CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

LA "BESTIA" QUE SUBE DEL MAR
Fernando Roqué Garzón


16 de octubre de 2018


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   “Y vi subir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y sobre sus cuernos diez diademas, y sobre sus cabezas un nombre de blasfemia. Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y le entregó el dragón su poder y su trono y gran potestad. Y vi una de sus cabezas como herida mortalmente, y su herida de muerte le fue curada. Y admirada toda la tierra, se fue tras la bestia, y adoraron al dragón porque había dado la potestad  a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: <<¿Quién es semejante a la bestia y quién es capaz de pelear con ella?>>. Y le fue dada boca que hablase grandes cosas y blasfemias, y le fue dada potestad de actuar durante cuarenta y dos meses. Y abrió su boca  para lanzar blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre y de su tabernáculo, de los que tienen su morada en el cielo. Y le fue dado hacer la guerra a los santos y vencerlos; y le fue dada potestad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nación. Y la adorarán todos los que habitan sobre la tierra, cuyo nombre no está escrito desde la creación del mundo en el libro de la vida del Cordero degollado. Quien tenga oídos, oiga. Quien está destinado al cautiverio, al cautiverio irá; quien a espada tenga que morir, a espada morirá. Aquí está la paciencia  y la fe de los santos” (Ap.XIII, 1-10).

  Hasta aquí la primera parte del cap. 13, que habla de una primera bestia. A continuación, se describe la aparición de una segunda bestia, la que surge de la tierra, al servicio de la primera. De entrada es importante subrayar, que se trata de dos personajes diferentes, como claramente lo muestra el texto, y así lo han entendido los mejores intérpretes. No obstante ello, en la actualidad no faltan quienes se empeñan en ver una suerte de monstruo bifronte: en la bestia del mar estaría simbolizado el orden político, y en la bestia de la tierra, el orden religioso.

  Sigue diciendo el texto sacro: Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente. Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada. Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra; y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que le ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió. Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia. Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre. ¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666." (Ap. XIII, 11-18).

  Y para lograr una mayor claridad sobre la realidad de la primera bestia, descripta en términos simbólicos en el Apocalipsis, transcribo a continuación la referencia al mismo ser, tal como aparece en la segunda carta a los tesalonicenses, donde San Pablo nos presenta, no ya veladamente sino con términos nítidos, el ‘perfil’ fundamental de aquélla.

  Dice el Apóstol: "Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamarse Dios. ¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de iniquidad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida. La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad." (2Tes, II,3-11).

  Pocos temas hay en el Apocalipsis sobre los que se haya escrito tanto -¡y también novelado!- como el de aquella visión en que aparece  esa extraña ‘criatura’ denominada en el libro con el apelativo de la ‘Bestia’. En efecto, desde los primeros intérpretes del libro sagrado hasta hoy, dicha figura ha sido objeto de una singular atención, y con sobrada razón por cierto. Aunque la mayoría no duda en ver en ella representado al  Anticristo, el ‘perfil’ completo de la figura pareciera no agotarse sólo con el aludido personaje. En efecto, tras una lectio cuidadosa del texto, cotejada y contrastada con otros pasajes del propio Apocalipsis, el cap. 17 en particular, como también el cap. 7 del profeta Daniel, se puede entrever una doble significación: por un lado una alusión clara a una persona singular, aquel mismo ‘hombre de pecado’ o ‘Ánomos’ del que –como vimos- habla el Apóstol San Pablo; pero por otro lado, en las siete cabezas y los diez cuernos coronados con diademas, parecieran ocultarse otras alusiones, concomitantes con la primera, pero que denotarían un marco de referencia histórico mayor, como recapitulando el misterio de iniquidad operante en el mundo desde el principio hasta su culminación precisamente en el ‘hombre de pecado’.

  Aunque estos detalles no han escapado por cierto a la mirada perspicaz de algunos exégetas, no obstante a mi juicio no han sido convenientemente explicitados, o han sido en alguna medida minimizados frente a la referencia principal de la figura, que no es otra que el Anticristo personal.
  Pero antes de proseguir con el tema, bien vale hacer una salvedad. Si al escribir estas líneas sobre dicho pasaje del Apocalipsis, mi intento puede parecer osado, toda vez que a la propia gravedad y oscuridad del texto, se agrega el que sobre el mismo se han expedido grandes e insignes autoridades en la materia, y por añadidura muchos de ellos santos, títulos que en modo alguno poseo, no obstante, invoco aquí lo que decía el P. Castellani como justificación de su corrección o complemento al comentario de algunos grandes intérpretes, entre ellos San Jerónimo nada menos, diciendo que “un enano, parado sobre los hombros de un gigante, puede ver un poco más allá que el propio gigante”. Además, si como decía Pascal las profecías se hacen claras cuando llega el tiempo de su cumplimiento, las referidas a los últimos días necesariamente han de tornarse cada vez más claras para los fieles situados justamente en esta ‘hora‘ de la historia, en estas  postrimerías del ‘número del tiempo’ (según la significativa nomenclatura de Santa Hildegarda), que los antiguos sólo podían avizorar.

  En todo caso, siempre vale para nosotros con fuerza de exhortación y advertencia, lo que les reprochaba Nuestro Señor a los judíos que no supieron interpretar el tiempo de su ‘visita’, esto es, ver el Él la llegada del Reino y el cumplimiento de las promesas hechas a Israel. Les decía: ¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir las señales de los tiempos!” (Mt.16,1-3).
  Así pues, se nos invita a tener la sabiduría de discernir tales señales, a ser capaces de ‘leer’ los múltiples y concordantes signos, proféticamente preanunciados, que tienen su cumplimiento ante nuestros ojos, por donde inferir cuál sea la ‘hora’ presente en el ‘reloj’ del Apocalipsis; y a partir de esa toma de conciencia desentrañar el verdadero significado del acontecer actual, oculto tras el velo de las apariencias,  y deliberadamente enmarañado por el sagaz Enemigo.

