CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

ELOGIO DE LA INTRANSIGENCIA DOCTRINAL
Johan Livernette
(Traducido del francés por Patricio Shaw)


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“La integridad de las doctrinas es la única oportunidad de los restablecimientos del orden en el mundo.” Cardenal Pie


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A la hora en que los dictámenes se enfrentan, en que los debates son torrenciales y se multiplican sobre todos los temas posibles, en que el libre pensamiento (masónico) es el dogma dominante, es necesario —y me parece caritativo— recordar algunos puntos fundamentales a las inteligencias no machacadas por los medios masivos de comunicación: la Iglesia una, santa, católica y apostólica es la única depositaria de la verdad, la cual no tolera el error de ninguna manera.

La Verdad es intolerante

Cumbre católica de la segunda mitad del siglo XIX, el Cardenal Pie escribía:[1] “La religión que viene del cielo es verdad, y es intolerante hacia las falsas doctrinas.” En cambio, por lo que se refiere al ser humano, pecador por esencia, el ilustre clérigo notaba con indulgencia: “La religión que viene del cielo es caridad, y está llena de tolerancia hacia las personas.” Dios perdona en efecto a los hombres de buena voluntad. Pero con algunas condiciones, sin embargo. Recordamos la famosa máxima de san Agustín que afirma que “errar es humano” pero que “perseverar en el error es diabólico”. Así pues, Monseñor Freppel se unió al ultramontano Cardenal Pie cuando dijo precisamente: “Firme sobre los principios, flexible con los hombres”.

Ninguna especie de indulgencia podría tolerarse hacia el liberalismo, este veneno que pudre las ideas justas y busca satánicamente reconciliar verdad y error. En cambio, debe aplicarse una determinada caridad ante los hombres honestos con el fin de conducir su inteligencia hacia Dios y la verdad.

Sobre esta cuestión, el Cardenal Pie escribía en el más puro espíritu tomista: “Es esencia de toda verdad no tolerar el principio contradictorio. La afirmación de una cosa excluye la negación de esta misma cosa, como la luz excluye las oscuridad.” El eclesiástico matizaba a continuación estipulando que “allí donde nada es cierto, donde no se define nada, los sentimientos no pueden compartirse, las opiniones pueden variar.” Luego concluyó: “Pero en cuanto la verdad se presenta con los caracteres evidentes que la distinguen, por el mismo hecho de que es verdad, es positiva, es necesaria, y por lo tanto, es intolerante: in necessariis unitas. Condenar la verdad a la tolerancia, es forzarla al suicidio. […] La Iglesia no inventó la verdad, sino que es su depositaria. [...] Quien busca la verdad en la tierra, busque la Iglesia intolerante.” A mil leguas de las sirenas liberales de hoy, su conclusión debe incitar a la intransigencia. Sería auspicioso que, al lado de la Basílica de San Pedro de Roma, estas palabras inequívocas recuerden algunos fundamentos olvidados por Ratzinger, Bergoglio y consortes.

Roma y la tolerancia

Se encuentra precisamente que la Iglesia conciliar es la campeona en cuanto a tolerancia doctrinal. Una tolerancia que resulta ser un escalón hacia la herejía, la apostasía y la condenación eterna de las almas.

Desde hace cerca de 50 años, la Iglesia del Vaticano II no deja de tolerar todo y cualquier cosa en su seno tratando al mismo tiempo de “intolerantes”, “rígidos”, “sectarios”, “fanáticos” e “integristas” a quienes se esfuerzan por seguir siendo fieles a lo que la Iglesia Católica siempre ha enseñado. Pero son ellos quienes verdaderamente resisten al Nuevo Orden religioso Mundial, de quienes el Cardenal Pie profetizaba: “La Iglesia, sociedad seguramente siempre visible, será llevada cada vez más a proporciones simplemente individuales y domésticas.” Hay que reconocer que la Iglesia oficial de Roma se incorpora así a la propaganda judeo-masónica en su manera de desacreditar a sus adversarios. A decir verdad, esto no tiene nada de asombroso cuando uno examina algunas características de los últimos antipapas en ejercicio desde 1958. Juan XXIII (Roncalli) era un masón rosa-cruz, Pablo VI (Montini) un judío sodomita, Juan Pablo II (Wojtyla) un Judío por su madre tal como ocurre con Benedicto XVI (Ratzinger) de quien constan los orígenes judíos[2] y la influencia innegable en el Concilio Vaticano II. El último en fecha, oficialmente el 266º, el argentino Francisco no traiciona la norma de los lobos disfrazados en corderos: habiendo pertenecido al club para-masónico Rotary[3], Bergoglio publicó un libro en Flammarion titulado “yo creo en el hombre”! Recientemente declaró que “la fe es revolucionaria!”[4] antes de plantear esta cuestión por lo menos original: “¿Quién soy yo para juzgar a un sacerdote gay?” Respuesta: de ninguna manera el Vicario del Cristo.

