundo de que es posible ser Católico y marxista, esto, bien examinado, mediante la aplicación del «cristiano-marxismo» de Teilhard de Chardín, cuya corriente campea en la Teología de la Liberación, bajo la cual actúan los clérigos revolucionarios que mantienen un frente permanente ante todo en América Latina.

   Desde luego, Fidel Castro se apresuró a declarar ante los medios de comunicación a nivel mundial, en repetidas ocasiones, que su sistema de gobierno no sufriría modificaciones con motivo de la visita del Papa. Los melosos discursos de bienvenida y saludo por parte de ambos personajes constituyeron un intercambio de falsedades respecto a la situación real de Cuba, y de barbaridades en el sentido de que se ignoró por completo el hecho de que la revolución castrista atropelló ante todo los derechos humanos, pero en particular los de los católicos, de cuya persecución y muerte tenemos constancia. Acerca de los miles de presos políticos que existen en Cuba y que se han contado también por millares durante el castrismo, Wojtyla no dijo una sola palabra, como si ni éstos ni los que aún padecerán tuvieran los derechos humanos tan cantados por los de la secta postconciliar. «Que Cuba se abra con todas sus magníficas posibilidades al mundo, y que el mundo se abra a Cuba[23] dijo Juan Paulo II a Fidel Castro, esto equivale a que en Roma en tiempos de Nerón, durante la persecución de los cristianos, San Pedro hubiera ido a abrazar al perseguidor y asesino de los cristianos, deseándole que «sus magníficas posibilidades se extendieran a todo el Imperio», -dominio del mundo máximo entonces-, ignorando por completo los horrores de las cárceles y los circos donde se derramaba la sangre cristiana, por ser sangre cristiana. Wojtyla fue a alabar sino explícitamente, si implícitamente, mas de un modo fácilmente deducible, la matanza de millones de católicos en lo que después formó la Unión Soviética, de la que sin nombrarla, habló de «magníficas posibilidades» de abrirse al mundo con su ateísmo perseguidor de la Iglesia.

   Por su parte Fidel Castro en sus palabras de saludo alabó el concilio Vaticano II manifestando que «no había país mejor preparado que Cuba para comprender la feliz idea de Juan Paulo II, tal como él -Castro y los suyos la entienden- y tan parecida a la que ellos predican». Dejamos a la consideración del lector los «parecidos» entre cuestiones fundamentales como el ateísmo y la Fe en Jesucristo.

   Por falta de espacio no podemos extendernos en este comentario. Solo hay dos cuestiones más, importantes de considerar.

1. La «Iglesia» que recibió, se dice, en cuanto, a todo el pueblo, jubilosamente a Juan Paulo II, no es la verdadera Iglesia. Es la «Iglesia» del Vaticano II. A donde va Wojtyla reclutando multitudes, millares de gentes asisten por curiosidad. La «Jerarquía» acomodada al marxismo de Castro es de nuevo cuño. Desde luego ninguno de estos obispos castristas ha pasado por algo así como el archipiélago Gulag. ¿Visitarán estos obispos a los presos políticos católicos que padecen y mueren en las cárceles del dictador?..

2. El abrazo entre Fidel Castro y Wojtyla tuvo para los autores de los planes «globales» del nuevo Gobierno Mundial un significado bien claro. Recordemos que Juan XXIII, según Malachi Martin, habló de que «el comunismo pronto pasaría para dar lugar a algo mas cósmico». Esto será seguramente, obedeciendo a la consigna de ciertos «sabios misteriosos y ocultos» que dirigen actividades a nivel mundial, un Nuevo Orden Mundial bajo un Gobierno Mundial. (Recordemos que Paulo VI abandonó el concilio para ir a la ONU a alabar dicho futuro gobierno). Para conseguir el establecimiento de dicho Nuevo Orden una llamada «hermandad de religiones» las englobará todas, incluyendo, principalmente, la Religión Católica, estorbosa por su «exclusivismo» y antijudaísmo. El Vaticano II (junto con el trabajo que le antecedió) constituyó el puntal para iniciar la tarea de enrolar, por así decirlo a la Iglesia Católica dentro de la doctrina de la igualdad religiosa. En el año dos mil tendrá lugar el «climax» de la labor, mediante la «Gran Peregrinación del Jubileo de la Encarnación», que será «también fiesta para los judíos» y para todas las religiones, según se anuncia.

   Ahora bien, los ochenta y tres viajes «apostólicos» que lleva Juan Paulo II durante su reinado, no han constituido simples visitas de cortesía a tantos países. (El más reciente a Australia, 19 a 21 de junio de 1989). El objeto, para quienes conocemos la trama, ha sido promover con su presencia y palabras «la nueva evangelización». Este fue también uno de los objetos de su visita a Cuba. Wojtyla, el «papa» más peregrinante de la historia, no desea, según órdenes superiores, que quede nadie fuera del círculo que inicia el Nuevo Orden. También la promoción de Sínodos de obispos de los cinco continentes y reuniones sacerdotales intercontinentales han tenido este objeto. Año dos mil, nueva evangelizacióni, «magníficas posibilidades» para la secta postconciliar, por lo pronto.

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LA SANTA IGLESIA CATÓLICA

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  • [*] Malachi Brendan Martin (23 de Julio de 1921–27 de Julio de 1999)
  • [** ] Primera parte del libro: ¿Fin de la Iglesia Católica en el año 2000? de B. Kostas, Editorial Véritas, Santa Fe de Bogotá, Colombia, pags. 13-38. Ver Prefacio y La segunda parte del libro:COMENTARIO A LA OBRA "SU SANTIDAD" (Juan Pablo II y la Historia Oculta de Nuestro Tiempo de Carl Bernstein y Marco Politi
  • [1] Tres Papas y un Cardenal. Malachi Martin. Organización Editorial Novaro, S.A., 1973, Pag. 222. 
  • [2] Ibid., pág. 222.
  • [3] Ibid., pág. 44.
  • [4] Ibid., pág. 47.[5] Ibid., pág. 7.
  • [6] Ibid., pág. 7. 
  • [7] El Cónclave Final. Malachi Martin. Editorial Diana. S.A., 1978, pág. 26.
  • [8] Jesús Hoy en Día. Malachi Martin. Editorial Diana, S.A., 1978, pág. 165.
  • [9] El Cónclave Final. Malachi Martin. Editorial Diana, S.A., 1978, pág. 26.
  • [10] Ibid., pág. 34.
  • [11] Ibid., pág. 34.
  • [12] Ibid., pág. 34-35. 
  • [13]  Ibid., pág. 69.
  • [14]  Ibid., pág. 317.
  • [15] Ibid., pág. 319.
  • [16] Ibid., pág. 319. 
  • [17]  Ibid., pág. 316.
  • [18] Ibid., pág. 318.
  • [19] Ibid., pág. 408-409. 
  • [20] Ibid., pág. 411. 
  • [21] Ibid., pág. 411. 
  • [22] Ibid., pág. 411.
  • [23] L'Osservatore Romano del 30 de enero de 1998. Visita Pastoral del Santo Padre Juan Paulo II a Cuba. Discursos de bienvenida y saludo de Fidel Castro y Juan Paulo II.