CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LA DIALÉCTICA HEGELIANA
DE MONSEÑOR LEPEBVRE
Álvaro Ramirez Arandigoyen


Desde las páginas de FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA, a través de diversos artículos y estudios, hemos procurado una clarificación doctrinaria sobre la situación que padece el catolicismo desde el Concilio Vaticano II.

Nuestra posición se encuentra resumida en la DECLARACIÓN suscripta el 8 de Diciembre de 1980 que contiene cuatro afirmaciones principales:

  • 1°) El Concilio Vaticano II es heterodoxo: 
  • 2°) Las transformaciones de los ritos sacramentales habidas después del Vaticano II son contrarias a la Tradición Apostólica;
  • 3°) Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II deben ser incluidos en la lista de los antipapas;
  • 4°) Existen una nueva Iglesia y una nueva religión con las cuales nosotros no comulgamos

En su momento emitimos aquella declaración ante la difusión de versiones periodísticas sobre la posibilidad de un “ACUERDO” entre Mons. Lefebvre y las actuales autoridades vaticanas sobre la base de una autorización de la "experiencia de la Tradición" y el ensayo de una "interpretación tradicional del Vaticano II”.

Desgraciadamente, durante los meses transcurridos desde entonces las causas que nos movieron a pronunciarnos no han desaparecido. Por el contrario, se han visto agravadas a raiz de un "COMUNICADO” firmado por Mons. Lefebvre y otros cinco religiosos que siguen su línea el 28 de Mayo del corriente año (Ver "Fideliter" nc 22).

En dicho "comunicado” se insiste una vez más en la proposición de defender la Tradición Católica permaneciendo en plena comunión con la Roma apóstata del Vaticano II y con el antipapa reinante en ella.

La reiteración tan solemne y formal de este error nos obliga a no callar más sobre una realidad de graves consecuencias y connotaciones. Si guardáramos un minuto más de silencio nos haríamos cómplices de una empresa heterodoxa que no estamos dispuestos a favorecer.

Con la mayor fuerza y energía de que somos capaces debemos advertir seriamente a todos los católicos que tengan el sincero deseo de permanecer fieles a la Tradición acerca de la DIALÉCTICA HEGELIANA que utiliza Mons. Lefebvre en sus pronunciamientos desde varios años a esta parte.

En efecto; desde hace ya varios años notamos con preocupación que en los medios nunca desmentidos como "lefebvristas" y en las propias manifestaciones públicas, sea verbales o escritas, de Mons. Lefebvre se percibe el manejo constante de una argumentación que, afirmando el valor de la Tradición, al mismo tiempo, intenta siempre dejar el margen necesario para hallar una línea de síntesis, absorción o coexistencia con respecto al modernismo instalado en Roma.

Algunos ejemplos bastarán para evidenciar lo que decimos.

1°) El centro de la lucha de Mons. Lefebvre parece ser la cuestión de la Misa. Él dice que el nuevo rito de Paulo VI es "peligroso para la Fe", pero cuidadosamente suele añadir que "no puede decirse que sea inválido”. Uno no comprende cómo un rito “peligroso para la Fe” puede ser válido en la Iglesia; pero nótese que así se deja abierta la posibilidad para un acuerdo futuro que permita convivir al rito tradicional con el nuevo.

2°) Cualquier persona medianamente ilustrada advierte con facilidad que los principios religiosos y teológicos enseñados por Montini y Wojtyla son los mismos que enseñaba el modernismo formalmente condenado por San Pío X. No obstante, Mons. Lefebvre evita cuidadosamente decir que Montini y Wojtyla son modernistas, solamente los califica como “liberales” y se apresura a agregar que en ellos no puede hallarse "herejía formal”. De esta manera parece condenar sus errores pero deja el margen necesario para que el día de mañana todo pueda quedar olvidado, puesto que no hay "herejía formal" y entonces nada grave habría ocurrido.
3°) Mons. Lefebvre en diversas ocasiones ha sostenido que el Concilio Vaticano II contiene textos ambiguos o equívocos, pero jamás los ha calificado de heréticos, y pese a la cosmovisión ostensiblemente herética que de ellos dimana, más de una vez ha admitido la posibilidad de "reinterpretarlos a la luz de la Tradición” como medio para obtener un acuerdo con el Vaticano.

Estos ejemplos son suficientes para configurar cuál es el curioso método argumental que utiliza Mons. Lefebvre. Decimos "curioso” porque se trata de un método por completo ajeno al ámbito de la Fe: ES EL MÉTODO PROPIO DE LA DIALECTICA HEGELIANA.

Sobre la línea fija de aparente afirmación de la ortodoxia, a través de los matices y las modulaciones de las palabras, Mons. Lefebvre continuamente traza planos de posibles síntesis con respecto a las posiciones heterodoxas de la nueva religión postconciliar. Nada parece definitivo, absoluto, tajante, incontestable; todo es graduado, matizado, modulado, en un tránsito constante desde la afirmación de las tesis ortodoxas hacia la síntesis con las antítesis heterodoxas. Así, la nueva Misa "es peligrosa para la Fe", pero "no puede decirse que sea inválida”, luego no siempre habrá de ser tan peligrosa para la Fe, etc. etc.

Sin duda este método dialéctico sólo es practicable en base a una conducta muy simple: evitar sistemáticamente toda condena formal, frontal, definitiva y absoluta del error. De allí que los verdaderos católicos tradicionalistas pueden y deben combatirlo eficazmente adoptando la conducta inversa.

Nadie  puede afirmar la verdad y el error al mismo tiempo, quien no afirma la verdad cae en el error y se desliza insensiblemente por la pendiente de la herejía. Y  la herejía debe ser llamada herejía.

El "comunicado” de Mons. Lefebvre que hemos mencionado se cierra con una sorprendente invocación a María como "Madre de la Iglesia”. Sabemos que este título mariano fue lanzado por Paulo VI y carece de todo antecedente en la Tradición, fue explicado por él como una Maternidad sobre el "Pueblo de Dios" en concordancia con la doctrina heterodoxa del Concilio sobre la naturaleza de la Iglesia, y luego, fue claramente explicitado por Juan Pablo II en un sentido nestoriano cuando dijo que "María es Madre de la Iglesia porque es Madre de la humanidad de Cristo" (Ver Fidelidad a la Santa Iglesia n° XI).

Mons.Lefebvre y los religiosos que lo siguen en su pendiente hacia la herejía no ha tenido pudor de invocar a María Santísima por medio de este extraño título, precisamente en el año que se cumplen los mil quinientos años del Sagrado Concilio de Éfeso que proclamó, para toda la eternidad, a María como MADRE DE DIOS.

Buenos Aires, 11 de Octubre de 1981

FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA
(Suplemento al N° XV)

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