CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

¿CÓMO VA A JUSTIFICAR AHORA LA FSSPX, SU UNIÓN CON LA ROMA APÓSTATA?
Sor Maria de la Trinidad


¿Una cum?
¿UNA CUM ?

En 1970, Mons Lefebvre funda la Fraternidad Sacerdotal San Pio X.

En un sermón de 1987 Mons. Lefebvre (entonces 81) anuncia su intención de consagrar un obispo para que se ocupe de su trabajo después de su muerte. Este fue un anuncio controvertido ya que hasta entonces Mons Lefebvre habia reconocido a Juan Pablo II como Papa y de acuerdo al código de derecho canónico la consagración de un obispo requiere permiso papal. (Mandatum)

En Mayo 5 de 1988, Lefebvre firma un acuerdo con el entonces Cardenal Ratzinger para regularizar la situación de la Fraternidad San Pio X. Ratzinger aceptó que se consagrara un obispo para la Fraternidad. Sin embargo, Mons Lefebvre opta por rechazar el arreglo de consagrar un obispo y decide consagrar cuatro sin aprobación “papal” usando como excusa el hecho de que el Cardenal Ratzinger no había especificado la fecha para la consagración episcopal.  Entonces, “Juan Pablo II el grande”- papa” de la Fraternidad San Pio X – hace un llamado para que Mons Lefebvre  no proceda a realizar "un acto cismático".

El 30 de Junio de 1988, Mons Lefebvre, con Mons Emerito Antonio de Castro Mayer de Campos, Brasil, como co-consagrador, consagró cuatro sacerdotes de la FSPX como Obispos: Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson, Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay. Al dia siguiente, 1° de Julio, la Congregación para los Obispos emite un decreto estableciendo que la Consagración fue un acto cismático y que por lo tanto las séis personas directamente envueltas en el habían incurrido en excomunión automática.

El 2 de julio, Juan Pablo II condena las consagraciones en su Carta Apostólica Ecclesia Dei, donde dice que las consagraciones constituyeron un acto cismático y que en virtud del canon 1382 del Codigo de Derecho Canónico los obispos y sacerdotes involucrados quedaban automáticamente excomulgados por el canon 1364.

Lefebvre declara que no se "separaron de Roma" y que por lo tanto no son cismáticos y que ellos “se encontraron ante un caso de necesidad”. En una carta dirigida a los cuatro sacerdotes  Lefebvre escribe: "No creo que podamos decir que Roma no ha perdido la Fe."

Luego de las consagraciones, “la Santa Sede” inmediatamente declara que Mons Lefebvre y los otros obispos participantes han incurrido automáticamente en excommunión segun el código.

Mons Lefebvre muere aún estando “excomulgado” - por Juan Pablo II “el Grande” - en 1991.

En 2009, a pedido de los cuatro obispos sobrevivientes, “el Papa” Benedicto XVI levanta las supuestas excomuniones.

Mons. Lefebvre solía enseñar que las canonizaciones son un acto “Ex Cathedra”.

¿Puede existir contradicción mas grande para la FSPX que la de permanecer aliada a la nueva Roma después del 27 de Abril de 2014?  ¿Qué excusa van a inventar ahora para seguir reconociendo a los usurpadores de la Sede Apostólica como verdaderos papas.

Abajo el documento mencionado tal como esta en el sitio del Vaticano. Los resaltados en rojo son míos:

CARTA APOSTOLICA 
"ECCLESIA DEI"
DEL SUMO PONTIFICE 
JUAN PABLO II
EN FORMA DE "MOTU PROPRIO"

1. La Iglesia de Dios con gran afflicción ha tenido conocimiento de la ilegítima ordenación episcopal que el arzobispo Marcel Lefebvre confirió el pasado 30 de junio, de forma que han resultado inútiles todos los esfuerzos realizados desde hace años para asegurar la comunión da la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, fundada por el mismo reverendísmo monseñor Lefebvre, con la Iglesia. En efecto, para nada han servido esos esfuerzos, tan intensos de los meses pasados, con los que la Sede Apostólica ha manifestado paciencia y comprensión hasta el límite de lo posible(1).

