CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

EL CARÁCTER HETERODOXO DE
LA RESISTENCIA LEFEVBRISTA
[*]
Homero Johas


"Ne innitaris prudentiac tuae".
"Hijo mío, no te olvides de mi ley,
guarda en tu corazón mis preceptos (...)
no te apoyes en tu propia inteligencia"..
(Prov. III, 1-5.)

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I - EL CAMINO PERSONAL LEFEVBRISTA

Cuando Marc Sangnier a comienzos del siglo XX resolvió "tracer son sillón", imprimir su surco en los caminos católicos "bajo apariencias brillantes y generosas, pero muchas veces carentes de claridad, de lógica y de verdad", San Pío X fue penetrando de a poco en las "tendencias inquietantes" del movimiento y viendo que "sus fundadores, jóvenes, entusiastas y llenos de confianza en sí mismos, no estaban suficientemente armados de ciencia histórica, de la sana filosofía y de robusta teología para afrontar sin peligros los difíciles problemas a los que habían sido arrastrados (...) para defenderse, en el terreno de la doctrina y de la obediencia, contra las infiltraciones liberales y protestantes" (Notre Charge Apostolique).

Hoy día, con Monseñor Lefebvre y sus seguidores parece ocurrir lo mismo. Recientemente, un sacerdote de su Fraternidad publicó once textos escogidos del prelado relativos a su doctrina sobre el papa ("Roma Aeterna", Buenos Aires, № 107, diciembre de 1989).

Ellos arrojan luz sobre la naturaleza de la "resistencia" que predica y practica contra las leyes tradicionales e infalibles de la Iglesia. Se oculta la resistencia ilícita bajo el sofisma de una resistencia lícita a un papa simplemente "malo" y "errante". Y viene envuelta "bajo la apariencia de piedad" (II Tim 3,5), de virtudes cristianas, y bajo el pretexto aparentemente laudable de cumplir el "deber de defender nuestra fe".

Sin embargo, el ejercicio de este deber es colocado bajo el mismo "proprio libero consilio" de la Libertad religiosa que el Vaticano II proclamó como un "derecho" natural del hombre.

Se hace ésta supuesta "defensa de la fe" cambiando la fe sobre la Iglesia y pervirtiendo la moral católica. Es necesario pues decir claramente un "si, si, no, no"  respecto a sus doctrinas, sin los falsos pudores del "no polemizar" ecuménico que "respeta" los errores ajenos.

Los "papas" Pablo VI y Juan Pablo II lideraron a los ecumenistas; los cardenales Alfrink y Willebrands a los carismáticos; los cardenales Anís y Lorscheider, a los "pobres" de la "Teología de la liberación" socialista. Y, finalmente, monseñor Lefebvre y dom Mayer pretendieron liderar una facción que defendería la fidelidad a la Tradición católica  y "resistiría" los desvíos doctrinales de los demás.

Pero, todos ellos obraron con una doble resistencia: una, específica, oponiendo las facciones entre sí unas a otras, y otra, común a todas ellas, contra el Magisterio tradicional doctrinario y canónico.

No se condena a esas facciones por aquello en que coinciden con el Magisterio tradicional, por las verdades que afirman, sino por sus errores, en lo que se apañan de aquél.

Una característica común a todas ellas es la verbosidad no común, pero sin mencionar ninguna cita del Magisterio tradicional en apoyo de la doctrina personal que siguen, en los puntos esenciales de su propia "resistencia" al Magisterio tradicional. Allí no apelan al "criterium fidei".

Eso era menos evidente en monseñor Lefebvre y en dom Mayer por el hecho de que despertaron la confianza hacia ellos denominándose defensores de la Tradición. Pero, al poco tiempo, esto se fue volviendo más claro a partir del hereticismo que defienden.

No los vemos que vayan a buscar ningún apoyo en la Tradición en cuanto al pretendido "derecho" y "deber" de no obedecer al Magisterio tradicional durante décadas, de reconocer como papa "válido", a quien durante más de dos décadas predica públicamente doctrinas heréticas; ni en cuanto a una Iglesia "imperfecta" a punto de tener a herejes públicos como sus gobernantes; ni en cuanto a la moral "relativista de situación; ni en cuanto a la adquisición de la jurisdicción simplemente por el sacramento del Orden; ni en cuanto a poner en duda las normas infalibles del Derecho Público de la Iglesia.