  De más está decir, que tal posibilidad de ‘lectura’ de señales indescifrables para las generaciones pasadas, y que constituye un verdadero privilegio para las presentes, lejos de envanecernos nos debe mover a  una actitud de expectante y humilde recogimiento, y a una continua acción de gracias, pues la magnitud de la prueba estará en proporción con la magnitud del don.

Además, y a modo de colofón, repito las palabras de Johann Georg Hamann: “¿Quién podría tener ideas justas sobre el presente sin conocer el porvenir?”.

   Retomando la ilación del tema, como dije al inicio, la mayoría de los intérpretes han referido este pasaje a aquel personaje que la Tradición conoce como Anticristo, el cual ha de aparecer al final de los tiempos, poco antes del retorno de Nuestro Señor Jesucristo en gloria y majestad.

  Otros, sin embargo, han creído ver en él, no un individuo, sino un cuerpo moral, o un movimiento o sistema, el cual involucraría al conjunto de las fuerzas del mal en el mundo.

  Pues bien, siguiendo en parte el comentario de Castellani, la enigmática figura designa a mi ver dos realidades, para nada excluyentes entre sí, sino perfectamente congruentes: por un lado, un individuo concreto, el mismo que como hemos visto San Pablo nombra como “el hombre impío, el hijo de perdición… “, etc, y que es sin duda el centro y la culminación semántica de toda la figura; y por otro lado, en la significación implícita en las cabezas y en los cuernos, cabría discernir, a mi ver, una dimensión histórico-escatológica, presente en las siete cabezas, y otra dimensión netamente escatológica, aludida en los diez cuernos coronados con sendas diademas.

  En efecto, que las cabezas señalan una realidad diacrónica, esto es que tiene lugar en el transcurso de la historia, apenas si puede caber  alguna duda, pues nos lo dice claramente el Ángel que le explica al profeta el sentido de la visión de la mujer prostituida sentada sobre una bestia de color rojo escarlata, que aparece en el cap. 17 del mismo Apocalipsis. Dice pues el texto: “Yo te explicaré el misterio de la mujer y de la bestia que la lleva, que tiene siete cabezas y diez cuernos. La bestia que viste, era y no es, y va a subir del abismo e ir a la perdición; y se maravillarán los que habitan sobre la tierra, cuyo nombre no está escrito en el libro de la vida desde la creación del mundo, mirando la bestia que era y no es, y aparecerá. Aquí de la inteligencia que tenga la sabiduría. Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales está asentada la mujer. Y son siete reyes: cinco cayeron; el uno es, y el otro todavía no vino, y cuando venga, tiene que durar poco. Y la bestia que era y no es, ella es también el octavo, y es uno de los siete, y va a la perdición. Y los diez cuernos que viste, diez reyes son, los cuales todavía no recibieron el reino; mas recibirán potestad como reyes por una hora junto con la bestia. Ellos tienen un mismo designio, y su potencia y potestad se la entregarán a la bestia” (Ap, 17, 7-13).

  Por otra parte, en esta serie de  ‘reyes’, importa subrayar en primer lugar su pertenencia a la potentia saecularis (el poder del mundo) -como decía Santo Tomás de Aquino con respecto a la esfera de donde procederá el propio Anticristo-; es decir que se trata de poderes del orden político o secular, ya sean reinos o imperios como los que existieron en el pasado, ya perversos regímenes falsamente ‘populares’ o democráticos como los que vemos hoy en día; y en segundo lugar, el hecho de que todos proceden solidariamente en una misma dirección, contraria sustancialmente al orden de la Encarnación y al reino de Cristo, movidos como están por la misma ‘enérgueia’ (fuerza o impulso) luciferina, máximamente operante sin embargo en el último, la bestia del mar o Anticristo personal. En otras palabras, tales regencias políticas intramundanas, han ido  como ‘incubando’ al Anticristo, el cual representa de alguna manera la recapitulación, síntesis y culminación del mal antrópico y cósmico, como aparece por ej. en las visiones de Santa Hildegarda,

  Es significativo a este respecto, el nombre con el que San Pablo se refiere, en la referida carta segunda a los tesalonicenses, a ese poder antirreligioso (el misterio de iniquidad) actuante ya en su tiempo, aunque larvadamente, como el Mystérion tès Anomías, en tanto que designa al ‘hombre de pecado’, aquel que se levanta contra todo lo que es Dios, como el Ánomos (el Sin-ley).

  Pero hay algo más a destacar acerca de las ‘cabezas>reyes’. Dice el texto de Apoc.17, que de los siete cinco cayeron, uno está y otro ha de venir, pero tendrá vigencia por poco tiempo. Y agrega que la bestia misma hace el octavo, pero en realidad es uno de los siete. Y respecto de este octavo rey, que es la bestia misma, dice que “sube del abismo”, que “era y no es y que reaparecerá”. No obstante, no permanecerá mucho tiempo, pues “se encamina a la destrucción”. Nada fácil es descorrer el velo de este misterio o enigma, como que fue el rompedero de cabeza de todos los intérpretes, sin que ninguno lo haya descifrado satisfactoriamente.

  Mirando empero, como queda dicho, desde este final de los tiempos de este ciclo o eón histórico, el panorama casi completo de la historia, es verosímil identificar, aunque no con certeza absoluta, desde luego, pero sí con mucha aproximación, que esa cabeza séptima, que el vidente menciona como del futuro, se refiere al imperio de la revolución marxista-leninista, que en la actualidad abarca, de una u otra forma, el orbe entero. Pues no se limita, como pudiera pensarse ingenuamente, a la órbita de los regímenes políticos ostensiblemente sustentados en dicha ideología, sino que su perversa ‘vis’ opera, a veces abiertamente otras en forma soterrada, en todos los pueblos y naciones, incluidas las del llamado ‘mundo libre’, por medio del pensamiento y la cultura. Mucha razón tenía Charles Maurrás cuando lúcidamente decía: “La Revolución, antes que en las calles está en el modo de pensar revolucionario”. Y como corroboración definitiva de su carácter ‘universal’- esto es, que abarca todos los ámbitos-, a quien se presenta como Supremo Pastor de la Iglesia, ¡el mundo anticristiano lo tiene como líder mundial de la Revolución! 

