CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

EL HNO. AGUSTÍN TRIUNFO DE ANCONA, O.S.A.
SOBRE EL PAPADO


EL HNO. AGUSTÍN TRIUNFO DE ANCONA, O.S.A., SOBRE EL PAPADO

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Agustín Triunfo, eremita agustino, teólogo y escritor. Nació en 1243 en Ancona (Italia) de una antigua familia patricia; murió el 2 de abril de 1328 en Nápoles. A los 18 años ingresó en la orden agustiniana y estudió en París, donde escuchó a Santo Tomás de Aquino y a San Buenaventura, fue promovido al rango de maestro, y él mismo dio clases. En 1274 fue llamado al Concilio de Lyon y en 1277 a Padua como predicador de la corte del príncipe Francisco Carrara. Defendió al máximo el poder inmediato e ilimitado del Papa sobre el Estado, y no reconoció otro motivo por el cual pueda ser depuesto un Papa sino la herejía, toda vez que un Papa hereje ya no es Papa.

Obras: Summa de potestate ecclesiastica (escrita alrededor de 1322 y dedicada a Juan XXII) Ediciones: Augsburgo (1473), Roma (1479), Venecia (1487) y Roma (1584). Todas las obras de este teólogo se encuentran en manuscritos en el Vaticano. Son numerosas, tratan de filosofía y teología, y en su mayor parte no han sido impresas aún.

La edición romana de la Summa incluye al principio un prólogo en forma de carta escrita por el Hno. Paulus Lulmeus Bergomensis, prior de Santa María de Populo en Roma, al prior general de los agustinos, Ambrosio de Cora Romano. Allí llama a la obra «armario lleno de todas las doctrinas», pues reúne de manera muy completa y compleja, fruto de sorprendente estudio, testimonios patrísticos y canónicos. La llama beneficiosa para la erudición y salvación de muchos, pues discierne cuanto pueda decirse católicamente de la potestad pontificia, su estilo escolástico es dignísimo, sus deducciones singulares están llenas de Fe y ha tratado numerosas cuestiones sutiles y singulares como ningún doctor lo hubiera hecho.

Expuso exactísimamente a Pedro Lombardo, y produjo comentarios dignísimos al libro primero de Analítica de Aristóteles y a su Metafísica también llamada Sabiduría. Declaró cincuenta teoremas sobre el Espíritu Santo contra los errores de los griegos para la defensa de la Sede Apostólica y la salvación de todos los fieles. Produjo un tratado hermosísimo sobre el «Cántico Espiritual, o las Diez Cuerdas», en el que hace una triple exposición gloriosa del Magníficat. Supermissus est de las alabanzas de la Santísima Virgen, y de la sacratísima encarnación del divino Verbo, disertando de manera extensa y muy ornamentada. Compuso opúsculos admirablemente ordenados sobre la entrada en la tierra prometida, sobre las potencias del alma, y sobre el género y la especie.

Comenzó el Milleloquium veritatis Sancti Augustini, tras su muerte retomado y completado por el hermano Bartolomé Urbinas.

Dio un tratado de la resurrección de los muertos al Ilmo. Sr. Francisco de Carrara, príncipe de Padua, y produjo muchos otros volúmenes para la salvación de los fieles y el ornato de la Santa Iglesia Romana.

En el artículo III de la cuestión IV de su Summa de potestate ecclesiastica, Agustín Triunfo de Ancona, eximio alumno de Santo Tomás de Aquino y fuente de la Summa theologiæ de San Antonino de Florencia, se pregunta si el Papa puede renunciar, ya que el papado es solamente de Dios. La respuesta afirmativa nos enseña mucho, y muestra cómo el papado depende de la voluntad de los elegidos y termina con ella, de donde se infiere que también comienza con ella deja de comenzar si ella deja de comenzar. Esto complementa perfectamente la Tesis del Reverendísimo Monseñor Guérard des Lauriers, y demuestra que la no papalidad de un ocupante material de la sede petrina puede ocurrir y manifestarse por otra vía que por herejía doctrinaria: por vía de disentimiento volitivo expreso.

Podemos demostrar que el Papa puede renunciar por sí mismo al papado con esta razón: aquello que, cuando el hombre coopera con ello, le es dado por Dios efectiva, subjetiva, quidditativa y finalmente, puede, cuando el hombre deja de cooperar a tenerlo dado, ser quitado y destruido de estos cuatro modos.

Primer Corolario aquello que, cuando el elegido a papa renuncia a tenerlo, deja de venirle de Dios efectiva, subjetiva, quidditativa y finalmente, eso mismo puede, cuando elegido a papa se resiste a recibirlo, serle impedido de estos cuatro modos.

Segundo Corolario Si los elegidos al papado impiden el poder papal resistiéndole en su causa-efectividad (Dios), o en su materia-sujeto-fundamento ("Cristo por la mediación de la Fe y de la Confesión de la Fe), o en su forma-quiddidad (ordenamiento), o en su fin-dirección (la gloria de Dios y la salvación de las almas), consiguen no pasar a ser papas en sentido formal, simple y propio. Esta “detención voluntaria ante el papado” se constatará después en la resistencia objetiva habitual al fundamento y al fin del papado.