Monseñor Lefebvre juzga "dura" e "injusta" la sumisión a las leyes de la Iglesia y dom Mayer opina que la obediencia a éstas causaría "un grave perjuicio a las almas y a la Iglesia" ("La nouvelle Messe", p.277). Los Lefevbristas miran con desprecio y peyorativa depreciación a los que denominan los "obedientes", los "ultras", los "radicales", los "muy lógicos", los "defensores de la ortodoxia", quienes obrarían así por "intelectualismo geométrico".

Sus opiniones sobre la permanencia de la jurisdicción en los herejes públicos ayudan sin duda a la pérdida de la fe por parte de millones de almas; pero ellos se presentan como obrando así por "el bien de las almas y de la Iglesia". Invierten la noción de bien y de mal.

Todas las herejías, directa o indirectamente, gravitan en torno a la autoridad del sucesor de Pedro. Unos no la reconocen; otros "le atribuyen indulgentemente al Pontífice romano un primado de honor (...) procedente de cierto consenso de los fieles" (Pío XI, Mortalium ánimos).

Los dos prelados pertenecen a esta segunda especie. Afirman reconocer al hereje público como papa "válido", pero hablan de él como de un simple "orientador" de los fieles (cfr. Hirpinus), al que no es necesario obedecer cuando se discrepa con él.

Esto equivale a negar el "veré proprieque jurisdictionis primatum" (Vaticano I: D.1823; D.S.3055) y el poder de"ordenar por leyes y de coaccionar y compeler por el juicio extemo y penas salutíferas a los desviados y contumaces" (Pío VI, D. 1505; D.S.2605). Se transforma por lo tanto el primado papal en un mero poder de "inspección y dirección", doctrina condenada por el Vaticano I (D.l 831; D.S.3064).

Monseñor Lefebvre por lo tanto no se somete a la ley de la vacancia de "cualquier cargo" eclesiástico (Canon 188, n.4): "Dios no podría permitir una vacancia tan prolongada", declara contra esa ley de la Iglesia.

Ahora bien, Dios no determinó la duración de esa vacancia: ella ya ocurrió más de 260 veces en la Iglesia con duraciones variables y "magis et minus non mutat speciem". De allí que si fuese imposible una vez, todas lo serían.

esa duración es mayor hoy, sólo por esa misma "resistencia humana" a la ley de la vacancia, por parte de aquellos que tienen el deber de extinguirla y que quieren prolongarla, estableciendo a un hereje público en el papado. Sustituyen la Sede vacante temporaria y fáctica por una sede vacante doctrinaria y atingente a la naturaleza de la Iglesia, la cual se ve así pervertida. Si Dios "no podría permitir una sede vacante prolongada", ¿podría permitir el hereticismo prolongado sin que eso mudase la naturaleza de la Iglesia?

Todo hereje es cismático, no se somete a la autoridad del cargo papal: él se obedece a sí mismo y "adhiere" al papa "a la medida" de sus decisiones personales.

Establece, pues, el prelado de Ecóne otra "Iglesia" y otro régimen jurídico dentro de ella. Es fundador de la "iglesia" que establece la sede vacante perenne de derecho, al no someterse a la ley de la sede vacante temporaria de facto.

La "resistencia" de los dos prelados es por lo tanto resistencia contra la autoridad de la Iglesia tradicional y contra el derecho divino: "Quien resiste al poder, resiste a la ordenación de Dios y los que resisten ellos mismos se acarrean la condenación" (Rom. XIII,2). No basta decir exteriormente que se "resiste" al ecumenismo del Vaticano II: varias sectas también resisten a él. Tal "resistencia" no es criterio de verdad.

II - EL DERECHO Y EL DEBER DE DESOBEDIENCIA A LA CÁTEDRA DE PEDRO
II.1. El "derecho de discutir" y de "oponerse" a lo que viene de Roma

Para un análisis más objetivo sobre las doctrinas de Monseñor Lefebvre citamos sus proposiciones de diferentes fechas sobre la sumisión al papa, según fueron dadas por los textos anteriormente indicados.

El 29 de junio de 1982 niega genéricamente que no se pueda "hacer algo que se exponga a lo que viene de Roma" y que "debamos aceptar todo lo que venga de allí".