  En síntesis, podríamos afirmar que toda la civilización moderna y posmoderna está bajo el signo y dominio del humanismo laico y marxista.

  En esta línea de interpretación, la secuencia histórica de los imperios del mal, significada en las siete cabezas, culminan en aquel octavo que preside la bestia que era y no es, y que reaparecerá, aunque por breve tiempo. Aquí importa sobremanera señalar, que este último imperio, el más universal, cruel y tiránico que hayan de conocer los siglos, que no es otro que el del Anticristo o Ánomos –descripto con rasgos muy nítidos en  los textos proféticos señalados más arriba-, es presentado como una continuidad, en cuanto a su íntima nervadura al menos, de su inmediato predecesor, el séptimo, lo que parece aludido en la mención de que, siendo el octavo, sin embargo “es uno de los siete”. Esta lectura, lejos de ser subjetiva o caprichosa, encuentra firme sustento en la realidad objetiva, empezando por la circunstancia misma de la inmediatez cronológica entre ambos ‘reinos’; pero más aún si se tiene en cuenta el carácter propio del séptimo, inspirado como hemos dicho en la ideología del marxismo-leninismo, juzgada como ‘intrínsecamente perversa’  por el Magisterio de la Iglesia (Encíclica Divini Redemptoris, de Pío XI).

  Por otra parte, si se acepta un primer sentido, como algunos proponen,  de la enigmática frase “era y no es, y reaparecerá”, consistente en una referencia a la restauración de un imperio o un poder político de la antigüedad, más específicamente al Imperio romano redivivo, veo como mucho más verosímil identificar aquel preanuncio con el resurgimiento del más inicuo y satánico de los imperios que integran la serie aludida: el imperio de la estrella roja, de la hoz y el martillo, el cual responde mejor que ningún otro al patrón ‘surgimiento-caída-reaparición. Efectivamente, a poco que se observe, resulta evidente que tras su aparente caída y disolución al finalizar la guerra fría, reaparece en nuestros días, y como revigorizado, sólo que ‘trasvestido’  o transmutado bajo la apariencia de modernos regímenes ‘populares’, abiertos al mundo (China, ante todo), o de supuestas ‘democracias controladas o dirigidas’ (?!), como sucede en la Rusia putiniana, por ej.  Pero, con ser ésta una realidad de peso y que está a la vista, sin embargo mucho más ominoso es el avance, penetración y dominio del Imperio rojo en todo el cuerpo de las naciones de Occidente y del mundo todo, por vía de las nocivas ideas y principios del marxismo-leninismo gramsciano.

  Y cerrando de alguna manera el círculo del engaño, otrora regímenes comunistas, responsables de inmensas masacres humanas que claman al cielo, sin hacer ningún mea culpa ni reconocer aquellas atrocidades, se erigen hoy –particularmente Rusia- como el último resguardo y garantía del orden, la justicia y la paz en el mundo, para lo cual no cesan de acusar, no sin motivo por cierto pero hipócritamente, a Occidente como la sentina sin fondo de todos los males.

  Pues bien, los que se dejan seducir por el discurso engañoso del enemigo infernal, entre los cuales se cuentan lamentablemente innumerables hombres de buena voluntad, nacionalistas y tradicionalistas para mayor abundamiento, aceptan esto y hasta abrazan esta causa con cierto fervor, desconociendo que todos los gobiernos, tanto del Este como de Occidente, cooperan hoy en día en la construcción, mediante la guerra semántica y la dialéctica de las antinomias, el Novus Ordo Mundi, encaminado a la tiranía global del Anticristo.  Desconocen, pues,  la gran maniobra estratégica que comenzó con el fin de la guerra fría y la perestroika, impulsada por el mundialista y sinarca  Mijahil Gorbachov, a la que siguió el desmembramiento del vasto imperio de los soviets, la apertura a los mercados capitalistas por parte de los regímenes comunistas del Este, etc; todo lo cual ha sido acompañado por el oportuno cambio de algunos símbolos, justamente para dar más poder de convicción al engaño. Entre los abundantes testimonios que denunciaron desde hace años esta siniestra simulación, cabe  destacar por su particular calificación, el proporcionado por Anatoliy Golinsky, antiguo oficial del KGB -más específicamente miembro de la sección de planificación estratégica a largo plazo, en plena era soviética- el cual expuso sus denuncias en dos reconocidas obras: New lies for Old (Cuyo sentido es: Mentiras nuevas para una misma realidad), 1984; y The Perestroika Decepcion. (El engaño de la perestroika), 1995.

  No hace falta decir, que en esta línea de interpretación veríamos el cumplimiento  cabal de lo anunciado por Nuestra Señora en Fátima: “Rusia extenderá sus errores por todo el mundo”.
  Por otra parte, mirando el mismo fenómeno histórico desde la perspectiva teológica, agudos observadores como el padre Castellani y Nicolás Berdiaeff, entre otros, supieron ver en la raíz del humanismo ateo marxista, un cierto impulso religioso vuelto hacia el hombre, y que tiende a encontrar su plena realización en un nuevo orden mundial en el que se amalgaman, en perfecta síntesis, el capitalismo y el socialismo tecnocrático.

  No hace falta ser muy perspicaz para advertir el vínculo entre este mesianismo mundano con la larga ‘espera’ mesiánica del pueblo judío, espera que tendrá su cumplimiento con la llegada del Anticristo y su imperio, como es ya sentencia casi unánime entre los Santos Padres y Doctores de todas épocas
  Dicho esto, en el marco de las significaciones y signos concurrentes, en el sentido que vengo apuntando,  

  Para más abundamiento, remito a mis otros comentarios sobre este tema, en particular ‘Lo que se esconde detrás del enfrentamiento entre Rusia y Occidente’, publicado en el blog ‘Amor de la Verdad’.

