CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

BREVE HISTORIA DE LA DEFENSA DE
LA VERDADERA FE EN LA ARGENTINA


Los primeros pasos que dimos, quizás estuvieron errados.
Quien no hace nada, nunca se equivoca. ¿Eso es mejor?

Defensa de la fe en la Argentina
Verdadera Fe en la Argentina
Defensa de la fe en la Argentina

Hacer una historia de la defensa de la verdadera Fe en estas tierras, implica hablar del Ingeniero M. Roberto Gorostiaga, a él le debemos que en la actualidad nuestra Patria sea el más importante bastión de lucha contra la secta conciliar en América del Sur.

¿Cómo comienza esta historia? Quizás con aquellas reuniones de los sábados por la tarde en la Confitería del Molino. Allí nos encontrábamos: José María Racedo, Andrés de Asboth, el Capitán Rubio, etc., y, por supuesto, el Ingeniero Gorostiaga. Ahí surgió, entre otras cosas, la idea de publicar la revista "Roma". El epílogo de esos encuentros, era cruzar a la Plaza de los dos Congresos, en donde nos uníamos a un grupo comandado por el ingeniero Alfaro, que acudía a dirigir el rezo del Rosario, y entonar cánticos a la Celestial Señora acompañados por los sones de un armonio portátil.

Luego vino la búsqueda de lugares en donde sacerdotes fieles pudieran celebrar la Misa Tridentina. Primero, los sábados por la tarde en la capilla del Colegio Champagnat; después, los domingos por la mañana, en la Casa de Ejercicios de la calle Independencia, en la capilla facilitada por las hermanas gracias a la intermediación del Padre Julio Meinvieille, su capellán. La Misa era celebrada por el Padre Raúl Sánchez Abelenda. Luego en una capillita, ya no recuerdo el nombre, ubicada cerca de la avenida Gral. Paz, a pocas cuadras de Av. Cabildo. Otras veces, acudíamos a la Misa celebrada por el Padre Pascual en la capilla del Hospital Ferrobiario, del que era capellán.

Así arribamos a julio de 1977, en que se anuncia la visita al País de Monseñor Marcel Lefebvre. Es el ingeniero M. Roberto Gorostiaga quien se encarga de organizar su recibimiento. Para ello, convoca a un grupo de gente: Atilio Neira, Holofernes López Badra, Álvaro Ramírez Arandigoyen, Margarita Demontis de Quantin, Norberto Quantin, Andrés de Asboth, Jorge Sernani y Olga Moreno.

En los días previos, el arribo del arzobispo francés fue objeto de especulaciones periodísticas porque el canciller del gobierno (en ese momento ocupaba la Presidencia el General Jorge Rafael Videla), vicealmirante Oscar Antonio Montes, calificó la visita como “inoportuna y perturbadora” para las relaciones entre la Argentina y el Vaticano. La visita tuvo bastante repercusión en la prensa escrita de la época, que se hizo eco de conferencias, comunicados, solicitadas y declaraciones. A tal punto que los medios de comunicación se preguntaron si el gobierno autorizaría el ingreso al país de Mons. Lefebvre.

El canciller Montes, mantuvo una entrevista con el Arzobispo de Buenos Aires, cardenal Aramburu, en la que se trató acerca de las consecuencias de la visita del arzobispo galo.

Hubo declaraciones en contra de parte del Arzobispo de Corrientes, Jorge Manuel López, y del rector de la catedral metropolitana Daniel Jeegar. La Jerarquía advirtió a los fieles para que no participaran de ninguna misa ni oficio del prelado francés. El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, cardenal Raúl Primatesta, censuró a Lefebvre y dijo que "los grupos de laicos que lo apoyan no están reconocidos por la jerarquía católica nacional". Además, el cardenal primado calificó de "reaccionaria” la conducta de su par francés. El vicario general de las fuerzas armadas, Adolfo Tortolo, más moderado, opinó que “no todo es negativo en las recriminaciones del arzobispo Lefebvre”.

El diario liberal argentino La Nación dedicó al tema una editorial con el título, “La unidad de los católicos”. Allí se decía que “sin duda, hubiera sido preferible que el Gobierno se mantuviera a prudente distancia de este lamentable entredicho. En las cuestiones que conciernen al culto no cabe sino robustecer el principio de libertad que subraya nuestra tradición. Pero al margen de la actitud del Gobierno, es necesario recordar que la fuerza de la Iglesia católica ha sido, históricamente, inseparable de su ecumenismo, de su universalidad, de su cohesión basada en una aceptación de la autoridad absoluta del Papa. Hasta ahora, si bien se ha hablado oficialmente de la `inoportunidad` de la anunciada visita de Lefebvre, no se ha adoptado ninguna medida especial que impida su ingreso en el territorio nacional.”

Al final, el gobierno militar permitió el ingreso de Lefebvre a la Argentina.