El 5 de julio de 1982 expresa así su doctrina:

"Algunos insisten sobre el carácter de la asistencia divina al papa y que, por ella, él no se puede equivocar; luego, hay que obedecer; por consiguiente, nosotros no tenemos el derecho de discutir lo que él hace o lo que él dice. Esta es una obediencia ciega que no es conforme a la prudencia (...)".
"Hay dos principios de solución: afirmar que el papa dice herejías y por consiguicnte no es papa; es un intruso, no debemos obedecerle. O cuestionar en qué medida las promesas de Cristo de asistir al papa le dejan a él la posibilidad de realizar ciertos actos o de decir ciertas cosas que, por su propia lógica, le hacen a los fieles perder la fe. En qué medida son compatibles las promesas y la destrucción de la le por negligencia, omisión o actos equívocos".

El 17 de marzo de 1977 afirma:

"Si el papa fuese apóstata, hereje o cismático, según la opinión probable de algunos (si ella fuese verdadera) el papa no seria papa y, por, consiguiente, estariamos en la situación de sede vacante. Es una opinión. No digo que no pueda tener alguna probabilidad; pero no creo que esa sea la solución que debemos tomar y seguir".

El 16 de enero de 1979 declara:

"Decir que porque alguien ataca nuestra fe es hereje, luego ya no es más autoridad, luego sus actos no tienen ningún valor (...). Atención (...). No nos metamos en un círculo infernal del cual no sabemos salir. En esta actitud existe un verdadero peligro de cisma".

En marzo de 1986 afirma:

Es posible que estemos en la obligación de creer que este papa no es papa. No quiero decirlo todavía de un modo solemne y formal; pero, parece que sí, a primera vista, que es imposible que un papa sea pública y formalmente herético".

En septiembre de 1982 dijo:

"La corrupción de las ideas en la Curia Romana es tal que algunos de sus miembros se arrogan derechos ilegítimos especialmente en la Secretaría de Estado".


El 29 de junio de 1982 afirma:

"¿Estamos obligados a seguir el error porque él nos venga por la vía de la autoridad? Así como no debemos seguir a padres indignos que exigen que hagamos cosas indignas, igualmente tampoco debemos obedecer a los que exigen que reneguemos de nuestra fe y abandonemos toda la Tradición. Esto está fuera de discusión".

En septiembre de 1982 declara:

"Unos dicen: los actos de Roma son tan malos que el papa no puede ser papa legítimo; es un intruso. Por lo tanto, no hay papa. Otros afirman: el papa no puede firmar decretos destructores de la fe; por lo tanto, estos actos son aceptables, se les debe sumisión
La Fraternidad no acepta ni una ni otra de estas dos soluciones. Apoyada en la historia de la Iglesia y en la doctrina de los teólogos ella piensa que el papa puede favorecer la ruina de la Iglesia escogiendo y dejando obrar a malos colaboradores, firmando decretos que no comprometen su infalibilidad pero que causan un daño considerable a la Iglesia (...).
Nuestra desobediencia es aparente; es una obediencia verdadera a la Iglesia y al papa en cuanto sucesor de Pedro y en la medida en que él continúe manteniendo la Tradición".

II.2. La "no aceptación" de la autoridad de la Iglesia tradicional

Con estas espantosas palabras el prelado trata de ocultar, bajo las apariencias de una no obediencia a un hereje público, su propia insumisión a las leyes tradicionales del Derecho Público de la Iglesia sobre los herejes públicos, a las leyes de los delitos contra la unidad de la fe y a la ley sobre la vacancia de los cargos eclesiásticos.

El no invoca Magisterio tradicional alguno en apoyo de su doctrina; antes bien, convierte las leyes de la Iglesia en simples "opiniones" que aunque afirma que son probables, niega que sean la "solución".

Así, él ni siquiera afirma que el papa sea hereje, de acuerdo con el canon 2315: "Sea tenido como hereje", sino sólo habla de un papa en un simple "equívoco" accidental y de un papa "malo", como si el delito no fuese en materia de fe, sino en materia moral y de simples "colaboradores malos".

"Decretos" que causan "la destrucción de la fe" no son, sin embargo, simples actos contra la moral, sino contra la fe. Los delitos del "apóstata, hereje y cismático" no son de la misma naturaleza que los delitos contra la moral, contra la justicia en el ejercicio del cargo si la persona lo posee. Exigir "renegar de nuestra fe y abandonar toda la Tradición", no es un mero acto de un "padre indigno" que "exige de nosotros cosas indignas", sino un acto de un hereje o apóstata público o infiel.