  Y siguiendo con el acertijo de marras, “la bestia que era y no es, y aparecerá”, es de señalar que también se ha visto en el mismo –lo que parece más plausible- una reiteración con  otras palabras de lo dicho en el cap. 13, acerca de una herida de muerte que sufrirá la ‘bestia’, cuya sanación –dice Joseph Pieper- formará parte de la ‘imitatio Christi’, y que será el tema principal de la propaganda ‘sacerdotal’ del Anticristo, con la que el Pseudo profeta, la segunda bestia o ‘bestia de la tierra’ (Ap. 13, ) seducirá a las gentes. En efecto, una de las claves del éxito del ‘Ánomos’ consistirá en asumir la ‘imitación’ de Cristo, hasta tal grado de verosimilitud, que la inmensa mayoría –incluidos los creyentes- serán captados por las redes del engaño.

  Sobre el punto vale la pena transcribir aquí algunos renglones de la obra ‘Sobre el fin de los tiempos’, en la que el filósofo alemán sintetiza perfectamente el sentir de toda la Tradición: <<La Tradición considera, además, la imitación de Cristo sólo como la potenciación extrema del carácter de engaño y de pura apariencialidad que distingue en general al Anticristo. Este término últimamente nombrado habrá que tomarlo con mucha exactitud: no se trata aquí de una ‘capa’ sino de de un hábito global que penetra hasta lo profundo del campo de lo ético y que tiene que ‘parecer’ casi necesariamente santidad verdadera, en un  mundo para el que el sentido genuino de este concepto, en el orden del ser y en el del culto, se ha hecho algo desconocido. Únicamente mediante tal engañadora imitación de la santidad verdadera, engañadora aun para las personas ’serias’, incluso para los creyentes, se hace en cierta manera comprensible la caída en el error de la mayoría de las gentes, y ‘si ello fuera posible, hasta de los elegidos’; hay algo aquí de esa ‘eficiencia de seducción’ que se dice en el Nuevo Testamento que Dios envía para que den fe a la mentira (2 Tes. 2,11)>>

 Y prosigue Pieper: <<Le fue dada potestad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nación” y “el mundo entero seguía, maravillado, al animal”. ¿Maravillado de qué? El Anticristo, que se llama a sí mismo hombre-Dios [dicens se Deum et hominem; Sto. Tomás], aparece “como herido de muerte y su mortal herida fue curada”. Es a esto principalmente a lo que se refiere la “propaganda sacerdotal” [Schlier: Antichrist] del Anticristo: este “pervertido mensaje de Viernes Santo, de una herida mortal y una milagrosa curación del Anticristo” es su “tema favorito” [Stauffer: Theologie des Neuen Testament]. La ‘imitatio Christi’ pervertida, vuelta del revés, la ‘imitación’ del verdadero Señor logra aquí su punto máximo. El Apocalipsis dice: la segunda bestia  “hace que la tierra y los que habitan en ella adoren a la bestia primera, cuya herida mortal ha sido curada, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen a la Bestia, que lleva la herida de la espada y revivió>>. (Joseph Pieper: Sobre el fin de los tiempos).

  En este mismo sentido, también Santa Hildegarda nos regala su nítido testimonio, es decir lo que la Luz Viviente le comunica, pues al  describir las circunstancias de la concepción del Anticristo refiere  el engaño máximo, consistente en lo que podríamos llamar la ‘usurpación de la santidad’. Nos dice: “Pues cuando haya advenido aquel tiempo en que el nefastísimo trastornador nazca con  todos sus horrores, aquella madre que dará a luz a aquel tentador del mundo, desde su adolescencia, en edad de su niñez, colmada de vicios por muchas artes diabólicas, será alimentada en el desierto de la abyección entre nefandísimos  hombres, sin saber sus progenitores que ella allí permanece ni con quienes cohabita, porque el diablo la persuadirá encaminarse a ese lugar; y engañándola como si fuera un ángel santo, habrá de prepararla allí según su voluntad. Ella entonces se separa de los humanos, para que tanto más fácilmente pueda disimularse, por lo que también se mezcla ocultamente por nefastísimo latrocinio de fornicación con algunos aunque pocos varones, se mancha con ellos en un insaciable afán de turpitud, como si un ángel santo le ordenara completar aquel fervor de todas las maldades. Y así, en el ferventísimo fuego de aquella impureza concibe al hijo de perdición…” “Luego ella evita la acostumbrada fornicación y dice abiertamente al pueblo necio y sin saber alguno, que no cohabita con ningún varón…” “Y en cuanto a la impureza consumada, la llamará santa. Por lo que también el pueblo la considera y la llama santa”. [2]
  Y al describir  las muestras engañosas que de sí mismo dará el Seductor del mundo,  la abadesa de Bingen destaca repetidas veces   que “simulará ser varón de virtud”.

  También  Soloviev, en su célebre ’Breve Relato  sobre el Anticristo’, que pretende recoger todo “lo que con máxima probabilidad puede decirse sobre este tema según la Sagrada Escritura, la tradición eclesiástica y la sana razón”, viene a redondear este ‘perfil’ del Inicuo cuando lo presenta como “un gran espiritualista, asceta y filántropo”, cuyo alto aprecio de sí mismo parece justificado por “las manifestaciones máximas de austeridad, desinterés y altruismo activo”; es, “sobre toda otra cosa, un misericordioso amigo de los hombres, y no sólo de los hombres, sino también de los animales…”[4]

  Sin contraposición alguna con esta exégesis, creo sin embargo que se puede entrever otro sentido, que apuntaría a destacar la oposición entre “Aquél que Es, que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Ap, 1, 8), con la bestia “que era, y ya no es, y subirá del Abismo, pero camina hacia su destrucción” [por lo tanto en cierto sentido dejará de ser](Ap. 17,8). Parece pues clara la inanidad ontológica del Mal frente al Bien, y por lo mismo su inevitable  y definitiva derrota: “camina hacia su destrucción”, dice el texto de la Bestia-Anticristo.

  Otro aspecto o rasgo presente en la descripción del Ángel respecto de las cabezas de la bestia, refiere que las mismas “son siete montes”.