Era la terrible época de la subversión, existía la prohibición de ir al Aeropuerto policia montada impidiendo el pasoInternacional de Ezeiza con más de dos personas por vehículo. Por esa causa, solamente recibió allí a Monseñor Lefebvre el Ingeniero Gorostiaga. En un humilde local de Villa Martelli, se dispuso todo para que Monseñor celebrara una Misa. Pero... como se habían prohibido celebraciones públicas e incluso privadas, la policía de la comisaría de Villa Martelli, invocando órdenes superiores, impidió que los fieles llegaran al lugar preparado para tal fin. ¡El gobierno envió a la Policía Montada para que lo impidiera!

Apenas asumió, el gobierno del "Proceso de Reorganización Nacional" suprimió tres feriados religiosos: Corpus Christi, Asunción e Inmaculada Concepción, lo que hizo que en una de sus homilías de las Misas celebradas en la Casa de Ejercicios, el Padre Raúl Sánchez Abelenda dijera: "Esto lo van a pagar". ¡Vaya si lo pagaron y lo están pagando, aún en esta vida!

A la luz de los acontecimientos posteriores, nos damos cuenta de las falencias de Monseñor Lefebvre. Muchos casi recién arrivados a esta lucha, se rasgan las vestiduras por nuestra colaboración con él, pero, en ese entonces, era la única cara visible de la resistencia a la secta conciliar. Fue el que alzó la voz de alarma y aglutinó a su alrededor a los que no se dejaban llevar por las directivas heréticas emanadas del Vaticano. No juzgamos sus intensiones, ya lo ha hecho el Tribunal Supremo, creemos estériles las discusiones al respecto. ¿Que él, con su posición, ablandó a la verdadera resisitencia? ¡Quizás! ¡Sólo Dios lo sabe! Pero lo vimos como nuestra tabla de salvación. Por otra parte, es muy fácil criticar, ¿dónde estaban los "iluminados" que juzgan con la perspectiva que les da el tiempo transcurrido, para "señalarnos el camino"? además, ¿quién pensaba que las cosas iban a llegar al punto actual? Quizás el doctor Carlos Disandro o alguna otra mente preclara.

Mal o bien, fue gracias a Monseñor Lefebvre que tuvinos una capilla en donde se celebraba la verdadera Misa. ¿Que eran "una cum" y con el misal reformado de Juan XXIII? A muchos de los sedevacantistas que por varios años colaboramos con su obra, eso no nos parecía relevante: ¡teníamos la Santa Misa y los Sacramentos!

Durante su estadía en Buenos Aires, Monseñor se alojó en la casa de la señora Mercedes Anchorena de Ferrari, en la calle Libertad, generosamente ofrecida para tal fin.

Dada la prohibición de las autoridades nacionales de celebrar en lugares ¿públicos? las Misas de Monseñor Lefebvre fueron en casas de familias: en la de la ya mencionada señora Mercedes Anchorena de Ferrari, en las de varias otras familias cuyos nombres escapan a mi memoria y en la del Capitán Jorge Rafael Rubio. Curiosamente, de toda esa gente que lo recibió en ese momento, solamente siguió en las filas de la FSSPX, el Capítán Rubio, cuyo hijo menor, Ezequiel Rubio, un chiquillo entonces, luego entró en el Seminario de La Reja y actualmente es el Superior del Priorato de la Ciudad de Buenos Aires,

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Monseñor Lefebvre dejó aquí al Padre Michel Faure con la misión de establecer las bases de su obra, y regresó a Suiza ¿pasando antes por Chile.

Visita a Chile

También en 1977 Mons. Lefebvre visitó Chile. El Cardenal Silva Henríquez lo recibió calificándolo de "Judas". A lo que el prelado francés respondió: “Yo no creo ser Judas, y no le repetiría al cardenal la misma cosa, pero debo confesar que estoy sorprendido de oír esto en la boca de quien fue amigo del presidente comunista Salvador Allende.”

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Partió Monseñor Lefebvre, dejando aquí al Padre Michel Faure que lo había acompañado desde Francia. Comenzó entonces la búsqueda de un sitio apropiado para poner el primer centro de misas. Con la señora Margarita Demontis de Quantin, recorrimos varios edificios en venta que luego visitaban el ingeniero Gorostiaga y el Padre Faure para dar su "visto bueno". Finalmente, fue seleccionada una casona que, si mal no recuerdo había encontrado el señor Holofernes Lopez Badra (su hijo menor, entonces aún no nacido, hoy es sacerdote de la FSSPX).

Mientras tanto, la agrupación "Patria Grande" había ofrecido sus instalaciones en la Avenida Entre Ríos, a una cuadra del edificio del Congreso de la Nación para que allí se celebrara Misa. Los sacerdotes con que contábamos eran: el Padre Raúl Sánchez Abelenda, el Padre Antonio Mathet y el Padre Michael Faure.

Con su habitual generocidad, el ingeniero Gorostiaga adquirió la casa seleccionada, de Venezuela 1318, que constaba de una planta baja derruida, y primero y segundo pisos.

Empezó una carrera contra reloj, pues se quería llevar a cabo la inauguración cuanto antes.

Se instaló la capilla en un amplio patio cubierto del primer piso. La familia Guillén prestó un altar, bancos, manteles y ornamentos y el domingo 5 de diciembre se celebró la primera Misa.

SEGUIRÁ...

Ver: DEFENSORES DE LA FE EN LA ARGENTINA

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