Entonces, monseñor Lefebvre trata de enmascarar la naturaleza del delito papal en cuestión por "no aceptar" las leyes tradicionales sobre "herejía, apostasía y cisma". Sería "peligro de cisma" someterse a las leyes de la Iglesia sobre delitos de cisma. Aceptar la ley de la obediencia a un papa "válido", simplemente "malo""injusto" o"indigno" sería "obediencia ciega"  y en esto tampoco acepta él al Magisterio católico.

El quiere volver "compatibles" cosas que el Magisteno de la Iglesia enseña que son incompatibles: "Un papa puede firmar decretos que causan la destrucción de la fe, la ruina de la Iglesia". Y no distingue entre un "equívoco" momentáneo y decretos que permanecen durante décadas como leyes canónicas y Magisterio doctrinario; ni vacancia, ni hereje, ni obediencia, ni régimen no nocivo ni peligroso. Él ni siquiera sabe si un papa "apóstata" deja el cargo papal. "No es la solución", dice.

Su moral erige el principio de que "el error de la autoridad no obliga", sin discriminar la naturaleza de ese "error" y quién es el juez supremo sobre su existencia. Erige el "derecho de discutir" los actos y enseñanzas de un papa válido, sin discriminar la materia del error.

Pone su obediencia "en la medida" en que él juzga los actos y enseñanzas del "juez supremo de los fieles".

Pretende el derecho de "oponerse" al papa, desligado de las enseñanzas tradicionales de Adriano II, Inocencio III, del decreto de Graciano, etc. ...sobre los límites de ese derecho. Ese derecho existe (D.S. 3115) pero está restringido al "caso único" (Adriano II) de los delitos de herejía, apostasía y cisma.

Ahora bien, aquí en estos delitos monseñor Lefebvre "no acepta" las leyes de la Iglesia. Presenta un falso dilema: no acepta la vacancia porque el papa es sólo "malo"; ni acepta la obediencia al régimen de la Iglesia porque éste no puede ser nocivo ni peligroso, en ambos casos muestra su insumisión a las doctrinas católicas.

La "solución"  lefevbrista es "compatibilizar"  la asistencia divina  al papa  con la  herejía pública  y hasta con la apostasía en el papa. Es el hereticismo en grado extremo.

Después de los hechos "ecuménicos" de Juan Pablo II en Asís, monseñor Lefebvre parece vacilar en esa "compatibilización", declarando: "Parece imposible que un papa sea públicamente y formalmente herético", de donde se seguiría la conclusión: "Es posible que estemos en la obligación de creer que este papa no es papa".

Lo que era "peligro de cisma" se volvió "obligación de creer". Pero él no mira al Magisterio como la norma de los actos de los católicos, norma infalible y que jamás estará contra la "obligación de creer", porque eso iría no contra el dogma de la infalibilidad papal, sino contra el dogma de la infalibilidad de la propia Iglesia.

El quiere decidir solo: "No quiero aún decirlo de modo solemne y formal; pero, parece que sí, a primera vista...". Sin embargo, después de eso, perseveró en el error opuesto, en la insumisión, en su "la Fraternidad no acepta ni una ni otra solución". El "Non serviam" es categórico.

II.3. La insumisión a un papa "malo"

En la historia de la Iglesia, sólo los "teólogos" heréticos afirmaron ese "derecho de discutir" y de "no aceptar" la sumisión a superiores simplemente "malos" y sus leyes sobre disciplina y jurisdicción.

Todo el Derecho Público de la Iglesia se vería subvertido si se aceptase tal principio lefebvrista. Es la doctrina de Wiclef condenada por el concilio de Constanza: "El papa malo (...) no tiene poder sobre los fieles"; ante él "se debe vivir a la manera de los griegos, bajo leyes propias" (D.588-589; D.S. 1158-1159).

Se argumenta que San Roberto Belarmino predicó la resistencia y la no obediencia a un papa que tratase de destruir a la Iglesia. Ahora bien, lo que San Roberto enseña es la resistencia al mero errante accidental, en materia de fe, como San Pablo ante San Pedro. Pero no es la resistencia a las leyes tradicionales sobre un papa que cae en herejía, en un delito pertinaz en materia de fe, durante décadas.