  En orden a una mayor claridad sobre este punto, reproduzco a continuación unas líneas de mi comentario titulado ‘La mujer y la bestia’, donde pongo atención sobre el cap. 17 del Apocalipsis, más precisamente en lo que se refiere al detalle de las cabezas-montes sobre las que está asentada la prostituida mujer.

<<Otro rasgo que amplía esta perspectiva es, a mi modo de ver, lo que el texto sagrado dice a continuación, a saber, que la meretriz sede sobre siete montes, que son otras tantas cabezas que forman parte del cuerpo de la bestia, como el Ángel le revela a Juan. Pues bien, la exégesis corriente, casi unánime diría, es que aquí se alude a las siete colinas sobre las que fue fundada la imperial Ciudad, de donde se infiere obviamente que la mujer en cuestión no es sino la Roma pagana, como pensaban -según ya vimos- casi todos los exégetas antiguos, o la actual Roma apóstata, sede de la pseudo iglesia que eclipsa a la verdadera Esposa de Cristo. O como lo resume Castellani en su Comentario del Apocalipsis, “la religión adulterada, ya formulada en Pseudoiglesia en el fin del siglo, prostituida a los poderes de este mundo, y asentada sobre el formidable poder político anticristiano…”.

  Sin negar esto último, como una realidad visible hoy ante nuestros ojos, no se sigue de ello necesariamente que en la mención del texto a siete montes, hayan de estar aludidas las siete colinas romanas, pues si así fuera no tendrían razón de ser las palabras “Aquí se requiere inteligencia, tener sabiduría”, las que claramente advierten de la presencia de un misterio; en tanto que una alusión tan clara como sería la referencia a los accidentes orográficos mencionados, que todos fácilmente pudieron identificar, a mi ver poco tiene que ver con un misterio…

  Y por otro  lado, poniendo atención a las palabras del texto, podemos encontrar una corroboración respecto de que las cabezas-montes no serían las colinas sobre las que se asienta Roma. En efecto, la palabra empleada para designar las alturas sobre las que sede la prostituta es: tò ‘óros (plur. órê), que significa monte o montaña (lat. mons), que no cuadra con las pequeñas elevaciones  que son las siete colinas romanas. Si se hubiera querido referir a éstas, el autor sagrado tenía a mano dos vocablos más indicados para designarlas con propiedad: ‘o kolônós y también ‘ê kolône, ambas significando más precisamente: ‘colina de poca altura’,  o pequeña elevación del terreno (aprox. 50 mts.); con lo cual la alusión a las colinas capitolinas habría sido indudable.

  Ahora bien, desechada esta interpretación, saber a qué se refiere el texto cuando dice que la mujer sede sobre siete montes, no resulta nada fácil. Sin embargo, un pasaje de Scivias, de Santa Hildegarda, viene en nuestra ayuda, entreabriéndonos tal vez el sentido oculto de la Visión. En efecto, en dicha obra, en oportunidad de describir tiempos y circunstancias relacionados con el ‘hijo de la perdición’ –como llama al Anticristo- entre las imágenes y símbolos usados, la Santa Abadesa hace uso de la figura de bestias y también cimas. Expresa pues: “También allí en Occidente, frente a las bestias, preséntase como una montaña que tiene cinco puntas [o cimas], porque en aquello mismos decursos temporales, el poder se dispondrá según carnales concupiscencias, según se muestra en la expresión de esas cinco elevaciones, de modo que de la boca de cada bestia se extiende una cuerda hasta cada una de esas puntas. Y porque desde el comienzo de aquellos tiempos se orientará la condición de cada momento según el ejercicio de cada poder, es decir de cada altura, todas las cuerdas son de color negruzco, excepto aquella cuerda que se extiende desde la boca del lobo, la cual parece en parte negra en parte blanca, ya que esos detalles corresponden a la cambiante contumacia del placer en los hombres” (Sciv.,IIIa parte Lib. XI).

  Para mejor aclarar el sentido de estas imágenes en relación con el pasaje del Apocalipsis que estamos comentando, agrego la glosa del Dr. Disandro, pues me parece muy esclarecedora. Dice: “Luego las cinco cimas, que configuran poderes intramundanos: ellos impulsan la historia hacia su misteriosa consumación, y de modo sustancial prolongan el deterioro de la ktisis, que comienza con la rebelión angélica” (…) “Podríamos pensar en un movimiento espiraloide que nos conduce, de concentración en concentración (bestias y cúspides) a la sincronía del lobo, o sea, la devastación, la ruina, la ferocidad de la depredación en la Iglesia y en el Imperio (falsos carismas y falsos poderes que insumen todo el orbe). Este lobo es pues la contraparte inequívoca del Pastor Bonus.”

  Y bien, a mi modo de ver, podríamos usar esta misma clave interpretativa en el texto sagrado que consideramos, y ‘leer’ en esos siete ‘montes’ sobre los que se asienta la mujer prostituida, otras tantas cúspides que marcan el progreso del Misterio de Iniquidad, en el marco de ese “último número del tiempo” del que habla  Santa Hildegarda. Creo que a partir de ahí podemos entender mejor la doble referencia: los siete montes sobre los que se asienta la mujer, a la vez son cabezas que forman parte del cuerpo de la bestia.

  Con todo, sin que se oponga en nada a la lectura precedente, y que sería su sentido último o ‘caché’ -como dicen los exegetas franceses- podemos apuntar aún otro sentido, de alcance sincrónico, aunque sin dejar de ser simbólico. En efecto, los siete montes muy bien podrían designar otras tantas urbes principales de ese imperio plutocrático que he mencionado, es decir capitales de esta moderna civilización babilónica, sedicente cristiana, que constituye el antitypo profético de aquella otra, la histórica Babilonia-Roma (Ciudad y Civilización a la vez). [A propósito de las siete cabezas que tiene la bestia, no está de más recordar que capital viene del latín ‘caput’, cabeza]. Aquí veo incluida, por cierto, a la actual Roma, con el Vaticano en su centro, como una de esas cabezas que el texto describe como formando parte de la bestia. Así pues tendríamos, en este brevísimo trazo, señalada la imbricación de la meretriz y la bestia que ella monta, como si el objetivo último de la mujer fuese el triunfo de la bestia, aun cuando termine por ser destruida y devastada por esta misma y sus diez cuernos-reyes.