A continuación damos nuestra traducción del original latino, añadiendo entre corchetes términos correlativos a los originales y conformes a la Tesis de Cassiciacum y la situación presente. Creemos haber una perfecta equivalencia lógica, basada en el razonamiento de que quien puede hacer que algo que tiene deje de dársele, puede hacer que ese mismo algo, si no lo tiene, no comience a dársele, pues de él depende el tenerlo dado.

Suma de la potestad eclesiástica, del Doctor Católico Agustín de Ancona.

Parte 1, Cuestión 4:
Sobre la renuncia del papa. Artículo 3: Si el papa puede renunciar
por propia determinación, dado que el papado viene de Dios solo.

Primero: causativa y efectivamente. Porque aunque universalmente todo poder venga de Dios, como está dicho en Rom. 13, singularmente Dios dio el poder papal a Pedro. Por lo cual sobre las palabras “Te daré las llaves del reino de los cielos”, Crisóstomo dice: “El Hijo dio a Pedro el poder que es del Padre y del mismo Hijo por todas las partes de la tierra; y dio a un hombre mortal la autoridad de Dios de todo lo que está en el cielo, para que por el poder de las llaves expandiera la Iglesia por todas las partes de la tierra

Segundo: material y subjetivamente [N.: se trata del modo de procesión divina del papado formal, no del mismo papado formal o material], porque aunque todo poder se apoya en el poder divino como en un fundamento, y en singular el poder papal está fundado sobre Cristo, según las palabras del Apóstol: “pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya ha sido puesto, el cual es Jesucristo”. Y Crisóstomo dice sobre Mateo: “Por eso Cristo dijo que la Iglesia fue fundada, no sobre Pedro, sino sobre una piedra, porque fundó el poder de la Iglesia no sobre los hombres sino sobre la fe de Cristo”.

Tercero: formal y quidditativamente [N.: se trata del modo de procesión divina del papado formal, no del mismo papado formal o material]. Porque aunque todo poder formalmente consista en un orden de un superior a un inferior (por lo cual cuando el Apóstol dijo que todo poder viene de Dios, enseguida añadio: “Pero las cosas que vienen de Dios, son ordenadas”), empero, el poder de la Iglesia está singularmente ordenado por Dios de tal manera que de él se dice en Cánt. 4: “es terrible y majestuosa como un ejército en orden de batalla”.

Cuarto: final y directivamente. En efecto, Agustín dice sobre las palabras de 1 Cor. 9: “¿Será que Dios se preocupa de los bueyes?”, que por cierto la providencia tiene cuidado por providencia general de los bueyes y de todas las criaturas, ya que dice el Profeta: “El que da a las bestias el alimento que les es propio, y a los polluelos de los cuervos que claman a él…” Pero tiene un cuidado singular de su Iglesia que no extiende a las criaturas irracionales.

No obstante estos términos por los que se ha mostrado que el papado viene singularmente de Dios, podemos probar que el papa [material] por propia determinación puede renunciar [à resistir] al papado, mediante esta razón. Lo que cooperando  el hombre viene de Dios efectiva, fundativa, ordenativa y directivamente, puede, cooperando el hombre, ser quitado y destruido [à impedido] de estos cuatro modos.

Así lo vemos en las cosas naturales, porque el alma racional es infundida al cuerpo singularmente por Dios, comoquiera que nadie podría infundirla y crearla sino Dios; y sin embargo, porque es infundida por Dios con la cooperación del hombre (porque como decía Aristóteles “el hombre y el sol engendran al hombre”), por eso el alma puede ser quitada y separada del cuerpo por obra humana.

En las cosas morales vemos que la gracia es infundida al alma singularmente por Dios, pero cooperando el hombre. Por lo cual sobre las palabras de las Lament. 4. “Conviértenos Señor a ti, y nos convertiremos”, la Glosa dice que no somos convertidos por la gracia de Dios a menos que nos convertamos por nuestra voluntad. Así, pues, el sentido es: “Conviértenos por la gracia, y nos convertiremos, en cuanto depende de nosotros, por el albedrío de la libertad”. Por lo tanto, así como la infusión de la gracia viene de Dios pero por el consentimiento y la conversión del libre albedrío del hombre, así su separación [ impedimento] puede darse por el disentimiento y por la aversión de Dios de su libre albedrío.

En las cosas artificiales es llano que el templo de Salomón y el tabernáculo de Moisés fueron fabricados por mandato de Dios, y hasta fueron hechas por dictado y precepto singular de Dios las cosas obradas en ese único tabernáculo. Y con todo, porque aquellas cosas fueron fabricadas con la cooperación del hombre, por eso con la cooperación del hombre fueron corrompidas [ impedidas].

Por lo tanto, no obstante, del mismo modo como el papado viene singularmente de Dios, con todo, porque no viene de Dios en este hombre o en aquél sino por la cooperación de su consentimiento y volición, por eso puede ser apartado por la cooperación de su disentimiento y volición.

Traducción: Sr. Patricio Shaw

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EL PONTIFICADO