El Santo Doctor jamás enseñó esta "resistencia" o "desobediencia". Ni tampoco podía: Cristo predicó la obediencia a los fariseos sentados en la cátedra de Moisés (S.Mt. XXIII,2-3) y San Pedro enseñó la obediencia a los superiores "malos" e "injustos": "Servi subditi estote in omni timore dominis, non tantum bonis et modestis, sed etiam dyscolis (...) patiens iniuste" (I Pe. II,18-19).

Esta es la ley de la fe que hay que defender y no es "nuestra fe" lefebvrista que coincide con el "derecho" a la libertad religiosa del Vaticano II que pretende defender "su fe", sus "normas propias", sus "principios religiosos", su "libre criterio propio".

Santo Tomás enseña sobre las sentencias injustas: "Se debe obedecer humildemente (...) pero si [orgullosamente] se despreciase esa obediencia, se pecaría mortalmente". Y cita a San Gregorio Magno: "Sententia pastoris, sive iusta sive iniusta, timenda est" (Summa Theologica, Supplementum, 21,4,c. y Sed contra).

En este caso, pues, el "habeatur tamquam haereticus" del canon 2315 es la norma infalible de la Iglesia, a la cual un verdadero subdito de la Iglesia no tiene el "derecho" ni el "deber" de desobedecer. Obedézcase al Vaticano I imponiendo el "deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia" (D.1827; D.S.3060).

Los subterfugios del prelado sobre un papa "malo" y un papa "errante" no consiguen ocultar su insumisión a estas leyes tradicionales, a esa norma vigente.

III - LA "IMPERFECCIÓN" DE LA "IGLESIA" REGIDA POR HEREJES PÚBLICOS

III.1. El nuevo nestorianismo lefebvrista

La "solución" lefebvrista para los delitos públicos en materia de fe no son las leyes tradicionales contra esos delitos, sino el cambio de credo sobre la naturaleza de la Iglesia.

He aquí su predicación: El 29 de jumo de 1982:

"Se ven las consecuencias de los que se escandalizan de la realidad, de la verdad (...), de la situación de la Iglesia. Pensábamos que la Iglesia era realmente divina, que nunca podía equivocarse, que nunca podía engañamos. En verdad es así (...) Pero ella es también humana (...)
"Sí, la Iglesia es divina, pero es también humana. Está sustentada por hombres que pueden ser pecadores, que son pecadores, y aunque participan en alguna manera de la divinidad de la Iglesia (como, por ejemplo, el papa por su infalibilidad (...), a pesar de seguir siendo hombre) siguen siendo pecadores. Salvo cuando usa el carisma de la infalibilidad, el papa puede equivocarse, puede pecar. No tenemos porqué escandalizarnos y decir al estilo de Arrio que él no es papa (...).
"O como otros que divinizaron a la Iglesia al punto de que todo en ella sería perfecto, podríamos decir: no es cuestión de hacer algo que se oponga a lo que viene de Roma porque todo en Roma es divino y debemos aceptar todo lo que venga de illí (...).
"Hoy en día algunos dicen: nada  puede ser humano en la Iglesia. También éstos se equivocan. Estos no admiten la realidad de las cosas. ¿Hasta qué punto puede llegar la imperfección de la Iglesia; hasta dónde puede llegar, diría yo, el pecado en la Iglesia, el pecado en la inteligencia, en el alma, en el corazón, en la voluntad? los hechos lo muestran (...).
"Nunca habíamos pensado que el mal y el error pudiesen penetrar en el seno e la Iglesia. Ahora vivimos esta época: no podemos cerrar los ojos. Los hechos parecen ante los ojos y no dependen de nosotros (...).
"Estamos llegando al fin. Todo el mundo caerá en la herejía. Todo el mundo caera en el error porque, como decía San Pío X, se infiltraron unos clérigos en el interior de la Iglesia, la ocuparon y difundieron sus errores gracias a los puestos claves que ocupan en la Iglesia (...).
"La Iglesia es divina y la Iglesia es humana. Sólo Dios sabe hasta qué punto las faltas de la humanidad pueden afectar - me atrevo a decir- la divinidad de la Iglesia. Es un gran misterio. Comprobados los hechos, debemos enfrentarlos. No es primera vez que ocurre una cosa así en la Historia (...).

"Es un gran misterio esta unión de la divinidad con la humanidad".