  En efecto, a favor de esta lectura tenemos hoy la evidencia de que tales urbes, a despecho de pertenecer al mundo ‘occidental’ y capitalista, y por ello muchos desprevenidos o engañados presumir que están en pugna con el imperio rojo del Este, constituyen en realidad poderosos centros financieros y de decisión política, que trabajan de consuno para el triunfo de la Revolución mundial, expresión histórica de la bestia cuyo último y más satánico engendro es el marxismo-leninismo. Reitero pues lo dicho poco antes: de esto nos estaría advirtiendo la visión, muy sintética y enigmáticamente por cierto, pero no obstante con suficiente fuerza expresiva, pues los ‘montes’ sobre los que está asentada la mujer, ¡forman parte del cuerpo de la bestia!”.>> (Del comentario ‘La mujer y la bestia’).

  Y prosiguiendo con el examen de los signos encerrados en la figura de la Bestia, tenemos también sus diez ‘cuernos’. En cuanto a éstos, el Ángel le explica al Vidente que son otros tantos reyes, pero que a diferencia de los representados por las cabezas de  aquélla, son coetáneos entre sí y –dato fundamental- están todos contestes en entregarle su potestad a la propia bestia; por lo que están situados al final o en las proximidades del final de los tiempos; en una palabra, son contemporáneos del Anticristo. Con todo, poniendo atención a algunos detalles de la descripción que vemos en la visión del Profeta Daniel de las cuatro bestias, pareciera que han de imperar un tiempo antes  del surgimiento de la última, la que “sube del Abismo”, a la que anticipan preparando su manifestación, pues participan de su mismo espíritu.

  He aquí la visión de Daniel: "El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones en su cabeza, mientras se hallaba en su lecho. En seguida puso el sueño por escrito. Comienzo del relato: 2.Daniel tomó la palabra y dijo: Contemplaba yo en mi visión durante la noche lo siguiente: los cuatro vientos del cielo agitaron el mar grande, 3.y cuatro bestias enormes, diferentes todas entre sí, salieron del mar. 4.La primera era como un león con alas de águila. Mientras yo la miraba, le fueron arrancadas las alas, fue levantada de la tierra, se incorporó sobre sus patas como un hombre, y se le dio un corazón de hombre. 5.A continuación, otra segunda bestia, semejante a un oso, levantada de un costado, con tres costillas en las fauces, entre los dientes. Y se le decía: «Levántate, devora mucha carne.» 6.Después, yo seguía mirando y vi otra bestia como un leopardo con cuatro alas de ave en su dorso; la bestia tenía cuatro cabezas, y se le dio el dominio. 7.Después seguí mirando, en mis visiones nocturnas, y vi una cuarta bestia, terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro; comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Era diferente de las bestias anteriores y tenía diez cuernos. 8.Estaba yo observando los cuernos, cuando en esto despuntó entre ellos otro cuerno, pequeño, y tres de los primeros cuernos fueron arrancados delante de él. Tenía este cuerno ojos como los de un hombre, y una boca que decía grandes cosas. 9.Mientras yo contemplaba: Se aderezaron unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura, blanca como la nieve; los cabellos de su cabeza, puros como la lana. Su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. 10.Un río de fuego corría y manaba delante de él. Miles de millares le servían, miríadas de miríadas estaban en pie delante de él. El tribunal se sentó, y se abrieron los libros. 11.Miré entonces, atraído por el ruido de las grandes cosas que decía el cuerno, y estuve mirando hasta que la bestia fue muerta y su cuerpo destrozado y arrojado a la llama de fuego. 12.A las otras bestias se les quitó el dominio, si bien se les concedió una prolongación de vida durante un tiempo y hora determinados. 13.Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. 14.A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás. 15.Yo, Daniel, quedé muy impresionado en mi espíritu por estas cosas, y las visiones de mi cabeza me dejaron turbado. 16.Me acerqué a uno de los que estaban allí de pie y le pedí que me dijera la verdad acerca de todo esto. El me respondió y me indicó la interpretación de estas cosas: 17.«Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que surgirán de la tierra. 18.Los que han de recibir el reino son los santos del Altísimo, que poseerán el reino eternamente, por los siglos de los siglos.» 19.Después quise saber la verdad sobre la cuarta bestia, que era diferente de las otras, extraordinariamente terrible, con dientes de hierro y uñas de bronce, que comía, trituraba y pisoteaba con sus patas lo sobrante; 20.y acerca de los diez cuernos que había en su cabeza, y del otro cuerno que había despuntado, ante el cual cayeron los tres primeros; y de este cuerno que tenía ojos y una boca que decía grandes cosas, y cuyo aspecto era mayor que el de los otros. 21.Yo contemplaba cómo este cuerno hacía la guerra a los santos y los iba subyugando, 22.hasta que vino el Anciano a hacer justicia a los santos del Altísimo, y llegó el tiempo en que los santos poseyeron el reino. 23.El habló así: «La cuarta bestia será un cuarto reino que habrá en la tierra, diferente de todos los reinos. Devorará toda la tierra, la aplastará y la pulverizará. 24.Y los diez cuernos significan que de este reino saldrán diez reyes, y otro saldrá después de ellos; será diferente de los primeros y derribará a tres reyes; 25.proferirá palabras contra el Altísimo y pondrá a prueba a los santos del Altísimo. Tratará de cambiar los tiempos y la ley, y los santos serán entregados en sus manos por un tiempo y tiempos y medio tiempo. 26.Pero tendrá lugar el juicio, y el imperio se le quitará, para ser destruido y aniquilado definitivamente. 27.Y el reino y el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al pueblo de los santos del Altísimo. Reino eterno es su reino, y todos los imperios le servirán y le obedecerán.» (Dn. 7,1-27).