2. Esta tristeza la siente de modo especial el Sucesor de Pedro, el primero a quien corresponde tutelar la unidad de la Iglesia(2), por muy pequeño que sea el número de las personas directamente implicadas en estos sucesos, ya que cada hombre es amado por sí mismo per Dios, y ha sido redimido por la Sangre de Cristo, derramada en la cruz por la salvación de todos.

Las particulares circunstancias, objetivas y subjetivas, en las que se ha realizado el acto del arzobispo Lefebvre, ofrecen a todos la ocasión para reflexionar profundamente y para renovar el deber de fidelidad a Cristo y a su Iglesia.

3. Ese acto ha sido en sí mismo una desobediencia al Romano Pontífice en materia gravísima y de capital importancia para la unidad de la Iglesia, como es la ordenación de obispos, por medio de la cual se mantiene sacramentalmente la sucesión apostólica. Por ello, esa desobediencia - que lleva consigo un verdadero rechazo del Primado romano - constituye un acto cismático (3). Al realizar ese acto, a pesar del monitum público que le hizo el cardenal Prefecto de la Congregación para los Obispos el pasado día 17 de junio, el reverendísmo mons. Lefebvre y los sacerdotes Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta, han incurrido en la grave pena de excomunión prevista por la disciplina eclesiástica(4).

4. La raíz de este acto cismático se puede individuar en una imperfecta y contradictoria noción de Tradición: imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter vivo de la Tradición, que - como enseña claramente el Concilio Vaticano II - arranca orginariamente de los Apóstolos, "va progresando en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo; es decir, crece con la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón, cuando conprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad"(5).

Pero es sobre todo contradictoria una noción de Tradición que se oponga al Magisterio universal de la Iglesia, el cual corresponde al Obispo de Roma y al Colegio de los Obispos. Nadie pude permanecer fiel a la Tradición si rompe los lazos y vínculos con aquél a quien el mismo Cristo, en la persona del Apóstol Pedro, confió el ministerio de la unidad en su Iglesia(6).

5. Teniendo presente la mala acción realizada, nos sentimos en el deber de recordar a todos los fieles algunos aspectos que este triste acontecimiento pone en evidencia de modo especial.

a) En efecto, el éxito que ha tenido recientemente el movimiento promovido por mons. Lefebvre puede y debe ser, para todos los fieles, un motivo de reflexión sincera y profunda sobre su fidelidad a la Tradición de la Iglesia, propuesta auténticamente por el Magisterio eclesiástico, ordinario o extraordinario, especialmente en los Concilios Ecuménicos desde Nicea al Vaticano II. De esta meditación todos debemos sacar un nuevo y eficaz convencimiento de la necesidad de ampliar y aumentar esa fidelidad, rechazando totalmente interpretaciones erróneas y aplicaciones arbitrarias y abusivas en materia doctrinal, litúrgica y disciplinar.

Corresponde sobre todo a los obispos, por su misión pastoral, el grave deber de ejercer una vigilancia clarividente, llena de caridad y de fortaleza, de modo que en todas partes se salvaguarde esa fidelidad(7).

Sin embargo, es necesario que todos los Pastores y los demás fieles cristianos tomen nuevamente conciencia, no sólo de la legitimidad sino también de la riqueza que representa para la Iglesia la diversidad de carismas y tradiciones de espiritualidad y de apostolado, la cual constituye también la belleza de la unidad en la diversidad: esa "sintonía" que, bajo el impulso del Espíritu Santo, eleva la Iglesia terrestre al cielo.

b) Quisiera, además, llamar la atención de los teólogos y de otros expertos en ciencias eclesiásticas, para que también se sientan interpelados por las circunstancias presentes. En efecto, las amplias y profundas enseñanzas del Concilio Vaticano II requieren un nuevo empeño de profundización, en el que se clarifique plenamente la continuidad del Concilio con la Tradición, sobre todo en los puntos doctrinales que, quizá por su novedad, aún no han sido bien comprendidos por algunos sectores de la Iglesia.