III.2. La unión de la divinidad con la humanidad

Después de 20 siglos de Iglesia, monseñor Lefebvre viene a predicar una "verdad" nueva en la cual "nunca habíamos pensado", a pesar de "no ser la primera vez que ocurre una cosa así en la historia". Y ¿cuál es esa "verdad" lefebvrista, esa "realidad" que "los hechos muestran"? ¿Que sólo "ahora", "en esta época" sabemos?

San Pablo predicó que la Iglesia es "non habentem maculam aut rugam aut aliquid huiusmodi", sino "sancta et immaculata" (Ef.V,27). Monseñor Lefebvre predica que es un "equívoco" pensar que ella es perfecta: hay "imperfección de la Iglesia" y "pecado en la Iglesia""el error puede penetrar en el seno de la Iglesia"; es algo "equívoco" creer que ella "nunca podía equivocarse y nunca podía engañamos". Y afirma que negar esto es una herejía "al estilo de Arrio".

¿Y cuál es la "imperfección de la Iglesia"? El poder tener ella un papa pecador. Pero siempre se supo que un papa puede tener pecados morales, fallaren el ejercicio de la justicia. No es esa por lo tanto la novedad lefebvrista ni lo que la "realidad" ni "los hechos muestran"según él: ahora son los delitos de "apostasía, herejía y cisma" —ya vimos— los que son atribuibles a los papas "válidos".

Es la posibilidad de "firmar decretos que causan la ruina de la Iglesia y la destrucción de la fe". Es, como dirá después monseñor Lefebvre, la posibilidad de que haya un papa no "perfectamente católico" (dossier sobre las consagraciones) o, como escribió el padre Ceriani al publicar estos textos: el papa "puede favorecer la ruina de la Iglesia, la propagación de la herejía y hasta aceptar una fórmula no totalmente ortodoxa y seguir gozando del Pontificado".

Al "derecho de discusión" y de "oposición a lo que viene de Roma" le corresponde el derecho de heterodoxia y hasta de apostasía por parte de los miembros de la Jerarquía. Monseñor Lefebvre pasa subrepticiamente de simples "equívocos"  no intencionales y de "imperfecciones" morales al derecho de heterodoxia en el Pontífice Romano.

Pablo VI habló de la "unidad imperfecta" en la fe entre la Iglesia y las sectas heréticas. Monseñor Lefebvre habla de la "imperfección de la Iglesia", por la cual el Romano Pontífice puede, sin perder los derechos y poderes papales, dejar de profesar el credo católico.

La "verdad" del prelado francés no es pues la ley de la vacancia expresada por el Derecho Público de la Iglesia, sino el cambio del Derecho Divino y del credo católico sobre la perfección e infalibilidad de la Iglesia, una en su fe y santa. Los "errores" del papa y su herejía pública pueden incluso "afectar a la divinidad" de la Iglesia. "La época" presente nos enseña eso, esa "realidad".

Es un "equívoco", un error del pasado pensar que la Iglesia "nunca podía equivocarse y nunca podía engañamos". "Pensábamos" así en el pasado y "nunca habíamos pensado" que un papa heterodoxo pudiese seguir siendo papa. La "verdad" ahora es otra. Los errores pueden provenir de los "puestos clave" de la Iglesia, del cargo papal, de las leyes de la Iglesia.

Cuando el 27 de setiembre de 1976 monseñor Lefebvre fue suspendido "a divinis", afirmó: "La Iglesia que afirma tales errores es cismática y herética. Esta Iglesia conciliar no es católica" (cf. ROMA, №111, p.84). Pero ahora vemos que él considera como católica a la iglesia que tiene un papa hereje y cismático: cambia la naturaleza de la Iglesia católica por no someterse a las leyes católicas sobre los delitos contra la fe y sobre la vacancia.  Admite  la "iglesia" hereticista, "imperfecta". Y afirma que "no debemos escandalizamos" de esta nueva "verdad"  lefebvrista.

III.3. Atribución de delitos a la Iglesia

Además de los sofismas y eufemismos sobre el papa "errante" y "malo", mons. Lefebvre no discrimina entre delitos de "naturaleza" diferente (Pío XII: Mystici Corporis). Ni todo errante es hereje; ni todo malo es hereje, pero todo hereje es errante y malo. Y el "caso" presente, por el propio testimonio de los dos prelados es de herejía.