  Si bien es oportuna la lectura de todo el capítulo, los versículos más pertinentes a lo que venía exponiendo van del 23 al 26. Efectivamente, en ellos se concentra el significado de la cuarta bestia, así como de los cuernos que proceden de ella, y que culminan con un undécimo, que el profeta ve surgir o ‘despuntar’ más tarde, pequeño o insignificante al principio, pero que se hará el más poderoso de todos. Leyendo con atención este pasaje, se advierten las coincidencias con la visión del Apóstol Juan. No es ocioso subrayar una vez más el carácter nítidamente escatológico de la visión, en lo referente específicamente a la cuarta bestia y a sus cuernos, en cuanto nos puede ilustrar acerca de las circunstancias presentes y los poderes que hoy imperan en el mundo.

  Otro detalle importante que surge de la lectura del Profeta desterrado en Babilonia, es el contraste entre las primeras tres bestias y la cuarta, a la cual describe como “terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro; comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Era diferente de las bestias anteriores…”. Esta misma diferenciación encontramos en el relato de la visión de San Juan, pues la última cabeza>rey aparece como revestido de un poder mayor al que tenían los anteriores. Y lo que es más de notar aún, es que el octavo rey, que se puede identificar sin dudas con el undécimo cuerno de Daniel, “sube del Abismo”. Este punto es por demás significativo si se tiene en cuenta lo que se refiere del Anticristo personal en el Cap. trece del propio Apocalipsis: “Y le entregó el dragón su poder y su trono y gran potestad”. En suma, mientras los otros imperios, reinos o regencias políticas, tanto los que forman una serie a lo largo de la historia como los que tendrán dominio en un mismo momento, aunque por muy breve tiempo (“una hora” dice el texto), pertenecen de suyo al misterio de iniquidad, no obstante “surgen de la tierra”, es decir del mundo mundano, en tanto que el Anticristo procede “del Abismo” Pero sería errado sacar de aquí la conclusión de que el Impío será el demonio encarnado: antes bien, como lo expresa con toda claridad Santa Hildegarda, se tratará de un hombre mortal, sólo que influenciado ya desde el seno materno por Satanás e investido de sus plenos poderes, reiterando lo dicho poco antes.

  Coincidentemente, sobre el ‘perfil’ de los mentados diez cuernos también tenemos una mención, muy esclarecedora por cierto, en el mensaje de Nuestra Señora de La Salette. Dice así: ”La tierra será azotada con toda suerte de plagas; habrá guerras hasta la última guerra, que será entonces hecha por los diez reyes del Anticristo. Esos reyes tendrán todos un mismo designio y serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes que eso llegue, habrá una falsa paz en el mundo. No se pensará más que en divertirse(…)” .

  Hay varios puntos a destacar. En primer lugar, dice que habrá una última guerra, que será hecha por los susodichos reyes. Aquí se me viene a mientes aquella guerra relatada en el cap. 9 del Apocalipsis, ubicada también en el tiempo final, cuyo inicio está marcado por el sonido de la sexta trompeta. Castellani ve en esa guerra la tercera guerra mundial, la que él llama ‘la guerra de los continentes’; piensa asimismo, siguiendo la interpretación más corriente, que será la última, además de terriblemente letal y devastadora. Leyendo entrelíneas, vengo a coincidir con algunos que han conjeturado que el Anticristo surgirá justamente como quien aplaca los fuegos de la guerra, presentándose por ello como Príncipe de la paz, el primer título que usurpará a Cristo Jesús

  En segundo lugar, se dice que “tendrán todos un mismo designio”, lo que coincide plenamente con lo que dice el  Apocalipsis: “Ellos tienen un mismo designio, y su potencia y potestad se la entregarán a la bestia” (Ap, 17,13). Pero se agrega algo que aclara un tanto lo que mencioné antes sobre la precedencia, por breve tiempo, de estos reyes con respecto al Anticristo: “serán los únicos que gobernarán el mundo”. De aquí se puede deducir que estos diez reyes  -a día de hoy poderes o regímenes políticos- que tendrán preponderancia sobre todas las naciones del orbe, surgen poco antes del Anticristo, sirven de precursores del mismo, y una vez manifestado el ‘Impío’, “le entregan su potencia y su potestad”.

  Y sobre el final del párrafo citado del mensaje de La Salette se dice: “Antes que eso llegue, habrá una falsa paz en el mundo. No se pensará más que en divertirse (…)”. Sobre esto, siempre buscando atisbar las ‘señales’ en relación con el tiempo que vivimos, y recapitulando brevemente lo hasta aquí expuesto, me parece advertir que estamos todavía transitando el tiempo de esa falsa paz, que comenzó con la ‘détente’ o distensión entre las potencias, y se continuó con lo sucedido en el bloque soviético –que ya comenté más arriba-, la caída del muro de Berlín, el cual adquirió el valor  de símbolo de la supuesta paz alcanzada… En fin, hoy en día, nadie con sensatez duda que tal paz fue todo un engaño, una falsedad, como lo demuestra la desenfrenada carrera armamentista en la que están empeñadas las principales potencias.

  Aunque ya lo he dicho y reiterado de distintas formas, no quiero finalizar este comentario sin antes dejar en claro una vez más cuál sea,  conforme a  todos los indicios proféticos, el rol de Rusia en este lapso final de la historia. Y el caso es que, tal como se desprende de numerosos mensajes y revelaciones marianas, empezando por el mensaje de Nuestra Señora en Fátima y su pedido de consagrar a esa desdichada nación a su Inmaculado Corazón, el cual no ha sido cumplido, se está verificando lo anunciado nítidamente por Nuestra Señora en el sentido de que Rusia extendería sus errores por todo el mundo, pues más allá de los engañosos discursos del nuevo Stalin ruso, constituye sin lugar a dudas uno de los poderosos tentáculos del Anticristo para reunir sus huestes, primero bajo el imperio de los diez reyes mencionados, y luego para el dominio único y absoluto en todo el orbe de la Bestia. Y  será sin duda aquel “azote con que Dios castigará al mundo por sus crímenes”.