c) En las presentes circunstancias, deseo sobre todo dirigir una llamada a la vez solemne y ferviente, paterna y fraterna, a todos los que hasta ahora han estado vinculados de diversos modos con las actividades del arzobispo Lefebvre, para que cumplan el grave deber de permanecer unidos al Vicario de Cristo en la unidad de la Iglesia católica y dejen de sostener de cualquier forma que sea esa reprobable forma de actuar. Todos deben saber que la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios y lleva consigo la excomunión debidamente establecida por la ley de la Iglesia(8).

A todos esos fieles católicos que se sienten vinculados a algunas precedentes formas litúrgicas y disciplinares de la tradición latina, deseo también manifestar mi voluntad - a la que pido que se asocie la voluntad de los obispos y de todos los que desarrollan el ministerio pastoral en la Iglesia - de facilitar su vuelta a la comunión eclesial a través de las medidas necesarias para garantizar el respeto de sus justas aspiraciones.

6. Habida cuenta de la importancia y complejidad de los problemas indicados en este documento, en virtud de mi autoridad apostólica, establecemos la siguiente:

a) se constituye una Comisión, con la tarea de colaborar con los obispos, con los dicasterios de la Curia Romana y con los ambientes interesados, para facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades, religiosos o religiosas, que hasta ahora estaban ligados de distintas formas a la Fraternidad fundada por le arzobispo Lefebvre y que deseen permanecer unidos al Sucesor de Pedro en la Iglesia católica, conservando sus tradiciones espirituales y litúrgicas, según el protocolo firmado el pasado 5 de mayo por el cardenal Ratzinger y por el arzobispo Lefebvre;

b) esta Comisión está formada por un cardenal Presidente y por otros miembros de la Curia Romana, en el número que se considere oportuno según las circunstancias;
c) además, se habrá de respetar en todas partes, la sensibilidad de todos aquellos que se sienten unidos a la tradición litúrgica latina, por medio de una amplia y generosa aplicación de las normas emanadas hace algún tiempo por la Sede Apostólica, para el uso del Misal Romano según la edición típica de 1962(9).

7. Al acercarse ya el final de este Año dedicado especialmente a la Santísima Virgen, deseamos exhortar a todos para que se unan a la oración incesante que el Vicario de Cristo, por intercesión de la Madre de la Iglesia, dirige al Padre con las mismas palabras del Hijo: Ut omnes unum sint!

Dado en Roma, junto a San Pedro, día 2 del mes
de julio del año 1988, X de Nuestro pontificado.

Joannes Paulus PP. II

(1)Cf. Nota informativa del 16 de junio de 1988; L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 26 de junio de 1988, pág. 6.
(2)Cf. Concilio Ecuménico Vaticano I, Cost. Pastor æternus, cap. 3; DS 3.060.
(3)Cf. Código de Derecho Canónico can. 751.
(4)Cf. ib., can. 1.382.
(5)Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, 8. Cf. Concilio Ecuménico Vaticano I, Constitución Dei Filius, cap. 4: DS 3.020.
(6)Cf. Mt 16, 18; Lc 10, 16; Concilio Ecuménico Vaticano I, Constitución Pastor æternus, cap. 3:DS 3.060.
(7) Cf. Código de Derecho Canónico, can. 386; Pablo VI, Exhortación Apostólica Quinque iam anni, 8-XII-1970: AAS 63, 1971, 97-106.
(8)Cf. Código de Derecho Canónico, can. 1.364.
(9)Cf. Congregación para el Culto Divino, Carta Quattuor abhinc annos, 3 de octubre de 1984:AAS 76, 1984, 1.088-1.089.

Fuente del Documento: CARTA APOSTOLICA "ECCLESIA DEI" DEL SUMO PONTIFICE JUAN PABLO II EN FORMA DE "MOTU PROPRIO"

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