Roma no es católica sino ecuménica

Roma lleva así una pesada responsabilidad en la degradación de las ideas. Un dogma no debe no cambiar. Puede simplemente aumentar en una misma dirección, pero rechazarse nunca. Incensar la libertad de conciencia —condenada sin embargo por el Syllabus— equivale a desfigurar toda una religión, por hacer el juego de los enemigos del catolicismo. Cuando se sabe que una logia masónica puso la mano en la Iglesia romana desde el último Concilio, se comprende totalmente que pudo deslizar allí sutilmente todas las herejías concebibles (negación del pecado original, subjetivismo, ecumenismo, libertad religiosa, culto del hombre, laicidad…). En líneas generales, desde 1962 el Vaticano realiza un festival de errores doctrinales. Convendría ser flexible con los hombres ocupantes pero sería olvidar la importancia del depósito de la fe y el dogma de la infalibilidad pontifical. Además sería necesario que estos hombres a la cabeza del Vaticano fueran de nuestro campo. Ahora bien es totalmente legítimo dudar habida cuenta de sus trayectorias, declaraciones, posicionamientos y otras payasadas[5] dónde los dirigentes de Roma compiten en ridículo.

El enorme contraste entre la falsa doctrina de los dirigentes del Vaticano que se menean en Río y el verbo antiliberal del Cardenal Pie saltará a los ojos del más impio de los lectores. Es toda la diferencia entre el ultramontanismo del Siglo XIX y el modernismo que nos circunda. Uno tiene una directriz clara como el agua de roca, el otro reconcilia, tolera, busca excusas, desvía, extravia, se reniega.

Cuidadoso de denunciar la libertad religiosa, el Cardenal Pie había profetizado lo que los dirigentes romanos de estas últimas décadas han realizado desgraciadamente: “Si todas las religiones pueden equipararse, es que valen todas; si todas son verdaderas, es que todas son falsas; si todos los dioses se toleran, es que no hay Dios. Y cuando se ha podido llegar allí, ya no queda moral bien incómoda. ¡Cuántas conciencias estarían tranquilas, el día en que la Iglesia Católica diera el beso fraternal a todas las sectas rivales!” El Cardenal Pie no era con todo Jesucristo, pero en cualquier caso clarividente y visionario.

Al final, el hombre honesto en búsqueda de verdad no deberá nunca perder de vista que la Iglesia de Roma, que está tomada por los modernistas y rompió con el mensaje del Cristo, no es pues ya cristiana. Ella aparece claramente como una caricatura, una falsificación de la Iglesia Católica. Por lo tanto, porque no tiene ninguna unidad en su seno, ni una misma fe, ni sacramentos válidos, porque produce frutos malos y también porque es amada por el mundo en vez de ser perseguida por él, esta Iglesia conciliar es más que nunca anticatólica y modernista. Un enemigo que debe combatirse, una institución que debe huirse. Y si sus dirigentes fueran honestos, no la llamarían ya “católica” sino “ecuménica” según la hábil sugerencia de Jean Guitton.

IGLESIA CATÓLICA

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[1] Les citations du Cardinal Pie répertoriées dans cet article sont tirées des « Oeuvres sacerdotales »  Remerciement à l’abbé Guépin pour le relais des écrits du Cardinal Pie.
[2] Les origines juives de Ratzinger, par Laurent Glauzy
[3] http://johanlivernette.files.wordpress.com/2013/04/bergoglio-rotary.jpg La plupart des membres du Rotary sont également des francs-maçons.
[4] http://fr.gloria.tv/?media=480197
[5] Une des dernières en date fut les JMJ 2013 au Brésil: Obispos