  Es necesario apuntar aquí, para los que se resisten a aceptar los hechos expuestos, y aun se animan a manipular el mensaje fatimita en la dirección de su antojo o de sus deseos, que también existen otras revelaciones, como por ejemplo las que recibió Sor Elena Aiello sobre el filo de los años 60, en las que se corrobora punto por punto lo anunciado por la Madre Dios en Fátima.

  En fin, prosiguiendo con la lectura de los signos mencionados en el cap. 13 del Apocalipsis, nos encontramos con la consabida ‘marca’ del Anticristo, cuya descripción transcribo de nuevo, para mayor comodidad del lector, en el contexto de la aparición en escena de la segunda bestia, la bestia de la tierra, luego identificada como el falso profeta: Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente. Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada. Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra; y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que le ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió. Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia. Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre. ¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666." (Ap. XIII, 11-18). 

  Mucho se ha escrito y mucho también se ha fantaseado sobre esta marca, sobre todo en los tiempos actuales, en los que los hombres parecen dar fácilmente rienda suelta a la imaginación, sin buscar la verdad y por lo mismo lejos de la realidad misma de las cosas. Con todo, es sabido que nadie hasta el día de hoy ha podido descifrar el enigma en cuestión. Por mi parte, sin pretender descifrarlo, se me ocurre no obstante pensar que el secreto nombre oculto bajo el 666, habrá de contener la máxima contradicción con respecto al Quién como Dios’, frase repetida en varios pasajes de las Sagradas Escrituras (Cf. Ps.XXXIV,10; LXX,19; LXXXVIII,9), y con la que el Arcángel San Miguel –nombre hebreo que significa precisamente eso-, selló la victoria definitiva en el Cielo contra Satanás, el que fue arrojado a la tierra, como se relata en el cap. 12 del Apocalipsis: "Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él." (Ap.XII, 7-9). El apoyo que encuentro para esta interpretación, se encuentra en el versículo 4 del cap. 13: <<Y admirada toda la tierra, se fue tras la bestia, y adoraron al dragón porque había dado la potestad  a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia y quién es capaz de pelear con ella?”>>.

  Por otra parte, esta marca que se les impondrá a todos los que sigan a la bestia, y tras él al Dragón, aparece claramente como la contrapartida del sello que llevan en su frente los seguidores del Cordero, según se refiere precisamente al comienzo del cap. 14:  "Seguí mirando, y había un Cordero, que estaba en pie sobre el monte Sión, y con él 144.000, que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre." (Ap.,XIV, 1).

  Y a propósito de este sello que llevan los elegidos en su frente, esto me hace pensar que la ‘marca’ del Anticristo,  se parecerá más a un tatuaje en la frente, como parece indicarlo el propio texto original, pues lo que habitualmente se traduce por ‘marca’, el griego dice kháragma, ‘grabado’(del verbo kharássô, ‘imprimir’, ‘grabar’). Por donde se puede inferir que no se trata de un  microchip –aunque no se puede excluir su implante en la mano, como medio eficaz de control biométrico-, sino más bien de una inscripción o un tatuaje imborrable, que será el ‘canal’ por donde el Maligno se introducirá con sus artes para dominar la voluntad de las personas.

  Esta opinión se ve reforzada, a mi ver, por lo que refiere Santa Hildegarda, en su Liber Divinorum Operum (Libro de las obras divinas): “(…) Y hará escribir sobre la  frente de los que le siguen una inscripción a través de la cual hará penetrar en ellos todos los males, como ya hizo la antigua serpiente cuando engañó al hombre y, después de adueñarse de él, le encendió la lujuria. Y a través de la misma inscripción contraria al bautismo y al nombre de cristiano se introducirá en ellos con sus artes mágicas, de modo que no tengan el deseo de separarse de él y tomen su nombre, como los cristianos lo reciben de Cristo. Esta escritura Lucifer la ha meditado mucho tiempo dentro de sí, y no la reveló nunca a nadie, a excepción de aquel  hombre que poseerá desde el vientre materno. Por esta razón estará convencido de poder llevar a cabo todos sus planes a través de este hombre.”

 Y algo más adelante agrega: “Esta inscripción no se vio nunca antes ni es conocida en lengua alguna, porque Lucifer la encontró originariamente en él mismo, y la proferirá con aquel engaño con que seduce a los hombres, para que no conozcan a su Creador, e ilusionará con ella a los infieles de tal modo que les será imposible adorar a otro excepto a quien les plazca. Además, el hijo de perdición también dirá que, lo mismo que la leña cortada se conserva hasta que el artista le da forma y la adorna, para que sea venerada por todos, así el hombre en el nacimiento está privado de dignidad hasta que no esté ennoblecido con esta inscripción, ya que en ella hay mayor  salvación y virtud que en la creación.” (‘Libro de las obras divinas’, parte III, visión V, cap. XXXII).

  Finalmente, a título ilustrativo, recojo lo que sobre el punto dice el P. Castellani en su comentario del Apocalipsis, quien tras citar las numerosas interpretaciones que se han dado,  a su juicio ninguna convincente, y declarar su propia ignorancia al respecto, como dato interesante relaciona el misterioso 666 con la antigua ‘ciencia de los números’, y dice: “Es una ‘gematría’, usual entre los pueblos del Mediterráneo, sobre todo los hebreos. Como en hebreo y en griego [Yen latín también, agrego] los números se expresan con letras, ponían nombres con números; éste aquí es 666… Y algo más adelante agrega: “Los fieles de los últimos tiempos sabrán cómo se llama el gran Emperador Plebeyo; nosotros no lo sabemos” (El Apokalypsis, págs.215-216).

  Nosotros tampoco lo sabemos, pero el texto es claro en el sentido que se trata de un nombre en clave –diríamos- que sólo se descifrará cuando el Anticristo esté reinando. La advertencia de que “se necesita sabiduría” para descifrar el enigma, no hace sino confirmar lo dicho.

“El Espíritu y la desposada dicen: <<Ven>>. Y el que oiga, diga: <<Ven>>. Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratuitamente agua de vida” (…)Dice el que da testimonio de todo esto: <<Sí, pronto vendré>> ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!

Fernando Roqué Garzón

  Córdoba, 0ctubre 2018

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