Los textos lefebvristas sobre un papa errante y malo tienden a excusarlo de la insumisión a las leyes de los delitos públicos contra la unidad de la fe, como si ni existiesen hoy o como si, existiendo, el orden jurídico de la Iglesia no tuviese medios de determinarlos, ya sea por el Derecho divino (Tito III,10), ya sea por el eclesiástico (Canon 2315).

De ahí que la doctrina del prelado "subvierte la constitución divina de la Iglesia" (D.1686; D.S.2886), admitiendo una Iglesia gobernada por herejes (haereticorum ductu) y unida por unidad "imperfecta" en el credo. El nombre católico se vuelve un género que agrega diferentes especies de credo, en partes iguales, en parte diferentes. Era eso lo que predicaba la "Teoría de los ramos" de los anglicanos (D.1685; D.S.2885) y lo que predicaban los pancristianos (Pío XI: Mortalium ánimos).

Entonces, la "resistencia" lefebvrista al ecumenismo herético es un mero "velo de malicia" para ocultar su admisión de herejes públicos en el gobierno de la Iglesia. Él subvierte la doctrina de la bula "Unam sanctam" de Bonifacio VIII (D. 468-469; D.S.870-875).

Pío VI enseña que la admisión lefebvrista de un régimen "nocivo y peligroso" en la Iglesia, de "decretos papales causantes de la destrucción de la fe", es una doctrina "injuriosa para la Iglesia y para el Espíritu de Dios por el cual ella se rige"; una doctrina "falsa" (D.1S78 D S 2678)

Gregorio XVI es categórico; "es completamente absurdo y altamente injurioso afirmar que sea necesaria cierta restauracion y regeneración para retornarla [a la Iglesia] a su primitiva incolumnidad (...) como si fuese posible siquiera pensar que la Iglesia está sujeta a la ignorancia o a otra cualesquiera imperfecciones".

He aquí la contradictoria a la "imperfección de la Iglesia" predicada por mons. Lefebvre. "Sería reprobable y bastante ajeno a la veneración con que deben ser recibidas las leyes de la Iglesia condenar, por una caprichosa ansia de opiniones cualesquiera, la disciplina sancionada por Ella (...) o presentarla como defectuosa e imperfecta"(Mirari Vos).

Entonces, las leyes de la Iglesia sobre delitos contra la fe y sobre la vacancia son de Derecho divino, forman parte de la constitución divina de la Iglesia y las "disposiciones legales o legalistas [que] ciertamente impiden o dificultan gravemente la salvación de las almas" no son "formalidades jurídicas y administrativas" en relación a las cuales los fieles pueden obrar "sin hacerse problemas" con ellas, como escribieron algunos padres de Campos ("O ministerio sacerdotal en periodo extraordinario de grave crise").

León Xlll repite que es "absurda" esta doctrina de una Iglesia gobernada por miembros que no son suyos (Satis cognitum). Pío XI enseña como Gregorio XVI: la Iglesia "jamás se contaminó en el decurso de los siglos ni en época alguna puede ser contaminada" (Mortalium ánimos). Eso contradice la "verdad" lefebvrista sobre lo que —según él dice— "la época" presente le enseñó. Sólo los modernistas hacen "la verdad" variable con "las épocas".

Pío XII, en la "Mystici corporis" contradice frontalmcnte la doctrina lefebvrista: en la Iglesia "no puede existir sino una fe (Ef.IV,5)""los divididos entre sí por la fe o por el gobierno, no pueden vivir en este cuerpo único, ni de su Espíritu"El pecado de herejía "por su propia naturaleza separa de la Iglesia". "Si a veces se ve algo que manifiesta la flaqueza humana en la Iglesia, esto por cierto no debe ser atribuido a su constitución jurídica (non iuridicae est eius constitutioni atribuendum)". La Iglesia es "absque ulla macula", sin mancha alguna. "Si alguno de sus miembros peca no se puede imputar eso a una imperfección de la Iglesia (eidem vitio verti nequit)". El vínculo esencial de la Iglesia  es de orden "non naturalis" sino que "sobrepasa todo orden de la naturaleza (omnem nalurac ordincm evincit)". Quien obra en la Iglesia es el propio Dios (in ea operatur).

