CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

CRISTO Y EL REPTIL [*]
Vázquez de Mella

(UNA PARÁBOLA DE 1902 PARA EL 2012)
VOL. II - EN EL CALVARIO


Cristo

"Vae tibi Corozaín! !Vae tibi Bethsaida!
quia, si in Tyro et Sidone factae essent
virtutes, quae factae sunt in vobis,
olim in cilicio et cinere paenitentiam egissent
".
(S. Mateo, XI, 21)

Y un reptil asomaba la cabeza achatada por la rendija de la Logia y miraba con inquietud a todos lados, como si temiera que alguna planta resuelta le impidiese salir de su agujero.

Y como no vió a nadie, se decidió a salir, y empezó a arrastrarse cautelosamente, haciendo pausas en su camino y mirando con zozobra a la derecha, porque temía sin duda que de allí viniesen a sorprenderle en su avance y acometerle en su audacia. Y cuando, después de detenerse y de reconocer todo el espacio que abarcaban sus ojos, no vió a nadie , avanzó, avanzó con más resolución, y llegó hasta la tierra sagrada, y subió sobre el ara santa y volvió a mirar con inquietud ; y cuando el temor se disipó en el silencio, empezó a subir por la Cruz, y se acercó a los pies ensangrentados de Cristo, y tembló, tembló con medrosa zozobra, y otra vez volvió a mirar con recelo en torno suyo, y alentado con el reposo en que todo dormía, introdujo la achatada cabeza en las llagas divinas "que apagaron la sed de amor de doce siglos de ascetas", y agrandó la profunda herida abierta por el hierro, como si quisiera que el cuerpo del Redentor se desprendiese de la Cruz y cayera sobre la tierra.

Y rasgó sus carnes, y rojo con su sangre, siguió subiendo, y, enroscado en aquellas rodillas que se rindieron en el huerto con la pesadumbre de nuestras culpas, volvió a mirar inquieto como si temiera ser sorprendido.

Y como no vió a nadie, avanzó, avanzó resueltamente, abriendo un surco en las carnes del Redentor y dejando una línea cárdena en su cuerpo como la señal de su camino ; llegó al pecho de Cristo, y subió hasta el divino costado, y asomó la cabeza achatada a los bordes de la herida que abrió la lanza, y se detuvo y zozobró, y se enroscó para no caer, porque oyó una voz solemne, pero angustiada y triste como un gemido y que parecía descender de las alturas ; y el reptil levantó la achatada cabeza, y sus ojos aferrados y siniestros tropezaron con la mirada sublime y melancólica del Redentor agonizante y con la frente casi exsangüe inclinada por el dolor. Y de los labios amoratados volvió a salir la voz solemne, pero angustiada y triste como un gemido, que decía en medio del desamparo : "!Tengo sed!" Y el reptil tembló otra vez antes de penetrar por la llaga del costado para desgarrar las entrañas de Cristo, porque resonaron voces confusas cerca del ara santa.

Y en el grupo que se decía formado por discípulos del Maestro, y entre los cuales destacaba la sombra de Judas, se murmuraba diciendo : "Sería imprudente arrancar el reptil del cuerpo de Cristo ; basta con que por ahora se le impida devorar sus entrañas".

Y de otro grupo que confinaba con el de Judas, y que acaudillaba Barrabás, se oyó otra voz que decía : "Respetemos el cuerpo de Cristo y el cuerpo del reptil. ¿Por qué no igualarlos en el mismo derecho?

Y, con una voz semejante a un rugido, respondió una turba que avanzaba hacia el ara santa : "No, no ; que entre el reptil a saciarse en las entrañas de Cristo, y nosotros nos repartiremos esos despojos ensangrentados con los que nos está provocando, y abrasaremos su Cruz para que se ilumine el mundo con sus llamas".

Y los dos grupos, el de Judas y el de Barrabás, retrocedieron para dejar paso a la turba que quería completar la obra del reptil, y se juntaron y murmuraban entre sí : "Sería imprudente atajarlos en su empresa. Quizá, después de saciados con la carne de Cristo, podremos pactar con ellos una tregua y calentarnos junto a las llamas de la Cruz que quieren abrasar".

Y la mirada del Redentor se nubló con la tristeza de la agonía, y se inclinó más la divina cabeza, y por las sienes desgarradas por las espinas corrieron hilos de sangre, y sus labios cárdenos murmuraron dulcemente : "!Tengo sed!".

Y después se irguió lentamente la cabeza de Cristo, y brillaron con divino esplendor sus ojos, y miraron por encima de los grupos de Judas y de Barrabás y de la turba deicida, y abarcaron el horizonte como si buscaran a sus Apóstoles y a sus discípulos ; y de los labios trémulos salió una voz solemne y augusta como la que mandó que le siguieran los pescadores que tendían las redes en las riberas del mar de Galilea ; como la que predicó a la muchedumbre agrupada en la colina del Sermón de la Montaña, como la que calmó la tormenta al despertar en la nave, como la que ordenó a Lázaro de Betania que saliera de la tumba, como la que amenazó con el fuego del abismo a Cafarnaún..... ; pero angustiada y triste como la que anunció en Getsemaní la llegada de Iscariote. Y los ecos de las montañas repitieron esa voz que decía : "¿Por qué me habéis abandonado?".

Y entonces algunos Apóstoles, que se despertaron sobresaltados al oír en el fondo del alma los acentos del Maestro, avanzaron unos pasos y empezaron a levantar también la voz llamando a los discípulos de Cristo. Y de los grupos de Judas y de Barrabás salieron imprecaciones contra ellos porque querían arrancar el reptil de las entrañas del Redentor, y los llamaron imprudentes y provocadores, y dijeron que venían a turbar la paz en que agonizaba Cristo a solas con el reptil.

Y la turba deicida rugió con más furia, y avanzó hasta el ara santa, y, mientras el reptil se preparaba para penetrar en el cuerpo de Cristo, ella lanzaba piedras a su cabeza para clavar más las espinas en las sienes, y le daba hiel y vinagre de impiedades, y palabras apóstatas, y plumas que manchan el cieno le escarnecían diciéndole : "Ave, rex judaeorum".

Y los Apóstoles, que habían avanzado unos pasos y levantado suavemente la voz, estaban solos.... , y había quién conversaba silenciosamente con los grupos de Judas y de Barrabás, tratando de celebrar paces con ellos y con el reptil. Y los ecos de las montañas seguían repitiendo : "¿Por qué me habéis abandonado?".

Y el sol iba desapareciendo del horizonte, e iba a empezar una noche pavorosa y a temblar la tierra, y a rasgarse el velo del templo. Y los discípulos de Cristo comenzaron a sentir que los abandonaba el que ellos habían abandonado. Y no aparecía nadie a arrancar al reptil del divino costado, y a rendir a la turba deicida, y a aniquilar a los grupos de Judas y de Barrabás.

Y los ecos de las montañas seguían repitiendo : "¿Por qué me habéis abandonado?"

ESCRITOS CATÓLICOS

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[*] Artículo publicado en El Correo Español, el 17 de abril de 1902