Vemos cómo mons. Lefebvre contradice estas enseñanzas del Magisterio católico. Él no distingue entre falibilidad personal del papa a infalibilidad "ipsius Ecclesiae" (D.S.3116), atribuyendo a la propia Iglesia errores y "equívocos" del papa y no sometiéndose a la ley y a la doctrina que separa los diferentes géneros de "errores". Quiere una "Iglesia" nestoriana donde los errores personales de cada uno sean atribuidos a la Iglesia, sean "imperfecciones de la Iglesia". Siendo estas "imperfecciones" delitos contra la fe y pudiendo "influir en la divinidad" de la Iglesia, la Iglesia ya no sería más la maestra de la verdad. Es lo que Hans Küng y los modernistas pretenden.

IV. LA MORAL RELATIVISTA DE MONS. LEFEBVRE

IV.1. Juzgar conforme a las circunstancias

Para escapar al deber de "considerar como hereje" a quien no confiesa la fe de modo inequívoco cuando es urgido a hacerlo en razón de sospechas sobre su ortodoxia, mons. Lefebvre establece el "derecho de discutir" las leyes de la Iglesia y de "oponerse a lo que viene de Roma" conforme a las circunstancias. Superpone la prudencia de los gobernados a la prudencia del legislador en materia de delitos contra la fe.

Los modernistas de las márgenes del Rin enseñaron la "Situationsethik", un actualismo ético, la moral individual sin leyes universales. La enseñanza de mons. Lefebvre coincide plenamente con los postulados de esa ética.

Así, el 18 de marzo de 1977 dijo:

"Puede ser que en el futuro sojuzgue este período y que se diga que existieron afirmaciones contra la Tradición y que por lo tanto estos papas no lo fueron. Pero, por el momento, creo que sería un error seguir esta hipótesis".

El 5 de octubre de 1978 declara:

"Adopto una actitud prudencial, una prudencia que espero sea la sabiduría de Dios, don de consejo, prudencia sobrenatural. Me sitúo en este orden más que en el orden puramente teológico, puramente teórico. Pienso que Dios no sólo nos pide tener ideas claras desde el punto de vista teórico y teológico, sino también en la práctica (...); obrar con cierta sabiduría, con cierta prudencia, que puede aparecer un poco en contradicción con ciertos principios y no ser una lógica absoluta. En muchos casos, estamos obligados más que a seguir una lógica implacable, a comprenderque otros elementos entran en juego, además de la lógica pura de los principios. Existe la lógica de la caridad, de la sabiduría, de un conjunto de circunstancias que se deben tener en cuenta. Si se aplicase siempre la lógica integral, se correría el riesgo de ser muy duro, y, en cierto modo, injusto, pues en ese caso, no se considerarían suficientemente las circunstancias.
"Nos encontramos en una situación real y práctica (...). La obediencia ciega no es conforme a la prudencia (...). Los que razonan de manera muy lógica, sin considerar todos los matices que existen en la realidad, la cual no está hecha de una lógica implacable, concluyen precipitadamente que el papa no es papa (...). En la práctica, esto no tiene influencia en nuestra conducta porque rechazamos lo que va contra la fe sin saber quien es culpable (...).
"Están los que dicen: usted no es lógico; tendría que condenar esto o aquello... Mi actitud es prudencial, de sabiduría práctica"

El 16 de enero de 1979 dice:

"Pienso que existe una línea de realismo seguida por la fraternidad" 

El 8 de noviembre de 1979 dice:

"Se debe reconocer que (el papa) causó y ocasionó un seno problema de conciencia a los católicos. Sin indagar, ni conocer su culpabilidad en la destrucción le la Iglesia, no se puede dejar de reconocer que él aceleró las causas en todos los ordenes" (...). "Concluir a partir de estos hechos precisos que el papa es hereje y que por lo tanto ya no es papa, es ir un poco rápido en el razonamiento (....). Pienso que la realidad es más compleja de lo que imaginan los que razonan así. Temo que estos dejen de lado la teología moral y la ética y que razonen de modo puramente especulativo. La teología moral y la ética nos enseñan a razonar y a juzgar según un contexto de circunstancias que estamos obligados a examinar para juzgar sobre la moralidad de un acto (...). Que cada uno entre en la linea que creo que debo seguir, en conciencia, ante Dios. Creo necesarias estas precisiones para permanecer en el espíritu de la Iglesia".

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[*] Revista "Roma" N° 118, Pg. 1